San Félix, 168 años entre la leche, la papa y la resistencia

San Félix, al norte de Caldas, celebró 168 años de vida republicana entre la memoria de la bonanza papera y el auge ganadero. La migración, el abandono administrativo y la gestión comunitaria han marcado su historia reciente, mientras su vocación lechera y turística mantiene vivo el Paraíso del Norte.

La encantadora población ubicada al norte del departamento de Caldas celebró 168 años de vida republicana. Esta región se distingue por su próspera industria lechera, que refleja la tenacidad y el esfuerzo de los hombres y mujeres que han transformado el campo Sanfeleño en una auténtica despensa de productos agropecuarios, abasteciendo así las alacenas de numerosos hogares colombianos.

En la década de los cincuenta, trabajadores de la región cundiboyacense convirtieron las áreas de San Félix y Marulanda en una de las principales productoras de papa del país. Según los historiadores del corregimiento, hacia los años ochenta, la población estimada era de unos doce mil habitantes. Sin embargo, con el tiempo, se produjo una migración de cultivos, pasando de la producción de papa, que requería una gran cantidad de mano de obra, a la crianza de ganado, especialmente de la raza Normando, conocida por su doble propósito de carne y leche. Esta nueva actividad económica demandaba menos mano de obra.

Como consecuencia, gran parte de la población emigró hacia las ciudades, principalmente Bogotá, Medellín, Pereira, Villamaría y Manizales. Hoy en día, es en estas ciudades es donde se concentra la mayoría de los antiguos habitantes del Paraíso del Norte de Caldas, San Félix.

San Félix, Caldas, solía ser un corregimiento departamental, lo que significaba que era un pequeño municipio con su propio presupuesto para invertir en las necesidades básicas de la población. Contaba con unos quince empleados públicos, entre ellos el corregidor, el secretario, el tesorero y otros necesarios para el buen funcionamiento de la comunidad. Sin embargo, con la Constitución Nacional de 1991, estos entes territoriales pasaron a ser administrados por los municipios, en este caso, Salamina, Caldas. Desde entonces, comenzó la desidia administrativa para San Félix, ya que no hay empleados públicos que faciliten una buena sinergia entre los entes privados y la población que requiere servicios públicos de calidad y prontitud.

Actualmente, no hay ningún empleado público nombrado por el municipio, y el corregidor, quien debería estar nombrado, brilla por su ausencia debido a la desidia de la administración de Salamina. Existe una Junta Administradora local con cinco miembros, que han hecho innumerables requerimientos al ente municipal para que nombre un corregidor. Los únicos que realmente contribuyen a la comunidad son los que manejan Aguas Paraíso, quienes generan varios empleos y prestan un buen servicio a la comunidad. Si fuera por la administración de Salamina, este servicio estaría en condiciones precarias.

Las obras que ha requerido el Paraíso del Norte se han gestionado por parte de pobladores inquietos: la pavimentación desde Salamina – San Félix fue gestión de señores como Miguel Ángel Calderón y Benedicto Higuera, quienes, con aliados como el ingeniero Ernesto Correa V., Guido Echeverri P., Luis Alberto Giraldo, Julián Gutiérrez Botero, y a través del Sistema General de Regalías (SGR), consiguieron alrededor de treinta y dos mil millones de pesos, logrando así la pavimentación y que esta hermosa población fuera catalogada como destino turístico especial en el centro de Colombia.

Entre las obras realizadas en San Félix se encuentran el arreglo del parque principal y la construcción de un polideportivo en la antigua escuela Santo Domingo Savio. Estas obras fueron posibles gracias a acciones populares adelantadas por Enrique Arbeláez Mutis, quien fue llevado a la zona por líderes Sanfeleños. Gracias a estos esfuerzos, el corregimiento tiene vida turística, y también debido a la pujanza de sus pobladores, nuestro terruño sigue siendo grande en el ámbito departamental.


Pero la historia de San Félix no cabe únicamente en las cifras ni en los actos administrativos. Se escribe también en la bruma espesa que cada amanecer desciende desde los páramos cercanos, en el rumor pausado de los ordeños y en el silbido del viento frío que cruza los potreros verdes donde pasta el ganado Normando. A más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, este territorio es una frontera natural entre el paisaje cultural cafetero y los ecosistemas altoandinos, una condición geográfica que ha determinado su vocación productiva y su carácter recio.

Durante la bonanza papera, las laderas se cubrieron de surcos rectilíneos y el bullicio de los jornaleros marcaba el ritmo de las cosechas. La papa, traída y perfeccionada por colonos boyacenses y cundinamarqueses, encontró en estos suelos volcánicos y fríos un hogar generoso. Las fondas se llenaban en temporada alta, los camiones cargaban bultos rumbo a las centrales de abastos y la economía giraba en torno al tubérculo. Era un tiempo de manos encallecidas y de abundante trabajo.

El tránsito hacia la ganadería no fue un simple cambio de cultivo: fue una transformación cultural. La raza Normando, introducida por su capacidad de adaptarse a climas fríos y su doble propósito, redefinió el paisaje. Donde antes había sembrados extensos, hoy se levantan cercas blancas y establos organizados. La leche, convertida en quesos, mantequillas y derivados, empezó a posicionar a San Félix como referente lácteo en el norte de Caldas. Empresas regionales y pequeños productores encontraron en esta actividad una economía más estable, aunque menos demandante de mano de obra.

Esa disminución de empleos agrícolas tuvo un costo humano. La migración se volvió una constante silenciosa. Las casas cerradas durante meses, las escuelas con menos estudiantes y las fiestas patronales con generaciones ausentes fueron señales de una transformación demográfica profunda. Muchos sanfeleños construyeron su vida en otras ciudades, pero no rompieron el vínculo con su tierra: regresan en vacaciones, invierten en mejoras para sus fincas o participan en las festividades, manteniendo viva la identidad colectiva.

En medio del abandono institucional, la comunidad aprendió a organizarse. La Junta Administradora Local se convirtió en voz persistente ante la administración municipal. La gestión de servicios como el agua potable, a través de Aguas Paraíso, demuestra que la autogestión puede suplir, en parte, la ausencia estatal. Allí donde la burocracia no llega, la solidaridad y el liderazgo comunitario han evitado que el corregimiento caiga en el rezago total.

La pavimentación de la vía Salamina–San Félix marcó un antes y un después. No solo mejoró la movilidad y redujo tiempos de desplazamiento; abrió la puerta al turismo de naturaleza y al reconocimiento de sus paisajes como destino emergente. El frío intenso, los bosques de niebla y la cercanía con ecosistemas estratégicos como el páramo de Sonsón y zonas de influencia del Parque Nacional Natural Los Nevados convierten al corregimiento en un atractivo para caminantes y viajeros que buscan experiencias rurales auténticas.

Hoy, a sus 168 años de vida republicana, San Félix resiste entre la memoria y la esperanza. Resiste en cada productor que madruga a ordeñar, en cada líder que toca puertas institucionales, en cada migrante que regresa a reencontrarse con la montaña. Su historia es la de muchos territorios rurales de Colombia: riqueza natural, empuje comunitario y una lucha constante por no quedar relegados en las agendas administrativas.

El Paraíso del Norte no es una metáfora gratuita. Es la síntesis de un territorio que, pese a las dificultades, conserva la dignidad de su gente y la fertilidad de su tierra. San Félix celebra 168 años no solo como una cifra histórica, sino como la confirmación de que su identidad sigue firme, anclada en la leche que nutre, en la papa que alimentó generaciones y en la convicción de que el futuro también se cultiva con perseverancia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *