¡Hijuepucha pues! Aquí les habla Chumila, el que recoge cuentos, chismes y verdades de todo el oriente de Caldas. Mi nombre de pila es José Reinel, sin apellido conocido ni falta que hace. Me dicen Chumila desde pelado, porque siempre he sido de lengua suelta y oído fino. Vivo en La Dorada, pero por la calidad de mi trabajo como albañil, me llaman de pueblos como Victoria, Norcasia, Samaná, Pensilvania y hasta de Manzanares. Y como dónde voy me reciben con café y cuentos, pues yo recojo lo que se dice y lo guardo en la memoria, como quien guarda ladrillos pa’ levantar una pared.
No soy periodista ni me interesa serlo. Soy chismero, de esos que escuchan en la tienda, en la cantina, en la obra, en la plaza. Me cuentan cosas que no salen en los periódicos, pero que todo el mundo sabe. Y como tengo buena memoria y mala lengua, ahora me pusieron a escribir en la Revista de Caldas, pa’ que ustedes se enteren de lo que pasa por estos lados.
Conocí a Timoteo, cuando fui a ver las palmas de cera de San Félix. Ese viejo sí que sabe escribir, y desde entonces nos carteamos como si fuéramos compadres. Él me manda cuentos, y yo le devuelvo los de La Dorada. Así fue como el editor de la revista se enteró de mi existencia, y me dijo: “Chumila, usted tiene que contar lo que se dice por allá”. Y aquí estoy, con el cigarrillo en la mano y el lápiz en la oreja, listo pa’ soltar lo que me cuentan.
Porque a mí siempre me cuentan. Me lo dice Cigarrillo, el viejo de la esquina que sabe todo lo que pasa en el Concejo. Me lo sopla el Burro, que trabaja en la plaza y escucha a los políticos cuando se bajan del carro. Me lo murmura la señora de los tintos, que sirve café en la alcaldía y tiene oído fino. Y yo, como buen albañil, voy armando el cuento con ladrillos de verdad y mezcla de sarcasmo.
No esperen de mí, análisis técnico ni cifras oficiales. Yo cuento lo que se dice, lo que se rumora, lo que se sospecha. Si el alcalde de Victoria anda enredado con contratos, si el de Norcasia se cree influencer, si el de Samaná se la pasa en Manizales, yo lo digo. Y si alguien se ofende, pues que se aguante, porque aquí no hay filtro ni maquillaje. Aquí hay cuento puro, como el que se oye en la fonda.
Mi estilo es populachero, chispero y sin pelos en la lengua. Cada nota la suelto como quien echa un cuento en la esquina, con sabor de pueblo y sin filtro, porque así habla la gente y así lo escribo yo. Lo que me cuentan en la obra, lo que escucho en la tienda, lo que murmuran en la cantina, todo eso lo recojo y lo paso al papel. No me interesa adornar ni disfrazar las cosas, porque el pueblo no necesita maquillaje sino verdades dichas de frente. Yo escribo lo que me dicen, lo que veo, lo que escucho, y lo suelto con la misma chispa con la que se conversa en la plaza. Porque yo no invento, yo transmito, y esa es la gracia de mi lengua: que repite lo que se oye, pero lo suelta con picante.
¡Hijuepucha pues! Y cómo no voy a saludar la caída de ese Maduro, antes de irme hoy, si desde hace años los cuentos que me llegan de los venezolanos son puro dolor y miseria. Hoy me dicen que lo agarraron y que la tiranía se tambalea, y yo lo celebro como se celebra en la cantina cuando gana el equipo del pueblo. Porque a mí siempre me cuentan, y lo que escucho ahora es esperanza: que la libertad vuelve a asomar por esas tierras y que la democracia se prepara pa’ levantar pared nueva.
Así que prepárense, porque Chumila llegó pa’ quedarse. Voy a contar lo que pasa en el oriente de Caldas, lo que se dice en los pueblos, lo que se murmura en las esquinas. Y si algún día me mandan pa’ Riosucio, pa’ Aguadas o pa’ Marquetalia, pues allá también recogeré cuentos. Porque mientras haya gente que hable, habrá alguien que escuche. Y ese alguien soy yo.
¡Nos vemos en la próxima nota, hijuepucha!
*- “Chumila” proviene del nombre de los indígenas Chimila, habitantes ancestrales del Magdalena y el Cesar, con lengua propia de la familia chibcha. En el uso popular, la palabra se transformó en apodo coloquial, aplicada a personajes de pueblo conocidos por su chispa y cercanía. En regiones de Caldas y del Caribe, decirle “Chumila” a alguien es reconocerlo como compañero inseparable, chismero o transmisor de cuentos. Así, el término conserva su raíz indígena pero se resignifica en la tradición oral, pasando de designar un pueblo originario a convertirse en mote costumbrista cargado de identidad popular.

