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Timoteo, Chismes en la Cigarra – Nuestra Sexta Entrega Bicentenaria

“Timoteo y los chismes en La Cigarra”, una columna chispeante donde, entre tintos y risas, se cuentan los cuentos del pueblo. Aquí todo se dice… pero no se le sostiene a nadies. ¡Bienvenidos al rumor salamineño!

«Arquitectura efímera, bolsillo eterno»

Hoy con un saludito a Mercurio nuestro compadre que ya estoy sospechando quien es…

¡Ay, mijiticos, agárrense de la silla porque lo que les voy a contar está más caliente que tinto en jarrito ’e lata en La Cigarra! Resulta que por estos días, mientras en el parque unos se distraen contando las palomas y otros se espulgan la conciencia, por el lado de la alcaldía parece que están haciendo magia… ¡pero con los contratos!

Dicen los chismosos de cafetera que lo del Bicentenario, esa fiesta que prometía historia, cultura y orgullo patrio, se volvió fue la gran feria del amiguismo, el compadrazgo y el billetico fácil. ¡Tal como lo veníamos oliendo desde el año pasado! Y es que no es por malpensar (aunque por aquí eso es deporte olímpico), pero eso de que la administración se volvió pagaduría de favores entre una mini burguesía pegada como garrapata al fatuo alcalde… deja más preguntas que respuestas.

Y ahora póngale cuidado a este chispero: ¿sabían ustedes que en la calle del incendio —esa que ni andén tiene y donde uno ya no sabe si va caminando o haciendo equilibrio en la cuerda floja— decidieron pintar unas ventanitas y puerticas de mentiras? ¡Sí, señor! Le llamaron «arquitectura efímera», que suena muy bonito, pero en plata blanca eso costó $33 millones 624 mil pesitos. ¡Ay no, qué pena con esa cifra tan exacta, pero es que la vergüenza ajena también se mide con decimales!

¿Será que con eso de las puertas falsas están intentando esconder las ruinas de verdad? Porque como dijo Doña Aurita, la de las trenzas eternas: “A este pueblo le ponen fachada a todo, menos a la conciencia”.

En fin, aquí en La Cigarra seguiremos cafeteando y desmenuzando estos contratos como pan de achira en semana santa. ¡Que no se diga que Salamina no tiene memoria, aunque a veces la pinten de colores y le cobren caro por ello!

¡Ay, Salamina mía, tan bonita y tan contratada!

Caballos, cultura y contratos: la nueva trinidad del bicentenario

¡Mijiticoooos! ¡Agárrense del taburete y no se atraganten con la almojábana porque este chisme trae bocado de burro y mordisco de mula fina! Aquí, desde la esquina más habladora de La Cigarra, les tengo la última joyita del reinado del alcalde… y esta vez huele a bosta elegante y a whisky con hielo de garaje.

Resulta que en el marco de tanta celebración y desfile de ego con sombrero aguadeño, el alcalde —que no da puntada sin dedal prestado— firmó un convenio de asociación por 95 milloncitos con su amigazo del alma, el señor John Esneider Cardona Gutiérrez, representante de la Corporación Equina de Salamina (más conocida entre la clientela de confianza como COESA, pero aquí entre nos, como «Caballos del Combo del Colegio»).

¿Y qué dice el convenio? Pues que mientras la alcaldía pone la plata, los amigos ponen los caballos. Así como lo oye: una mano lava la otra… y con espuela.

El contrato, disfrazado con palabras que suenan a tesis de maestría —que si “fortalecimiento”, que si “puesta en marcha”, que si “actividades equinas” en la XXXVIII Exposición Equina Grado B y en el XIII Festival Equino de San Félix— termina siendo más de lo mismo: darle vitrina y pasto fresco a una actividad que, aunque dicen que es tradición, más parece desfile de élites a caballo y con cinto piteado.

Porque, vamos al grano, ¿cuántos salamineños de a pie (o de a bestia flaca) pueden participar en una exposición de esas? ¿Cuántos pueden pagar un caballo de paso fino? Esto, más que cultura, es una cabalgata de privilegios. ¡Y que viva el arraigo… de los mismos de siempre!

Aquí en La Cigarra no tenemos caballo, pero sí buena memoria. Y mientras hay niños sin instrumentos, escuelas sin libros, y artistas que ensayan con más ganas que recursos, resulta que la cultura se mide por el galope… ¡del contrato!

¡Salamina, tierra de poetas, ahora también de trotones con padrino y contrato en mano!

¡Ay, don Vladimir, no se nos vaya a ofender, que aquí en La Cigarra se chismea, pero también se agradece! Y como diría la tía Aurita entre un sorbo de café y otro de veneno: “el que tiene la lengua larga, debe tener el corazón agradecido”.

Así que va este mensajito con todo el sabor de Timoteo, entre reverencia pueblerina y picardía sin censura:

¡Disculpe, don Vladimir… y mil gracias por el chisme bien documentado!

Aquí en La Cigarra, donde el eco de los contratos retumba más que las campanas del templo, hemos tenido el descaro —pero también el buen gusto— de apropiarnos con cariño de sus informes sobre la contratitis que azota a nuestro querido pueblo. Porque usted ha hecho lo que muchos no se atreven: ponerle nombre, número y apellidos a la feria de papel sellado que se pasea por la alcaldía como Pedro por su cuadra.

No nos copiamos por vagos, ¡nos inspiramos por valientes!

Así que, con el debido respeto y una flor de sarcasmo en el ojal, le decimos:

¡Gracias por alumbrar con datos esta oscuridad de favores y compadrazgos!

Y si se le antoja venir a La Cigarra, el tinto va por cuenta de la casa… ¡y los chismes, también!

A los que no me quieren, especialmente a Don Manuel Fermín le dedico esta fracesita que me apropie de ella sin permiso del autor porque no se quien es: ““Si hablan bien de mí, puede ser por adulación. Si hablan mal, tal vez por envidia. Pero si no hablan, es porque no importo.”

“Aquí no sembramos noticias, pero recogemos rumores bien fertilizados”.

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