Llegar al fin de año con una publicación que ha sido capaz de sostenerse en medio de alegrías, sinsabores y dificultades es, sin duda, motivo de reflexión. No se trata únicamente de contar cifras o de celebrar la acogida extraordinaria que hemos tenido, sino de reconocer que detrás de cada jornada, de cada columna y de cada denuncia, hay un esfuerzo colectivo que ha permitido posicionar a esta revista como una de las publicaciones periodísticas digitales más importantes del departamento. Con un promedio de 5.200 visitas diarias y lectores en más de 30 países, hemos logrado que la voz de Salamina y San Félix se escuche más allá de nuestras fronteras, que la memoria cultural y patrimonial encuentre eco en escenarios internacionales. Sin embargo, este logro contrasta con la indiferencia de los comerciantes turísticos locales, quienes por razones más políticas que comerciales han decidido descartar la posibilidad de publicitar sus negocios en nuestras páginas, negando no solo el desarrollo de sus propios comercios, sino también la oportunidad de posicionar a Salamina y San Félix como destinos turísticos de relevancia nacional.
La paradoja es evidente: mientras el mundo nos lee y reconoce, mientras la diáspora salamineña y los amantes de la cultura andina encuentran en nuestras crónicas un espacio de identidad, los actores locales prefieren el silencio, la omisión y la distancia. Esta actitud no solo limita el crecimiento económico de la región, sino que también impide que la narrativa patrimonial se convierta en motor de desarrollo. El turismo cultural, que podría ser la carta de presentación de nuestro municipio, se ve relegado por intereses mezquinos y cálculos políticos que poco tienen que ver con el bienestar colectivo.
A lo largo del año hemos enfrentado ataques provenientes de la alcaldía y de sectores influenciados por el administrador municipal y sus aulicos de Bogotá y Manizales. No es un secreto que nuestras denuncias han incomodado a quienes prefieren mantener bajo la alfombra las irregularidades administrativas. Pero es necesario aclarar, una vez más, que nuestras denuncias no son asunto personal, como algunos seguidores y amigos de la administración han querido calificarlas. Se trata de denuncias fundamentadas en documentos legales de la misma administración, en actos administrativos que no solo yo he visto, sino también otros columnistas que, por razones de seguridad, se amparan en seudónimos. Ellos también han detectado un manejo que raya en actuaciones con probable alcance fiscal, un entramado de decisiones que comprometen la transparencia y la confianza en las instituciones locales.
Denunciar no es un acto de enemistad, es un acto de responsabilidad. Callar frente a la corrupción es ser cómplice, y nuestra misión como medio de comunicación ha sido siempre la de dar voz a lo que otros prefieren silenciar. Hemos asumido el costo de la crítica, hemos soportado la presión de quienes intentan deslegitimar nuestro trabajo, pero seguimos convencidos de que la verdad, aunque incómoda, es necesaria para construir una sociedad más justa.
El año que termina también nos deja la amarga experiencia de un bicentenario que no fue conmemoración, sino espectáculo vacío. Se olvidó la historia, se relegó la memoria, se ignoró a los hombres y mujeres que han sido parte de la evolución de nuestra ciudad patrimonial. La llamada “gente del Bicentenario”, aquellos que con su trabajo y su legado han construido la identidad de Salamina, no recibió el reconocimiento que merecía. No se gestionó un teatro municipal adecuado a nuestras necesidades culturales, no se promovieron espacios de reflexión histórica, no se sembraron esperanzas de un futuro cultural sólido. Lo que sí se vio fue fiesta, rumba, licor y desenfreno. Se dedicaron importantísimos recursos a la frivolidad de reinados y a la contratación de artistas de músicas foráneas que, si bien gustan a la gente, no dejan más que resacas y desorden en los escenarios.
El bicentenario debió ser un momento de encuentro con nuestra historia, una oportunidad para valorar el camino recorrido y proyectar el futuro cultural de la ciudad. En cambio, se convirtió en una celebración superficial, donde la memoria fue desplazada por el espectáculo. Esta decisión no solo empobrece el acervo cultural, sino que también envía un mensaje preocupante: la historia no importa, los hombres que la construyeron no merecen ser recordados, y la cultura puede ser sustituida por el entretenimiento pasajero.
En este contexto, nuestra labor como medio adquiere mayor relevancia. Somos conscientes de que nuestra voz incomoda, de que nuestras denuncias generan resistencia, de que nuestra insistencia en la memoria cultural contrasta con la indiferencia institucional. Pero también sabemos que sin crítica no hay avance, que sin memoria no hay identidad, que sin cultura no hay futuro.
El fin de año nos invita a mirar hacia atrás y reconocer lo que hemos logrado: una publicación que se sostiene en medio de la adversidad, que se lee en más de 30 países, que recibe 5.200 visitas diarias, que ha denunciado irregularidades con fundamento legal, que ha dado voz a columnistas valientes aunque anónimos, que ha defendido la cultura frente a la frivolidad. Nos invita también a mirar hacia adelante y asumir los retos que vienen: seguir denunciando, seguir narrando, seguir construyendo memoria, seguir defendiendo la cultura patrimonial de Salamina y San Félix.
No podemos permitir que la desconfianza política y la indiferencia comercial sigan limitando el desarrollo turístico de nuestra región. No podemos aceptar que la corrupción se normalice en la administración local. No podemos resignarnos a que la historia se olvide y la cultura se sustituya por el espectáculo. Nuestra misión es clara: ser voz crítica, ser memoria viva, ser espacio de encuentro.
El año que termina nos deja heridas, pero también nos fortalece. Nos recuerda que la verdad incomoda, pero libera. Nos enseña que la cultura puede ser ignorada por las instituciones, pero nunca por el pueblo. Nos confirma que la memoria patrimonial de Salamina y San Félix es más fuerte que la frivolidad de un bicentenario mal gestionado.
Al cerrar este ciclo, reafirmamos nuestro compromiso con la comunidad, con la historia, con la cultura, con la verdad. Porque llegar al fin de año con una publicación que ha enfrentado alegrías, sinsabores y dificultades, pero que sigue siendo leída y reconocida, es prueba de que nuestra voz es necesaria. Y mientras haya lectores que nos acompañen, mientras haya columnistas que se atrevan a denunciar, mientras haya memoria que rescatar, seguiremos escribiendo, seguiremos denunciando, seguiremos construyendo.
Este fin de año no es solo un cierre, es también un inicio. Es la oportunidad de renovar nuestro compromiso, de fortalecer nuestra voz, de seguir siendo parte de la historia viva de nuestra ciudad patrimonial. Porque la confianza se construye con verdad, la cultura se defiende con memoria, y el futuro se proyecta con esperanza.
Así, entre logros y silencios, entre ataques y resistencias, entre olvidos y denuncias, cerramos este año con la certeza de que nuestra misión sigue intacta: ser la voz que incomoda, la memoria que persiste, la cultura que resiste. “Voces tejidas desde el silencio” es más que un lema, es la esencia que nos guía y nos sostiene. Con esa certeza, abrimos las puertas al nuevo año, convencidos de que la verdad, la historia y la cultura siempre encontrarán su lugar.


2 respuestas
Quisiera averiguar que paso con los dineros que recogió la administración de Salamina por la venta de los locales y de las galerías en general,pues esto pertenecía al pueblo a la alcaldía y lo vendieron a particulares.?.
Yo tambien quisiera saber eso, pero ese asunto es de administraciones anteriores, lo que hay es que hacer una accion de tutela para averiguar todas esas cosas. Usted que vive alli cerca lo podria hacer.