Marulanda: El Legado del General y la Tenacidad de los Colonizadores.

En 1877, el General Cosme Marulanda fundó Marulanda, Caldas. Tras un primer fracaso en Plancitos, la tenacidad de pioneros como Eleuterio y Juan C. Gómez, y Pedro Mejía, fue vital para establecer el asentamiento definitivo en tierras fértiles. Su colaboración forjó un legado de perseverancia.

Marulanda: Crónica de la Perseverancia en el Alto Oriente Caldense

La historia de Marulanda, anclada en la imponente geografía del Alto Oriente de Caldas, no es un relato de un solo hombre o de un solo día. Es una epopeya fraguada en dos tiempos, marcada por la visión de un militar veterano y la tenacidad inquebrantable de los colonos que lo secundaron, cuyas manos y voluntad garantizaron lo que la sola autoridad no pudo conseguir. En el corazón de esta crónica de cimentación, la figura del General Cosme Marulanda se alza como el visionario, pero la del colono Eleuterio Gómez, junto a su hermano Juan C. Gómez y Pedro Mejía, emerge como el verdadero cimiento de la aldea que se negaba a morir.

El Llamado de la Cordillera: La Colonización y el General

El siglo XIX en el territorio que hoy conforma Caldas fue un lienzo de migraciones y conflictos, conocido como la Colonización Antioqueña. La presión demográfica, la búsqueda de nuevas vetas mineras y, sobre todo, la necesidad de pacificación social tras las incesantes guerras civiles, impulsaron un vasto movimiento de pioneros hacia el sur. En este contexto, el General Cosme Marulanda, oriundo de Salamina, se erigió como uno de sus protagonistas.

Su primer contacto con estas tierras, vastas y vírgenes, se remonta a 1810, cuando exploró el territorio, mucho antes de que se consolidara la oleada migratoria. Durante décadas, la imagen de esos altos páramos y laderas fértiles, que en épocas precolombinas habían sido hogar de los Pantágoras y Pícaras , debió fermentar en su mente, aguardando el momento propicio.

Avanzada ya su vida, con 67 años, y habiendo acumulado experiencias en «luchas y persecuciones» , el General Marulanda regresó. En 1877, actuando como representante legal de la Concesión González & Salazar , tomó la decisión de fundar la Aldea de Marulanda en un paraje conocido como Plancitos, ubicado en la margen izquierda del río Guarinó. El General soñaba con crear un «pueblo deseado» , un remanso donde las familias pudieran ser «socios de esa empresa colonizadora».

Sin embargo, la voluntad de un líder, por más experimentado que fuera en la guerra, no era suficiente para doblegar la aspereza de la cordillera. El primer asentamiento en Plancitos, a pesar del ímpetu inicial, “no perduró”. Las razones, probablemente ancladas en la dificultad del terreno, la falta de logística o el rigor climático, demostraron que la fundación de un pueblo requería más que una proclamación: necesitaba raíces profundas, trabajo coordinado y una fe inamovible en el porvenir. Se necesitaban hombres con una perseverancia a prueba de aislamiento y fracaso.

Eleuterio Gómez: El Artífice del Cimiento

El fracaso de Plancitos fue el punto de inflexión. El General Marulanda entendió que la colonización, al contrario que la conquista militar, no se consolidaba por decreto, sino por la lealtad comunitaria. La segunda y definitiva fundación exigía el compromiso de familias que estuvieran dispuestas a mudarse, construir y sembrar, asegurando que esta vez, el pueblo perdurara.

Es aquí donde la crónica debe posar la mirada en el colono Eleuterio Gómez, en su hermano Juan C. Gómez y en Pedro Mejía. La historia, en su concisión, los reconoce a todos como colaboradores «muy decididos». No obstante, al analizar el contexto, la decisión de Eleuterio es la que representa el salto de la fundación fallida al éxito inquebrantable.

Eleuterio Gómez encarna el arquetipo del colono pionero: el hombre de familia con las habilidades prácticas y la tenacidad para convertir el monte en hogar. Su contribución, junto a su hermano Juan C. Gómez, era de un valor inestimable. Ellos no eran simplemente seguidores del General; eran los proveedores de la mano de obra, los conocimientos agrícolas y pecuarios, y la estabilidad social que transformaba una concesión de tierra en una comunidad.

Mientras el General Marulanda ofrecía el amparo legal—el derecho a establecerse—, Eleuterio Gómez ofrecía la garantía del sustento: la capacidad de trabajar la tierra, levantar la arquitectura de tabla parada característica de la región y asegurar que las provisiones duraran el invierno. La presencia decidida de los Gómez significaba familias asentadas, campos cultivados, y la promesa de que la aldea no sería abandonada de nuevo.

