Caótica gestión de Petro en 2025: crisis, rupturas y reformas fallidas

El 2025 fue un año convulso para el gobierno de Gustavo Petro: rupturas diplomáticas con Estados Unidos e Israel, inestabilidad ministerial televisada, reformas hundidas en el Congreso y un presidente debilitado. Una agenda marcada por el caos que dejó al país en incertidumbre política y económica.
Gustavo Petro en acto oficial durante 2025, protagonista de crisis diplomáticas y políticas internas.
En 2025, Gustavo Petro se convirtió en el epicentro de una tormenta política y diplomática. La imagen lo muestra como sujeto central de un año marcado por rupturas con Estados Unidos e Israel, crisis ministeriales televisadas y reformas fallidas en el Congreso. Su figura simboliza el desgaste de un gobierno atrapado entre confrontaciones y promesas incumplidas. Foto Presidencia

El año 2025 se convirtió en un huracán político para Colombia. La administración de Gustavo Petro enfrentó simultáneamente crisis internacionales, fracturas internas y un balance legislativo marcado por el fracaso. Lo que debía ser un periodo de consolidación terminó siendo un escenario de confrontación permanente, con un presidente debilitado y un país sumido en la incertidumbre.

El choque con Estados Unidos

La relación con Washington, históricamente el eje de la estabilidad regional, entró en una fase de glaciación diplomática apenas iniciado el año. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca detonó una crisis sin precedentes. El rechazo de Petro a dos aviones de deportados enviados por la nueva administración republicana fue el primer síntoma de un deterioro que se volvió crónico.

 

La retórica escaló rápidamente. Petro calificó las cárceles de migrantes en EE. UU. como “campos de concentración”, mientras el Departamento de Estado, bajo Marco Rubio, respondió con la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas. El punto de quiebre llegó tras la Asamblea General de la ONU, cuando Petro instó a las tropas a “desobedecer la orden de Trump”. La reacción fue fulminante: la revocatoria de su visa y su inclusión en la Lista Clinton (OFAC), junto a su esposa Verónica Alcocer y su ministro Armando Benedetti.

 

Hacia diciembre, las advertencias de Trump adquirieron un tono personal y amenazante, dejando la relación bilateral en un estado de incertidumbre total de cara al 2026.

Ruptura con Israel

Simultáneamente, el frente con Oriente Medio ardía con igual intensidad. La interceptación israelí de la “Flotilla Global Sumud” y la detención de dos ciudadanas colombianas detonaron la expulsión de la delegación israelí de Bogotá. Petro prohibió la exportación de carbón y denunció el TLC con Israel, comparando las acciones en Gaza con la Alemania nazi.

 

La petición de captura contra Benjamin Netanyahu ante la Corte Penal Internacional selló un divorcio diplomático que Israel respondió con acusaciones de antisemitismo y apoyo al terrorismo. Fue la ruptura más profunda en décadas, con consecuencias comerciales y políticas aún por medir.

El “reality” de los martes

Buscando transparencia radical, Petro ordenó transmitir en vivo los Consejos de Ministros. Lo que comenzó como un ejercicio de acceso público se transformó en un espectáculo de fracturas internas. Los colombianos fueron testigos de confrontaciones inéditas: Susana Muhamad se negó a compartir mesa con Benedetti, mientras Francia Márquez cuestionó directamente al presidente por la influencia de Laura Sarabia.

 

La televisión mostró un gabinete dividido, con ministros ausentes y un rezago del 74,8 % en el cumplimiento de compromisos. La inestabilidad se reflejó en cifras récord: 60 cambios ministeriales en tres años y medio, 15 de ellos solo en 2025. Carteras clave como Defensa, Cancillería y Energía sufrieron rotaciones traumáticas en plena crisis.

 

El Consejo de Estado terminó ordenando frenar las transmisiones, al considerar que vulneraban el derecho a la información y el pluralismo.

Reformas hundidas

El Congreso se convirtió en otro frente de batalla. La mayoría de las reformas impulsadas por el Ejecutivo terminaron archivadas. La Reforma a la Salud se hundió en la Comisión Séptima del Senado, con críticas de EPS, clínicas y farmacéuticas. La Reforma Tributaria, clave para financiar el presupuesto de 2026, también fue archivada, obligando al Gobierno a decretar una Emergencia Económica que generó rechazo gremial.

 

La Reforma Laboral, tras múltiples intentos fallidos, fue aprobada en medio de un proceso polarizado que dejó dudas sobre su solidez. La Reforma Pensional, aprobada en 2024, quedó suspendida por la Corte Constitucional ante cien demandas de inconstitucionalidad.

 

El fracaso legislativo evidenció la fragilidad de las alianzas y la falta de mayorías sólidas. El uso excesivo de la plataforma X como herramienta de presión pública debilitó aún más las posibilidades de éxito.

Seguridad y Micay

En medio del caos, el Gobierno intentó mostrar resultados en seguridad con la toma del cañón del Micay, zona dominada por economías ilícitas. Petro justificó la intervención como una necesidad de soberanía frente al narcotráfico, pero los resultados fueron cuestionados por el aumento de homicidios y secuestros.

Epílogo de un año convulso

El 2025 cerró con un presidente sin visa para entrar a Estados Unidos, incluido en listas de vigilancia financiera internacional y con una oposición fortalecida por el propio “show” televisivo del gobierno. La estrategia de consulta popular para evitar que el Congreso “le tape la boca al pueblo” parece ser la última carta de Petro antes de que el calendario electoral de 2026 marque el ritmo definitivo de la nación.

 

Colombia observa con fatiga y asombro cómo la diplomacia y el gobierno central se han convertido en un terreno de confrontación donde el megáfono y la cámara reemplazan al consenso y la técnica. El año dejó un balance de rupturas, reformas fallidas y un presidente debilitado, en un país que sigue esperando soluciones estructurales.

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