Llegó el finde y regreso más caliente que arepa recién sacada del tiesto, con mantequilla derritiéndose encima… han pasado tantas vainas que si no las cuento yo, se quedan en el aire como chisme sin radio bemba. Esta semana no me voy a dejar regañar del viejo Eleuterio, ese cascarrabias que siempre anda con el dedo levantado, porque le tengo mis notas a tiempo y bien cargaditas de picante, crítica y buen humor.
Vámonos pues a las notas de esta semana. Primero que todo, mi alegría por los dos nuevos compañeros de pluma que se suman a este gallinero de letras: don Carlos Arturo Arenas con su columna Territorio Vivo, que ya está dando de qué hablar —unos con cara larga y otros con sonrisa de oreja a oreja—, y don Argos, el que todo lo ve, aunque no sea tan chismoso como yo, que todo lo escucho hasta debajo de las mesas. Bienvenidos, porque juntos vamos a poner a la gente a hablar, y mucho.
Y al grano, que la cosa está caliente en San Félix. Se emberracó la gente por la “mamadera de gallo” del modelito del palacio casi blanco y azul, porque nada que nombran corregidor. Para seguir dilatando, mandaron al inspector rural, que resulta ser el mismo de Salamina. O sea, dos cargos en una sola persona. ¿Será que también dos contratos, o uno con adición para que le caiga más platica al funcionario? Eso es una falta de respeto con la gente del corregimiento, que además es la que más impuestos paga y sostiene la economía de Salamina.
Manuel Fermín, deje de estar mamándole gallo a esa gente y póngase serio: nombre el corregidor y haga algo más que tomarse el amarillito en la Chiflada con su amigo de los contratos para traer artistas. La gente necesita gestión, no cuentos ni paseos de botella.
El “emperadorcito” Ospina Rosas, que ahora anda de lacayo de Octavio Cardona, se cree la última Coca Cola del desierto porque salió con sombrerito dizque para acercarse al pueblo. ¡Qué payasada! Ese look le queda más falso que billete de tres pesos.
La gente comenta que en su administración se metió buena plata al bolsillo, y ahora el descarado pretende volver a lanzarse como candidato a la alcaldía. ¡Qué cinismo, carajo!
Timoteo dice: ojo, que detrás de esa pinta de “popular” hay más cuento que novela barata. Que no nos venga con el disfraz de campesino humilde, porque todos sabemos que lo suyo es puro teatro.
El “emperadorcito” Ospina Rosas, ahora lacayo de don Octavio Cardona, se las pica de popular y ya está saliendo con sombrero para “acercarse más al pueblo” pero ese nuevo look no le luce para nada, hay que continuar con las investigaciones porque dicen por ahí que fue mucho lo que gano en su administración y ahora está pretendiendo fungir como candidato a una nueva postulación a ser alcalde, vaya descaro.
Y hablando del teatro, ni una palabrita, ni un gesto, ni siquiera limpian ese lote que con este invierno tan macho parece tragarse las paredes del palacio casi azul y blanco. El deterioro es tan grande que, si las cosas siguen así, no habrá que construir teatro municipal, sino Palacio municipal, porque se está cayendo a pedazos.
Y ojo, que si en el 2027 llega a ganar Ospina Rosas —¡Dios nos libre de ese caciquito sin plumas!— seguro que despachará desde la oficina de don Octavio Cardona, como buen lacayo que es. El pueblo no necesita más teatros de cartón ni palacios de papel: necesita gestión seria, respeto y obras que duren más que un discurso barato.
Timoteo lo dice claro: mientras ellos juegan a emperadores y bufones, el pueblo paga impuestos y aguanta el frío. Que no nos vengan con cuentos, porque aquí lo que falta no es teatro, sino dignidad.
Mirando la Revista de Caldas esta semana me encontré con que mi mompita Mercurio sacó unos chiritos al sol que vale la pena replicar con más picante. Y yo pregunto: ¿será que en el viejo Caldas ya no hay firmas de ingenieros para hacerse cargo de los cuatro kilómetros y piquito de la carretera La Merced–Salamina?
Porque esa “licitación” —y la pongo entre comillas porque huele más a dedo que a concurso— está más floja que caldo sin sal. El consorcio contratista apenas si alcanza capital de trabajo, ni a mil millones sube, y eso me huele a que antes de terminar la obra ya estarán pidiendo adiciones, o peor, dejándola tirada.
Y ojo, que el consorcio es de la costa, y a mí me sigue oliendo a favorcitos. ¿Les dice algo Olga Constanza Duque Chica y su esposo Posada? Yo lo conocí tomando tinto en La Cigarra, pero nunca supe el nombre completo. Lo que sí sé es que aquí hay gato encerrado.
¿Cuánto le tocará a la campaña para la Cámara? Seguro por ahí hay otro contratito grande en otro municipio para ir armando la caja menor de las campañas del próximo año. Timoteo lo canta clarito: cuando las obras se hacen con olor a política, el pueblo termina pagando el doble y recibiendo la mitad.
