Los fenómenos climáticos en Colombia no suelen presentarse de manera uniforme ni obedecen a una sola narrativa atmosférica; más bien parecen una conversación simultánea entre extremos, donde en un mismo mapa conviven lluvias intensas y calor sofocante, vientos fuertes y cielos despejados, alertas por inundaciones y advertencias por incendios forestales. Esta semana, el país vuelve a experimentar esa dualidad. Mientras un nuevo frente frío avanza sobre el mar Caribe colombiano, alterando el comportamiento del viento y del oleaje, en distintos análisis climáticos se advierte que los primeros días de marzo podrían traer consigo temperaturas por encima de lo habitual en varias regiones del territorio nacional. Colombia, como tantas veces, es escenario de contrastes que obligan a mirar el cielo con atención.
El frente frío, según informaron el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, el IDEAM y la Dirección General Marítima, se desplaza sobre el Caribe colombiano generando un incremento en las lluvias, la intensidad de los vientos y la altura del oleaje. No es un huracán ni una tormenta tropical, pero su impacto no debe subestimarse. Los vientos de dirección norte–noreste podrían alcanzar velocidades entre 30 y 50 kilómetros por hora, mientras el mar en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina podría registrar olas entre 2.3 y 3.2 metros. En los litorales de Bolívar, Atlántico y Magdalena, el oleaje oscilaría entre 2.0 y 3.0 metros, suficiente para afectar embarcaciones menores, actividades turísticas y pesca artesanal.
Las regiones más expuestas a los efectos de este frente frío son la Insular y la Caribe, pero el aumento de las precipitaciones también podría sentirse en la región Andina y en sectores del Pacífico. Departamentos como Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena, Cesar y el centro y sur de La Guajira están bajo especial observación. Antioquia y Norte de Santander también figuran en el radar de las autoridades, al igual que el Eje Cafetero, Tolima, Huila y zonas del litoral Pacífico, donde la saturación de suelos puede incrementar el riesgo de deslizamientos.
El informe técnico advierte que estas condiciones podrían aumentar la probabilidad de crecientes súbitas e inundaciones, especialmente en zonas ribereñas y de alta pendiente. En municipios atravesados por ríos caudalosos o con antecedentes de movimientos en masa, la recomendación es clara: vigilancia permanente, monitoreo comunitario y activación de sistemas de alerta temprana. En la región Pacífica, donde la topografía y la alta pluviosidad suelen combinarse en escenarios complejos, las autoridades insisten en observar laderas, identificar grietas o desprendimientos y evitar el tránsito por vías rurales durante lluvias intensas.
En el Caribe, las medidas incluyen asegurar infraestructura liviana, reforzar techos y retirar objetos que puedan ser arrastrados por el viento. Pescadores y operadores turísticos han sido llamados a alejarse de la costa mientras persistan las condiciones adversas y a asegurar embarcaciones en puertos y bahías protegidas. Son recomendaciones que se repiten cada vez que el mar cambia de humor, pero que cobran sentido cuando el oleaje crece y el viento deja de ser brisa para convertirse en amenaza.
Sin embargo, mientras una parte del país se prepara para lluvias y vientos, otra comienza a mirar con preocupación el termómetro. Marzo, históricamente uno de los meses más cálidos en amplias zonas de Colombia, podría registrar temperaturas superiores a los promedios habituales. Aunque no existe todavía una declaratoria oficial de ola de calor generalizada, la temporada de menos lluvias y la radiación solar intensa suelen generar picos térmicos en regiones como el Caribe continental, la Orinoquía, sectores de la Amazonía y algunos valles interandinos.
En departamentos como La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico, las temperaturas máximas pueden superar los 35 grados Celsius, con sensaciones térmicas aún más altas debido a la humedad. Norte de Santander y zonas del valle del río Magdalena también experimentan con frecuencia jornadas sofocantes en esta época del año. Incluso en áreas del Eje Cafetero y del Tolima, donde la altitud modera el clima, pueden registrarse días de calor intenso cuando la nubosidad disminuye y los vientos se debilitan.
El calor extremo no es un fenómeno espectacular como una tormenta, pero sus efectos pueden ser silenciosos y acumulativos. Aumenta el riesgo de deshidratación, golpe de calor y complicaciones en personas con enfermedades crónicas. También incrementa la probabilidad de incendios forestales en zonas rurales, afecta cultivos sensibles y tensiona el abastecimiento de agua en comunidades que dependen de fuentes superficiales.
Las recomendaciones frente a un escenario de altas temperaturas son tan claras como frente a la lluvia: evitar exposición prolongada al sol entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, hidratarse constantemente, usar ropa ligera y proteger especialmente a niños, adultos mayores y personas con condiciones médicas preexistentes. En el sector agrícola, se aconseja programar labores en horarios de menor radiación y vigilar el estado de los cultivos y del ganado. Las autoridades locales deben revisar planes de contingencia ante incendios y reforzar campañas de prevención.
Colombia, atravesada por cordilleras y bañada por dos océanos, es un laboratorio climático permanente. La presencia simultánea de un frente frío en el Caribe y la posibilidad de una ola de calor en otras regiones no es una contradicción, sino una muestra de la complejidad atmosférica del país. Mientras en el norte se asegura una embarcación para que no la golpee el oleaje, en el interior alguien busca sombra bajo un árbol para escapar del sol implacable.
Estos fenómenos climáticos en Colombia recuerdan que la prevención no es exageración, sino prudencia. Las entidades oficiales actualizan boletines y mapas, pero la responsabilidad también recae en comunidades e individuos que deben interpretar señales y actuar con anticipación. En tiempos de variabilidad climática y cambios globales, el clima deja de ser telón de fondo para convertirse en protagonista.
El país, como siempre, seguirá adaptándose. Habrá quienes esperen que pase el frente frío mirando el horizonte gris del Caribe y quienes cuenten los días hasta que lleguen las primeras lluvias que alivien el calor de marzo. Entre uno y otro extremo, Colombia reafirma su condición de territorio diverso, donde el clima no es una anécdota sino parte esencial de la vida cotidiana.