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Timoteo: de Grecia a San Félix, chismes y nombres que ya suenan en Salamina

Timoteo recorre Salamina con la oreja parada: qué trajo realmente el hermanamiento con la Salamina griega, la polémica política en el Encuentro de la Palabra, las dudas sobre el proyecto ganador en la Casa de la Cultura y los primeros nombres que ya suenan para la Alcaldía.

De Salamina a Salamina… pero ¿qué viene dentro de la maleta?

¡Ave María, pues! Volvió Timoteo, y esta vez tuvo que sacar el mapamundi, buscar a Grecia, atravesar imaginariamente el Atlántico, pasar por Atenas y terminar montado en un ferry rumbo a otra Salamina. Porque resulta que mientras aquí todavía tenemos problemas que no necesitan pasaporte para encontrarlos, nuestra Salamina anda estrechando manos a unos cuantos miles de kilómetros de distancia. Y como aquí no somos enemigos de que Salamina mire hacia el mundo —¡faltaba más!—, tampoco vamos a aplaudir simplemente porque aparezcan una bandera colombiana, una griega, dos alcaldes sonrientes y una palabra muy elegante llamada «hermanamiento». Porque una cosa es tener hermanos y otra muy distinta saber para qué sirve la familia.

El Gobierno de Caldas dice que el acercamiento pretende abrir posibilidades en turismo, cultura, educación y desarrollo económico. Muy bien. Esa es precisamente la razón por la cual Timoteo empezó a preguntar: ¿cuántos turistas podrían venir? ¿Qué productos concretos comprarían? ¿Quién los compraría? ¿Qué empresas están interesadas? ¿Qué universidades participarían? ¿Qué proyectos quedaron planteados? ¿Cuánto cuesta la misión? ¿Quién paga? ¿Qué compromisos verificables regresan en la maleta? Porque para una fotografía no hace falta cruzar medio planeta.

Y aquí empieza lo interesante. La Salamina griega no es una potencia económica perdida entre las islas del Egeo. Es un municipio de 37.220 habitantes, pegadito al área metropolitana de Atenas, comunicado permanentemente por ferry con el continente y promocionado oficialmente, sobre todo, como destino cercano por sus playas, patrimonio histórico y atractivos culturales. Entonces la pregunta incómoda no es si el hermanamiento suena bonito. Suena precioso. La pregunta es qué obtiene Salamina, Caldas, de todo esto. Porque por estos lados la gente ya empezó a hacer cuentas, a recordar otros viajes internacionales y a preguntarse si estamos construyendo relaciones internacionales con resultados medibles… o simplemente una colección de ceremonias, fotografías y buenos deseos. Y cuando el pueblo empieza a preguntar, Timoteo escucha.

¡Acomódense, pues, porque hoy este rincón viene con pasaporte, café cargado y la lengua bien despierta! Y el primer chisme comienza precisamente allá, al otro lado del Atlántico…

Bueno, mis cuates, después de tanto avión, tanta fotografía, tanto apretón de manos, tanto hermanamiento y tanta sonrisa internacional, Timoteo se quedó esperando frente al parque a ver qué descargaban de la maleta cuando regresara la comitiva. Yo pensé que de pronto venía un ferry, porque como la otra Salamina vive atravesando gente por mar, a lo mejor nos mandaban uno para ponerlo a navegar entre La Merced y San Félix cuando las carreteras se ponen malas. Esperé otro rato. Nada.
Entonces pensé: seguramente vienen unos cuantos astilleros griegos. Eso sí sería progreso. Uno en el parque de Bolívar, otro detrás de la Casa de la Cultura y un tercero en el Alto de La Palma. El pequeño inconveniente es que nos faltaría el mar, pero eso seguramente queda para un segundo convenio.

—¡Timoteo, no sea bruto! —me gritó un vecino—. Lo que van a traer son turistas.

¡Ahhh! Ahí sí me tranquilicé. Me senté a esperarlos. Uno, dos, tres días… y todavía no he visto aparecer por la Calle Real al primer griego preguntando dónde queda la Basílica, buscando hospedaje para veinte días o comprando panela para llevarle a la familia.

Entonces pensé que de pronto el negocio era el café, y ya me imaginaba los barcos saliendo del puerto de Salamina cargados con café salamineño rumbo al Mediterráneo. Después recordé nuevamente el pequeño detalle del mar. ¡Carajo, todo se nos complica por geografía!

