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Un viaje a Grecia sin cuentas y un 2035 sin plata: el Rincón de Timoteo

Timoteo cuenta que el alcalde volvió de Grecia con fotos, pero la Alcaldía no ha respondido el derecho de petición de mi amigo don Eleuterio, y que la política de ciencia y tecnología al 2035 llega al Concejo sin presupuesto detallado, sin línea de base y con un eje perdido.

¡Ave María, pues, mis queridos paisanos! ¿Cómo me les ha ido? ¿Todavía andan por ahí estirando la platica como chicle para que alcance hasta fin de mes, o ya les cayó la prosperidad que tanto anuncian los discursos de la Alcaldía? Porque, por lo que uno ve, hay gente a la que la situación económica le está rindiendo una barbaridad: mientras unos hacen cuentas para comprar el mercado y rezan para que no suba la panela, otros alcanzan a cruzar el océano, pasear por ciudades históricas y volver con fotografías para entretener al respetable público. ¡Qué belleza de vida, hombre!

Pero antes de arrancar con los chismes, reciban un abrazo de este viejo Timoteo, que sigue aquí, con el sombrero medio torcido, las alpargatas gastadas y las orejas bien abiertas. Porque en Salamina, queridos míos, hasta cuando parece que no pasa nada, pasan unas cosas que ni el mismísimo diablo se atrevería a inventar. Como decía mi abuela, que era una señora sabia y bastante desconfiada: «Mijo, cuando alguien le cuente maravillas de un negocio, pregúntele primero cuánto costó y quién pagó la cuenta». Y hablando de cuentas, vean el chicharrón que tenemos esta semana.

De Grecia llegaron las fotos, pero las respuestas todavía no aparecen

Resulta, mis queridos parroquianos, que nuestro flamante alcalde, don Manuel Fermín Giraldo Gutiérrez, anduvo de visita por aquellas tierras griegas donde hace miles de años se inventaron cosas bastante útiles, entre ellas la democracia y la sana costumbre de hacerles preguntas a los gobernantes. ¡Imagínense semejante coincidencia! Porque mientras nuestro mandatario recorría esas tierras, aquí en Salamina quedaron unas preguntas esperando respuesta, sentaditas y calladitas, sin que nadie las atendiera. Pero vamos por partes, que estos cuentos hay que echarlos completicos para que después no digan que Timoteo anda revolviendo el sancocho.

El señor alcalde viajó a Grecia con motivo de los acercamientos entre nuestra Salamina caldense y aquella Salamina europea, una relación de hermandad que, según se ha venido anunciando, podría traer beneficios culturales, turísticos y quién sabe cuántas cosas más. Hasta ahí, maravilloso. A este viejo no le molesta que un alcalde viaje, ¡faltaba más!; si de una visita salen inversiones, proyectos, intercambios culturales o beneficios que se puedan comprobar, hasta habría que despedirlo con banda de música y buñuelos. El problema empieza cuando los viajes producen más fotografías que explicaciones.

Y aquí viene lo sabroso. Según la información que llegó a nuestros oídos, el señor alcalde estuvo acompañado en ese recorrido por su novia y por su asesor personal, José Fernando Álvarez. ¡Ave María, qué comitiva tan particular! Ahora bien, una cosa es que esas personas hayan acompañado al mandatario y otra muy distinta que sus desplazamientos se hayan pagado con recursos públicos; eso último no está demostrado, y precisamente por eso conviene conocer los documentos. Porque aquí nadie dice que la novia no pueda viajar, ¡Dios nos libre de semejante atrevimiento!, que el amor tiene derecho a recorrer el mundo, contemplar el Mediterráneo y tomarse las fotos donde le provoque. Pero los dineros públicos no son asunto sentimental, y si hubo acompañantes vinculados con una actividad oficial, los ciudadanos tenemos derecho a saber qué papel desempeñaron, quién asumió sus gastos y qué relación tuvieron con los propósitos del viaje.

