¡Ave María pues, mi gente! ¿Cómo va la vuelta? Aquí está Timoteo, el mismo que se sienta en la tienda sin comprar mucho pero oyendo todo. Porque vea, aquí el que no oye, no vive… y el que oye y se queda callao, es cómplice.
Este es mi rincón, no de lujo ni de corbata, sino de esos donde uno se sienta a destapar verdades como quien destapa una pola fría. Aquí no hay filtro, ni hay miedo, porque lo que se dice en la calle también merece escribirse, así a algunos les pique… o les arda.
Así que acomódese, porque lo que viene no es chisme… es lo que ya todo el mundo sabe, pero nadie quiere decir.
¡Ave María pues, mi gente! Antes de meterme en el chisme sabroso de esta semana, déjenme decirles una vaina que me tiene con el corazón a mil: yo no quepo en estos trapos del orgullo que tengo encima, se me quedaron chiquitos y hasta me aprietan. Vea pues, mientras aquí en el pueblo andamos distraídos peleando por bobadas, por la política barata de siempre y por pendejadas que no dejan nada, resulta que allá arriba, en ese firmamento que uno mira de noche, hubo tres berracas colombianas poniendo el nombre de este platanal en órbita. Timoteo no es hombre de discursos finos ni de palabras rebuscadas, pero es que esto sí le hincha el pecho a cualquiera que tenga sangre en las venas.
Ese “paseíto al espacio” de la misión Artemis II, que muchos ni entienden y otros miran como si fuera una película, tuvo sello colombiano del fino, del que no se borra. No fue una, ni dos… ¡fueron tres mujeres! Y no cualquieras, no señor, que esto no fue suerte ni paseo de olla, fue talento del puro y parejo.
Tuvimos allá en Houston a la Diana Trujillo, mandando esa nave con una elegancia ni la más berraca, como quien maneja bus en hora pico por estas lomas, pero sin margen de error, ni de un milímetro, porque un fallo allá arriba es el adiós. También estaba la Sara Rengifo, que de pronto ni sale en la foto principal, pero sin el cerebro de esa mujer esa vaina se vuelve candela… literal, porque ella fue la que se craneó cómo hacer para que ese aparato no se desbaratara entrando a la Tierra como una bola de fuego. Y para cerrar con broche de oro, la Liliana Villarreal, firme allá esperando en la mitad del mar para recoger lo que venía del cielo, como quien dice: “tranquilos mijos, que yo los saco de ahí sanos y salvos”.
Y uno aquí, perdiendo el tiempo en rencores, creyendo que no somos capaces de nada grande. ¡No joda! Eso le digo yo, mi gente, el problema de nosotros no es que nos falte talento, es que nos sobra olvido y nos falta amor por lo nuestro. Casi nadie lo está contando como se debe, pero para eso estamos aquí, para que se sepa. Nos leemos pronto, porque aquí el que no oye, no sabe… y el que sabe y no habla, se jode.
¡Ave María pues, mi gente! Escuchen esto, porque mientras celebramos con el pecho inflado que nuestras mujeres mandan la parada allá en el espacio, aquí en el pueblo la cosa baja de las nubes y aterriza en un tierrero que da es grima. Timoteo, que tiene el oído fino y no se le escapa ni el vuelo de una mosca, oye, junta y cuenta; porque la verdad sea dicha: aquí hay talento de sobra pa' llegar a la Luna y ponerle bandera al espacio, pero cuando se trata de echarle un poquito de pavimento a una vía de nosotros… ¡ahí sí empiezan los misterios dignos de película de suspenso!
Me encontré por ahí con lo que soltó el exalcalde Luis Guillermo Velásquez, y vea… ese hombre no habló por hablar, le puso el dedo a la llaga y apretó. Dice el hombre que después de cinco meses de haber anunciado con bombos y platillos el arranque de esa pavimentación, él esperaba ver un despliegue de maquinaria pesada de la buena, volquetas haciendo fila para descargar, un batallón de gente uniformada y una señalización tan seria que hasta se viera de noche. Mejor dicho, una obra que se respete y que le dé altura al municipio.