Así que decidí esperar el informe oficial. Porque alguna cosa concreta tendrá que venir de semejante travesía: compradores, operadores turísticos, intercambios culturales, convenios educativos, mercados para nuestros productos, inversiones, proyectos o siquiera una hoja de ruta con fechas, responsables y metas. Porque si después de atravesar el Atlántico lo único que llega son fotografías, abrazos, placas conmemorativas y discursos diciendo que «se fortalecieron los lazos de amistad», pues tendremos un hermanamiento muy bonito… pero todavía tendremos que preguntarnos dónde quedó el hermano cuando haya que ayudar a cargar el mercado. Y hablando de cargar cosas…

De Grecia pasamos a la Casa de la Cultura

Mis cuates, guarden el pasaporte porque ahora no necesitamos viajar tan lejos. La siguiente parada queda aquí mismo, en Salamina. En estos días se realizó el Encuentro de la Palabra, una actividad que por su propio nombre invita a imaginar literatura, pensamiento, música, poesía, conversación y diversidad de ideas. Pero varios asistentes le echaron el cuento a Timoteo y aseguran que, por momentos, aquello tomó un rumbo bastante distinto. ¡Y aquí fue cuando a este viejo se le pararon las orejas!

Según esas versiones, el compadre Esmaragdo y algunos de los participantes aprovecharon intervenciones realizadas en la Casa de la Cultura para entrar de lleno en asuntos políticos, con críticas muy fuertes al presidente de la República y comentarios contra sectores identificados con la derecha. Timoteo no estuvo metido debajo de cada silla tomando apuntes y, mientras no aparezcan grabaciones completas o testimonios verificables, no va a poner entre comillas palabras que no haya escuchado. Pero sí puede hacer una pregunta que vale para la izquierda, para la derecha, para el centro y para cualquier color político: ¿debe un encuentro cultural organizado o realizado en un espacio público convertirse en tribuna partidista?

Porque una cosa es hablar de política —la cultura puede y debe discutir el país, el poder, la desigualdad, la historia y hasta al gobierno de turno— y otra muy distinta sería utilizar un acto cultural institucional para descalificar a quienes piensan diferente. La Casa de la Cultura es de todos: del que votó por la izquierda, del que votó por la derecha, del que votó por el centro, del que anuló el voto y hasta del que ese domingo prefirió quedarse tomando café y no votar por nadie.

Por eso a Timoteo no le preocupa que alguien tenga ideas de izquierda, de derecha o de donde le dé la gana. Lo preocupante sería que un escenario que debe servir para encontrarnos terminara convertido en una reunión donde solo una manera de pensar tiene micrófono y las demás sirven de blanco. Y tampoco vamos a comprar ese cuento facilista según el cual quien tiene más es malo, quien tiene menos es bueno, o viceversa. Hay gente decente y sinvergüenzas con plata y sin plata, a izquierda y derecha. La cultura debería servir precisamente para superar esas caricaturas.

Así que Timoteo deja una preguntica encima de la mesa: ¿fue aquello realmente el Encuentro de la Palabra… o hubo un momento en que la palabra cultural terminó convertida en discurso político? ¡Ave María, mis cuates! Porque si seguimos así, para el próximo acto cultural no vamos a necesitar músicos ni escritores. Vamos a tener que pedirle prestado el atril al Concejo Municipal.

¡Ave María, mis cuates! Después de Grecia y después del Encuentro de la Palabra, Timoteo creyó que por hoy podía guardar la libreta. Pero le llegó otro cuento. Y este viene con convocatoria, proyecto ganador y una pregunta que anda dando vueltas entre artistas y gestores culturales de Salamina.

Resulta que la Secretaría de Cultura de Caldas publicó los resultados del Programa Departamental de Iniciativas Culturales para Entidades y Agentes Culturales 2026. No estamos hablando de un concurso inventado en la tienda de la esquina: la Gobernación informa que participaron 89 iniciativas, 49 superaron los requisitos habilitantes y fueron escogidos 27 proyectos, uno por municipio. ¿Y cuál ganó por Salamina? Pues uno con un nombre que hasta suena bonito: «Proyecto artístico y biocultural: San Félix, territorio vivo». Eso está escrito, negro sobre blanco, en el listado oficial de la Gobernación.

