Distopías de la ficción a la realidad en nuestro mundo actual

Las distopías de la ficción a la realidad dejaron de ser advertencias literarias para convertirse en señales urgentes de nuestro tiempo. Vigilancia masiva, desigualdad creciente, crisis climática y tensiones globales muestran que lo imaginado por escritores hoy interpela nuestra conciencia colectiva.
Ciudad distópica con cámaras de vigilancia gigantes, drones y edificios en llamas, simbolizando el paso de la ficción a la realidad.
Una ciudad vigilada por cámaras y drones arde bajo un cielo gris mientras la tecnología observa cada movimiento. Entre ruinas, humo y pantallas que todo lo registran, la escena refleja cómo las distopías de la ficción a la realidad ya no parecen advertencias lejanas, sino un espejo inquietante de nuestro presente colectivo.

Para abordar este tema conviene, para efectos didácticos, acudir a la definición del término según, la RAE, “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” y por su parte Google la describe como: “Una distopía es la representación de una sociedad ficticia indeseable, caótica o deshumanizada, caracterizada por regímenes totalitarios, desastres ambientales, tecnología opresora o pobreza extrema. Es el antónimo de la utopía, utilizado frecuentemente en la literatura y cine para criticar tendencias políticas, sociales o científicas actuales”. Con este marco teórico preliminar se podría afirmar que “la realidad muchas veces supera a la ficción”. Algunos de los principales referentes se encuentran en la literatura universal.


En 1949 George Orwell da a conocer una de sus obras más mencionadas, “1984”, en la cual describe a una sociedad cuya “Policía del Pensamiento” controla en grado sumo la vida de los ciudadanos. Para la época se veían esas actuaciones como lejanas de la realidad, pero con el paso del tiempo, en algunos países gobernados por sistemas dictatoriales los controles excesivos sobre la vida diaria de los habitantes se normalizaron. Según la obra, las formas de control se coordinaban a través de cuatro ministerios, cada uno con funciones y tareas específicas: Ministerio de la Verdad, encargado de las noticias, los espectáculos, la educación y las bellas artes; el Ministerio de la Paz, de los asuntos relacionados con la guerra; Ministerio del Amor, para mantener la ley y el orden; Ministerio de la Abundancia, los asuntos económicos. Lo que Orwell describía como, tal vez irrealizable, se ha entronizado en las reglas de convivencia impuestas por algunos regímenes.


Por casualidad en días recientes, fruto de un intercambio de libros, llegó a mis manos una novela escrita por Agustina Bazterrica, argentina, cuyo título de entrada causó curiosidad, “Cadáver exquisito”; es un relato descarnado sobre un virus letal que acaba con todos los animales y los gobiernos del mundo aprueban la antropofagia como medio de subsistencia, al grado que, legaliza la cría, reproducción, sacrificio y procesamiento de carne humana. Parece un absurdo, pero desde otras ópticas se hace un parangón con la realidad actual donde el hombre se “come” al mismo hombre a través de ciertas actuaciones que han contribuido a agrandar las brechas económicas y sociales, entre unos y otros. En el capítulo 4 de la segunda parte lo describe así la autora: “Después de todo, desde que el mundo es mundo nos comemos los unos a otros. Si no es de manera simbólica, nos fagocitamos literalmente. La Transición nos concedió la posibilidad de ser menos hipócritas” (pág. 170).


La sociedad contemporánea exhibe distopías reales impulsadas por fallas humanas como la desigualdad, la vigilancia excesiva y la degradación ambiental, que erosionan la dignidad colectiva y reflejan un colapso de la cohesión social similar a las ficciones literarias. Un ejemplo del día a día lo describe un cronista así: “Amazon sabe qué compras, Google sabe qué preguntas, Facebook sabe con quién hablas. 1984 ya no es una advertencia, sino un manual de instrucciones. (Síntesis Digital, Ernesto Reyes, México marzo 2025)


Desde que la humanidad tiene registros del desarrollo y los hechos económicos de los países, la brecha entre ricos y pobres ha sido evidente, mientras millones carecen de salud, educación o vivienda, unas minorías gozan el confort y privilegios que su poder adquisitivo les permite. En países subdesarrollados las tasas de pobreza extrema superan el 70% en varios casos, atrapando poblaciones en círculos viciosos de desnutrición y baja productividad.


En China, según algunos reportes, opera la mayor red de control poblacional con más de 500 millones de cámaras y sistemas de reconocimiento facial, convirtiendo la vida cotidiana en una «jaula invisible». De nuevo aparece el referente de la obra 1984 mencionada al inicio, pero con algoritmos que manipulan datos biométricos. Exceso de control con carácter político y seguridad, de acuerdo con los dirigentes.


El cambio climático, consecuencia de los abusos con la naturaleza, origina fenómenos que derivan en catástrofes como: huracanes, sequías, derrumbes e inundaciones que dejan miles de damnificados y desplazados entre regiones o países con el caos en la forma de vida en esos conglomerados. Si a esto se suma el fenómeno migratorio a nivel mundial, con las disímiles respuestas de los gobiernos de los países receptores, la precariedad es el factor común y las diferencias se acentúan. Estos coletazos de la crisis, agravada en 2025 por posiciones ultranacionalistas, desemboca en retornos masivos, desintegra comunidades y expone vulnerabilidades humanas profundas. El caso venezolano es muestra fehaciente de lo expuesto.


El 5 de febrero pasado, hace diez días, expiró el tratado de control de armas nucleares entre las dos grandes potencias del mundo, Estados Unidos y Rusia, regresando la tensión que se vivió en la postguerra. Después de cincuenta años de relativa tranquilidad la carrera armamentística tiene vía libre, al menos mientras no se llegue a nuevos acuerdos donde otros actores tendrían papel principal, como es el caso de China, por ejemplo. El mundo queda en vilo y a merced de las reacciones temperamentales, arrogantes o arbitrarias de los presidentes de las grandes potencias. La ficción de las distopías puede tornarse en realidad de un momento a otro.


Con el avance disruptivo de la Inteligencia Artificial (IA) los algoritmos informáticos han alcanzado un volumen de procesamiento de datos sin precedentes y los macrodatos, como fuente para la toma de decisiones, marcan una nueva tendencia en el mundo. Son varias las actividades que reciben la influencia de la IA y muy a pesar de las “alucinaciones” demostradas, se opta por ella en tareas de apoyo, antes desempeñadas por seres humanos. Una leve y menor muestra de ello es que para el inicio de este artículo, el motor de búsqueda de Google fue utilizado.


Sin pecar de pesimismo, urge despertar ante esta nueva realidad que nos aletarga y mina la capacidad de asombro. Estar preparados es la consigna, no en vano en el año 2001, Mario Benedetti, poeta de los predilectos, plasmó esta sentencia casi apocalíptica.


MUNDO QUE SE DESHACE
(Fragmento)

El mundo se deshace/explota/gime
sin pañuelos de paz que lo despidan
se hunde se destierra se concluye
sabios de pacotilla interrogaban a marte
comprueban que está muerto y sin historia
y en esa nada invierten
los millones del hambre
el mundo los mundanos los mundillos
se atragantan de miedo/ sin embargo
millonan sin cesar los millonarios
con lágrimas de otros compran euros
y con los euros compran armas
y con las armas fundan la basura
de los cadáveres sin cruces
el mundo desafina con el hombre
trabaja sin cesar por su suicidio
quiere morirse de una vez por todas…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *