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Germán Vargas Lleras: Heredero del carácter y arquitecto de infraestructura

Con profundo respeto, extendemos un saludo de condolencia a su familia, a sus allegados y a la militancia del partido Cambio Radical. La partida de un líder de su estirpe deja un vacío innegable en el debate democrático del país.

El peso de un apellido, la forja de un destino

Germán Vargas Lleras no fue un político por accidente; fue el resultado de una estirpe que respiró Estado durante casi un siglo. Nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo, Germán creció bajo la sombra de los grandes debates nacionales en el barrio La Merced de Bogotá. Sin embargo, su ascenso no fue un regalo hereditario, sino una carrera construida con una disciplina que muchos calificaban de férrea y otros tantos de implacable.

Desde sus inicios como concejal de Bogotá en los años 90, bajo las banderas del liberalismo, demostró que su estilo no era el de la diplomacia sutil, sino el de la ejecución directa. Su paso por el Senado de la República, donde permaneció por más de una década, lo consolidó como un orador de peso y un legislador que conocía las filigranas del poder. Fue allí donde empezó a tejer lo que más tarde sería su propia colectividad: Cambio Radical, un partido que bajo su mando se convirtió en la «bisagra» del poder en Colombia.

El Ministerio del Interior y el reto de la seguridad

Vargas Lleras entendía que la política se hacía en las regiones, pero se blindaba en las leyes. Como Ministro del Interior y de Justicia, enfrentó periodos de alta polarización, logrando sacar adelante reformas estructurales. Su figura proyectaba la imagen del «hombre fuerte», el ejecutivo que no aceptaba un «no» por respuesta cuando se trataba de metas gubernamentales. Esa misma firmeza fue la que le permitió sobrevivir a la violencia política: los atentados en su contra, incluido aquel libro bomba que le arrebató parte de sus dedos, no hicieron más que endurecer su carácter y su convicción de seguir en la arena pública.

La revolución del concreto: El legado en infraestructura

Si hay un capítulo por el que Germán Vargas Lleras será recordado en los libros de historia económica, es por su labor como Ministro de Vivienda y, posteriormente, como Vicepresidente de la República (2014-2017). Bajo su dirección, Colombia experimentó lo que muchos llamaron «la revolución de la infraestructura».

Vargas Lleras se convirtió en el «arquitecto» de las vías de cuarta generación (4G). No era extraño verlo con botas de caucho y casco, recorriendo los túneles de La Línea o supervisando los viaductos en la Costa Caribe. Su obsesión por los cronogramas y el cumplimiento de los contratos transformó la conectividad del país. Asimismo, el programa de las 100.000 viviendas gratuitas cambió la vida de miles de familias colombianas que, por primera vez, tuvieron un techo digno, un hito que consolidó su popularidad en los sectores más vulnerables.

El hombre tras el mito político

A pesar de su imagen de hombre de hierro, quienes compartieron su intimidad política hablan de un lector voraz, un conocedor profundo de la geografía nacional y un jefe que, aunque exigente hasta el extremo, premiaba la lealtad y el conocimiento técnico. Su carrera por la Presidencia de la República fue su gran asignatura pendiente, una meta que persiguió con ahínco pero que el destino, y quizás su propio carácter directo y sin filtros, le esquivaron en las urnas.

Su retiro de la vida pública, forzado por complicaciones de salud derivadas de un meningioma, privó al país de su voz analítica en un momento de grandes transiciones. Su lucha en Houston y Bogotá contra la enfermedad fue su última gran batalla, una que libró con la misma tenacidad con la que defendía un proyecto de ley en el Congreso.

Un adiós a la voz del «Coscorrón» y el «Cúmplase»

Germán Vargas Lleras fallece dejando un país conectado por dobles calzadas y un partido político que sigue siendo actor principal de la realidad nacional. Para sus seguidores en Cambio Radical, se va el jefe natural, el guía que sabía leer las encuestas tanto como las necesidades de los municipios más apartados.

Hoy, al despedir al dirigente, se despide también a una forma de hacer política: la de los resultados tangibles, la del carácter innegociable y la de la entrega absoluta al servicio del Estado. A su esposa Luz María, a su hija Clemencia y a todos aquellos que vieron en él la esperanza de una Colombia más moderna y eficiente, nuestro abrazo solidario.

Colombia pierde a un hombre de Estado, pero su legado, cimentado en concreto y leyes, permanecerá como testimonio de una vida dedicada a la construcción de nación. Paz en su tumba.
Eleuterio Gómez

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Eleuterio Gómez

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