Hasta ahí, ninguna rareza. Es más: si llegan recursos, actividades culturales y trabajo comunitario a San Félix, Timoteo sería el primero en aplaudir. Pero resulta que comenzó a sonar la preguntadera: ¿y en San Félix quién conoce el proyecto? Porque personas consultadas en el corregimiento aseguran no saber todavía de qué se trata, quiénes participarán, qué actividades contempla ni cómo será involucrada la comunidad. Y ahí fue donde al viejo le comenzó a picar la curiosidad.

Un artista salamineño relata que, poco antes del cierre de la convocatoria, preguntó cuántos proyectos habían recibido aval municipal y que, según su versión, le respondieron que solamente estaba el suyo. Cuenta además que tuvo que insistir bastante para conseguir ese trámite. La convocatoria se cerró. Pasaron los días. Y después —según la información que comenzó a circular localmente— se habló ya no de uno sino de tres proyectos provenientes de Salamina. Y, curiosamente, el ganador terminó siendo otro.

Ahora, muchachos: que un proyecto aparezca al final no significa que haya irregularidad. Que gane otro tampoco demuestra absolutamente nada. Las convocatorias se ganan y se pierden, y la Gobernación afirma que la evaluación estuvo en manos de cinco jurados de diferentes áreas artísticas. Pero cuando las versiones no coinciden, lo que corresponde no es inventar culpables. Lo que corresponde es mostrar los documentos.

Por eso Timoteo tiene unas pregunticas muy sencillas para la Casa de la Cultura y para la Alcaldía: ¿cuántos proyectos de Salamina recibieron aval? ¿En qué fechas fueron expedidos esos avales? ¿Quién los solicitó? ¿Los tres proyectos tuvieron exactamente el mismo procedimiento y las mismas oportunidades? Y otra más: ¿en qué consiste exactamente «San Félix, territorio vivo» y cómo participó la comunidad de San Félix en su formulación? Porque si el proyecto lleva el nombre de San Félix, sería bastante curioso que San Félix fuera el último en enterarse.

Ahora viene el pedacito más sabroso del cuento. Por ahí también circula una versión sobre posibles vínculos familiares entre una persona relacionada con la iniciativa ganadora y la dirección de la Casa de la Cultura. Pero ahí Timoteo frena en seco. Eso no lo vamos a afirmar mientras no tengamos documentos. Aquí no se condena a nadie por parentescos, rumores ni conversaciones de parque. Pero precisamente porque el comentario está circulando, las instituciones pueden acabar con él de una manera muy fácil: haciendo públicos los avales expedidos, sus fechas, las solicitudes recibidas, los nombres de los proponentes y el procedimiento seguido. ¡Santo remedio! Porque cuando todo estuvo bien hecho, la transparencia no perjudica a nadie. Al contrario: protege a quien ganó limpiamente.

Y Timoteo termina con una última preguntica: ¿será que podemos conocer el proyecto completo antes de que llegue el informe de octubre, para que los propios habitantes de San Félix sepan qué se va a hacer en nombre de su territorio? Porque «San Félix, territorio vivo» suena muy bonito. Ahora falta que San Félix sepa cómo va a vivirlo.

¡Ave María, mis cuates! Después de Grecia, de la Casa de la Cultura y de aquel «territorio vivo» que tendremos que seguir vigilando para saber cómo cobra vida, me faltaba meter la cuchara en la olla que ya comienza a hervir por todos los rincones de Salamina. Porque falta bastante para las elecciones, pero aquí ya comenzaron los nombres, las sonrisas, las caminadas, los saludos, las fotografías y esa repentina epidemia política que hace que algunos descubran que los campesinos existen precisamente cuando empieza a acercarse una campaña. ¡Qué enfermedad tan periódica!

Por ahora no estamos hablando de candidaturas oficiales. Estamos hablando de los nombres que se escuchan en la calle. Y uno de los primeros es el del coronel retirado Néstor Naranjo. A Naranjo se le oye mencionar con frecuencia y tiene ciudadanos que valoran precisamente su formación, disciplina y trayectoria. Pero también aparecen quienes plantean una pregunta perfectamente válida: ¿el estilo de gobierno que necesita Salamina debe construirse alrededor de la autoridad y la mano firme o necesita combinar eso con diálogo, administración, sensibilidad social y capacidad para concertar? Porque administrar un municipio no es comandar un batallón. Pero tampoco es repartir sonrisas. Así que, si Naranjo termina entrando nuevamente en la competencia electoral, tendrá que explicar cuál sería el Naranjo administrador, más allá del coronel que buena parte del municipio ya conoce.

