Salamina despide a Efigenia Sierra, matrona que dejó huella social, cultural y humana en su tierra y su gente.
Hay despedidas que no caben en unas pocas líneas. Hay nombres que, cuando se pronuncian, traen consigo una historia entera, una forma de ser, una manera de habitar el mundo. El de Efigenia Sierra de Londoño es uno de ellos. Su partida deja un silencio profundo, pero también una huella imposible de borrar en la memoria de Salamina y en el corazón de quienes la conocieron.
Efigenia fue, ante todo, una mujer profundamente salamineña. De esas que no solo nacen en una tierra, sino que la llevan consigo a donde quiera que van. Amaba entrañablemente su tierra niguatera, la defendía con orgullo y la representaba con una elegancia natural que no necesitaba artificios. En su manera de hablar, en su sonrisa franca, en su energía constante, estaba presente ese espíritu cálido y firme que caracteriza a las grandes mujeres de nuestra región.
Pero además de ese amor por su origen, Efigenia fue una mujer de acción. Emprendedora, decidida, con una visión clara del papel que podía desempeñar en su tiempo, supo abrirse camino en espacios que exigían carácter y liderazgo. No es un dato menor que haya sido la primera gerente del Banco Caldas en Salamina, un logro que habla no solo de su capacidad profesional, sino también de su determinación en un contexto donde no siempre era fácil para una mujer ocupar posiciones de dirección.
Su trabajo fue reconocido de tal manera que posteriormente fue trasladada a ejercer el mismo cargo en la capital del país. Allí continuó su labor con el mismo compromiso y responsabilidad que la caracterizaban, dejando el cargo en Salamina en manos de quien hoy es codirector de esta casa editorial, José Luis Gutiérrez Noreña. Ese relevo no fue simplemente administrativo: fue la continuidad de una manera de hacer las cosas con seriedad, con respeto y con vocación de servicio.
Sin embargo, reducir la vida de Efigenia a sus logros profesionales sería quedarse corto. Porque si algo la definió fue su permanente interés por el bienestar de los demás. Fue una mujer que entendió que el verdadero liderazgo no se mide solo en cargos, sino en la capacidad de transformar la vida de una comunidad.
Quienes la conocieron saben que su compromiso con el mejoramiento social de sus coterráneos no fue un discurso, sino una práctica constante. Siempre estuvo atenta a las necesidades de su gente, buscando caminos, generando oportunidades, impulsando iniciativas que aportaran al desarrollo de Salamina.
Uno de los recuerdos más vivos que quedan de su paso por la vida es la fundación de la Tuna salamineña, una iniciativa que trascendió lo cultural para convertirse en símbolo de identidad. Bajo su impulso, esta agrupación no solo representó a la ciudad en distintas regiones de Colombia, sino que llevó consigo el alma de Salamina: su música, su alegría, su sentido de pertenencia.
Pero también fue un espacio donde se exaltó la belleza de la mujer salamineña, una belleza que Efigenia encarnaba con naturalidad. No se trataba únicamente de estética, sino de actitud, de presencia, de orgullo por lo propio. La Tuna fue, en muchos sentidos, una extensión de su personalidad: vibrante, auténtica y profundamente arraigada en su tierra.
Ya en Bogotá, lejos geográficamente pero nunca emocionalmente de Salamina, Efigenia continuó su labor con la misma pasión. Se convirtió en una de las impulsoras del desarrollo de la colonia de salamineños residente en la capital, entendiendo que la identidad no se pierde con la distancia, sino que se fortalece cuando se comparte.
Junto a Freddy Gómez Duque, fue y sigue siendo motor de una de las iniciativas más nobles y significativas: la campaña para enviar regalos de Navidad a los niños salamineños. Un gesto que, más allá de lo material, representa un puente afectivo entre quienes están y quienes tuvieron que irse, entre el recuerdo y la esperanza.
Su liderazgo también se reflejó en acciones concretas que dejaron impacto tangible. Gestionó para la colonia la consecución de un importante número de máquinas de coser, que permitieron crear la sección de confecciones de la Escuela Taller de Caldas. Este no fue un logro menor: significó oportunidades reales de formación y trabajo para muchas personas, especialmente mujeres, contribuyendo al fortalecimiento del tejido social.
Efigenia entendía que el desarrollo no es una palabra abstracta, sino algo que se construye con herramientas, con educación, con oportunidades. Y en ese camino, dejó una marca clara.
Hoy, al recordarla, no se puede hablar solo de lo que hizo, sino de lo que fue. Una mujer alegre, cercana, de trato amable, de sonrisa generosa. Una presencia que iluminaba los espacios y que hacía sentir a los demás valorados, escuchados, acompañados.
Su legado no está únicamente en las instituciones que ayudó a fortalecer o en los proyectos que impulsó. Está, sobre todo, en las personas que tocó, en las vidas que transformó, en el ejemplo que deja para las nuevas generaciones.
La partida de Efigenia Sierra de Londoño no es solo una pérdida para su familia y sus seres queridos. Es una pérdida para Salamina, para su historia, para su identidad. Pero también es una oportunidad para reconocer, en toda su dimensión, la vida de una mujer que supo honrar su origen y servir a su gente.
Desde la Revista de Caldas, en cabeza de José Luis Gutiérrez Noreña y Eleuterio Gómez Valencia, expresamos nuestro más profundo pesar por su fallecimiento, pero también nuestra infinita gratitud. Gratitud por su ejemplo, por su entrega, por su compromiso inquebrantable con su tierra y con su gente.
Efigenia no se va del todo. Permanece en cada recuerdo, en cada historia compartida, en cada iniciativa que ayudó a sembrar. Permanece en la memoria viva de una ciudad que hoy la despide con respeto, con cariño y con la certeza de que su legado seguirá iluminando el camino.
Porque hay personas que no mueren: se quedan para siempre en la historia de su pueblo.
Un comentario
Totalmente identificado con lo expresado Efigenia Sierra de Londoño fue una mujer maravillosa, comprometida ejemplo de la mujer Salamineña, su recuerdo permanecerá en todos nuestros
s los que la conocimos