El Rincón de Timoteo… candidatos de humo y promesas recicladas

¡Ave María, mi gente! Este tal JDV anda repartiendo candidaturas como confites, armando una lista de “futuros alcaldes” que da más risa que confianza. Entre prepotentes, reciclados, oportunistas y figuras sin peso real, queda claro que en Salamina sobran nombres, pero falta liderazgo serio, carácter firme y compromiso verdadero con el pueblo. Mucho ruido, mucha pantalla… pero pocas soluciones reales.

¡Salú, mi gente! Aquí Timoteo, su ojo avizor y lengua suelta, más atento que gallina en día de mercado y con la oreja parada pa’ que no se me escape ni el más mínimo chisme de este pueblo donde todo pasa… pero nadie quiere que se sepa. Ustedes ya me conocen: yo no me invento nada, yo solo cuento lo que veo, lo que oigo y lo que huele raro… y últimamente, ¡vea!, esto está oliendo más feo que pescado olvidao al sol.

Arranquemos con el modelito ese de la esquina del parque, el famoso alcalde Salamina, que se cree la última Coca-Cola del desierto y resulta que no es ni gaseosa tibia. ¡No, señor! Porque mientras él posa pa’ la foto y se da sus aires de grandeza, en San Félix la gente no se dejó meter los dedos a la boca. Allá el presidente de la JAL, con todo el corregimiento detrás, le mandaron un derecho de petición bien clarito: que explicara las promesas que tiró como arroz en boda el día del cumpleaños del pueblo.

¿Y qué hizo el alcalde? ¡Nada! Silencio más largo que fila de banco en quincena. La gente, que ya no come cuento, tuvo que irse por lo legal, meter tutela y ahí sí apareció la justicia, como debe ser. El juez, con la paciencia que ya se le estaba acabando, le dio 48 horas pa’ responder. Pero el señor, en vez de aclarar, mandó un enredo lleno de palabras raras, de esas que usan pa’ confundir y no decir nada.

Y claro, los de San Félix no son ningunos bobos. Volvieron donde el juez y le dijeron: “o responde claro o que responda bien”. Y otra vez, ¡pum!, 48 horas más. A ver si este burgomaestre aprende que gobernar no es hablar bonito ni esconderse entre papeles, sino dar la cara. Porque así como va, esto no es administración… esto es un bochorno con todas las letras.

Y hablando de mañas, porque este alcalde tiene más trucos que mago de circo barato, les cuento la joyita del transporte escolar… ¡una cosa que si no fuera triste daría risa! Resulta que la comunidad educativa ya estaba cansada, que los pelados sin transporte, que los papás bravos, que los profes preocupados… y se organizaron pa’ hacerle un plantón. Un plantón bien puesto, de esos que hacen temblar escritorios.

Pero vea la jugada del señor alcalde: el día antes del plantón, ¡zas!, adjudica el contrato de transporte escolar. Así, de repente, como quien se acuerda de pagar una deuda cuando ya le están tocando la puerta. Y entonces, ¡milagro!, el mismo día del plantón empieza a rodar el transporte. ¡Qué coincidencia tan conveniente!

Pero espere, que aquí viene lo mejor: ese día… ¡en San Félix, no había clases! Los niños no tenían que ir a la escuela. O sea, mandó buses pa’ nadie. ¡Jajajaja! No, no, no… esto ya es otro nivel de descaro. Una jugada pa’ la foto, pa’ decir “miren todo lo que hago”, cuando en realidad es puro humo.

Y pa’ rematar, en su discurso se llenó la boca diciendo que el contrato estaba en SECOP II. Mentira más grande que promesa de campaña. Mi amigo Mercurio, que no se le escapa ni una, revisó y eso no aparece ni en SECOP I ni en ninguna parte. O sea, puro cuento pa’ las redes, pa’ aparentar gestión.

Este alcalde no gobierna, mi gente… este alcalde actúa. Y mientras él arma el show, el pueblo sigue esperando soluciones de verdad. Porque con pantomimas no se estudia, no se vive y no se progresa.

Pero si ustedes creían que ya habíamos visto todo, agárrense duro porque lo de la Escuela Taller es de esos casos que le suben la presión a cualquiera. Resulta que el director de esa institución, un personaje que se cree intocable, tiene a mi compadre —el editor de esta revista— dando vueltas como trompo, esperando una respuesta que nunca llega.

Y no es cualquier cosa, no señor. Es un pago que le deben a un trabajador. Una deuda que ni siquiera es de esas millonarias que quiebran presupuestos. No. Es algo manejable, algo que se podría resolver con voluntad. Pero el señor director, en su infinita sabiduría (léase terquedad), prefiere dejar que el asunto escale a un pleito legal.

¡Imagínese usted! Prefiere que lo demanden, que el proceso avance, que el municipio termine pagando más plata por intereses y sanciones… todo por no responder un mensaje o sentarse a arreglar la cosa. Pero claro, como no sale del bolsillo de él, sino del erario, pues le da lo mismo.

