Salamina ya no es el paraíso de arquitectura colonial y aroma a café que venden los folletos turísticos. Hoy, el «Pueblo Patrimonio» de Colombia atraviesa una de sus crisis más agudas, y no es una crisis económica externa o un desastre natural; es una crisis de alma, de autoridad y de carácter. Lo que hoy se vive en nuestras calles no es una percepción subjetiva, es una realidad lacerante que se huele en el ambiente denso de la zona de las galerías, se ve en las miradas perdidas de nuestros jóvenes y se siente en el silencio cómplice de una ciudadanía que parece haber claudicado.
El Epicentro de la Degradación: La Galería y la Herencia del Caos
Para entender el desorden que hoy manda, debemos mirar hacia el sector de las galerías. Lo que allí ocurre es el síntoma más evidente de un cuerpo enfermo. La administración anterior, en un acto de absoluta desconexión con el bienestar social, dejó como «legado» la entrega de más de quince licencias para el funcionamiento de establecimientos de «chicas alegres». No se trata aquí de ejercer un juicio moralista sobre el oficio más antiguo del mundo, sino de analizar la planificación urbana y el impacto social.
Al entrar a esta zona, lo primero que recibe al ciudadano no es el dinamismo del comercio local, sino un ambiente degradado donde la prostitución cohabita con la indigencia crónica y el consumo de sustancias volátiles como el bóxer. ¿Dónde quedó el respeto por la comunidad? ¿Dónde está el control administrativo sobre estos permisos? Lo que vemos es una zona de tolerancia de facto que se expande sin control, contaminando el entorno y enviando un mensaje claro: en Salamina, cualquiera hace lo que quiere porque no hay quien vigile.
La Geografía del Abandono: Un Mapa de Sombras
Pero el problema no se queda encerrado en las galerías; se ha metastatizado por todo el municipio. Si trazamos un mapa del consumo y el desorden, el resultado es escalofriante. Las Escaleras de Fundadores, símbolo de nuestra identidad, son hoy un fumadero; el Antiguo Colegio de La Presentación, que debería ser un templo de cultura, es un refugio para la sombra. El Parque Infantil, irónicamente abandonado, ya no escucha risas de niños, sino el murmullo de la marginalidad.
Sectores como el Barrio Obreros, El Bosque, La Cuchilla, el sector Sara Ospina y el Alto comparten la misma desolación. En el sector de Piconeros, grupos de diez o más personas consumen estupefacientes a plena luz del día, frente a la mirada impotente de vecinos que ya ni siquiera se atreven a llamar a la policía. El espacio público se ha perdido. Los parques, que son el corazón de la vida civil, han sido invadidos por la delincuencia y el vicio. Ante este panorama, la pregunta surge con la fuerza de un grito: ¿Dónde está el gobierno municipal?
La Ausencia del Alcalde: Un Trono Vacío
Hablemos con claridad: el liderazgo no es un concepto abstracto, tiene nombre y apellido. En Salamina no solo falta «liderazgo» en términos generales; falta un Alcalde que lidere. Existe un vacío de poder en la silla principal de la administración municipal que ha permitido que el desorden tome las riendas. Un alcalde no es solo un ordenador del gasto o un firmante de decretos; es la figura que impone el orden, la visión y el respeto.
Hoy, la figura del alcalde parece un fantasma en su propio municipio. No se le ve en las calles enfrentando la problemática del consumo, no se le escucha articulando soluciones reales con la fuerza pública, no se le siente en la gestión de los grandes proyectos. Cuando un pueblo nota que no hay cabeza, el cuerpo social se desarticula. La falta de autoridad es tan evidente que la delincuencia ya ni siquiera se esconde. El delincuente y el consumidor saben que en Salamina no hay consecuencias, y esa es la peor señal que un mandatario puede enviar.
El Pecado de la Visión Corta: La Tragedia de la «Casa del Niño»
Uno de los puntos más críticos de esta crónica es la pérdida patrimonial y social de oportunidades de oro. La Casa del Niño, o «Casa del Gamín», es el monumento a la desidia. Ese predio no es solo un lote; allí funcionó un centro de rehabilitación que devolvía vidas a la sociedad. Tenía propósito, tenía historia y tenía la infraestructura necesaria para ser el eje de una transformación regional.
¿Qué pasó allí? Hoy, esa propiedad está en manos de un particular que se beneficia de ella, mientras el municipio mira hacia otro lado con una indiferencia criminal. Aquí es donde se nota la falta de un alcalde con visión de estadista. En lugar de permitir que ese bien se perdiera, se necesitaba un liderazgo que se sentara con los alcaldes del norte de Caldas, con el ICBF y con el SENA.
Salamina pudo haber liderado la creación de un Centro Zonal de Rehabilitación. Un proyecto de tal magnitud no solo habría rescatado a nuestros jóvenes de las garras del «bóxer» y el microtráfico, sino que habría posicionado al municipio como un referente de solución social en el departamento. Pero para eso se requiere un alcalde que piense en grande, que gestione, que golpee puertas en Manizales y Bogotá. En lugar de eso, tenemos un silencio administrativo que duele.
Y no olvidemos la Fonda de la Arriería. Más de cien hectáreas de potencial productivo y turístico que están allí, muertas, sin una sola idea clara de futuro. Es un pecado social que teniendo la infraestructura y la necesidad, no exista la voluntad política para activar estos activos. Mientras el municipio pierde su patrimonio, las madres de Salamina viven un calvario, mendigando cupos en centros de otros municipios y pagando fortunas que no tienen para intentar salvar a sus hijos. Es una bofetada a la dignidad del pueblo.
La Sociedad del «Me Gusta»: Una Comunidad que no Opina
Sin embargo, sería injusto culpar únicamente a la administración. Hay un cómplice silencioso en toda esta tragedia: la comunidad de Salamina. Hemos pasado de ser un pueblo de intelectuales, oradores y líderes cívicos, a ser una masa amorfa que solo interactúa a través de una pantalla.
Es indignante ver cómo las denuncias sobre el estado del pueblo circulan en redes sociales y la respuesta de la mayoría es un simple, frío y cobarde «Me Gusta». La gente ve la basura, ve el consumo de drogas, ve el deterioro de los parques, y se limita a dar un clic desde la comodidad de su sofá. No opinan, no proponen, no protestan. Hay un miedo generalizado o, peor aún, una apatía que raya en la complicidad.
Solo unos pocos, muy contados ciudadanos, se atreven a levantar la voz, a escribir una nota, a cuestionar al poder. Estos pocos son vistos como «buscapleitos» o «pesimistas» por una mayoría que prefiere el silencio para no incomodar al político de turno o para no dañar la imagen de un pueblo que ya está roto por dentro. Una democracia sin opinión ciudadana es una dictadura del desorden. Si la comunidad no exige, el gobernante no cumple. Salamina se está hundiendo y sus habitantes están sentados en la orilla viendo el naufragio mientras revisan el celular.
El Mundo al Revés: Concejales que Ejecutan y un Ejecutivo que se Esconde
El desgobierno es tan profundo que las funciones constitucionales se han desdibujado por completo. En un sistema funcional, el alcalde ejecuta y el Concejo Municipal hace control político. En Salamina, estamos viendo lo opuesto: concejales haciendo de todo, arreglando calles, reparando parrillas de alcantarillado, interviniendo puentes en veredas.
¿Qué es esto? ¿Desde cuándo los concejales son operarios de obras públicas? Aunque la intención de ayudar sea loable, esto es la prueba reina del fracaso del alcalde. Si los concejales tienen que salir a poner cemento es porque la cabeza del municipio no está cumpliendo con su deber básico de mantenimiento y ejecución. Se ha perdido la jerarquía, se ha perdido el norte. Estamos ante un municipio que funciona por inercia, por parches, por la buena voluntad de unos pocos, pero sin una directriz institucional clara.
El Retorno a la Luz o la Condena al Olvido
Salamina no puede seguir bajo este manto de oscuridad. La situación actual no es una cuestión de bandos políticos; es una cuestión de sentido común y de supervivencia. Es indignante ver cómo ciertos medios de comunicación regional, convertidos en meros parlantes de la administración, difunden con bombos y platillos las supuestas noticias que genera el alcalde, mientras se hacen los sordos ante el clamor desesperado de una comunidad que grita sus problemas diarios sin encontrar eco. Un pueblo que pierde sus espacios públicos ante el vicio, que permite que su patrimonio se pudra en manos privadas y que ve cómo su juventud se desvanece en las esquinas, es un pueblo condenado al deterioro irreversible.
