Salamina Notas Cortas
La Revista de Caldas abre este espacio para el diálogo. Lo invitamos a compartir sus observaciones, porque la memoria colectiva se construye entre todos.La Revista de Caldas abre este espacio para el diálogo. Lo invitamos a compartir sus observaciones, porque la memoria colectiva se construye entre todos.
• Redes coloniales: cirugía a corazón abierto
Bajo las calles pavimentadas y balcones labrados de Salamina laten redes de barro y madera heredadas de otra época. Cambiarlas significa romper piedra, intervenir pisos protegidos, pedir permisos al Ministerio de Cultura y soportar la mirada recelosa de quienes temen que una retroexcavadora se lleve parte del alma del pueblo. Cada obra se convierte en cirugía a corazón abierto: necesaria para que el municipio siga vivo, pero siempre al borde de dejar cicatrices que el patrimonio no acepta fácilmente. La tensión entre modernización y conservación es constante, y cada fuga se convierte en dilema ético.
Los habitantes no quieren elegir entre agua y belleza. Exigen reparaciones que no destruyan la estética, pero también continuidad del servicio. Los candidatos al Congreso deberían comprometer recursos y normas específicas para que el municipio pueda intervenir sus redes sin quedar atrapado entre burocracia cultural y urgencia geológica. La crítica es clara: el patrimonio debe ser marco de intervención responsable, no excusa para la lentitud. Salamina necesita agua digna sin mutilar su historia, porque cada demora es amenaza de derrumbe y cada fuga, un recordatorio de que la memoria también se moja.
«Bajo los balcones pintados y las calles turísticas de Salamina late un subsuelo frágil: cada fuga de agua es un recordatorio de que la memoria patrimonial puede derrumbarse junto con la montaña.»
• Salamina: Patrimonio en riesgo por fugas invisibles
Salamina, la “Ciudad Luz” de Caldas, carga con una paradoja dolorosa: mientras sus balcones coloniales y calles traen turistas y discursos oficiales de conservación, bajo sus cimientos se esconde un drama que amenaza con sepultar la historia. Las redes de alcantarillado, hechas de gres y barro, filtran aguas negras al subsuelo y convierten cada fuga en un detonante de deslizamientos. Barrios como Palenque, El Playón y El Establo viven con el miedo de que la montaña ceda, mientras Corpocaldas instala muros y anclajes que apenas contienen la fragilidad del terreno. La comunidad sabe que cada gota perdida es un milímetro más de desplazamiento, un paso más hacia el derrumbe.
La indignación ciudadana es doble: se invierte en obras de conservación estética, se pintan fachadas y se celebran títulos de patrimonio, pero se descuida la infraestructura básica que sostiene la vida cotidiana. Empocaldas ha fallado en priorizar la renovación total de las redes, atrapada en la telaraña de la politiquería que convierte cada contrato en botín. Salamina es hoy el ejemplo más claro de cómo la desidia institucional puede sepultar la memoria de un pueblo. El agua, que debería ser símbolo de vida, se ha convertido en amenaza silenciosa.
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Tramo rural en la vereda El Yarumo, donde debería iniciar la obra adjudicada del corredor Salamina-La Merced. La quietud del paisaje contrasta con la expectativa ciudadana por ver maquinaria, avances y cumplimiento del contrato millonario aún sin publicar en SECOP.
• Contrato millonario en suspenso: dudas y exigencias ciudadanas
La adjudicación de la licitación pública LP-001-2025, destinada al mejoramiento y pavimentación del corredor Transversal de Caldas, etapa II, en el tramo Salamina-La Merced, por un valor cercano a los veinte mil millones de pesos, hoy genera más preguntas que certezas. Según la Ley 80 y los lineamientos de Colombia Compra Eficiente, tras la adjudicación el contratista dispone de 15 días hábiles para suscribir el contrato, con posibilidad de prórroga limitada. Sin embargo, el calendario oficial fijaba la firma para el 18 de noviembre de 2025, y a la fecha no se registra en SECOP la publicación del documento definitivo.