Eso es lo que más indigna, mi gente. Esa tranquilidad con la que juegan con la plata pública, como si fuera de ellos. Como si no fuera de todos nosotros, los que pagamos impuestos y esperamos que las cosas se hagan bien.

Así no se dirige una institución, ni una escuela, ni nada. Eso es irresponsabilidad pura y dura. Y mientras tanto, el problema crece, se enreda y termina explotando… como siempre pasa cuando se gobierna con desidia.

Pero bueno, cambiemos de tema, que la política es un chisme que a veces sale caro… y otras veces sale carísimo, sobre todo cuando los que opinan creen que están iluminando al pueblo, pero lo que hacen es echarle más humo a la cosa. Porque vea, mi gente, hay un payaso en redes —sí, así como lo oye— que se cree el dueño de la verdad absoluta. El tal JDV, Juan de Veritas… o como se haga llamar ese personaje que apareció de la nada creyéndose analista, politólogo y hasta oráculo de elecciones.

Resulta que el hombre ya anda pronosticando quiénes van a ser candidatos a todas las alcaldías de Caldas, como si tuviera una bola de cristal escondida debajo del teclado. Y lo peor no es que opine —porque opinar es gratis—, sino que lo hace con una seguridad que asusta, como si estuviera revelando verdades divinas. Según parece, el “método” del señor es mirar los resultados de elecciones pasadas y de ahí sacar conclusiones como quien lee el horóscopo.

Y entonces arranca con Salamina… y ahí sí es donde el asunto se vuelve digno de circo. Porque el primero que menciona como “fijo candidato” es nada más y nada menos que el actual secretario de planeación, Juan Carlos Arias Gómez. ¡Jajajaja! No, no, no… uno no sabe si reír o preocuparse.
Un personaje con más fama de prepotente que de eficiente, con más cuentos que obras. ¿De verdad alguien cree que la gente va a salir emocionada a votar por él? ¿O será que piensa convencerlos con el mismo discurso con el que “arregló” el teatro… ese mismo que terminó con el techo cayéndose como castillo de naipes? No, mi gente… aquí lo que hay es mucho cuento y poca memoria.

Y es que si uno se pone a mirar con lupa la “gestión” de ese secretario eterno de planeación, la cosa no cuadra por ningún lado. Porque mientras se proyecta como futuro alcalde en la mente del tal JDV, la realidad es otra: ni siquiera ha sido capaz de mandar a limpiar un lote que cada día se deteriora más en pleno corazón del municipio. ¡Ah, pero eso sí! Pa’ la foto, pa’ la pose y pa’ aparentar, siempre hay tiempo.

Y ahí es donde entra otra joyita: el famoso dron. Sí, señor, ese aparato que supuestamente se compró pa’ labores de planeación… pero que uno ya no sabe si sirve más pa’ tomar imágenes técnicas o pa’ alimentar la propaganda institucional del alcalde. Porque aquí todo se mezcla: gestión, imagen y campaña… todo en la misma bolsa.

Pero espere, que la cosa no se queda ahí. Porque el “gurú” de redes sigue con su lista mágica y nos suelta otro nombre: el Secretario General, Don Franklin. ¡Jajajaja! No, esto ya parece rutina de comedia. ¿En serio estamos hablando de ese mismo funcionario que responde derechos de petición como si estuviera escribiendo trabalenguas legales?

Respuestas llenas de leguleyadas, vueltas, rodeos y palabras rimbombantes que no dicen nada. Uno lee esas respuestas y termina más confundido que al principio. Ahora imagínese usted a ese señor gobernando todo un municipio con ese mismo estilo… ¡nos hundimos, pero rápido! Más rápido que piedra en río crecido.

La verdad, mi gente, este JDV no está analizando… está improvisando. Y lo grave es que hay quienes le siguen el cuento como si fuera palabra santa.

Pero espérese, que el desfile de candidatos de fantasía no termina ahí. Porque el señor “De Veritas” sigue sacando nombres como mago de sombrero viejo. Y ahora resulta que también se perfila el expresidente del Concejo, Marino Murillo. ¡Por Dios bendito! Uno se pregunta seriamente: ¿con qué votos, con qué estructura, con qué respaldo pretende este señor meterse en esa carrera?

Porque, siendo sinceros, hay personajes que ni en la casa logran convencer… y este parece uno de esos. Dicen por ahí —y usted sabe que yo no invento— que ni la esposa le cree mucho cuando habla. ¡Imagínese el panorama! Y aun así, según el “analista”, es candidato firme. No, esto ya es otro nivel de fantasía política.

Y para rematar, aparece en la lista el “emperadorcito” Juan Pablo Ospina Rosas, apoyado —según dicen— por el congresista de las marionetas, Octavio Cardona. Otro personaje con ínfulas, con aire de grandeza, con ganas de repetir alcaldía como si esto fuera herencia familiar.

Y entonces uno se pregunta, con toda la ironía del caso: ¿será que no le alcanzó lo que consiguió en su momento y quiere otro round pa’ completar la cuenta? Porque ganas no le faltan, eso sí. Pero de ahí a que la gente le copie… hay un trecho largo.