Otro nombre que se ha mencionado es el del director del hospital. Pero por ahora, mis cuates, Timoteo lo deja quietecito. ¿Por qué? Porque alrededor del hospital comienzan a circular comentarios delicados y este viejo podrá ser chismoso, pero no irresponsable. Mientras no haya papeles, decisiones oficiales, denuncias radicadas o hechos verificables, no vamos a convertir rumores en noticias. Así que ese nombre queda temporalmente en la banca. Si aparecen documentos, hablaremos.

Y aparece también Juan Pablo Ospina Rosas, que ya sabe perfectamente dónde queda el despacho porque fue alcalde de Salamina en el período anterior al actual gobierno. A Ospina se le vuelve a ver recorriendo veredas, conversando con campesinos, estrechando manos y luciendo ese sombrero aguadeño que ya prácticamente podría tener cédula electoral propia. ¿Es campaña? Él sabrá. Timoteo solamente cuenta que por ahí vuelve a escucharse su nombre. Y como ya gobernó, si decide buscar nuevamente la Alcaldía tendrá una ventaja y al mismo tiempo una carga: ya existe una administración suya que los ciudadanos pueden revisar. No necesitará explicar únicamente qué promete. También podrán preguntarle qué hizo, qué quedó pendiente, qué funcionó y qué no funcionó durante su paso por el gobierno municipal.

Más interesante todavía está la señora concejal, que continúa apareciendo en videos y publicaciones acompañando actividades sociales y mostrando beneficiarios. Aquí Timoteo vuelve con una cantaleta que ya conocen: ayudar a la gente es maravilloso, pero una persona vulnerable no debería convertirse en escenografía electoral de nadie. Ni de izquierda. Ni de derecha. Ni del centro. Y si la señora concejal finalmente decide aspirar a la Alcaldía, habrá preguntas legítimas sobre preparación, experiencia administrativa, equipo de trabajo y programa de gobierno. No porque un título universitario convierta automáticamente a nadie en buen alcalde —la historia está llena de profesionales que administraron mal y personas sin grandes pergaminos que hicieron buenos gobiernos— sino porque manejar un municipio exige conocimientos, equipos competentes y capacidad para tomar decisiones sobre presupuestos, contratación, salud, educación, infraestructura y gestión del riesgo. Así que menos videos y más propuestas sería un buen comienzo para cualquiera que aspire.

¡Pero espérense, porque faltaba uno! Por los corredores políticos volvió a aparecer un nombre conocido: Luis Germán Noreña García. ¡Ave María! Ese no necesita mapa para encontrar la Alcaldía. Noreña ya gobernó Salamina entre 2007 y 2011 y regresó para el período 2016-2019. Y ahora vuelve a mencionarse una eventual tercera aspiración. ¿Será?

Timoteo no va a decirles a los salamineños si deberían elegirlo o descartarlo. Eso sería tratar a los lectores como menores de edad. Pero precisamente porque existen dos gobiernos anteriores suyos, aquí tampoco caben campañas construidas solamente con abrazos, recuerdos y fotografías. Si vuelve a aspirar, hay una tarea periodística sabrosísima: poner sobre la mesa las cuentas de sus dos administraciones. Cuánto recibió el municipio. Cuánto debía. Cuánto quedó debiendo. Qué obras entregó. Qué proyectos quedaron. Qué resultados obtuvo. Y después que cada ciudadano saque sus propias conclusiones. Eso sí sería una campaña interesante. Porque esta vez Timoteo quisiera ver menos política de sombrero, video, abrazo y palmada… y más candidatos sentados delante de los números explicando qué quieren hacer con Salamina.

Por ahora son apenas nombres que empiezan a rodar. Unos sonarán fuerte. Otros desaparecerán. Alguno que hoy nadie menciona puede terminar apareciendo. Y seguramente todavía faltan varios por salir del monte, de la oficina, del hospital, del Concejo o de alguna cafetería. Así que tranquilos, mis cuates. Timoteo tiene la oreja parada. Aquí no coronamos candidatos. Los ponemos bajo la lupa.

Y con esa me voy. Cierren bien la puerta, apaguen la luz y no hablen demasiado duro… porque ya saben que en Salamina las paredes oyen.

Nos vemos la próxima semana.

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