Pues bien, nuestro alcalde, usando su medio de comunicación preferido, Instagram, informó que el paseo había costado apenas cuatro millones seiscientos mil pesos. ¡Cuatro millones seiscientos mil! Cuando escuché semejante cifra, casi se me cae la dentadura postiza dentro del chocolate. ¡Hombre, qué capacidad para viajar barato! Con ese presupuesto hasta uno se anima a conocer Europa; lo que falta saber es qué gastos comprende esa suma, quién los pagó y cuáles quedaron por fuera, porque a ese precio ni el tiquete de bus a Manizales sale tan económico. Una publicación en Instagram sirve para contar la experiencia, mostrar fotografías y saludar a los seguidores, pero no reemplaza los documentos oficiales que permiten verificar en qué se gastó la plata de todos.

Y aquí aparece el asunto que más me preocupa. Resulta que mi amigo don Eleuterio Gómez Valencia, editor y codirector de La Revista de Caldas, presentó un derecho de petición para conocer los detalles de ese viaje, radicado el pasado 6 de octubre de 2026. ¿Qué quería saber? Pues lo que cualquier ciudadano puede preguntar: los motivos oficiales del desplazamiento, quiénes participaron, cuánto costó, cómo se financió y qué resultados concretos dejó la visita. ¿Y saben qué contestó la Alcaldía? ¡Adivinen!

Nada.

Hasta donde ha podido establecer la Revista, no ha llegado respuesta documental de la administración municipal. ¡Ave María, qué cosa tan berraca! Para publicar fotos sí hay tiempo, para anunciar actividades también y para contar las maravillas del viaje, ni se diga; pero cuando un ciudadano pide documentos, resulta que se acabó la señal de internet, y eso que hablamos de una administración que tanto presume de comunicación y modernidad. Me contaron también que el Concejo Municipal sí respondió la solicitud que le correspondía atender. O sea que sí se puede, señores: el ejemplo está a unas cuadras de distancia.

Y aquí les digo una cosa, queridos lectores: un derecho de petición no es una invitación a tomar tinto que el funcionario puede aceptar o rechazar según el ánimo con que amanezca. Es un derecho constitucional, y las autoridades están obligadas a tramitarlo y responderlo dentro de los términos legales. Por eso, si la administración sigue sin contestar, mi amigo don Eleuterio podrá acudir a la acción de tutela para exigir una respuesta. ¡Miren hasta dónde llega la cosa, que haya que ponerle un juez a una pregunta tan sencilla!

En un municipio donde todavía hay necesidades urgentes, donde San Félix espera soluciones en salud y donde los bomberos han tenido que lidiar con dificultades en sus vehículos, uno esperaría que la administración explicara con claridad qué beneficios dejó el viaje. ¿Qué acuerdos se firmaron? ¿Qué compromisos quedaron establecidos? ¿Qué recursos se consiguieron? ¿Qué proyectos concretos podrán conocer los salamineños? Preguntar eso no es perseguir al alcalde: es hacer periodismo y ejercer el derecho ciudadano a vigilar la administración pública. Y si todo estuvo perfectamente organizado, si los gastos fueron los informados y si la visita produjo resultados importantes, pues mucho mejor; que aparezcan los documentos y se acaban las dudas, que hasta le hacemos una notica de felicitación, con foto y todo. Porque las cuentas claras no necesitan discursos largos ni fotografías bonitas.

Bueno, mis queridos paisanos, dejemos al señor alcalde desempacando las maletas, que seguramente todavía tendrá algún recuerdo de Grecia por acomodar en la vitrina. Nosotros seguiremos pendientes de la respuesta, y ojalá no tengamos que esperar hasta que los griegos vuelvan a inventar la democracia.