Lo curioso es que todos estos nombres salen del mismo libreto improvisado de JDV, como si estuviera armando una novela más que un análisis serio. Y mientras tanto, el pueblo mirando, escuchando… y, esperemos, pensando.

Pero el espectáculo continúa, porque el señor “gurú” no se cansa y sigue ampliando su lista de “visionarios”. Ahora nos trae al eterno Luis Eduardo Ríos, que —según cuentan— ya está alistando la licencia en el hospital pa’ lanzarse a la campaña. ¡Ja! Como si con los votos del hospital le alcanzara pa’ llegar a la alcaldía.

¿O será que está haciendo cuentas con apoyos prestados? Porque también se murmura que hay favores cruzados, que si el concejal de San Félix, que si el puesto pa’ la novia… en fin, las típicas maromas políticas que creen que la gente no ve. Pero la gente sí ve, mi hermano… y cada vez más.

Después aparece el profe jubilado Héctor Fabio Álvarez, dizque candidato del partido verde. ¡Verde va a quedar, pero del susto! Porque administrar un municipio no es como manejar un salón de clase. Aquí no se borra el error con almohadilla ni se corrige con tiza.

Y tampoco falta doña Rocío Marulanda, otra que según el “analista” tiene posibilidades. Pero uno se pregunta: ¿con tapar huecos y dar papayita alcanza pa’ gobernar un municipio? Porque Salamina necesita más que remiendos… necesita visión, carácter y decisión.

Y ya pa’ cerrar, aparece el famoso “coronel” Naranjo. Y vea, aquí sí le digo: este sí me suena. No por militarismo ni nada de eso, sino porque lo que este pueblo necesita es orden, seriedad y mano firme. Alguien que no se deje manosear, que no juegue a la politiquería y que ponga las cosas en su sitio.

Ojalá, mi gente… ojalá aparezca alguien así. Porque entre tanto invento, tanto nombre al aire y tanto análisis de pacotilla… lo que menos estamos viendo es liderazgo de verdad.

Y mientras unos juegan a la política como si fuera campeonato de barrio, hay temas que sí duelen de verdad… como el abandono total de la cultura en este pueblo. Porque sí, señores, el Consejo Municipal de Cultura lleva más de tres años… muerto. No dormido, no pausado… muerto y enterrado.

Ni derechos de petición, ni tutelas, ni ruegos han logrado revivirlo. Y eso en un pueblo que se vende como cultural y turístico. ¡Qué contradicción tan berraca! Es como tener una biblioteca sin libros o una fiesta sin música.

Pero lo más grave es lo que me contaron mis fuentes: pa’ acceder a proyectos importantes con el Ministerio de Cultura, hay que presentar actas de ese consejo. ¿Actas de qué, si no existe? Es como pedirle sombra a un árbol seco.

Y uno se pregunta: ¿entonces cómo carajo hace? ¿Qué papeles mandan? ¿Qué inventos arman? Porque seguro algo torcido están haciendo… pero transparencia no es.

He visto cartas al Gobernador, a la Secretaría de Cultura, al Ministerio… y todas responden lo mismo: que no tienen injerencia. ¡Qué casualidad! Nadie puede, nadie sabe, nadie responde.

Y mientras tanto, los artistas, los gestores culturales, la gente que sí quiere hacer algo, queda en el limbo. Sin apoyo, sin estructura, sin nada.

Esto no es descuido… esto es abandono. Y ya es hora de que alguien le ponga el cascabel a este gato, porque la cultura no puede seguir siendo el adorno bonito que solo sacan pa’ la foto.

Y ya pa’ ir cerrando, mi gente —porque si sigo me amanezco— hay algo que no se puede dejar pasar: el homenaje a Monseñor Carlos Isaza Mejía, que en paz descanse. Un reconocimiento que debió hacerse como se manda desde el año pasado, en ese famoso bicentenario que prometía tanto… y terminó quedando en deuda.

Porque sí, hubo fiestas, conciertos, luces… pero memoria, poquita. ¿Dónde estuvieron los homenajes a los que hicieron grande este pueblo? ¿Dónde Rodrigo Jiménez, Daniel Echeverry, Efigenia Sierra y tantos otros?

Se gastaron una fortuna en eventos que se olvidaron al otro día, pero no hubo espacio pa’ honrar a quienes de verdad dejaron huella. Un bicentenario sin memoria es como un brindis sin motivo.

Y eso duele, porque un pueblo sin memoria es un pueblo que no sabe pa’ dónde va. Que repite errores, que olvida lecciones, que se queda en la superficie.

Pero bueno, no todo está perdido. Todavía estamos a tiempo de hacer las cosas bien, de reconocer a quienes lo merecen, de darle valor a nuestra historia.

Así que pilas, mi gente. Que no nos sigan vendiendo ruido por legado.

Nos vemos la próxima… si el alcalde no nos da más material, que con él uno nunca sabe.

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