El cuerpo como imán de la palabra.
La escritora Irene Vallejo en su libro El infinito en un junco, recuerda una frase que escribió el italiano Vas Pratolini:” la literatura consiste en hacer ejercicios de caligrafía sobre la piel”. Conocer esta frase hoy me resulta fascinante, más aún si tratase de contarles cómo ha sido mi proceso creativo de escritura. Es decir, escribir para mí no se limita a un acto meramente mecánico ni siquiera grandilocuente; es dejar que mi piel respire a través de las palabras, como si en cada poro se avivara una multiplicidad de almas que buscan hacerse compañía. Así es, esas almas son las letras, y su destino es hacerme sentir desde la piel de otro.
Debo admitir que, al principio, el ejercicio de la escritura era una señal de que yo pertenecía a esta ciudad, a este país, a este universo, al mundo. Una pertenencia que nada tiene que ver con la idiosincrasia, sino con la sensación de que, si respiro, es porque hay un propósito: descubrir que mis manos son sensibles a una textura distinta, la poesía. Para mí la poesía es el rastro de una fe por la vida, consiste en darle significado y razón de ser al trabajo de mis pulmones, al latir de mi corazón, al conjuro de mis nervios y mis venas y a la luz que entra por mis ojos. Me ilusiona pensar que una parte de mí seguirá viva cada vez que alguien pueda leer alguno de mis poemas.
Por esta razón, quiero compartir con ustedes un libro que, para mí, representa aquello de lo que he escrito hasta ahora: la Antología cronológica 1950–1984 de Helcías Martán Góngora. Si bien es un libro que reúne poemas alusivos a distintas temáticas, no puedo olvidar haber olfateado, a través de sus versos, mi tierra. Quizás para ustedes resulte absurdo concebir que unas palabras que parecen inertes puedan despertar sensaciones en el cuerpo; y les parecerá más absurdo aún que dichas palabras estimulen el sentido del olfato, pero les prometo que fue así.
No recuerdo con exactitud qué palabras contenía cada uno de esos versos, pero llegué a sentirme, por un efímero momento, en casa: en aquel lugar donde nací, El Charco, Nariño. Y es que Martán, precisamente, es oriundo de Guapi, un municipio aledaño a El Charco, en la costa del Pacífico colombiano.
Me consolaría saber que hasta este punto ustedes ya hayan logrado descifrar por qué para mí la escritura es cuerpo. Y me pondría muy feliz si en cada uno de mis versos ustedes pudieran reconocerse a través del vaivén de sus ojos mientras me leen.
Para finalizar, deseo regalarles el primer fragmento de poesía que escribí:
Sentir, me parece un cruel chiste,
me sigo despertando entre efusivas sensaciones,
vacíos aliados con escasez de aire;
es morir en un cuerpo que aún conserva aliento.
Si pudiera subrogarme en tu piel,
y nunca más recordarte.
¿Por qué haces tanto ruido?
¿Y cómo haces para callarte,
si desde hace tiempo estás ausente?
2020
* Poeta oriunda del municipio de El Charco, en el departamento de Nariño. Psicóloga egresada de la Universidad Mariana, magíster en Discapacidad de la Universidad Autónoma de Manizales. Actualmente, docente orientadora de una institución educativa de la ciudad de Manizales.
La nueva colección de Hoyos Editores
Salieron al mercado los dos primeros tomos de la colección “Guerras civiles en el siglo XIX de Colombia” de la editorial manizaleña Hoyos Editores. Con este proyecto editorial se pretende llenar un vacío en la bibliografía colombiana donde abundan libros sobre la Guerra de los Mil Días y de las demás poco se ha publicado quedando el lector interesado sin donde adquirir esa información. A cargo de la colección está el historiador Pedro Felipe Hoyos Körbel, conocido por sus investigaciones sobre arquitectura vernácula y temas regionales como el Ferrocarril de Caldas o los vitrales de la Catedral de Manizales. El plan de esta obra de 11 libros es publicar el próximo semestre otros dos tomos, complementando las primeras cuatro guerras y de ahí continuar presentando, cada 6 meses, un tomo, cerrando la colección con un diccionario de las guerras decimonónicas.
