Han pasado cuatro décadas desde que la tragedia del Nevado del Ruiz sepultó a Armero y dejó una herida imborrable en la memoria de Colombia. En medio del dolor, el periodista Gustavo Castro Caycedo realizó el especial televisivo Colombia S.O.S., un documental sin comerciales que exaltó la solidaridad y el heroísmo de miles de voluntarios. Hoy, esta crónica es un homenaje a su trabajo y a la fuerza humana que convirtió la catástrofe en un acto de esperanza.
La noche del 13 de noviembre de 1985 quedó marcada en la memoria de Colombia como una herida que nunca cicatriza. El volcán Nevado del Ruiz, por su cráter Arenas, lanzó materiales a más de treinta kilómetros de distancia. La masa expulsada superó los treinta y cinco millones de toneladas, y el dióxido de azufre alcanzó cifras aterradoras: más de setecientas mil toneladas. El humo y las cenizas se elevaron hasta quince kilómetros de altura, oscureciendo el cielo y afectando incluso al altiplano cundiboyacense. La erupción derritió la cumbre helada y desató una avalancha que arrasó con Armero y dejó más de veinte mil muertos.
Fue el cuarto evento volcánico más mortífero desde el año 1500 y el segundo más letal del siglo XX, después del desastre del monte Pelée en Martinica en 1902. La avalancha de lodo y piedra no solo destruyó Armero, sino que golpeó a Chinchiná, Ambalema, Anzoátegui, Cambao, Guarinocito, Guayabal, Honda, Lérida, Líbano, Mariquita, Murillo, Santuario y Santa Isabel. Los valles de los ríos Combeima, Chinchiná, Coello, Toche y Gualí fueron escenario de estragos incalculables.
En medio de la tragedia, surgió la solidaridad. Miles de mujeres y hombres voluntarios se entregaron a salvar vidas. Decenas de pilotos protagonizaron la proeza “helicoportada” de rescate, jamás vista en la televisión mundial. Arrancaron a miles de seres humanos de las garras de la muerte, en una hazaña que se convirtió en símbolo de esperanza.
De esa experiencia nació el especial de televisión “Colombia S.O.S.”, dirigido por Gustavo Castro Caycedo y emitido el 15 de diciembre de 1985 por Punch Televisión. Fue un programa sin comerciales, por respeto a las víctimas y sus familias. Dos horas de transmisión que exaltaron el valor de centenares de héroes anónimos y solidarios.
El general Álvaro Valencia Tovar, en una columna editorial publicada en El Tiempo, describió el especial como una obra “hermosa y trascendente”, capaz de reconciliar al espectador con su patria y con su gente. Señaló que las entrevistas alcanzaban gran fuerza humana, mostrando voces quebradas por la fatiga y miradas temblorosas de dolor, pero también iluminadas por la bondad.
El programa no mostró sangre ni escenas amarillistas. Se centró en las acciones de los héroes civiles: médicos, paramédicos, enfermeras, policías, bomberos, miembros de la Defensa Civil, estudiantes, soldados, socorristas de la Cruz Roja, ingenieros, alpinistas, sismólogos, radioaficionados y voluntarios de toda condición. Todos ellos fueron ejemplo de humanismo en una sociedad golpeada por la violencia y la división.
La tragedia del Ruiz hizo aflorar la fraternidad colombiana y extranjera. Más de ochocientos salvadores llegaron del exterior, desde países como Argentina, Australia, Bélgica, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, México, Noruega, Perú, Polonia, Suiza, Uruguay y Yugoslavia. También participaron organismos internacionales como la ONU, Unicef, Unesco, la Cruz Roja y la Comunidad Económica Europea. La ayuda internacional superó los cuarenta millones de dólares, incluyendo hospitales portátiles, plantas purificadoras de agua, alimentos, ropa y medicamentos.
El editorial de El Tiempo destacó que el programa fue “ejemplar, suficiente para reconciliar a los televidentes”. El Espectador lo calificó como “televisión por lo alto”, reconociendo la dignidad con que se mostró la labor heroica de los voluntarios. La ministra de Comunicaciones, Nohemí Sanín, lo definió como “una ejemplar muestra de gran periodismo”.
Las cifras del desastre son estremecedoras: más de veinte mil muertos, cinco mil heridos, cuatro mil desaparecidos, veinte mil damnificados. El noventa por ciento de Armero desapareció bajo el lodo. Miles de viviendas, escuelas, hospitales, cultivos y empresas fueron arrasados. La economía agrícola y ganadera sufrió pérdidas incalculables. El dolor humano fue aún mayor: huérfanos, ancianos sin techo, familias destruidas y sobrevivientes con traumas psicológicos profundos.
En medio de la devastación, los voluntarios no tuvieron tiempo para lamentaciones. Bomberos, socorristas y pilotos arriesgaron sus vidas en maniobras casi suicidas. Más de sesenta helicópteros, colombianos y extranjeros, acumularon cinco mil horas de vuelo en operaciones de rescate. Fueron bautizados como “los pilotos de la vida y la esperanza”.
La Defensa Civil, integrada por amas de casa, estudiantes, obreros y comerciantes, respondió al S.O.S. de Colombia. Más de seis mil radioaficionados en el mundo rastrearon las angustias del país, coordinando medicinas, traslados y reencuentros. La solidaridad se convirtió en la fuerza que sostuvo a los sobrevivientes.
El especial “Colombia S.O.S.” fue más que un programa de televisión: fue un homenaje a la dignidad humana. Mostró que, en medio de la tragedia, subsiste la esperanza. Que un pueblo capaz de unirse para salvar vidas merece un destino diferente al de sucumbir bajo mares de lodo o la violencia.
Hoy, cuatro décadas después, la memoria de Armero sigue viva. La crónica de aquel desastre no es solo un relato de muerte, sino también de vida. Porque en cada piloto que arriesgó su existencia, en cada voluntario que donó su sangre, en cada médico que atendió a un herido, se refleja la grandeza de un país que, pese a sus heridas, supo levantarse.
La erupción del Ruiz fue una tragedia que golpeó a Colombia en lo más profundo. Pero también fue la oportunidad de mostrar al mundo que la solidaridad puede ser más fuerte que la destrucción. “Colombia S.O.S.” no fue solo un título: fue un grito de esperanza, un llamado a la unidad y un testimonio de que, incluso en la noche más oscura, la luz de la humanidad puede brillar.
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Han pasado cuatro décadas desde aquella noche del 13 de noviembre de 1985, cuando el volcán Nevado del Ruiz desató una avalancha que sepultó a Armero y dejó una herida profunda en la historia de Colombia. Más de 20.000 vidas se perdieron, miles de familias quedaron marcadas por el dolor, y el país entero fue testigo de una tragedia que aún estremece.
Este documental conmemora los 40 años del desastre, no para revivir el sufrimiento, sino para honrar la memoria de las víctimas, reconocer el valor de los héroes anónimos que salvaron vidas, y recordar que la solidaridad puede surgir incluso en medio del lodo y la desesperanza.
A través de imágenes inéditas, testimonios conmovedores y una narración que respeta el dolor sin caer en el sensacionalismo, esta producción nos invita a mirar hacia atrás con dignidad, y hacia adelante con compromiso. Porque Armero no solo fue una tragedia: fue también una lección de humanidad.
Vea el documental completo a continuación y comparta este homenaje con quienes aún creen que Colombia puede levantarse desde sus propias cenizas.

