Yo estaba sentado en la banca del parque, pero no como la gente decente sino en el respaldo —que es donde mejor se ve todo lo que pasa— con el tinto bien cargado en una mano, el cigarrillo en la otra y la libreta abierta porque aquí en este pueblo uno tiene que anotar hasta los chismes para que después no digan que Timoteo se inventa las cosas. Y ahí estaba yo, viendo pasar la vida y pensando en el famoso discurso que soltó el modelito de la esquina del parque, como le digo yo al alcalde, porque ese hombre vive más pendiente de posar para Instagram que de gobernar.
¡Ave María bendita! Ese día en el aniversario de San Félix el hombre habló como si trajera el municipio metido en el bolsillo. Que puentes, que pavimentaciones, que cubiertas de coliseo, que corregidor, que proyectos por aquí, que estudios por allá… mejor dicho, aquello parecía el catálogo completo de una ferretería grande. Yo lo escuchaba y tomaba tinto mientras anotaba, porque cuando un político promete tanto de un solo jalón, a uno se le prende la alarma aquí en la cabeza.
Y dicho y hecho.
Pasaron dos semanitas apenas, el polvo del discurso se asentó… y empezaron a aparecer las verdades, como cucarachas cuando uno prende la luz en una cocina vieja. Porque en este pueblo la gente podrá ser paciente, pero pendeja no es. Y cuando empezaron a preguntar por esas maravillas que anunció el modelito… resulta que muchas ni siquiera existen más allá del micrófono donde las dijo.
Ahora vamos con la joya más vieja de este collar de promesas: el famoso corregidor de San Félix. Veinte meses, sí señor, veinte meses, llevamos esperando que el modelito de la esquina del parque nombre al bendito corregidor. Y cada vez que alguien pregunta, salen con un cuento distinto: que están revisando temas legales, que están afinando detalles, que la próxima semana, que el próximo mes… mejor dicho, eso ya parece embarazo de elefante.
Pero vea cómo es la cosa en este pueblo: la gente se cansó de esperar y decidió hacer lo que toca cuando el poder se hace el sordo. Presentaron un derecho de petición. Algo sencillo: “alcalde, explíquenos por qué carajos no hay corregidor después de casi dos años”.
¿Y qué pasó?
Silencio administrativo. Ni una respuesta.
Tanto fue el desprecio por la pregunta que tocó meter una tutela para obligar a la Alcaldía a contestar. Y el juez tuvo que admitirla porque, al parecer, el derecho de petición se les quedó olvidado en algún cajón del despacho.
Y ahí es donde uno se pregunta, con el tinto en la mano y el cigarro prendido:
si nombrar un corregidor es una facultad del alcalde… ¿qué es lo que está esperando desde hace veinte meses?
Porque en política hay demoras normales…
y hay demoras que ya huelen raro.
Pero bueno… sigamos revisando el catálogo de promesas del modelito, porque lo del corregidor apenas es la primera página del cuento.
Otra de las joyitas que soltó el modelito de la esquina del parque fue la famosa pavimentación de la calle de la Mansión del Abuelo San Antonio y la del Recreo. Ese día lo dijo con una seguridad que hasta uno pensaba que ya venían las volquetas subiendo por la loma con el asfalto caliente. Yo estaba ahí, con el tinto en la mano, oyendo al hombre hablar como si la obra estuviera a la vuelta de la esquina, casi que para inaugurarla el mes siguiente. Pero vea cómo es este país de discursos inflados: cuando la comunidad preguntó con un derecho de petición qué tan adelantada estaba la maravilla, la propia respuesta oficial salió con un cuento muy distinto. Resulta que la pavimentación depende primero de un proyecto de acuerdo para que el Concejo autorice un empréstito que financiaría varias obras del municipio, entre ellas esa vía. O sea, en cristiano y sin rodeos: no hay estudios, no hay diseños y no hay contratación, porque ni siquiera se ha terminado el trámite administrativo para conseguir la plata. Y entonces uno se queda mirando el parque y pensando: ¿cómo es que anuncian pavimentaciones como si ya estuvieran en marcha cuando todavía están apenas pensando cómo endeudar el municipio para ver si algún día se pueden hacer? Porque prometer calles pavimentadas cuando ni siquiera hay estudios es como invitar a un sancocho sin haber comprado la gallina. Pero claro… eso en el micrófono del discurso suena muy bonito, aunque en el papel la historia resulte bastante más flaca.