Pero no, papá… la sorpresa fue otra y bien amarga. Lo que se ve hoy es una pobreza de arranque que da es pena ajena, un movimiento tan lánguido que uno se pregunta, como dijo él mismo: ¿será que por la temporada están en modo ayuno y penitencia? Es que ni una retroexcavadora con ganas se ve por ahí. Y ahí es donde a uno le entra el fresquito y la duda que pica como hormiga arriera; da pavor, como bien dice Luis Guillermo, que esa platica coja un camino equivocado, que se desvíe por senderos que no son la carretera y termine embolatada en el «limbo» de los proyectos eternos. Ese miedo no es gratis, que aquí ya nos han proyectado esa misma película repetida y con el mismo final triste.
Por eso les cuento, que ya en la esquina empezamos la novena a Sanchamuel a ver si por puro milagro esa obra sí la entregan a tiempo, bien hecha y sin más cuentos chimbos. Porque de promesas y primeras piedras estamos hasta el cuello, pero de resultados… más bien poquitos y embolatados. Así estamos en este contraste tan berraco: llegando a la Luna en sueños y misiones espaciales, pero tropezando y tragando polvo en la carretera del pueblo porque la plata parece que no encuentra el rumbo. ¡Qué cosa tan brava!
¡Mi gente! Vengan para acá y pongan la oreja bien atenta, porque les voy a desenredar este nudo ciego del centro de salud de San Félix, que eso no es cuento nuevo, ¡qué va!, eso ya viene con más vueltas que un trompo viejo en manos de un muchacho inquieto. Dicen por ahí, con bombos y platillos, que ahora sí que sí, que ya viene la obra, pero la verdad es que esa novela la venimos viendo desde hace rato y ya nos sabemos hasta los diálogos de memoria. Entre papeles que van y vienen, terrenos que parecen más enredados que un bulto de anzuelos y una plata que supuestamente siempre ha estado lista, la gente de San Félix ya no sabe si alegrarse o mejor echarse la bendición y desconfiar.
Pero ojo, que aquí es donde la puerca tuerce el rabo: que ahora no nos venga el modelito de la esquina del parque que se la pasa posando para Instagram, a decirnos con cara de santo que esa obra es gestión suya o que salió de su bolsillo generoso. ¡No me crean tan bendito! Eso no es cierto y aquí las cosas se dicen como son. Ese centro de salud no es un regalo de nadie, es el fruto de una acción de cumplimiento que la comunidad de San Félix tuvo que pelear. Es el resultado de una sentencia judicial que les obligó a moverse, porque por voluntad propia se habrían quedado sentados otros diez años.
Resulta que esta necesidad viene amarrada a esa pelea legal de hace años, donde un juez dijo clarito que el puesto de salud que hay actualmente no aguanta ni un sustico. El diagnóstico es grave: esa estructura no cumple con las normas de sismo resistencia, lo que en cristiano significa que si llega a temblar un poquito duro, nos quedamos todos mirando pa’l cielo. Cualquiera pensaría que con semejante peligro y una orden judicial encima la cosa sería volando, ¿cierto? ¡Pero qué esperanza!
Que si los terrenos no estaban legalizados, que si faltaba la firma, que si el papelito de la escritura… ¡una tramitadera tan berraca que da es mareo! Y mientras tanto, la plata ahí guardadita en el hospital Felipe Suárez, junto con aportes de la Territorial y la Alcaldía, quieta como agua de estanque. Entonces uno se pregunta con el ojo entrecerrado: si los pesos están y la ley los obliga, ¿qué es lo que ha faltado pues? Aquí lo que hay es una deuda sagrada con la comunidad. Así que, señor «modelo», ahórrese el discurso, que aquí sabemos que si hay obra es por la ley y no por su bonita cara. ¡La salud es para cumplirla y ya va siendo hora!
Recuerden, aquí el que no oye, no sabe… y el que sabe y no habla, se jode.
¡Ave María pues, mi gente! Vayan amarrándose los pantalones y ajustándose el sombrero, porque el aire ya empezó a oler a lo que todos sabemos: a campaña política de la brava. Yo ya voy echando cabeza y pensando en las elecciones del año entrante para la alcaldía de este cafetal, y les digo una vaina, lo que se viene es un tierrero que no se lo espera nadie. Ya se sienten las precandidaturas caminar por todos lados como ánimas en pena buscando un votico, y los movimientos están más calientes que tinto recién servido.
