La cultura es patrimonio de todos y tradición en Salamina

La cultura es patrimonio de todos y en Salamina se debate su papel en la conmemoración bicentenaria. Entre tradición y costumbre, expresiones artísticas y diversidad cultural, se plantea la necesidad de proteger valores identitarios y fomentar equidad en la transmisión de símbolos colectivos.
Director >La Revista de Caldas

Desde el año anterior la palabra “cultura” se ha usado con frecuencia en diversos escenarios, discusiones, ponencias, eventos… máxime con la conmemoración de los doscientos años de nuestro municipio, Salamina. Para muchos, fue el punto deficitario en la programación de los eventos y para otros, las actividades rindieron honor a ella. Con el fin de terciar en la discusión haremos un recorrido por el concepto del término y sus alcances, en procura de una postura argumentada.


Un primer referente es el filósofo alemán, de origen judío, Herbert Marcuse, señalado por algunos como el padre de la “revolución estudiantil”, quien en el libro “Ensayos sobre política y cultura” (Ed. Ariel), define la cultura como “el complejo de objetivos (valores) morales, intelectuales y estéticos que una sociedad considera que constituye el designio de la organización, la división y la dirección de su trabajo, “el bien” que se supone realiza el modo de vida que ha establecido. Por ejemplo, el aumento de la libertad pública y privada, la reducción de las desigualdades que impiden el desarrollo del “individuo” o de la “personalidad”, y una administración racional y eficaz pueden tomarse como los “valores culturales” representativos de la sociedad individual avanzada…Hablamos de una cultura existente (pasada o presente) solamente si sus objetivos y valores representativos se han traducido (o se traducen) de algún modo en la realidad social.”

Por su parte el antropólogo E.B. Tylor, define la cultura como “ese complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto que miembro de la sociedad” Llama la atención que Tylor iguala en esta definición a la civilización con la cultura.


Sobre esta misma base, LA UNESCO, define a la cultura como “el conjunto de rasgos distintivos espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social, incluyendo artes, modos de vida, valores, creencias y tradiciones.”


Podríamos decir entonces, que la cultura es la forma particular como cada conglomerado humano normaliza y autorregula la convivencia, con sello propio, que lo diferencia de los demás. Una especie de huella digital. Este concepto incluye la lengua, las instituciones, las artes, las ciencias como elementos de la cultura, por lo tanto, susceptibles de transmisión entre generaciones con el paso de los días generando una especie de símbolos identitarios; no en vano se habla, por ejemplo, de la cultura: muisca, popular, precolombina, paisa, entre otras, para resaltar sus características particulares.

 

Ante las discrepancias entre quienes han reprochado el enfoque de la conmemoración bicentenaria con aquellos que la aprueban, con énfasis en las muestras musicales, conviene aclarar el alcance de los términos tradición y costumbre. Para ilustrar en mejor forma los cambios en las celebraciones conviene citar lo descrito por el Doctor y Magister en historia, Marcos González Pérez, autor del artículo “Modernidad y tradición festiva en Colombia” (2017), quien anota que “la tradición se distingue de la costumbre. Aquella no varía, sus actos se repiten, mientras que en las costumbres se pueden presentar innovaciones y cambios. Así, una fiesta trasmitida por la “costumbre” puede ser reinventada, lo cual trae como resultado una serie de modificaciones que interfieren en su legado”. Acogiendo este argumento podemos concluir que la tradición no se ha respetado, mientras que la costumbre muta y se adapta a las tendencias que marca la moda y el predominio digital, en especial en las muestras que tienen que ver con la música. Se impusieron las exigencias comerciales de los patrocinadores de los eventos sobre los partidarios de conservar los mandamientos de la tradición.