Y siguiendo con don Mercurio, nos contó otro grande y me siguió oliendo tan feo que hasta las narices se me arrugaron. Resulta que en Manizales aparecen dos empresas con nombre de fundación: Impacto Recreación y Gamero. Una ya anda investigada por corrupción, pero ese no es el cuento más bravo.
La coincidencia es tan macha que parece chiste: las dos fundaciones tienen la misma oficina y la misma contadora. ¡Qué casualidad tan descarada! Y para rematar, son las mismas que se han llevado los contratos de logística de la rumba del bicentenario, del reinado, del pregón de la Noche del Fuego y hasta de la final del concurso de bandas.
Timoteo pregunta con picardía: ¿será que la rumba también se baila con la contadora? Porque aquí lo que huele no es a fiesta, sino a favorcitos bien amarrados. Y para la tarea, jejeje, ¿quién fue el animador de tarima? Porque ese detalle también cuenta en el libreto de esta comedia política.
Por ahí se escuchó que la administración —no sé si el alcalde o el malacaroso secretario de planeación— se reunió con la gente del Playón. Y yo pregunto: ¿serán los mismos del Establo? Porque lo que se comenta es que buscan cómo arreglarles el problema de sus viviendas, que están siendo devoradas por la erosión y el movimiento en masa de esa ladera.
Dicen que van a conseguir un lote para darles casitas nuevas. ¡Eso sí sería noticia importante! Pero en vez de cubrirlo como corresponde, la oficina de publicidad del alcalde anda ocupada haciendo videítos para Instagram, mostrando al modelito de turno, exhibiéndose con Raimundo y todo el mundo, estrenando chaquetas caras con el rótulo del municipio… y todo financiado con nuestros impuestos.
Timoteo lo dice sin rodeos: ¿por qué no hacen cubrimiento periodístico de verdad y envían esas notas a los medios de comunicación? Para eso les pagamos. Que no nos quieran es otra cosa, pero eso no significa que no seamos un medio respetable. El pueblo merece información seria, no pasarela de vanidades.
Y para rematar, la página web oficial sigue sin mostrar un verdadero uso. Los comunicados deberían estar allí colgados, visibles para todo el pueblo, porque una oficina de prensa de un ente territorial es mucho más que un “community manager” jugando con redes sociales. La comunicación pública no es un hobby de Instagram, es un deber con la ciudadanía.
Y hablando de juguetes, ese dron que compraron para la Oficina de Planeación no es para estar grabando las fiestas del alcalde, como la rodada del Día de las Brujas. ¡Ave María pues! Eso es un equipo técnico para vigilar terrenos, obras y riesgos, no para andar de camarógrafo de comparsa.
Timoteo lo dice clarito: mientras la administración se entretiene con videítos y disfraces, los problemas reales siguen sin solución. El pueblo necesita información seria y gestión responsable, no pasarela digital ni drones al servicio del show.
¡Ave María pues! Timoteo no se aguanta esta perla y la suelta sin anestesia: resulta que el inspector de Policía, dizque muy cumplido, fue a hacer la medición de ruido en La Chiflada… ¡cuando el local estaba cerrado y en pleno día!
¿Será que el señor inspector cree que los vecinos se quejan del silencio? ¿O que la música a todo taco y los gritos de madrugada se producen mágicamente a las dos de la tarde con el sol en la nuca? ¡Qué falta de seriedad!
Timoteo lo dice sin pelos en la lengua: eso no fue una visita técnica, fue una pantomima. Mientras los vecinos del centro no pueden dormir por la música y el escándalo nocturno, el inspector se aparece con lupa y profesional psicosocial… ¡a medir el silencio!
Y ojo, que no es la primera vez que este funcionario hace lo que le da la gana. Ya lo conocen por andar más pendiente de quedar bien con los dueños de los negocios que con la comunidad.
Timoteo pregunta con picardía: ¿será que la mediación es solo para la foto y el hashtag? Porque si de verdad quisieran garantizar la convivencia, la visita se haría en la noche, cuando el ruido es un martirio.
Última hora: el inspector midió el silencio, ignoró el escándalo, y dejó a los vecinos con el insomnio y la rabia. ¡Qué vergüenza! Aquí no se necesita más protocolo, se necesita voluntad y respeto por la gente.
Y así cierro esta tanda, más caliente que fritanga en feria y con más chispa que pólvora en diciembre. Porque mientras los políticos juegan a emperadores, lacayos y modelos de Instagram, el pueblo sigue pagando impuestos y esperando soluciones que nunca llegan.
Timoteo lo dice con la risa entre dientes: aquí no faltan discursos ni chaquetas nuevas, lo que falta es vergüenza y gestión. Que no nos sigan vendiendo humo, porque el humo se disipa y deja ver la tramoya completa: contratos a dedo, fundaciones gemelas, drones de juguete y palacios que se caen solos.
El pueblo no necesita teatro ni pasarela, necesita respeto. Y mientras tanto, yo seguiré aquí, con mi tabaco y mi tinto, contando lo que otros callan. Porque si Timoteo no lo dice, se queda en el aire como chisme sin radio bemba. ¡Nos vemos la próxima, y que no me falte el picante!
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