Junto a ellos, la familia Mejía, con Don Teodoro y Pedro Mejía, completaban el cuarteto de forjadores que blindó el proyecto. Pedro Mejía, como Eleuterio, representa el esfuerzo anónimo pero indispensable, el compromiso de mover a su familia, sus herramientas y sus sueños a un lugar tan inhóspito como bello, a 2.825 metros sobre el nivel del mar. Estos hombres no solo creyeron en el sueño de Marulanda; invirtieron sus vidas en él.

La Fundación Definitiva de 1877

Con el apoyo asegurado de Eleuterio y Juan C. Gómez, Pedro y Teodoro Mejía, y otras «numerosas familias, principalmente de origen antioqueño» , el General Marulanda lideró el reasentamiento. Dejaron atrás el paraje sombrío de Plancitos para establecer el pueblo actual en «tierras fértiles».

La decisión de Eleuterio Gómez de seguir adelante, de comprometerse con el General después de haber presenciado un fracaso, debió ser un acto de fe y pragmatismo. No se trataba de un capricho militar, sino de una oportunidad para edificar un futuro para sus descendientes, lejos de la inestabilidad central. Su papel en la logística de la reubicación, en la medición y división inicial de los solares, y en la organización del trazado de calles—por rudimentario que fuese en sus inicios—fue determinante. Es altamente probable que Eleuterio y su hermano fueran los encargados de movilizar los recursos necesarios para construir los primeros edificios esenciales, como la capilla provisional y los primeros establecimientos comerciales.

La aldea, consolidada por este esfuerzo mancomunado, comenzó a florecer. Los colonos, muchos de ellos campesinos habituados a la ganadería de altura, encontraron un entorno ideal para la actividad pecuaria, que con el tiempo definiría la identidad del municipio, llevándolo a convertirse en un referente en la ovinocultura. La energía y el esfuerzo de los co-fundadores crearon una comunidad autosuficiente, capaz de sostenerse en un aislamiento geográfico que, paradójicamente, contribuiría a la preservación de su cultura y arquitectura.

La fundación de la aldea en 1877, un esfuerzo en el que el ímpetu de Marulanda se fusionó con la tenacidad de Eleuterio Gómez y sus pares, no solo fue un hito geográfico, sino también un triunfo social. Consolidada la población, el reconocimiento político no se hizo esperar, y en 1885, la aldea fue formalmente erigida como municipio.

El Legado de los Constructores

La vida del General Cosme Marulanda se apagó poco después de ver su sueño realizado. Falleció en 1887, diez años después de haber fundado la aldea, dejando un «legado de perseverancia y un símbolo de esperanza para las generaciones futuras». Su nombre quedó inmortalizado en el territorio que él, como representante de la Concesión, ayudó a legitimar.

Pero el verdadero triunfo del General fue haber sabido rodearse de hombres como Eleuterio Gómez, Juan C. Gómez y Pedro Mejía, cuya contribución anónima en la historia regional es un espejo del espíritu de la Colonización Antioqueña. Ellos son los héroes civiles que, sin medallas, garantizaron que el pueblo no colapsara, que la promesa de la tierra fértil se convirtiera en realidad.

Hoy, la herencia de estos forjadores se materializa en la cultura marulandeña. La arquitectura de tabla parada, la misma que Eleuterio Gómez y los primeros colonos habrían levantado, es hoy un emblema de la identidad local, y uno de los motivos por los cuales el municipio ha sido reconocido internacionalmente como Cittaslow (Municipio Lento), un sello de su calidad de vida, cultura apacible y preservación ambiental.

El cimiento de la aldea de 1877 no fue solo tierra y madera. Fue la firmeza de un General que no se rindió ante el primer fracaso y, sobre todo, fue la «colaboración muy decidida» 1 de Eleuterio Gómez, su hermano y sus compañeros, que aportaron la esencia más preciada de la Colonización: el compromiso innegociable con la construcción de un futuro, ladrillo a ladrillo, en el corazón de la cordillera.

2 respuestas

  1. Excelente nota documental, entonces el municipio de Marulanda debe su nombre al apellido del General Cosme Marulanda y don Euleterio Gómez debe ser un pariente suyo, a lo mejor su bisabuelo

    1. Si don Jorge, Eleuterio Gómez Aristizábal era su nombre, mi abuelo paterno, hijo de Ramón María Gómez, a su vez hijo de otro Eleuterio Gómez y este hijo de José Nicolas Gomez Zuluaga uno de los fundadores y primer juez de Salamina. Gracias por su mensaje.

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