Después vino otro de esos anuncios que al modelito de la esquina del parque le salen con una facilidad que ya quisieran los vendedores de feria: la famosa cubierta para el Coliseo de Feria de San Félix. Ese día lo dijo con una solemnidad que hasta parecía que ya estuvieran midiendo las vigas y soldando las estructuras. Que el proyecto es estratégico, que se están gestionando recursos, que vienen apoyos del departamento, que luego se harán los estudios técnicos… mejor dicho, un rosario de palabras elegantes que suenan muy serias cuando se dicen desde un micrófono con la banda tocando de fondo. Pero cuando uno se toma el trabajo de leer la respuesta oficial al derecho de petición —porque aquí no hablamos por chisme sino por lo que dicen los papeles— la historia cambia bastante. Resulta que la famosa cubierta depende primero de que el Concejo autorice el mismo empréstito del que hablan para otras obras, y que solo después de esa autorización empezarían todos los procesos técnicos previos a la inversión. O sea, en lenguaje de pueblo: todavía no hay proyecto listo, ni estudios, ni contratación, ni obra. Lo que hay es una “decisión estratégica”, que es esa forma elegante que tiene la política de decir que algún día…, si todo sale bien, tal vez se haga. Y entonces uno se queda viendo el coliseo, con el sol cayendo a plomo sobre las graderías, y entiende la cosa completa: el techo del coliseo no es lo único que sigue descubierto… también quedó descubierto el truco de anunciar obras que todavía viven más en el discurso que en la realidad.
Después vino otra de las maravillas del catálogo del modelito de la esquina del parque: la pavimentación desde la entrada principal de Salamina hasta la esquina del parque central de San Félix. Ese día lo anunció como quien ya tiene las máquinas calentando motores, casi que faltaba que dijera que al otro día arrancaban las volquetas. Yo lo escuchaba y pensaba: este hombre sí que tiene talento para el discurso, porque habla de obras como si estuvieran listas cuando apenas viven en la imaginación administrativa. Pero cuando la comunidad pidió explicaciones y tocó revisar la respuesta oficial, el cuento empezó a verse distinto. Resulta que lo único que existe por ahora es un paquete técnico derivado de una consultoría de estudios y diseños fase tres, que servirá para gestionar recursos ante la Gobernación de Caldas o el sistema de regalías, es decir, para ver si algún día aparece la plata para ejecutar el proyecto. O sea que la pavimentación que el modelito anunció con tanto entusiasmo todavía está en la etapa donde los proyectos se pasean por oficinas y escritorios buscando financiación. Y ahí es donde uno entiende la verdadera especialidad del alcalde: pavimentar con palabras. Porque mientras el hombre posa para la foto y modela para Instagram como si estuviera inaugurando media obra pública cada semana, la realidad es que muchas de esas carreteras siguen existiendo solo en el micrófono del discurso. Y claro, prometer pavimentos sin que exista todavía la plata ni el proyecto listo no es gobernar… eso es ser promesero profesional, de esos que construyen más carreteras en la boca que en el territorio, prometen construir puentes donde no hay rio.
Y como en el discurso del modelito de la esquina del parque no podía faltar algo grande para que la gente aplaudiera, también salieron a relucir los famosos puentes que supuestamente iban a conectar los barrios del corregimiento. Lo dijo con ese tono de seguridad que usan los políticos cuando quieren que la gente crea que la cosa ya está resuelta: que los puentes, que los estudios fase tres, que el proyecto está adelantado… mejor dicho, parecía que ya estuvieran los ingenieros parados en la quebrada midiendo el terreno. Y claro, cuando uno oye “fase tres” piensa que la cosa está lista para empezar, que ya todo está calculado, presupuestado y a punto de ejecutarse. Pero cuando la gente empezó a revisar la respuesta oficial al derecho de petición, el cuento empezó a desinflarse como globo de fiesta al día siguiente. Resulta que lo que realmente existe son unos estudios gestionados hace años ante la Gobernación de Caldas para dos puentes, de los cuales uno ya se hizo en el periodo anterior y el otro quedó pendiente, esperando quién sabe qué milagro administrativo para que algún día se materialice. O sea que los puentes que el modelito mencionó con tanto entusiasmo no están en obra ni en ejecución inmediata, como cualquiera pudo imaginar al oír el discurso, sino en ese limbo burocrático donde los proyectos viven años enteros esperando recursos y voluntad política. Y ahí es donde Timoteo vuelve a sacar la libreta y anota con calma: porque en este pueblo ya estamos viendo una especialidad del alcalde, esa habilidad de anunciar obras con tono de inauguración cuando en realidad lo único sólido que existe son los papeles. Así que sí, los puentes existen… pero existen en papel, y por esos puentes no pasa ni una bicicleta.