Otro asunto que se debe precisar es la confusión, muy común, entre lo que es la cultura en general con las expresiones culturales. Estas hacen parte de la primera más no son únicas. Para comprender mejor, nos seguimos apoyando en las definiciones de la UNESCO, más que ilustrativas y aclaran que las “expresiones culturales: son aquellas que resultan de la creatividad de individuos, grupos y sociedades, y que tienen un contenido cultural.”


A su vez, como diversidad cultural: “Se refiere a las múltiples formas en que se expresan las culturas de grupos y sociedades. Estas expresiones se transmiten dentro de los grupos y sociedades y entre ellos. La diversidad cultural se manifiesta no sólo a través de las variadas formas en que se expresa, aumenta y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de expresiones culturales, sino también a través de los diversos modos de creación, producción, difusión, distribución y disfrute artísticos, cualesquiera que sean los medios y tecnologías utilizados”. Podríamos decir que, desde la génesis, las expresiones del arte han sido diversas y para ilustrarlo mejor nos remitimos a la mitología griega donde el Dios de las Artes, Apolo, tenía como ayuda a nueve musas que presidieron las mismas, por ejemplo, Clío, la historia; Talía, la comedia; Euterpe, la música; Calíope, la poesía épica y la elocuencia, Terpsícore, el baile. Todas y cada una de las artes merecieron importancia. Así entonces, cada región hace gala de sus mejores expresiones combinando costumbre y tradición.


Tal importancia se da a la cultura, en los días que corren, que fue tema central en el reciente Foro Económico de América Latina y el Caribe, CAF, celebrado el pasado 27 de enero, con un evento denominado “Festival de Voces”. En la motivación por parte del organismo se dijo: “En el contexto global actual, donde la cultura suele quedar confinada a los márgenes del desarrollo, América Latina y el Caribe la reivindica como el verdadero cimiento de su integración y proyección. La región, forjada en la diversidad cultural y la creatividad, enfrenta aún desafíos estructurales que limitan el acceso, la sostenibilidad y la equidad en la vida cultural. Frente a estas tensiones, el festival de CAF eleva la conversación afirmando una idea central: la cultura es un bien público, un derecho humano y el tejido social indispensable para proyectar un desarrollo verdaderamente sostenible”.


“Que este encuentro cultural anteceda a un foro económico no es solo un gesto simbólico, sino una invitación a revisar el orden de prioridades con el que solemos pensar el progreso. La cultura no se opone al desarrollo; lo precede, lo sostiene y le da sentido. Reconocerla como infraestructura social y simbólica es clave para fortalecer la integración regional y construir horizontes compartidos”.


El título de “Ciudad luz” reconocido a nuestro municipio, Salamina, no fue un halago ni un honor pasajero, fue el resultado de las expresiones culturales de sus habitantes desde la fundación, que le dio esa impronta. Insistir en el respeto de la tradición no es ser obsoleto, es el afán de conservar “los actos nobles en las costumbres”, como lo dijo alguna vez Daniel Echeverry, poeta local. No queda duda que los recursos destinados a exaltar la tradición cultural en la conmemoración bicentenaria fueron minoritarios y que el protagonismo y apoyo lo recibieron las actividades con énfasis en la libación de licor, con artistas representantes de casas comerciales que en forma paulatina modifican las costumbres de la población, en especial los jóvenes.


En la Convención de 2005 la UNESCO abogó por la protección de la diversidad de expresiones culturales y estableció principios para salvaguardar manifestaciones en riesgo. Inspirados en esto podemos sugerir que a nivel local se adopten medidas regulatorias, educativas y de apoyo a gestores culturales, con el fin de fomentar la creación, difusión y acceso equitativo, priorizando las expresiones en riesgo.


Como la cultura es patrimonio de todos, hay que reforzar las interacciones sin sesgos ideológicos, partidistas ni de credos. Vivimos en la era del conocimiento que conlleva innegables cambios culturales, los cuales se deben adaptar, cuidando el respeto de la tradición para seguir nutriendo la historia de Salamina, cuna de pueblos. Sigue el debate.

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