¡Buenas, compadres y comadres del Rinconcito de Timoteo!
Aquí estoy, otra vez, sentao’ en mi silla de madera, con el sol golpeándome la espalda y el café bien caliente, como a mí me gusta. ¡Gracias a Dios y a don Eleuterio, ese viejo regañón que me grita cada semana: “¡Timoteo, no te pases, que esto es periódico, no chisme de mercado!”… Pero ¡ay, don Eleuterio!, si yo solo digo lo que todos oyen y nadie se atreve a nombrar.
Hoy hablamos de Salamina: la plaza sigue siendo la misma, con sus viejos sentaos, sus perros durmiendo en la sombra y sus niños corriendo como si el mundo no tuviera prisa. Ya se corrió el rumor de que van a arreglar el acueducto… ojalá sea verdad, porque la agua que llega, llega con hambre. En Caldas, todo sigue igual: los políticos vienen, se van, y los caminos se quedan peor. Y a nivel nacional… ¡qué decir! Con lo que pasa en Bogotá, uno se pregunta si los que mandan viven en el mismo país que nosotros.
Les saludo a todos, especialmente a los que me leen con calma, sin prisa, como se debe. Y a don Eleuterio: ¡gracias por aguantarme! ¡Pero no me regañe tanto, que ya soy viejo y tengo derecho a mis chismes!
¡Ay, mi gente! ¡Qué lío se armó el pasado viernes en Salamina! ¡No lo van a creer, pero se hizo el culebrón más grande de los últimos años con la licitación pa’ pavimentar la vía Salamina-La Merced! ¡Casi 20 mil millones de pesos, de esos que salen del Sistema General de Regalías, como dicen los papeles! Y no es plata pa’ un bocado, es pa’ enderezar una carretera que, desde hace años, parece un camino de mula con baches más grandes que los huevos de gallina.
Nueve consorcios, dos uniones temporales… ¡todos con sus papeles, sus maletines y sus sonrisas de “yo soy el más honesto!”… Y al final, ¡la que se llevó el gato al agua fue la señora María Isabel Valenzuela, con su Consorcio Sanchamuel! ¡Sí, señores! ¡100% de puntaje! ¿Cómo? ¿Con qué? ¿Con qué experiencia? ¡Ni siquiera sé si esa señora ha visto la vía en persona! Pero dicen que su propuesta técnica estaba “impecable”, que sus costos eran “muy competitivos”, que sus plazos eran “realistas”… ¡Y eso, en este país, es como que un gallo cante en plena noche: raro, pero no imposible!
Pero oigan, no me vengan con que todo está bien porque salió en el boletín. Ya sabemos cómo funcionan estas cosas: el día que firmen el contrato, aparece un “retraso por lluvias”, luego un “falta de materiales”, después un “cambio de diseño”, y al final, en dos años, solo han puesto dos tramos de asfalto… ¡y los demás baches siguen como los dejaron!
Yo les digo: ¡no nos durmamos! La gente de Llanadas, La Chuspa, El Yarumo, hasta los que van a la feria de Salamina… ¡todos sufren! Las camionetas se rompen, los niños se retrasan en la escuela, las madres no llegan al hospital a tiempo. ¡Esa vía no es un paseo, es una arteria!
Haber señor José Fernando Álvarez que velas tiene usted en este entierro que estaba allí, como siempre, ¿pegado del alcalde? ¿En la audiencia de adjudicación?, No que ya había rescindido su contrato o ya le hicieron uno nuevo ampliando?
Y por eso, don Eleuterio, ¡no me regañe si insisto! ¡Hay que hacer veeduría popular! Que cada barrio mande un representante, que se vaya a la obra, que tome fotos, que pregunte, que exija. Porque si no, esta plata se va como el viento, y nosotros seguimos con los pies en el barro.
¡Ojo, pues! Aquí nadie se va a dejar engañar. ¡La vía se arregla, o se arma el escándalo!
— Timoteo, que no duerme, pero sí escucha.
¡Ahora les cuento un chisme que me dejó con el café frío y la rabia caliente! No es cualquiera, es de Calle Caliente, ese rincón tras la galería, que está por donde se sale a Pacora… ¡el infierno sin permiso de la alcaldía!
Allá, donde antes había solares y caminos de tierra, ahora hay casas que parecen hechas con cartón y esperanza. Sin planos, sin permisos, sin inspección, sin nada. La gente amplía su lote como si fuera su patio trasero: le quita un metro al vecino, otro a la vecina, y ¡listo! ¡Ya tiene dos pisos! ¿Y quién dice algo? Nadie. La oficina planeación… ¡ni se acuerda! ¿Qué hacen los inspectores? Se quedan en sus oficinas, con el aire acondicionado encendido, mientras las casas crecen como hongos después de la lluvia… y sin cimientos.
