Caldas Notas Cortas
• Empocaldas en crisis y municipios indignados
La empresa Empocaldas, responsable de acueducto y alcantarillado en la mayoría de municipios de Caldas, se ha convertido en motivo de inconformidad generalizada. Los cortes constantes de agua, la obsolescencia de la infraestructura y la deficiente atención a los usuarios han desatado protestas en poblaciones como La Dorada, donde más de la mitad de la ciudad ha quedado sin suministro durante días, o Marquetalia, donde una tormenta dejó a 13 mil habitantes sin agua potable. Estos episodios evidencian la fragilidad de un sistema que debería garantizar un derecho fundamental.
Los alcaldes y comunidades reclaman soluciones de fondo y cuestionan que, pese a las millonarias inversiones anunciadas, los problemas persisten. La Ley 142 de 1994 obliga a garantizar acceso a agua de calidad, pero la realidad muestra un servicio debilitado que deteriora la vida cotidiana y mina la confianza en la gestión pública.
Empocaldas es hoy símbolo de la desconfianza hacia la administración departamental. Los municipios exigen transparencia, inversión real y planes de contingencia que eviten que cada lluvia o falla técnica se traduzca en crisis humanitaria. Y es hora de que los candidatos al Congreso tomen las riendas: deben gestionar que esta empresa cumpla con los caldenses, porque la paciencia ciudadana se agota y el clamor por cambios estructurales crece.
El Nevado del Ruiz, emblema de Caldas, se alza majestuoso mientras en Arauca la dignidad se hunde entre aguas negras: contraste entre la grandeza natural y la miseria hídrica que clama soluciones reales.
• Palestina: progreso aéreo, miseria hídrica
Por Redacción de La Revista de Caldas
En Palestina, el discurso del progreso se encarna en el Aeropuerto del Café (Aerocafé), símbolo de modernidad y promesas de desarrollo. Pero en el corregimiento de Arauca, la realidad es ofensiva: cada temporada de lluvias, las calles se convierten en cloacas a cielo abierto. El alcantarillado obsoleto, incapaz de resistir el aumento del río Cauca, provoca el “efecto cubeta”: las aguas residuales no fluyen por gravedad y terminan rebosando en las calles, mezclando la vida cotidiana con el hedor de la desidia. La comunidad reclama dignidad y lanza un grito que debería retumbar en los despachos oficiales: “No más promesas de aeropuerto mientras vivimos entre excrementos”.
La respuesta institucional ha sido tibia: proyectos parciales de reposición de redes, anuncios que se diluyen en el tiempo y soluciones que nunca llegan. Empocaldas ha fallado en convertir el Aeropuerto en palanca de desarrollo hídrico, atrapada en la politiquería que prioriza la pista sobre el alcantarillado. El riesgo es evidente: que Aerocafé se convierta en una isla de modernidad rodeada de miseria hídrica. Antes que el primer avión despegue, el agua potable y el saneamiento deben aterrizar en Arauca. De lo contrario, el progreso será solo un espejismo sobre aguas negras.
La Revista de Caldas abre este espacio para el diálogo. Lo invitamos a compartir sus observaciones, porque la memoria colectiva se construye entre todos.La Revista de Caldas abre este espacio para el diálogo. Lo invitamos a compartir sus observaciones, porque la memoria colectiva se construye entre todos.
Manizales se alza bajo la sombra del Nevado del Ruiz, cuya emanación de ceniza ardiente recuerda la fuerza de la naturaleza y convierte al departamento de Caldas en símbolo de resistencia, memoria y esperanza colectiva.
• Peajes del Café: justicia pendiente para Caldas
Por Redacción de La Revista de Caldas
El anuncio del Gobierno Nacional sobre una eventual reversión de la concesión de Autopistas del Café ha encendido un debate que trasciende lo técnico y toca la fibra de la dignidad regional. El gobernador de Caldas, Henry Gutiérrez Ángel, recordó que su departamento carga con cinco de los siete peajes del corredor, una herida abierta que limita la movilidad, encarece el turismo y fragmenta la integración del Eje Cafetero. “No pedimos prórrogas ciegas ni concesiones eternas”, dijo, insistiendo en que los tres peajes cercanos a Manizales deben desaparecer y que el de Santa Rosa–Chinchiná requiere una reevaluación urgente. La crítica es clara: la justicia territorial no puede seguir siendo un discurso vacío.
Pero el mandatario también advierte que la eliminación total de los peajes sería un espejismo: sin recaudo, ni los departamentos ni la Nación tienen cómo sostener las vías. Por eso propone una sociedad mixta, donde sector privado, gobiernos locales y una entidad nacional compartan la responsabilidad del mantenimiento y la inversión. La discusión no es solo sobre tarifas, sino sobre el derecho de Caldas a que lo recaudado se invierta en su propio suelo. El futuro del corredor vial será, inevitablemente, un espejo de la equidad o la indiferencia institucional.
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“Las personas o entidades mencionadas en esta columna tienen derecho a respuesta. La Revista de Caldas invita a enviar su respuesta, descargo o rectificación, conforme a la ley y al derecho de rectificación en condiciones de equidad.”
• Aeropuerto del Café: millones gastados y Caldas aislado
El Aeropuerto del Café, en Palestina, Caldas, ha sido presentado como el gran proyecto de conectividad aérea del Eje Cafetero. El Gobierno Nacional anunció inversiones que superan los $700.000 millones para su construcción y operación inicial, con la promesa de movilizar cientos de miles de pasajeros en la próxima década. Sin embargo, la realidad del departamento es otra. Las carreteras que deberían garantizar la movilidad de sus habitantes y la salida de sus productos están en ruinas.
Municipios como Manzanares, Marulanda, Pensilvania, Samaná y Norcasia viven atrapados entre huecos, derrumbes y tramos críticos que condenan a la población al aislamiento. La vía Manizales–Salamina y la Neira–El Páramo–Marulanda son símbolos del abandono histórico, donde los campesinos pierden cosechas y los viajeros arriesgan su seguridad. La incoherencia es evidente: se destinan miles de millones a una obra que aún parece una utopía, mientras las carreteras básicas no cumplen las mínimas condiciones de transitabilidad. ¿De qué sirve un aeropuerto moderno si la gente no puede llegar a él por tierra? Caldas no necesita más promesas aéreas. Necesita caminos dignos, transitables y decisiones valientes que devuelvan esperanza a sus pueblos.
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