El consorcio “San Chamuel”, integrado por Fratelli S.A.S y Mavicon Construcción e Ingeniería S.A.S, recibió la adjudicación mediante la resolución #611 del 15 de noviembre, con la orden expresa de “notifíquese, publíquese y cúmplase”. Esa última instrucción parece aún pendiente de cumplimiento. La ciudadanía, que esperaba ver movimiento en la vía hacia La Merced, observa con preocupación la ausencia de actividad en el frente de obra.
Un lector lo resumió con ironía popular: “desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo”. La comunidad exige claridad inmediata y respeto por los términos legales, pues la transparencia no admite silencios prolongados ni excusas burocráticas.
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San Félix, corregimiento de Salamina, se levanta entre montañas con voz firme: su comunidad pelea por el nombramiento de un corregidor, símbolo de presencia estatal, justicia territorial y dignidad en la vida rural caldense.
• Corregidor en San Félix: decisión política
La discusión sobre la creación del cargo de Corregidor en San Félix no puede quedarse atrapada en la maraña de trámites y tecnicismos interminables. La Escuela Superior de Administración Pública ha señalado que existen guías, metodologías y acompañamientos gratuitos para municipios de quinta y sexta categoría, orientados a fortalecer la institucionalidad y modernizar las plantas de personal. Sin embargo, también advierte que estos apoyos están sujetos a procesos de priorización y selección rigurosa, lo que significa que no todos los municipios reciben asistencia inmediata y oportuna. En otras palabras, la técnica está disponible, pero no garantiza por sí sola la solución definitiva.
Lo que realmente define el futuro de este cargo es la voluntad política. La presencia de un corregidor en San Félix sería más que un ajuste administrativo: representaría un acto de justicia territorial y de reconocimiento a una comunidad que reclama voz propia y dignidad. Los estudios financieros, jurídicos y poblacionales son necesarios, pero sin decisión política se convierten en papeles archivados y olvidados. El reto está en transformar la necesidad en bandera, exigir recursos suficientes y convertir la institucionalidad en presencia real y efectiva. La técnica acompaña, pero la política decide. Y en San Félix, la decisión no puede seguir aplazándose indefinidamente.
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El patio de la antigua Normal María Escolástica, antes Colegio Pío XII, revive el glorioso pasado educativo de Salamina. Entre balcones floridos y corredores de historia, generaciones de estudiantes forjaron sueños y saberes. Hoy, su arquitectura y memoria siguen siendo símbolo de formación.
• Salamina pierde alumnos y presupuesto educativo
En Salamina, el aula se vacía y el presupuesto se encoge. El informe de rendición de cuentas 2025, presentado por Andrés Tamayo en el CERES, reveló una cifra que duele: de 4036 estudiantes en 2016, hoy quedan apenas 1994. La caída en la natalidad y el éxodo silencioso de familias han convertido las escuelas en ecos de lo que fueron. El Programa de Alimentación Escolar pasó de 3.415 beneficiarios en 2016 a solo 1950. Y aunque el municipio recibió $ 753.591.180 del Sistema General de Participaciones, el transporte escolar y la gratuidad de la educación se llevan algo mas de $500 millones, dejando migajas para calidad e infraestructura.
Pero más allá de los números, lo que se pierde es el futuro. Cada niño que no llega al aula es una historia que se desvanece, una comunidad que se empobrece. La educación gratuita ya no alcanza, y la calidad se resiente. Salamina enfrenta un doble reto: sostener lo que queda y reinventar lo que vendrá.
¿Quién responde por esta orfandad educativa? ¿Dónde están las políticas que abracen a los que aún creen en la escuela como refugio? La rendición de cuentas no puede ser solo un acto administrativo: debe ser un grito que convoque a todos.
Nota del Editor:
Haciendo honor al derecho de respuesta y rectificación consagrados en la ley, hemos procedido a realizar la corrección correspondiente. Agradecemos inmensamente las observaciones y la información complementaria que nos comparte el encargado de la Educacion en nuestro municipio sobre el comportamiento de la Educación en el Municipio. Es claro que en los datos consignados en la nota hubo un error de escritura por parte del colaborador que la envió. Así como lo señala el señor Tamayo, los valores exactos difieren, pero el sentido de la nota sigue siendo válido: lo importante es la proporción y la tendencia que se quiso destacar. En el asunto de las cifras, el autor redondeó los valores, pues en ese contexto no eran lo más relevante, sino la relación general que se muestra.