Justifica este trabajo la gran importancia que tuvieron las guerras civiles como fenómeno político y social en el siglo antepasado, fenómeno que dominó la vida del país, ya que cada 10 años Colombia vivía una guerra interna. Todos los protagonistas de ese siglo, políticos, por supuesto, militares, pensadores, poetas, pintores o comerciantes, estuvieron involucrados en el choque violento de los partidos políticos, dejando su impronta en la historia. En las páginas de estos libros se encuentra un análisis pormenorizado de las causas políticas de cada confrontación y la descripción de las operaciones militares, de cómo se movía a lo largo del mapa del país. Emplea el autor para la sustentación de su trabajo fuentes primarias como la prensa de la época, archivos de cartas, documentos públicos y las memorias de los protagonistas, logrando una visión integral de los acontecimientos.
En esta salida se entregó el tomo 1 de la Guerra entre Federalistas y Centralistas, conflicto que involucra a las más destacadas figuras de la Independencia: Antonio Nariño y Camilo Torres. El segundo libro es el de la Guerra de Los Supremos, que en sí es la primera guerra civil del país que hoy se denomina Colombia y que para esa época se llamaba República de la Nueva Granada. En septiembre saldrán a la luz el libro que trata sobre la Guerra de 1830, o sea la de la desintegración de la Gran Colombia, y el de la Guerra de 1851, conflagración, en sí corto, donde se pretendió derrocar al presidente liberal, el general José Hilario López. Esta colección tiene como meta revalidar ese pasado haciendo uso de puntos de partida basados en fuentes primarias poco empleadas o de difícil consecución y elaborar una visión ajena al ajetreo tendencioso de los directorios políticos, donde usualmente se condenan los protagonistas debido al partido que defendían.
El cuerpo como imán de la palabra.
Cada veintitrés de abril, el mundo hispanohablante detiene su marcha para rendir tributo a la herramienta más poderosa de nuestra identidad: el idioma español. Esta fecha, grabada en el calendario universal como el aniversario del fallecimiento del gran Miguel de Cervantes Saavedra, no es solo un recordatorio del legado del «Manco de Lepanto» y su inmortal Quijote, sino una invitación a reconocer la lengua como un organismo vivo que nos une, nos narra y nos permite soñar. En Salamina, la «Ciudad Luz» de Colombia, esta efeméride cobra un matiz especial, transformándose en una fiesta donde la lectura se encuentra con la fraternidad en las calles.
Este año, la celebración del Día del Idioma y del Bibliotecario trasciende los anaqueles de las bibliotecas para tomarse el corazón del municipio. Invitamos a propios y visitantes a sumergirse en una jornada única este domingo 26 de abril en el emblemático Parque de Bolívar. Bajo la sombra de sus árboles y el marco de nuestra arquitectura patrimonial, Salamina demostrará por qué es un faro de cultura en el departamento de Caldas.
El protagonista indiscutible de la jornada será el ya tradicional Trueque del Libro. Esta costumbre salamineña encierra una filosofía de generosidad y desprendimiento: la idea de que los libros no deben morir de olvido en un estante, sino que deben circular como el aire. La dinámica es sencilla pero poderosa: usted trae un libro que ya haya marcado su vida y, a cambio, puede llevarse otro que esté esperando ser descubierto. Es un diálogo silencioso entre lectores, un «Libro Viajero» que lleva consigo las huellas de su anterior dueño hacia nuevos horizontes. Al intercambiar una obra, no solo compartimos papel y tinta, sino visiones del mundo, lecciones de vida y la promesa de que la cultura es un bien colectivo.
Pero la fiesta no se queda solo en las letras. Para honrar nuestra esencia caldense, la celebración estará acompañada por los Juegos Tradicionales. En un mundo cada vez más volcado a lo digital, rescatar el trompo, las canicas, el balero y la rana es un acto de resistencia cultural. Habrá concursos y espacios para que las nuevas generaciones aprendan de sus mayores el arte de jugar en la plaza, recuperando ese sentido de comunidad que tanto nos define.
Promover el amor por la lectura y nuestras tradiciones es el mejor homenaje que podemos rendirle a nuestro idioma. Están todos cordialmente invitados a participar en este encuentro de saberes y alegría. Que el Parque de Bolívar se llene de historias, de risas y de ese intercambio humano que solo ocurre cuando un pueblo se reconoce en sus raíces. ¡Los esperamos este domingo para celebrar que nuestra lengua está más viva que nunca en Salamina!