Por un lado, ahí tenemos al «Juanpis», que parece que tiene unas ganas berracas de volver a esconderse en ese palacio municipal que apenas está recién pintado. Pero ojo al detalle, que el hombre no viene solo; dicen que viene con el aval y la bendición del heredero de «Las Marionetas», el señor Octavio Cardona. ¡Vea pues qué junta! O si no, nos tocará calarnos al «malacoroso» de planeación, que según las malas lenguas, va a ser el gallo tapado del señor Posada. Sí, señores, el mismísimo esposo de la exalcaldesa Olga Constanza, esa que anda más perdida que una aguja en un pajar para no tener que darle la cara a la justicia. ¡Qué joyitas, no joda!
Y la cosa no para ahí, porque a Luis Eduardo ya le pusieron el ojo encima y lo marcaron de una vez. Lo soltó nada más y nada menos que el Ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, ese que ahora se las pica de «progresista» y del Pacto Histórico, pero que todos sabemos que es un capitalista de los bravos. Conociéndole el historial de embajador y funcionario de cuanto gobierno anterior ha pasado, uno se pregunta dónde quedó la herencia del Senador Alfonso Jaramillo, de doña Hilda y su hermano Mauricio. Esos son los riquitos del Líbano, Tolima, de toda la vida, y ahora el hombre nos sale con cuentos de revolución mientras tiene la salud de toda Colombia en un «veremos» que da miedo.
Ahora, para terminar de arreglar el cuadro, el Ministro nos sale prometiendo ambulancias para San Félix y para Salamina justo ahora que ya va a terminar su mandato. ¡Vea qué coincidencia tan berraca! ¿Será que esas ambulancias sí vienen o se van a quedar en el camino como tantas otras promesas de última hora? Yo de ustedes no me haría muchas ilusiones, que aquí el que no oye, no sabe… y el que se deja meter el dedo en la boca, ¡se jode! Así está la cosa, mi gente: mucho candidato, mucha promesa, pero el pueblo siempre en las mismas.
¡Ave María pues, mi gente! Ya para ir cerrando el bulto por hoy, a mí lo único que me quedan son un montón de preguntas dándome vueltas en la cabeza, porque lo que son respuestas… esas aquí aparecen menos que un billete de cien mil en bolsillo ajeno
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Vea, hablemos clarito: ¿Qué fue lo que pasó con el corregidor de San Félix? Sí, ese mismo, el «modelito de Instagram» que se la pasa posando y diciendo con esa propiedad que la cosa ya va andando, que la ESAP ya tiene los estudios en la mano y que todo va viento en popa, como si estuviéramos en Suiza. Pero ¡mentiras, señores! Resulta que la misma directora de esa institución, cansada de tanto cuento, salió a decir que allá no se está haciendo absolutamente nada, que nadie ha pedido ni un solo papel y que ese proceso está más quieto que una fila de banco un lunes festivo después de las cuatro de la tarde.
Entonces uno queda como… ¿es que nos están viendo la cara de bobos o qué es lo que pasa? ¿Será que estos señores están esperando a que la gente de San Félix se embejunque de verdad, se canse de tanta guachafita y les toque armar un bloqueo bien berraco en la vía para que por fin les paren bolas y cumplan la ley como Dios manda? Porque aquí, tristemente, parece que si no hay presión del pueblo, no hay acción del gobierno. La gente está cansada de comer de cuento y de que le pinten pajaritos de oro mientras los problemas siguen ahí, vivitos y coleando.
Y por el otro lado, dígame usted, para terminar de ajustar este tierrero… ¿qué pasó pues con la reconstrucción del teatro? ¿Esa vaina sí va a arrancar algún día o también se quedó en pura carreta de la fina? Porque lo que uno oye es puro anuncio de micrófono, pura foto con pose de «estamos trabajando» y de ladrillo puesto… ¡nada de nada! ¿Será que todo eso que salió a decir Mafe era puro cuento chino para calmar las aguas y que la gente se quedara tranquila un ratico? Es que ya no sabemos si creerle al anuncio o al silencio de las obras.
Así estamos hoy, mi gente, atrapados en ese limbo entre las promesas que no arrancan y las verdades que, cuando salen a la luz, incomodan a más de uno en el palacio. Nos vemos la próxima semana para seguir desenredando esta pita… porque aquí en Salamina, ya saben cómo es la cosa: el que no oye, no sabe… y el que sabe y no habla, ¡se jode!