Después de unas buenas vacaciones, regresamos a mi rincón favorito, donde el chisme es cultura y la risa es medicina. Me di unos días de descanso y como no soy tan santo, me fui a Manizales, donde vive don José Luis, el otro jefe de esta Revista. Solo nos vimos para saludarnos y desearnos feliz año nuevo, porque el hombre se voló de viaje. El único que no se voló ni dejó de trabajar fue don Eleuterio, que lo vi más activo que un gallo en fiesta.
La Feria de Manizales sigue siendo una machera. Me di vueltas por las fondas, me metí unos guarilaques, y estuve en la cabalgata, que ahora le cambiaron el nombre por culpa de unos animalistas que metieron tutela. Pero eso fue pura bobería: sigue siendo la cabalgata. Y allí, entre caballos y mulas, me encontré al modelito Manuel Fermín, muy bien montado en su caballo claro. Nos pusimos a charlar: él arriba en su caballo elegante y yo en mi humilde mulita, jajajaja, y ni siquiera sabe que estuvo parloteando con Timoteo.
También fui a las corridas de toros, que según dicen, fueron las últimas por culpa del Petrochanda. Tres días de fiesta, conciertos y niguatería. Y ahora sí, ¡vamos a lo que vamos! Gracias a mis lectores, porque este Rincón tiene más de 9 mil visitas cada vez que sale. ¡Sí que gusta el chisme, carajo!
Por ahí me fui a dar una vuelta en la noche vieja, no por nostalgia sino por curiosidad. Y vea usted, en medio de la música y los abrazos, apareció el flamante secretario de Planeación, con sonrisa de candidato y mirada de futuro alcalde. Muy bien acompañado, eso sí: dos damas de esas que hacen girar cabezas y un personaje que no pasa desapercibido, el mismo que tiene la venta de muebles enseguida del almacén Variedades, llamado CH Centro Hogar.
Dicen que ese personaje es nada menos que Juan Camilo Arroyabe Giraldo, el contratista de cabecera de la administración. Y como aquí no se nos escapa ni el vuelo de un dron, la pregunta que ronda es si no será que el sobreprecio de ese aparato volador que compraron con bombos y platillos se está gastando en estilo, compañía y aspiraciones políticas.
Porque el dron, que supuestamente era para vigilar obras y mejorar la gestión, parece que terminó vigilando celebraciones. Y mientras tanto, las calles siguen con huecos, los proyectos con demoras y los contratos con silencios.
Timoteo no acusa, pero pregunta. Porque en Salamina, cuando el río suena, es porque alguien está haciendo coquitos con plata ajena. Y si el dron costó más de lo que debía, que al menos sirva para tomar buenas fotos de los abrazos entre contratistas y aspirantes.
Yo soy salamineño y me duele decirlo: el famoso Farol, que muchos ya llaman “monumento a la chanchullería”, volvió a abrir sus puertas después de años apagado. Y claro, no faltó el compadre del alcalde que se quedó con la llave. Pero lo que de verdad nos revienta es que esa obra se levantó con la plata de nuestros impuestos, con el sudor de cada salamineño que aportó un peso, y ahora resulta que nos cobran por entrar como si fuéramos turistas en nuestra propia tierra. ¡Qué descaro! El patrimonio no puede convertirse en peaje para los mismos que lo financiaron.
Lo más bravo es que la plata que entra parece irse a bolsillos privados, sin que nadie sepa si cumplen siquiera con los seguros obligatorios para accidentes, como manda la ley. Una construcción que le costó al municipio más de mil millones de pesos, con sobrecostos incluidos, hoy se explota como negocio de amigos. Y mientras tanto, la comunidad queda mirando cómo lo que debería ser orgullo y memoria se convierte en vitrina de privatización disfrazada de turismo. El Farol debería ser símbolo de nuestra cultura y de la historia de Salamina, no un negocio de compadres. Aquí lo que se necesita es transparencia, respeto y garantías, no más cuentos de chanchullos. Si pagamos ese dinero debe entrar al tesoro del municipio o que publiquen el contrato para que la comunidad se entere.
Mi compa Mercurio volvió a destapar la olla y vaya que huele feo. Resulta que las fiestas decembrinas otra vez se contrataron a dedo, nada de licitación ni transparencia, puro formato de contratación directa. Y en pura rumba se fueron casi 200 millones de pesos, mientras los parceros del establo y del playón se relamían con la misma tajada de siempre.
Los contratos, como ya es costumbre, se los dieron a las dos firmas de Manizales que parecen gemelas: oficinas en el mismo sitio, la misma contadora, y hasta las mismas cotizaciones repetidas como fotocopia. Para la noche del fuego hacen el truco de presentar cotizaciones distintas y se la adjudican a una; para las otras festividades, presentan los dos iguales y se la adjudican a la otra. ¡Qué circo tan descarado!
¿Y nosotros qué? Pues con el dedo en la boca, como si fuéramos bobos. La gente está cansada de que nos metan el cuento de la fiesta mientras se reparten la plata como si fuera guarapo en fonda. El pueblo quiere baile, sí, pero no que nos bailen la dignidad.
Y ahora resulta que estamos estrenando pinturita, pero según se comenta esa pintada costó más de 120 millones de pesos que se fueron para Manizales. Lo curioso es que los mechas de aquí, que también cotizaron la pintada del palacio —ya no rosado sino con otro colorcito— apenas cobraban unos 50 millones. Supuestamente, los de Manizales ni siquiera pintaron las puertas ni las ventanas, pero eso sí, la rifa del dinero de nuestros impuestos quedó bien repartida.
Lo que yo no entiendo, y lo digo con toda la ironía del pueblo, es por qué teniendo un dron y un equipo de medios tan eficiente, encabezado por un excelente profesional como Wilman Vázquez, tienen que contratar a Norte Noticias para que transmita en vivo la fiesta de año viejo. Supuestamente, eso es otro despilfarro de los impuestos que pagamos, porque aquí parece que la plata se va más en contratos repetidos que en soluciones reales.
Y el Mafe sigue sacando pecho con el centro administrativo de San Félix. Pero no saque pecho, alcalde, que usted no le está regalando nada al corregimiento: lo está haciendo porque la Justicia lo obligó. Supuestamente, ponen cuatro tablas y con bombos y platillos anuncian que se han gastado o se van a gastar 500 millones de pesos. Y como si fuera poco, ya le bajaron a presentar el modelo en Facebook, que lo tiene todo el mundo, y se pasaron a Instagram, para que los que no tenemos esa red social no podamos saber los pasos que da el alcalde, que sigue modelando cual reina de belleza.
El pueblo no necesita reinas de pasarela ni pinturitas de lujo: necesita transparencia, respeto y que los impuestos se gasten en lo que de verdad hace falta. Porque de tanto supuesto, lo único seguro es que nos siguen metiendo el dedo a la boca.
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