Y lo peor no es solo la construcción descontrolada… ¡es la energía pirata! ¡Sí, señores! ¡Los cables colgando como serpientes, robando corriente de los transformadores, sin medidor, sin factura, sin responsabilidad! ¿Y la Chec? ¿Dónde está? ¿Acaso se fue de vacaciones? ¿O acaso también está en la fiesta del secretario? Porque ni siquiera han hecho un recorrido de inspección. ¡Y eso que ya hubo un incendio en una casa de madera y cableado viejo! ¡Y nadie vino a ver si se repite!
¿Y el acueducto? ¡Ni hablar! El agua llega dos veces por semana, si tiene suerte, y cuando llueve, el barro se lleva las letrinas y los perros se bañan en la misma agua que usan para lavar platos. ¡Anarquía total!
Pero lo más picante… ¡es el “malacaroso”! El secretario de Planeación, ese que se pasea con su drone nuevo, como si fuera un general de guerra… ¡y lo usa para sacarse fotos en el parque, entregando tanques y tuverias que mando la gobernación no obra de él, no para inspeccionar las construcciones ilegales! ¡Qué risa! El otro viernes celebró su cumpleaños, con bombas, platillos, música, y hasta un pastel con su nombre en chocolate. Dicen que los empleados le dieron regalos, y lo llevaron de parranda hasta las tres de la mañana. ¿Y quién pagó? ¡Presumiblemente Nuestros impuestos! ¡Nuestro dinero! ¡El que debería servir para ponerle techo a una casa, no para que un funcionario se ponga un traje caro y se vaya de farra!
¡Y ustedes creen que eso es todo? ¡No! ¡Él ni se asoma por Calle Caliente! ¡Ni una vez! ¿Qué hace con su drone? ¿Toma fotos de pájaros? ¡O de sus propios regalos!
¡Esto no es desarrollo, es desvergüenza! ¡Y si no hacemos algo, en dos años, Salamina va a tener más casas ilegales que panaderías!
Sigamos aunque se caiga la cara de asco! Este chisme no es de esos que se dicen en la plaza… es de esos que se esconden en los papeles, en los contratos, en los cheques que salen de la alcaldía… ¡y que nadie pregunta!
¡Ya hasta tienen abogado propio en la oficina de Planeación! ¡Sí, señores! ¡No uno de esos que van a los juzgados cuando hay pleitos… sino uno de planta, con contrato, con salario fijo, con bonos, con vacaciones… ¡como si la secretaría fuera una firma de abogados de Bogotá! ¿Y para qué? ¿Para defender que no se dan permisos? ¿Para que nadie se queje de las construcciones ilegales? ¡Ni siquiera han resuelto un solo caso de invasión de terreno en Calle Caliente! ¿Entonces para qué el abogado? ¡Para que firme contratos que nadie revisa!
Y oigan… ¿qué pasa con ese contratista que cobran millones cada mes pa’ reparar bienes del municipio? ¡El mismo que lleva años “arreglando” un techo que sigue goteando como si nunca hubieran tocado una teja! ¡El mismo que asegura que “terminó” una reparación en una oficina pública… y dos semanas después, el cielo se vino abajo como si no hubiera pasado nada! Ese que debería estar limpiando el lote del teatro para que no afecte el resto del edificio y lo deteriore más, ¡Y aun así, cada mes reciben pagos de millones! ¡Sin facturas detalladas, sin comprobantes de materiales, sin fotos de la obra hecha, sin informes de inspección… nada! Solo recibos con sellos, palabras bonitas en actas, y silencio total cuando alguien pregunta qué se hizo realmente. ¿Reparación? Parece más un negocio de cobro automático: se firma, se paga, y se olvida. Mientras tanto, las paredes se pudren, los techos se hunden, y la gente sigue esperando que alguien cumpla lo que prometió… con nuestro dinero. ¿Y quién firma esos pagos? ¡El mismo que tiene su abogado, su drone y su fiesta de cumpleaños! ¿Y quién revisa si realmente se hizo algo? ¡Nadie! Porque aquí, en Planeación, no se miden resultados… se miden cheques. Y si el contratista no hace nada, ¡pues se le paga igual, porque “hay que cumplir con el cronograma”! ¡Qué cronograma, si no hay obra!
¡Y no me vengan con que “es parte del proceso”! ¡No, hermanos! ¡Esto es daño patrimonial, a nuestros impuestos! ¡Con papeles, con firmas, con contratos bien escritos… pero con resultados cero!