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“Las personas o entidades mencionadas en esta columna tienen derecho a respuesta. La Revista de Caldas invita a enviar su respuesta, descargo o rectificación, conforme a la ley y al derecho de rectificación en condiciones de equidad.”
• El Farol: obra pública hoy explotada privadamente
El Monumento al Farol, bautizado por muchos como “monumento a la chanchullería”, volvió a abrir sus puertas tras años de cierre. Más allá de quién lo administra —un conocido salamineño cercano al alcalde— lo que realmente importa es que se trata de una obra levantada con dinero público. Si fue construida con los impuestos de los habitantes de Salamina, ¿por qué ahora se les cobra a ellos mismos por ingresar? Ese cobro debería recaer en los visitantes, no en quienes ya aportaron para su construcción. El patrimonio colectivo no puede convertirse en un peaje para los propios contribuyentes.
El problema es aún más grave: los recursos generados parecen terminar en bolsillos privados, sin claridad sobre seguros obligatorios para accidentes, como exige la ley. Una obra que costó al municipio más de mil millones de pesos, marcada por sobrecostos, hoy se explota como negocio particular. El Farol debería enaltecer la memoria y la cultura de Salamina, no convertirse en símbolo de privatización disfrazada de turismo. La comunidad merece transparencia y garantías, no un patrimonio convertido en negocio de amigos.
Redacción La Revista de Caldas
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Dejenos sus comentarios, este es un espacio para ustedes.
Toda obra pública genera debate, y eso, bien gestionado, es señal de una comunidad viva y comprometida con su patrimonio. El Farol no es la excepción. Es una infraestructura levantada con recursos públicos, sí, pero también es una obra que durante años permaneció cerrada, sin uso, sin mantenimiento y, en la práctica, fuera del disfrute de propios y visitantes. El patrimonio abandonado no honra la historia; la historia se honra cuando se gestiona.
Hoy el Farol está abierto, operativo, con personal, horarios, control de acceso, atención al visitante y procesos básicos de sostenibilidad. Nada de eso ocurre por generación espontánea. Abrir un espacio implica costos permanentes: mantenimiento, seguros, operación, seguridad y gestión cultural. Pensar que todo eso puede sostenerse sin un modelo financiero es romántico… y poco responsable.
El cobro de ingreso no es un “peaje al contribuyente”, es una herramienta de sostenibilidad ampliamente utilizada en bienes patrimoniales del país y del mundo. Quien no quiera pagar, simplemente no entra; quien entra, accede a una experiencia turística y cultural que antes no existía. Y vale la pena recordarlo: durante años el Farol fue gratis porque estuvo cerrado.
Respecto a la administración, más allá de nombres propios, lo relevante es el resultado: un monumento activo, visible, incluido en la oferta turística, generando empleo local y dinamizando la economía. La alternativa no era un Farol público y gratuito; la alternativa real era un Farol cerrado, deteriorándose y convertido en anécdota de sobremesa.
Salamina tiene una tradición centenaria de resolver las cosas con trabajo, no con rumores. El Farol puede —y debe— mejorar en transparencia, comunicación y articulación institucional. Eso se construye con veeduría seria y diálogo, no con titulares que venden indignación pero no soluciones.
El futuro del patrimonio no está en la nostalgia ni en el señalamiento, sino en modelos de gestión claros, sostenibles y con control ciudadano. El Farol no es un negocio de amigos ni un símbolo de privatización: es una oportunidad. Y como toda oportunidad, exige rigor, reglas claras y menos chisme de pasillo.
Porque el patrimonio que no se gestiona, se pierde. Y Salamina ya ha perdido suficiente tiempo mirando el Farol desde abajo.
No veo en que le aporte algo al pueblo ese adefecio tan feo,mire no es más importante la educación de los niños.?.
Germán, la educación de los niños no solo es importante: es prioritaria, estructural y no se negocia. En eso estamos 100 % alineados, como política de Estado y como sentido común heredado de generaciones que levantaron este pueblo con escuela, cuaderno y disciplina.
