El Rincón de Timoteo: promesas vacías, obras olvidadas y pueblo cansado

En Salamina las promesas del alcalde y su concejo se quedan en discursos. El avalúo catastral, la carretera a La Merced y el Teatro muestran abandono, mientras la propaganda política reemplaza la gestión real y la comunidad pierde confianza en sus autoridades.
El rincon de Ti,oteo

Queridos parroquianos de este rincón, ¡qué gusto volver a encontrarnos! Aquí está Timoteo, con la lengua lista para despachar lo que se ve y lo que se oye, sin maquillaje ni filtro, porque al pueblo se le habla de frente y con las palabras que entiende. Así que acomódense, que hoy la cosa viene cargada de chisme, crítica y paseo.

¡Ave María pues! Que al editor le dio por cambiarme la cara, dizque para ponerme más presentable, como si yo fuera muñeco de escaparate. Pero no se equivoquen: Timoteo sigue siendo el mismo, con la lengua afilada y el humor de esquina. Aquí estoy, sentado en el parque, viendo pasar la vida entre el olor a mazamorra y el chisme fresco que nunca falta.

Hoy me propuse dos visitas antes de la caminada por el Alto. La primera, a la tienda de don Eusebio, donde todavía se discute si el café está caro porque lo subió el dólar o porque el tendero se avivó. La segunda, a la barbería, donde los muchachos hablan más de política que de cortes de pelo, y cada quien se cree ministro sin cartera.

Después me voy a dar mi vuelta por el Alto, que allá se respira otro aire y se oyen otras verdades. Y claro, no podía faltar la parada en la oficina del Coronel… perdón, del nuevo Liberalismo, que ahora anda con bandera fresca y discurso reciclado. ¡Qué risa me da ver cómo cambian de chaqueta más rápido que de sombrero!

Así que no se preocupen, que aunque me maquillen o me quieran poner corbata, Timoteo seguirá en el parque, oyendo, criticando y soltando la pulla. Porque este rincón no se vende ni se calla: aquí se dice lo que se ve, aunque duela, aunque pique, aunque moleste.

Desde este banco del parque, donde el murmullo de la gente se mezcla con el canto de los pájaros y el chisme fresco, les suelto la primera descarga del día. Y no es cualquier cuento: el avalúo catastral en Salamina se fue al piso, porque la administración municipal metió la pata hasta el fondo y dejó al campo con facturas que parecen más bien un sablazo.

Resulta que la Secretaría de Hacienda se puso a liquidar el impuesto predial rural como quien reparte cartas en la cantina: sin mirar la ley, sin medir los topes, y con facturas que parecían más bien un atraco. ¡Incrementos del 200 y hasta del 300%! ¿Qué tal la desfachatez? La Ley 1995 de 2019 y la 44 de 1990 dicen clarito que los aumentos no pueden pasar del 50% para predios menores de 100 hectáreas y del 100% para los mayores. Pero aquí se les olvidó leer, o más bien se hicieron los de la vista gorda. El resultado: campesinos y propietarios con la cabeza caliente, y la facturación suspendida mientras se reajusta la cosa. En el concejo ya se habló de dar plazos y beneficios, y hasta de mandar carta al IGAC para que se entere del desmadre.

Yo digo: ¿Cómo pretenden que el campo produzca si lo exprimen como limón de fonda? La confianza en la administración no se gana con discursos, sino con cuentas claras. Y mientras tanto, aquí en el parque, la gente comenta que el error no fue de cálculo, sino de descaro.

Desde este mismo parque, donde la política se comenta más que el clima, les traigo la última: estuve viendo una sesión del concejo municipal y, la verdad, da pena ajena. Qué lástima ver a la gran mayoría de esos concejales convertidos en eco del alcalde, genuflexos, sin chispa cultural ni capacidad argumentativa.

Uno esperaría que el concejo fuera el espacio del debate, del control político, de las proposiciones que defienden al pueblo. Pero no: aquí lo único que hacen es levantar la mano para aprobar lo que dice el alcalde, como si fueran empleados obedientes y no representantes elegidos. Ni una sola proposición de control, ni una voz que cuestione, ni un argumento que valga la pena.

El concejo parece más una oficina de protocolo que un órgano deliberante. Y mientras tanto, los problemas del municipio siguen creciendo: impuestos mal liquidados, servicios deficientes, y un campo que reclama atención. Pero los concejales prefieren callar, acomodarse y dejar que el alcalde lleve la batuta sin oposición.