¿Cuántos empleados más van a contratar? ¿Un jefe de jefes? ¿Un psicólogo pa’ que le diga al secretario que “está bajo presión”? ¿Un chef pa’ que le lleve el almuerzo al drone?
¡Esto no es administración, es un teatro de mentiras! ¡Y nosotros, con nuestros impuestos, somos los que pagamos la entrada!
¡No más contratos sin obra! ¡No más abogados sin justicia! ¡No más millones pa’ goteras!
— Timoteo, que no tiene título, pero sí sentido común… y ojos bien abiertos.
Este no es de los que se murmuran… es de los que te dejan con la boca abierta y el corazón encendido.
¿Alguien se ha preguntado por qué, en vez de que la Planeación haga su trabajo, ahora es la concejala Rocio Marulanda la que anda con camiones, asfalto y pala, tapando huecos en el Alto, en la Cuchilla y la vía a la Palma? ¡Eso no es labor de un concejal! ¡Eso es tarea de la secretaría encargada de planeación urbana y vialidad! ¿Y qué hace el secretario? Ni se mueve. Ni inspecciona. Ni ordena. Ni presupuesta. ¡Y ahora, cuando ya no hay plata pa’ tapar baches, es ella la que sale a hacer de heroína improvisada! ¿Acaso no hay plan? ¿No hay presupuesto? ¿O simplemente… no hay voluntad?
¡Y mientras tanto, en la junta de patrimonio, se aprobó una autorización tras otra como si fuera un trámite de feria! ¿Cómo se permite construir en plena zona patrimonial, justo en la esquina del parque, junto al andén del club? ¿Y esa casa en el Alto, que ya se levantó como un monumento al desorden, sin estudios, sin visado, sin respeto a las normas? ¡Se la dieron al dirigente Héctor Fabio Álvarez! ¿Y quién votó? ¿Quién miró para otro lado? ¿Acaso en esa junta no hay reglas? ¿O las reglas solo valen para los que tienen “contactos”?
Y no me vengan con que “todo está dentro del proceso”. ¡El proceso es un disfraz! Porque mientras el pueblo sufre con carreteras que se deshacen, con casas que se caen por falta de saneamiento, y con niños que no pueden ir a la escuela por los baches… ¡en otra parte, alguien celebra su cumpleaños con bombas, platillos, música y regalos! ¡Sí, señores! se le hizo fiesta a quien debería estar inspeccionando, no bailando. ¡Y los empleados, como lambericos, le llevaron pasteles, le compraron regalos y lo llevaron de parranda!
¡No es solo negligencia… es corrupción disfrazada de tradición! ¡No es solo falta de acción… es privilegio vendido a cambio de silencio!
— Timoteo, que no tiene poder… pero sí memoria, ojos y voz.
¿Han subido al llamado “Monumento al Farol” “mirador público”? ¡No, no lo digo por turismo! ¡Lo digo por dolor! Porque ese “monumento” —si es que se le puede llamar así— no es un símbolo de progreso… ¡es un monumento al mal gusto, a la ignorancia y a la corrupción disfrazada de cultura!
¡Miren bien! ¡Cuatro personas, y ya no caben! ¡Con la espalda pegada al barandal, los pies en el borde, y el miedo de que se caiga el piso! ¿Y qué es lo que lo sostiene? ¡Guadua mal tratada, sin sellado, sin protección, sin tratamiento antifúngico! ¡Ya hasta el comején tiene su apartamento ahí dentro! ¡Y si llueve, el ruido que hace es como si estuvieran comiendo palomitas de maíz encima de su cabeza!
¿Arte? ¡Qué arte! ¡Si hasta mi abuela con su canasto de costura hace algo más sólido y bonito! ¿Esto es mirador? ¡No, es trampa! ¿Es símbolo de identidad? ¡No, es símbolo de cuánto se puede robar con un proyecto de más mil cien millones y entregar un montón de palos a punto de podrirse!
¿Y quién lo aprobó? ¿Quién lo firmó? ¿Quién dijo “sí, esto es lo que necesita Salamina”? ¡El exalcalde Rositas, claro! ¡El mismo que “iluminó” el estadio con lámparas que se apagan cada vez que hay un gol! ¡El mismo que dijo que era “una obra cultural” … y resultó que era un negocio con proveedores de mala fe, sin licitación, sin control, sin garantía!
¡Y ahora, con este farol, nos quedamos con un desastre que no sirve, que no aguanta, que no ilumina, que no mira nada… ¡y que sí, sí, sí, le pagó a alguien!
¿Creen que nadie se preguntó por qué se eligió la guadua sin tratamiento? ¿Por qué no se usó acero? ¿Por qué no se puso una base de concreto? ¿Por qué no hubo inspección técnica? ¡Porque no había interés en hacerlo bien… sino en hacerlo rápido… y con comisión!
¡Este no es un monumento al turismo!
¡Es un monumento al desdén!
¡Al despilfarro!
¡A la impunidad!
¡Y mientras el pueblo camina con miedo por las calles, y los niños no pueden jugar en la plaza porque el pasto está lleno de baches… ¡ahí arriba, ese “farol” sigue siendo la prueba visual de que, en este pueblo, lo que importa no es lo que se hace… sino quién se embolsa lo que se gasta!
— Timoteo, que no es arquitecto, pero sí sabe distinguir entre una obra y un fraude.
¡Ay, mi gente y si por Salamina llueve, el resto del país no escampa! ¡Qué lío de candidatos se ha armado en este país! ¡Más de cien! ¡Sí, como lo oyen! ¡Cien! ¡Como si en Salamina hubiera cien vendedores de arepas en la plaza y cada uno con su salsita diferente, pero nadie sabe dónde está el fuego!
¿Y saben qué? En los últimos 200 años, Colombia ha sido como una casa que nadie arregla: primero la pintan de azul, luego de rojo, después de morado… ¡y al final, el techo se cayó, las paredes se agrietaron, y los gatos se comieron el piso! Y cada vez que alguien se sube a decir “yo lo arreglo”, ¡lleva un martillo de mentira y una bolsa llena de papeles con su nombre!
Pero en los últimos cuatro años… ¡eso ya no fue desorden, fue caos con permiso!
Se nos fue el principal socio comercial —¡el que nos compraba café, petróleo y flores!— y ni siquiera nos dimos cuenta hasta que nos quedamos sin plata pa’ la gasolina.
La grieta social… ¡no es solo entre derecha e izquierda! ¡Es entre el que tiene agua y el que no, entre el que tiene trabajo y el que no, entre el que vive con luz y el que vive con cables piratas como en Calle Caliente!
¿Y qué hacen estos cien candidatos? ¡Se pelean por el micrófono, no por el pueblo!
Uno dice que va a bajar impuestos… pero no explica cómo.
Otro promete empleo… pero no sabe cuánto cuesta un costal de cemento.
Y los demás… ¡solo repiten lo que les dicen sus asesores, que están en Bogotá, con traje y aire acondicionado, sin haber visto un bache en su vida!
Y oigan… si todos estos cien siguen solos, si no se juntan en una sola candidatura que le diga “¡basta!” a la radicalidad que nos quiere arrasar… ¡la izquierda radical que tanto daño nos ha hecho… va a volver a ganar!
¡Y no por convicción… sino porque nosotros, los de a pie, seguimos divididos, gritando, riñendo, y no votando por lo que sí sirve… sino por lo que más ruido hace! O simplemente no votando recuerdan al escritor Bertolt Brecht, que dijo: “Primero vinieron por los comunistas, y yo no hablé, porque yo no era comunista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no hablé, porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no hablé, porque yo no era judío. Luego vinieron por los católicos, y yo no hablé, porque yo, era protestante.
Entonces, vinieron por mí… y ya no había nadie que pudiera hablar.”
¡No necesitamos cien presidentes!
¡Necesitamos UNO!
Uno que no venga de una academia, ni de una fiesta con drone, ni de un contrato con su primo.
Uno que haya visto cómo se cae el techo de la escuela, cómo se retrasa la ambulancia por un bache, cómo el agua se acaba y el pan sube…
¡Uno que no venga a pedir votos… sino a devolverle dignidad a Colombia!
¡Si no nos unimos… nos hundimos!
¡Y esta vez, no será por culpa de los otros… será por nuestra propia pereza o indiferencia!
— Timoteo, que no sabe quién es el candidato… pero sí sabe que si no hay unidad, no hay futuro. “Primero vinieron por los que reclamaban el agua, y yo no dije nada… porque yo tenía agua. Luego vinieron por los que querían arreglar la vía, y yo no me moví… porque yo no salía de Salamina. Después vinieron por los que denunciaban las fiestas con plata pública, y yo callé… porque no era funcionario.
Hoy vinieron por mí… y ya no hay nadie que grite.
Porque cuando callas por miedo… el silencio te come primero.”
— Timoteo, que no sabe mucho de filosofía… pero sí sabe que cuando no defiendes a tu vecino, mañana no te defiende nadie.
Un comentario
Excelente comunicado y la reflexión mucho mejor. De verdad que deberíamos ponernos la mano en el corazón y hacer algo por nuestro municipio