Fernando Macías Vásquez, cronista mayor de la memoria de Salamina

La obra de Fernando Macías Vásquez revive la historia de Salamina con rigor, sensibilidad y una prosa que mezcla crónica y poesía. Entre archivos, memorias y relatos, sus libros reconstruyen dos siglos de vida regional, personajes y tradiciones, consolidándolo como una voz esencial para entender la identidad cultural del municipio patrimonio.
Lanzamiento de Libros Fernando Macias

Dos Obras y un Autor

Le correspondía a Fernando Macías esa tarea al ser el albacea de esa historia de Salamina y ser él ese eslabón vivo que une lo pasado con lo presente. (Pedro Felipe Hoyos Korbel. Director Hoyos editores)

Cuando se tiene el privilegio de visitar la casa de Fernando Macías Vásquez, el encuentro se da en una exclusiva sala de recibo, una inmensa biblioteca, donde cohabitan libros, revistas, periódicos…todos relacionados con Salamina y su acontecer histórico. Transpira él amor por su patria chica y lo manifiesta en diversos artículos que recogen episodios, personajes, testimonios, anécdotas sin sesgos ni alteraciones. La fidelidad con los hechos es su impronta.

Con un fuerte apretón de manos, que se transforma en un sentido abrazo, inicia una travesía imaginaria por distintos instantes del acontecer regional, como eje de la conversación que uno, como visitante, quisiera no acabar. Su obra escrita es la prolongación de esas charlas. Por ello, el reencuentro con Macías V. el pasado 19 de marzo en AGORA Café- Libro en Manizales, para hablar sobre sus últimas obras: “Salamina, doscientos años de historia” y “Picotazos”, fue un retomar de la charla pospuesta. En sus libros no solo enriquece al lector con datos sobre la historia local, sino que en la amena prosa se intercalan palabras que hacen visible al poeta que lleva en su interior.

Fernando Macías Vásquez es un historiador, escritor y restaurador salamineño cuya obra se ha convertido en referencia obligada para comprender la historia del municipio patrimonio de Colombia. Formado en el diálogo entre documento, periódico y memoria oral, Macías Vásquez ha consolidado una biblioteca archivo que alberga muchos periódicos, cientos de libros y abundantes documentos, convirtiendo su casa en un centro de investigación y divulgación histórica. La obra Salamina, doscientos años de historia (Hoyos Editores), es un recorrido riguroso y ameno por dos siglos de fundación, colonización, economía cafetera y vida urbana, pensado como aporte al bicentenario recién conmemorado, no obstante defender la tesis de que la fundación del municipio data del año 1827.

Una muestra del tono en el que está escrito este texto, donde se mezcla el relato con la poesía, lo podemos encontrar en fragmentos como éste: “Terciaron sus bueyes con lo que les era indispensable y el tiple de sobernal. En la tarde, se templaban las toldas al son de los bambucos y con amor se alistaba el campamento que se levantaría al día siguiente. Después de entonar una plegaria y a la luz de un viejo candil se iluminaba la palabra que con sílabas de oro acordaba la bitácora reunido el consejo familiar y, muy temprano, con los nacientes trinos de la aurora se reinicia la jornada.” (Págs. 18 y 19)

También hace denuncias sobre “la depredación patrimonial” acontecida en épocas previas a la declaratoria de monumento nacional del casco urbano de Salamina y sus inmuebles, en los siguientes términos: “Entonces se impone la piqueta y hace carrera la arrasocracia. Instante de estupidez caóticamente colectiva del que no nos repondremos los salamineños y en el que participaron con entusiasmo muchas personalidades locales. Los hermosos y bien trabajados portones con monumentales cornisas fueron reemplazados por puertas de lámina férrea, los imponentes aleros por fachadas sin gracia, los balcones y puertas tribuna, por ventanas metálicas y vidrio; afortunadamente por factores económicos se detuvo el arrasamiento de nuestra arquitectura algunos años después.” (Pág. 156).

Otro detalle mayor de esta publicación es que las fotografías e ilustraciones son del talentoso artista local Fernando Rodríguez, cultor silencioso de las artes nobles.

La cita anterior parece una premonición con el acontecer moderno y que fue evidente en la celebración del año 2025 (Bicentenario) donde los eventos de tradición y alegóricos de nuestro pasado lustroso, ocuparon un segundo plano. Muy pocas fueron las actividades dignas de elogio y ojalá, tomamos el término en préstamo, la “arrasocracia cultural” no se imponga.

Para destacar, el concurso patrocinado por “Salamina Ciudad Luz Alumbrado Público”, quien editó la obra ganadora “PICOTAZOS”, autoría de Macías V. presentada a los lectores en la misma reunión en AGORA, café-libro.

Picotazos, una colección de crónicas biográficas que recupera a personajes centrales del arte, la literatura, la filosofía, la política y la vida religiosa de Salamina, como Ricardo Tirado Macías, Fernando Mejía Mejía, Rubén Sierra Mejía y Leonidas Amaya.

Capítulo especial para un personaje de poca mención en las crónicas y conferencias conmemorativas, “Tigreros”, Jesús María Ocampo Toro, subtitulado como “Otro fundador” a quien se atribuye la fundación de la ciudad milagro, Armenia, antes Villa Holguín, el 14 de octubre de 1889.

Un detalle que no se puede dejar pasar es que el prólogo de Picotazos fue escrito por Héctor Cataño Trejos en 2012, docente que dedicó gran parte de su misión a difundir y exaltar los valores culturales de Salamina.

El autor en compañía de Ana E. Muñoz, representante legal de AGORA, Café-Libro. Al fondo, Pedro Felipe Hoyos, editor de una de las obras.

El último capítulo de la obra comentada, la dedica el autor a la pila fuente de Salamina, con relato detallado de las circunstancias que se dieron en torno a su consecución y el simbolismo que encierra este monumento que carga su propia leyenda.

En palabras del autor, este es el primer tomo de “PICOTAZOS” y quedamos expectantes para los siguientes. Material valioso tiene en abundancia, no queda la menor duda.

Entre archivos y páginas, Fernando Macías Vásquez se erige como cronista mayor de un territorio donde la historia local se vuelve humanidad, resistencia y belleza cotidiana.

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