Ahora bien, el desarrollo no funciona en modo “o esto o lo otro”. Salamina no tiene que escoger entre educación o turismo, entre libros o patrimonio. Las ciudades que avanzan entienden que el progreso es un portafolio diversificado: educación fuerte, cultura viva y economía local activa.
El Farol —le guste o no estéticamente a algunos, y el gusto también es respetable— no compite con la educación; la complementa. Genera empleo, atrae visitantes, mueve comercio y deja recursos que, bien gestionados, pueden y deben fortalecer otros frentes, incluida la educación. El patrimonio no da clases, pero sí paga impuestos, suelda cuadernos y mantiene gente trabajando.
Además, vale recordarlo con algo de humor estratégico: un pueblo sin educación se estanca, pero un pueblo sin actividad económica tampoco puede sostener escuelas. Hasta el mejor colegio necesita luz… y a veces un farol.
La discusión válida no es si cerramos el Farol para abrir un salón de clase —eso no ocurre así—, sino cómo logramos que cada peso que genere el turismo se traduzca en bienestar colectivo. Ahí está el verdadero reto, y ahí es donde todos podemos exigir más y mejor gestión.
Porque cuidar el futuro de los niños también implica que el pueblo donde crecen tenga oportunidades, identidad y algo más que nostalgias bien intencionadas.
Cordial saludo mi estimado Daniel Eleuterio, agradezco inmensamente su informe en lo concerniente al comportamiento de la Educación en nuestro Municipio, pero deseo realizar con el presente, unas impresiciones en la información suministrada a sus lectores, de acuerdo a mi exposición ante ese importante escenario en el cual se brindo una información sobre los procesos educativos le informo lo siguiente.
Los cupos del programa de alimentación escolar pasaron de 3415 en el 2016 a 1950 en la vigencia 2025 (no como lo expone su nota)
El comportamiento estadístico de matrícula, analizando las diferentes modalidades académicas paso de 4036 estudiantes matriculados en el 2016 a 1994 matriculados en la vigencia 2025 ( no como lo expone su nota)
En lo que corresponde a los recursos del sistema general de participaciones, se debe aclarar que éstos $ 753.591.180, al Municipio solo se le designan $ 208.043.195 de calidad, el resto es comprometido para gratuidad educativa, el cual se traslada a las Instituciones Educativas.
Agradecería inmensamente se realice de su parte la modificación del mencionado.
Un abrazo.
Andres Tamayo
C. Educación Mpal
Respetado amigo Andrés,
Cordial saludo.
Agradezco inmensamente sus observaciones y la información complementaria que nos comparte sobre el comportamiento de la Educación en el Municipio. Es claro que en los datos consignados en la nota hubo un error de escritura por parte del colaborador que la envió. Así como usted lo señala, los valores exactos difieren, pero el sentido de la nota sigue siendo válido: lo importante es la proporción y la tendencia que se quiso destacar. En el asunto de las cifras, el autor redondeó los valores, pues en ese contexto no eran lo más relevante, sino la relación general que se muestra.
Con todo gusto se hará la corrección solicitada. Permítame precisar, sin embargo, que no todos los textos publicados en La Revista de Caldas son escritos por este servidor en calidad de Editor. Cada artículo aparece firmado por su autor con el crédito respectivo. En el caso de las Notas Cortas, estas son enviadas por colaboradores ubicados no solo en Salamina sino también en distintos municipios del departamento. Yo respondo únicamente por los textos que llevan mi firma.
Las Notas Cortas se publican bajo la redacción de la Revista, pero se difunden tal como llegan. En cuanto a las secciones Caja de Resonancia, Timoteo, Argos y Chimila, se trata de seudónimos de colaboradores residentes en Manizales, Salamina y La Dorada, respectivamente.
Si alguna nota requiere rectificación, le ruego el favor de dejar la solicitud en la sección de comentarios y, adicionalmente, enviarla al correo electrónico egomezv@larevistadecaldas.com. Con gusto será reenviada al responsable de la sección para que realice la corrección correspondiente y se publique en el espacio respectivo.
Reitero mi agradecimiento por su interés en la precisión de la información y por el aporte que hace al debate educativo en nuestro municipio.
Cordial saludo,
Eleuterio Gómez Valencia
Editor – Codirector – La Revista de Caldas
Nota de la Dirección
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