Yo digo: ¿para qué tanto concejal si no hay quien se atreva a pensar distinto? El pueblo necesita voces firmes, no coros sumisos. Y aquí en el parque, la gente ya comenta que este concejo no legisla: simplemente obedece.

Desde el parque, donde la vida se comenta sin filtros, les traigo la última función de circo político que vimos esta semana por Instagram. Resulta que el señor alcalde —o mejor dicho, su equipo de propaganda personal— decidió mostrarnos al “modelito tiktoker” recorriendo las calles, saludando a la gente como si fueran sus vasallos. Qué espectáculo tan pobre: sonrisas ensayadas, saludos de cartón y cámaras listas para captar la pose.

Pero ojo, que en ese recorrido no se le vio por el Playón, ni por el Establo, ni por Palenque. Allá no se asoma porque tendría que mirar de frente a las familias que están en riesgo, esas que no caben en el libreto de propaganda. En cambio, sí tuvo tiempo para pasear por la oficina de la Asociación de Municipios, como si eso fuera la gran gestión. ¿Y cuáles son los resultados de tanta paseadera de martes a viernes fuera de Salamina? Nada que valga la pena, solo fotos y discursos reciclados.

Y para rematar, ahora nos quieren vender el cuento de las 100 estufas como si fueran logro personal. ¡Mentira! Ese es un programa nacional que llega a todos los municipios, pero aquí lo presentan como si fuera milagro de gestión. Indulgencias con padrenuestros ajenos, así de fácil.

La gente del parque ya lo comenta: más que alcalde parece influencer, más preocupado por la pose que por la obra. Porque gobernar no es posar para Instagram, es dar la cara en los barrios olvidados, en las veredas golpeadas, en los lugares donde la política no llega con cámaras sino con soluciones. Y mientras tanto, aquí seguimos viendo cómo la propaganda se come la realidad.
El 8 de febrero San Félix cumplió años de fundado y allá estuvo el alcalde, con discurso largo y promesas de feria. Ofreció de todo: obras, soluciones, futuro brillante… y entre esas promesas dijo que “la próxima semana” nombraba al corregidor, cargo que lleva más de un año vacío. Pues llegó la semana, pasó la semana… y nada. Como el ciego: “amanecerá y veremos”… y amaneció, pero no vio nada.
Así se sienten los sanfeleños: engañados con palabras bonitas que no se convierten en hechos. Porque el corregidor no es un adorno, es la autoridad más cercana, la que debería estar resolviendo problemas y escuchando a la comunidad. Pero aquí lo que hay es silencio y ausencia.

Para colmo, los vecinos enviaron un derecho de petición sobre el tema, y el alcalde ni se dignó responderlo. ¿Será que hay que ponerle una “tutelita” para que cumpla lo que promete? Porque parece que la única manera de que se mueva es cuando lo obliga la ley.
Yo digo: ¿qué clase de gobierno es este que promete en tarima y olvida en la práctica? El pueblo de San Félix merece respeto, no discursos vacíos. Y aquí en el parque la gente comenta que si así empiezan las promesas, peor será lo que viene. Porque gobernar no es hablar bonito en las fiestas, es cumplir con hechos.

Desde el parque me llega otro cuento que huele a polvo y a promesas incumplidas. El contrato de la pavimentación de la carretera a La Merced sigue en veremos, como si fuera secreto de Estado. Nadie dice nada, nadie responde, todos mudos… ¿o será que nos creen pendejos? Porque mientras tanto, los carros siguen tragando huecos y la gente esperando que algún día la obra arranque de verdad.

Y no es solo la carretera. ¿Qué pasa con la gestión para la reconstrucción del Teatro? Ese edificio, orgullo cultural de Salamina, se está cayendo a pedazos mientras el alcalde se dedica a posar para Instagram. ¿Será mucho pedir que al menos manden a limpiar el lote, para que no siga deteriorándose más? Porque lo que hoy se ve es abandono, desidia y una falta de respeto con la memoria del pueblo.

Yo digo: las obras no se hacen con discursos ni con fotos de oficina, se hacen con gestión real, con contratos claros y con voluntad de trabajar. Pero aquí parece que la estrategia es dejar que todo se pudra, mientras se entretienen con paseos y promesas.

En el parque la gente comenta que el Teatro se muere de tristeza y la carretera se muere de olvido. Y que si seguimos así, lo único que vamos a tener son discursos bonitos, promesas vacías y ruinas silenciosas. Porque mientras la administración se entretiene con fotos y paseos, la cultura y la infraestructura del pueblo se desmoronan sin que nadie mueva un dedo.

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