La Revista Cultural de Caldas Informativa
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Pluma y Memoria

Pluma y Memoria: Se desvanece la Tercera Ola Comunista
Lo que no logró la ONU, la OEA, la UE, ni la educación y el sentido común del hemisferio, lo logró Donald Trump, quien, al parecer, será el artífice del estrepitoso rompimiento de la Tercera Ola del Comunismo y sepulturero del llamado Foro de Sao Paulo.
Columnista Invitado
Crónicas de Arriería
Notas Cortas de Actualidad
La Nota Corta de Actualidad - Variedades
• Abstención: la democracia queda en manos ajenas
Por Redacción de La Revista de Caldas
Más de la mitad del país habilitado para votar se queda en la casa, y esa ausencia no es neutra: es una cesión de soberanía. Se protesta en la esquina, se insulta en redes, se maldice al gobierno de turno, pero el día de las urnas la mayoría se borra y deja que decidan otros. En Colombia la abstención ha sido históricamente alta y en varios territorios se mueve entre el 40% y el 60%, con picos departamentales que superan el 50%. Es una costumbre peligrosa que se repite elección tras elección, como si el silencio fuera castigo suficiente.
Lo más triste no es la cifra: es lo que habilita. Si vota una minoría, la política se vuelve un club cerrado: maquinarias, clientelas, caciques y oportunistas compiten por un pedazo del Estado como si fuera botín. Y cuando una parte de los que sí votan lo hace por rabia, por promesas vacías o por cálculo de bolsillo, la democracia queda como un ritual desfondado, sin alma ni propósito. No votar no castiga al corrupto: lo deja sin estorbo, sin contrapeso, sin vigilancia. La indiferencia electoral es el terreno fértil donde florece el abuso.
“Las personas o entidades mencionadas en esta columna tienen derecho a respuesta. La Revista de Caldas invita a enviar su respuesta, descargo o rectificación, conforme a la ley y al derecho de rectificación en condiciones de equidad.”
La Nota Corta de Salamina

• El Farol: obra pública hoy explotada privadamente
El Monumento al Farol, bautizado por muchos como “monumento a la chanchullería”, volvió a abrir sus puertas tras años de cierre. Más allá de quién lo administra —un conocido salamineño cercano al alcalde— lo que realmente importa es que se trata de una obra levantada con dinero público. Si fue construida con los impuestos de los habitantes de Salamina, ¿por qué ahora se les cobra a ellos mismos por ingresar? Ese cobro debería recaer en los visitantes, no en quienes ya aportaron para su construcción. El patrimonio colectivo no puede convertirse en un peaje para los propios contribuyentes. El problema es aún más grave: los recursos generados parecen terminar en bolsillos privados, sin claridad sobre seguros obligatorios para accidentes, como exige la ley. Una obra que costó al municipio más de mil millones de pesos, marcada por sobrecostos, hoy se explota como negocio particular. El Farol debería enaltecer la memoria y la cultura de Salamina, no convertirse en símbolo de privatización disfrazada de turismo. La comunidad merece transparencia y garantías, no un patrimonio convertido en negocio de amigos. Redacción La Revista de Caldas
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La Nota Corta de Chumila

• La Dorada sin agua: energía vale más que la vida
El agua en La Dorada no se va de golpe: primero se pone amarilla, después se enturbia y al final se muere en las llaves. Lo vi caminando por el puerto, oyendo a la gente que llena baldes y espera que vuelva la presión. El Magdalena fue la fuente principal, pero cuando la contaminación y los veranos lo volvieron caprichoso, se buscó el Guarinó en jurisdicción de Victoria. Hoy, lo que llega a las casas es más silencio que agua, más espera que alivio. La crisis no es solo de tuberías viejas ni de gerencias distraídas. El proyecto hidroeléctrico Miel I y la decisión de Isagén de tragarse un buen pedazo del Guarinó para engordar el embalse le quitaron al río cerca del 30% de su caudal. Con eso le quitaron a La Dorada la posibilidad de beber tranquila. Empocaldas, que debería defender el agua de la gente, parece más ocupada en justificar informes que en abrir las llaves. Mientras Isagén cuenta megavatios y Empocaldas se escuda en comunicados, las familias doradenses cuentan gotas. El río se volvió negocio y la ciudad quedó en la orilla. El agua no es lujo, es derecho, y cuando se juega con ella, se juega con la dignidad del pueblo.
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La Nota Corta de La Dorada

• Guarinó turbio deja barrios enteros sin agua
En La Dorada, cada vez que el Guarinó baja espeso y cargado de tierra, la rutina se repite: llenar canecas, racionar baños y suspender lavados. Lo que antes parecía una emergencia se volvió costumbre, y sin embargo cada corte recuerda la fragilidad de un sistema que depende de un río cambiante y de tuberías envejecidas
El acueducto arrastra décadas de obsolescencia: fugas, roturas y reparaciones improvisadas que se mezclan con imprevistos y con la resignación de la gente. Empocaldas reconoce que parte de los cortes recientes obedecen a obras de conexión y reemplazo de redes, pero la realidad es clara: barrios enteros quedan a secas mientras la ciudad mide el día en recipientes y paciencia.
La Dorada, que debería ser un puerto de progreso, se convierte en un escenario de espera y frustración, donde la vida cotidiana se organiza alrededor de la escasez.
A los candidatos que hoy recorren calles con discursos y promesas, la comunidad les exige que el agua sea prioridad: no más palabras huecas, sino inversión real en redes, dignidad y futuro. Porque sin agua no hay desarrollo, y sin decisiones valientes no habrá esperanza para un municipio que merece mucho más que canecas y promesas.
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La Nota Corta de Caldas y Manizales

• Aeropuerto del Café: millones gastados y Caldas aislado
El Aeropuerto del Café, en Palestina, Caldas, ha sido presentado como el gran proyecto de conectividad aérea del Eje Cafetero. El Gobierno Nacional anunció inversiones que superan los $700.000 millones para su construcción y operación inicial, con la promesa de movilizar cientos de miles de pasajeros en la próxima década.
Sin embargo, la realidad del departamento es otra. Las carreteras que deberían garantizar la movilidad de sus habitantes y la salida de sus productos están en ruinas.
Municipios como Manzanares, Marulanda, Pensilvania, Samaná y Norcasia viven atrapados entre huecos, derrumbes y tramos críticos que condenan a la población al aislamiento. La vía Manizales–Salamina y la Neira–El Páramo–Marulanda son símbolos del abandono histórico, donde los campesinos pierden cosechas y los viajeros arriesgan su seguridad.
La incoherencia es evidente: se destinan miles de millones a una obra que aún parece una utopía, mientras las carreteras básicas no cumplen las mínimas condiciones de transitabilidad. ¿De qué sirve un aeropuerto moderno si la gente no puede llegar a él por tierra?
Caldas no necesita más promesas aéreas. Necesita caminos dignos, transitables y decisiones valientes que devuelvan esperanza a sus pueblos.
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La Nota Corta de Villamaría

• Villamaría: agua entre ceniza y promesas políticas
La fragilidad hídrica de Villamaría se expone cada vez que el Nevado del Ruiz respira ceniza o la montaña descarga lluvias intensas. La bocatoma, enclavada en zona volcánica, convierte el agua en barro y acidez, obligando a cierres preventivos que castigan a la comunidad. Empocaldas responde con tecnicismos y etapas costosas, mientras los ciudadanos claman por autonomía hídrica y continuidad real. La Florida y las veredas padecen presiones bajas y agua cruda, mientras se cobran tarifas de alcantarillado que no corresponden a la realidad de quebradas contaminadas. La inconformidad se multiplica en las calles y en las reuniones comunitarias, donde la gente exige que la voz ciudadana sea escuchada y que las soluciones no se posterguen en informes interminables. Los candidatos al Congreso aprovechan el discurso del riesgo y la resiliencia, pero evitan compromisos verificables: cronogramas, presupuestos y control ciudadano. La crítica es inmediata: ¿quién garantiza que las soluciones no se queden en maqueta electoral? Villamaría no necesita más diagnósticos, sino redundancias técnicas y transparencia. El pueblo exige que la política deje de ser ceniza y se convierta en agua limpia que fluya con continuidad y justicia. La comunidad reclama presencia real de sus representantes, no visitas fugaces en campaña. La urgencia es clara: obras que se vean, tanques que funcionen y sectorización que proteja barrios y veredas. Solo así la resiliencia dejará de ser palabra hueca y se transformará en garantía de vida digna.
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