Después vino uno de esos anuncios que dejaron a medio pueblo rascándose la cabeza: lo de las famosas carpas alrededor del parque de Bolívar. El modelito de la esquina del parque dijo muy serio que se iba a reunir con los comerciantes para organizar unas carpas en los alrededores del parque, supuestamente para mejorar el espacio para residentes y turistas. Y yo, que llevo más de sesenta años caminando por esas piedras, todavía no he encontrado a nadie que entienda muy bien de qué se trata la bendita idea. Porque el parque de San Félix, con todo y lo humilde, quedó bonito después de los arreglos que le hicieron hace unos años: limpio, ordenado, con su jardinería bien cuidada y las veredas despejadas. Entonces uno se pregunta, con el tinto en la mano: ¿para qué llenarlo ahora de carpas que lo único que pueden hacer es tapar lo que ya está bien hecho? Pero lo más curioso de todo no es el cuento de las carpas… lo más curioso es lo que pasó al mismo tiempo con el parque. Porque mientras el modelito habla de “organizar” el espacio, lo que hicieron fue llevarse para Salamina al jardinero que mantenía el parque de San Félix limpio, podado y bonito. Sí señor, al único que se encargaba de que aquello no pareciera un potrero. Y entonces la pregunta sale solita: ¿cómo es que quieren embellecer el parque con carpas si primero dejaron el parque sin quien lo cuide? Porque una cosa es promover el turismo y otra muy distinta es quitar al que barre las hojas mientras se anuncian ideas que nadie entiende muy bien. Y ahí es donde Timoteo vuelve a anotar en la libreta: hay decisiones que parecen pensadas con la cabeza… y otras que parecen pensadas con el… micrófono.
Y para cerrar el desfile de promesas del modelito de la esquina del parque, también aparecieron dos anuncios que siempre suenan bonito en cualquier discurso: los instrumentos para la banda del corregimiento y la modernización del puesto de salud. Eso, dicho desde la tarima y con la gente aplaudiendo, queda muy elegante. Porque hablar de música para los muchachos y de salud para la comunidad siempre arranca aplausos, y con razón. Pero cuando uno vuelve a hacer el ejercicio de mirar qué dicen los papeles, el entusiasmo empieza a enfriarse como tinto olvidado sobre la mesa. En la respuesta oficial al derecho de petición lo que aparece es que, en el caso del puesto de salud, se están adelantando gestiones y estudios con la ESE Hospital Felipe Suárez y la Dirección Territorial de Salud de Caldas, con la idea de modernizar la instalación en el futuro. O sea, otra vez estamos en el terreno del “se está gestionando”, del “se está pensando”, del “algún día será”. Y con los instrumentos para la banda pasa algo parecido: son anuncios de intención, ideas para la vigencia, cosas que se dicen para que la comunidad “conozca las determinaciones de gobierno”. Dicho en palabras más sencillas: todavía no hay compra, ni contrato, ni entrega. Y ahí es donde Timoteo vuelve a mirar al modelito de la esquina del parque con cierta curiosidad, porque prometer instrumentos y edificios es muy fácil cuando lo único que se necesita es un micrófono y una sonrisa para la foto. Gobernar, en cambio, es otra cosa… eso ya no se hace con discursos sino con hechos. Y por ahora, en San Félix, los hechos siguen llegando más despacio que las promesas.
Bueno pues, después de repasar todas estas promesas del modelito de la esquina del parque, uno termina con la libreta llena y el tinto frío. Porque en San Félix ya nos estamos acostumbrando a una cosa muy curiosa: los discursos vienen cargados como mercado de plaza y la realidad llega flaca como perro callejero. Mucha palabra elegante, mucho anuncio con micrófono, pero cuando la gente pregunta dónde están los estudios, la plata o las obras… aparece ese lenguaje enredado que sirve para explicar todo sin decir realmente nada. Y eso es lo que Timoteo anota siempre: en política hay quienes gobiernan y hay quienes modelan para la foto, y ya el pueblo sabrá distinguir quién hace cada cosa.
Pero antes de cerrar, déjenme decir algo que también me dejó mal sabor de boca estos días. Porque una cosa es criticar a los gobernantes —que para eso están— y otra muy distinta es dedicarse a despotricar contra la gente decente solo porque no piensa como uno. Digo esto porque en una reunión que hubo por ahí en un hotel muy conocido de Salamina, un personaje que anda jugando a líder político de un grupito que nadie sabe bien si es de izquierda o si solo se pone ese disfraz cuando le conviene, se despachó hablando del coronel Néstor Naranjo con unas palabras tan bajas que hasta a mí, que soy bastante ordinario para hablar, me daría vergüenza repetirlas. Y eso sí que no está bien. Yo no estoy defendiendo al coronel porque sea amigo mío ni porque yo ande en su política, lo digo porque uno ve al hombre trabajando por la comunidad desde la asociación de veteranos que preside, ayudando a la gente con una voluntad que ya quisieran muchos que se llenan la boca hablando de liderazgo. En este pueblo podremos discutir, criticar y hasta pelear por ideas, pero ensuciar el nombre de alguien con chismes miserables no es política, eso es pura bajeza.