La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará grabada en la memoria de América Latina. Estados Unidos confirmó un ataque militar sobre Caracas y otras ciudades venezolanas, con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro. El anuncio, hecho por Donald Trump, sacudió la región y abrió un nuevo capítulo en la crisis venezolana. La operación incluyó bombardeos selectivos contra instalaciones militares y la detención de Maduro junto a su esposa. El país amaneció bajo estado de emergencia, con incertidumbre sobre quién asumirá el poder y cómo se reorganizarán las fuerzas chavistas.
El contexto de este conflicto no es nuevo. Venezuela lleva más de dos décadas bajo el chavismo, primero con Hugo Chávez y luego con Maduro. La crisis económica, la represión política y el éxodo de millones de venezolanos han convertido al país en símbolo de tiranía para unos y de resistencia para otros. Estados Unidos, que desde hace años ha denunciado violaciones de derechos humanos, decidió actuar militarmente, justificando la operación como un paso para “liberar al pueblo venezolano”.
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro condenó la intervención, calificándola como una violación de la soberanía. Irán también expresó su rechazo, alineándose con su tradicional apoyo al chavismo. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se pronunció en contra de la acción militar, defendiendo la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Evo Morales, expresidente de Bolivia, sumó su voz de protesta, denunciando lo que llamó “imperialismo descarado”. Estas posturas reflejan la división ideológica que atraviesa la región.
Mientras tanto, en las calles de Santiago de Chile, los venezolanos exiliados celebraron desde muy temprano. Con banderas, cánticos y lágrimas, saludaron la acción estadounidense como el inicio de la liberación de su país. Escenas similares se vivieron en ciudades de Argentina, Paraguay y Ecuador, donde comunidades de migrantes se volcaron a las plazas para festejar. Para ellos, la captura de Maduro representa la esperanza de regresar a una Venezuela libre de represión.
En Argentina, el presidente Javier Milei fue más allá y manifestó su apoyo explícito a la líder opositora María Corina Machado, quien fue elegida vicepresidenta y es reconocida como referente de la transición democrática. Milei destacó que “Venezuela merece recuperar la libertad y la democracia”, y se comprometió a respaldar los esfuerzos internacionales para consolidar un nuevo gobierno legítimo. Sus palabras resonaron en la región y marcaron un contraste con las voces críticas de otros mandatarios.
El debate sobre la legitimidad del poder en Venezuela se intensifica. Edmundo González Urrutia, presidente electo legalmente, aparece ahora como figura central en el proceso de transición. Su liderazgo, acompañado por Machado como vicepresidenta y voz política más influyente, abre la posibilidad de que se restablezca la democracia en un país marcado por años de autoritarismo. La expectativa es que pronto se convoquen elecciones libres y se inicie un proceso de reconstrucción institucional.
La crónica de este día no puede olvidar el sufrimiento acumulado. Millones de venezolanos han huido en busca de oportunidades, llenando las calles de Bogotá, Lima, Buenos Aires y Santiago. La diáspora se ha convertido en símbolo de resistencia y esperanza. Para ellos, la caída de Maduro no es solo un hecho político, sino la posibilidad de regresar a su tierra y reconstruir sus vidas.
En Caracas, la tensión es palpable. Aunque Maduro fue capturado, sectores chavistas intentan reorganizarse. Se habla de posibles enfrentamientos internos y de la necesidad de garantizar la seguridad de la población. La incertidumbre domina, pero también la esperanza de que la transición sea pacífica y que se evite un baño de sangre.
La comunidad internacional observa con atención. Naciones Unidas ha pedido respeto a los derechos humanos y un proceso ordenado de transición. La Unión Europea expresó su disposición a apoyar la reconstrucción democrática. América Latina, dividida entre quienes apoyan la intervención y quienes la rechazan, enfrenta el reto de acompañar a Venezuela en este momento histórico.
La captura de Maduro no es el final del conflicto, sino el inicio de una nueva etapa. El pueblo venezolano, dentro y fuera del país, espera que se abra el camino hacia la libertad. La voz de los exiliados en las calles de Santiago, Buenos Aires y Quito refleja el deseo colectivo de recuperar la patria. La figura de María Corina Machado se perfila como símbolo de esa esperanza, mientras líderes como Javier Milei ofrecen respaldo político.
En contraste, las críticas de Petro, Sheinbaum, Evo Morales e Irán muestran que la batalla ideológica sigue viva. Venezuela se convierte otra vez en escenario de disputa global, donde se enfrentan visiones sobre soberanía, democracia y derechos humanos.
En medio de la conmoción internacional, la vicepresidenta electa María Corina Machado publicó un nuevo comunicado en la red social X, donde afirmó que “Venezolanos, llegó la hora de la libertad”. Señaló que Nicolás Maduro deberá responder ante la justicia internacional y convocó a los ciudadanos, dentro y fuera del país, a mantenerse vigilantes y organizados para garantizar que la transición democrática avance sin tropiezos. Su mensaje, de alto voltaje político, refuerza el liderazgo opositor y marca un llamado a la unidad en este momento histórico.
La crónica de hoy es la crónica de un pueblo que sueña con volver a ser libre. La captura de Maduro abre la puerta a un futuro incierto, pero también a la posibilidad de que Venezuela recupere su democracia. El mundo observa, América Latina debate, y los venezolanos celebran. La historia se escribe en las calles, en las plazas y en la memoria de quienes nunca dejaron de creer que la tiranía podía caer.