Necesitamos recuperar la autoridad. Pero no una autoridad de mano dura sin sentido, sino una autoridad basada en el orden, la visión y el cumplimiento de la ley. Necesitamos un alcalde que asuma su rol, que salga de la oficina y entienda que su oficina es cada calle de Salamina. Es imperativo poner fin a la banalidad de la oficina de prensa de la alcaldía, dedicada a publicar trivialidades hasta de cuando el alcalde se baña, pero que convenientemente calla y mira para otro lado cuando el mandatario está bebiendo licor en la taberna La Chiflada. Es tiempo de que entiendan que gobernando por redes sociales no se pone orden ni se solucionan las crisis. Y sobre todo, necesitamos una comunidad que despierte. Dejen de dar «Me Gusta» y empiecen a exigir. Dejen de ser espectadores de su propia ruina y vuelvan a ser ciudadanos de verdad.
La frase «Cuando no hay gobierno, el desorden manda» no es un eslogan, es la crónica de nuestra realidad actual. Salamina es hoy un barco sin timonel, navegando en aguas profundas y oscuras. El liderazgo ausente nos está costando el futuro, y el silencio de la comunidad nos está costando la dignidad.
¡Qué oscuro está el panorama! Pero la oscuridad solo se vence con luz, y la luz en este caso es la verdad, la denuncia y la exigencia inmediata de un gobierno que, por fin, se atreva a gobernar.
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Totalmente de acuerdo en su apreciación acá no tenemos Alcalde solo está para patrocinar las Rumbo Fiestas dijo en algunas de sus tantas intervenciones que su sueño ser el mandatario de los Salamineños que gran mentira no tiene ese sentido de pertenencia por nuestro Municipio se hizo elegir con la complicidad e ideas del anterior que solo llegó a lucrarse del Herario Público donde los Contratos por obras le dejaron jugosas ganancias aunque dentro de su Programa de Gobierno no le alcanzo para cumplir es cierto acá es interesante que la ciudadania exija que no sea ajena a lo que viene sucediendo de nada sirve porqué vienen los señalamientos los insultos escudandose bajo perfiles falsos para denigrar de esa persona como me sucedio por manifestar lo que esta ocurriendo como servidor público nunca me vi señalado de estar involucrado en robos para la Institución que labore y precisamente el señor Juan Pablo y Manuel Fermín les duele la opinión de los ciudadanos que vemos como Salamina va en debacle con relación a las Autoridades de Policia falta compromiso atacar los flagelos del microtráfico a plena luz del dia que pasa con los organismos de Inteligencia ajenos a su labor Salamina años atrás no presentaba la situación que estamos viviendo insto a los medios de comunicación como este que no nos quedemos callados la verdad se les dice aunque les duela se pregunta uno cuál es el desempeño del Secretario de Gobierno otro que le falta sentido de pertenencia su EGO no lo deja actuar no tiene compromiso el titere del Alcalde no más miremos el dia donde perdio la vida una jóven su pronunciamiento porqué no salio el mandatario donde estaba esa es la pregunta ahora es compromiso de la Secretaria de Salud liderar Programas de Prevención para neutralizar acciones que afectan a nuestros niños @s y adolescentes asi como en los hogares donde tenemos casos de Violencia Intrafamiliar y Consumo de Drogas no denuncian porque quienes son los encargados este cuento no es con ellos
Comparto plenamente su apreciación: en Salamina no tenemos un verdadero alcalde, sino un mandatario que se limita a patrocinar fiestas y discursos vacíos, sin demostrar sentido de pertenencia hacia nuestro municipio. Se hizo elegir con la complicidad del anterior gobierno, que solo buscó lucrarse del erario público mediante contratos amañados y obras inconclusas. La ciudadanía no puede permanecer indiferente; es necesario exigir transparencia y compromiso real. Callar sería ser cómplices de los malos manejos.
Además, preocupa la falta de acción frente a problemas graves como el microtráfico a plena luz del día, la violencia intrafamiliar y el consumo de drogas en nuestros hogares. Los organismos de inteligencia y las autoridades de policía parecen ajenos a su deber, mientras la Secretaría de Gobierno se pierde en su propio ego y la Secretaría de Salud no lidera programas de prevención. La muerte de una joven sin pronunciamiento oficial es un símbolo doloroso de esta ausencia de liderazgo.
Por eso, insto a los medios de comunicación y a la comunidad a no guardar silencio. La verdad debe decirse aunque incomode, porque solo con participación activa y compromiso colectivo podremos rescatar a Salamina de la debacle institucional que hoy enfrenta.