Llega a mi memoria una de las más lindas películas españolas de los años sesentas MARCELINO PAN Y VINO. Los niños y adolescentes de la época nos emocionamos hasta las lágrimas viendo como los sentimientos de un pequeño hacia Jesús Crucificado se manifestaban en la ofrenda sigilosa y clandestina de un pedazo de pan y un vaso de vino.
En su corazón, este niño entendía el inmenso significado de la ofrenda. El mismo Jesús dignificó el pan y el vino en la última cena cuando se los ofreció a los apóstoles y les dijo: «este es mi cuerpo y esta es mi sangre, quien se alimenta de ellos, no morirá para siempre».
Alrededor del pan y del vino las familias fortalecen los lazos de amor de cada hogar. Lamentablemente, muchas familias carecen del pan para satisfacer por lo menos sus necesidades primarias.
Todos los seres humanos tenemos derecho a que en nuestras mesas nunca falte el pan, pero desafortunadamente la indolencia e indiferencia de muchos gobernantes, permiten que tengamos niños que llegan a la escuela sin desayunar y ancianos que se acuestan con hambre.
Así las cosas, es necesario que se despierte la solidaridad de la comunidad, para que por lo menos en algo y por un momento, aliviemos la pena de estos nuestros hermanos.
En la presentación de mi libro PERSONAJES TÍPICOS DE SALAMINA , que fue uno de los finalistas en el concurso sobre la historia de Salamina durante la celebración del bicentenario, a las personas que recibieron el libro, se les pidió una donación para los ancianos. Entre Salamina y Manizales se entregaron 35 libros y se recibieron donaciones por un valor total de $1.881.000. Gracias a la colaboración de un grupo de generosos salamineños encabezados por los señores Javier López Maya y Evelio Gutiérrez, se entregaron pequeños mercados y un kit de aseo a 35 ancianos de nuestro amado terruño.
Agradecimientos muy especiales para todas las personas que con tanto amor hicieron su donación y para quienes conformaron el grupo de voluntarios que adelantaron la actividad solidaria. DIOS LES PAGUE.