¡Pero no se me vayan todavía, que este Rincón apenas está calentando motores! Resulta que a nuestros gobernantes les dio por pensar en grande, tan grande que ahora quieren llevar a Salamina hasta el año 2035 montada en el tren de la ciencia, la tecnología y la innovación. ¡Imagínense ustedes! Un pueblo donde a veces la señal del celular se va con la primera llovizna, soñando con el futuro digital. Y yo, que todavía ando tratando de entender por qué cosas tan sencillas en la administración municipal resultan tan enredadas.

Pero no crean que estoy inventando. Tengo aquí, sobre la mesa, un documento de 16 páginas con un nombre tan largo que casi necesito pedir prestado otro par de pulmones para leerlo completo: Proyecto de Acuerdo N.º 012 de 2026, por medio del cual se adopta la Política Pública de Ciencia, Tecnología e Innovación con enfoque en Cultura y Turismo en el municipio de Salamina, Caldas. ¡Eche, ave maría, qué nombre tan elegante! Con semejante título, cualquiera pensaría que estamos a punto de inaugurar una sucursal de la NASA en lña Cuchilla. Pero me puse a leer despacito, con calma y con tinto, y entre más avanzaba, más preguntas me salían.

Empecemos por reconocer que Salamina necesita una política seria de ciencia y tecnología, y eso no tiene discusión. Nuestros muchachos necesitan oportunidades, los campesinos necesitan mejores herramientas para producir y vender sus cosechas, los emprendedores necesitan formación, las escuelas rurales merecen conectividad y nuestros tesoros culturales sacarían mucho provecho de las herramientas digitales. Hasta ahí, todos de acuerdo. El problema, mis queridos parroquianos, es que una cosa es escribir lo que necesitamos y otra explicar cómo vamos a conseguirlo.

El documento reconoce dificultades tan conocidas como la baja conectividad rural, la poca inversión en investigación, la falta de articulación entre instituciones y la salida de los jóvenes que tienen que buscar oportunidades en otras partes. ¡Qué descubrimiento tan extraordinario! Eso lo viene contando la gente desde hace años, y sin necesidad de un proyecto de acuerdo. Pero cuando busqué las cifras que muestran la verdadera dimensión de esos problemas, me encontré con que el diagnóstico no trae una línea de base suficientemente desarrollada. ¿Cuántas veredas tienen problemas de conexión? ¿Cuántos estudiantes no cuentan con un internet adecuado? ¿Cuántos emprendedores necesitan capacitación? ¿Qué instituciones tienen equipos buenos y cuáles trabajan con aparatos que ya son piezas de museo? Sin esos datos, ¿cómo vamos a saber si mejoramos? Porque anunciar que vamos a progresar es facilísimo; lo difícil es demostrar cuánto progresamos.

Cinco ejes en un papel y cuatro en el otro

Aquí fue donde casi se me riega el chocolate. El documento técnico presenta cinco ejes estratégicos para desarrollar la política pública, pero cuando uno llega al artículo tercero del proyecto de acuerdo, encuentra apenas cuatro. ¡Se nos perdió uno por el camino, como la mula que se suelta en la subida! Y no crean que se extravió cualquier cosita: el que no aparece expresamente entre los ejes enumerados en ese artículo es el de Gobernanza e Institucionalidad. ¡Ave María, qué casualidad! Justo el que trata de la organización institucional que se necesita para sacar adelante semejante proyecto.

Eso sí, debo aclarar que el artículo quinto crea un Consejo Municipal encargado de articular la política, o sea que el tema no desaparece del todo del acuerdo. Pero queda la pregunta de por qué un eje que el documento técnico considera estratégico no aparece en la lista del artículo tercero. ¿Fue un descuido? ¿Una decisión pensada? ¿O simplemente se les enredaron los papeles? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que una política pública que pretende organizar el futuro tecnológico de Salamina debería empezar por tener bien organizada su propia casa. ¡Digo yo, que de científico tengo más bien poquito!

Sigan leyendo, que aquí vienen las cuentas. El documento técnico propone capacitar a cien emprendedores rurales antes de 2035, instalar cinco nuevas zonas WiFi comunitarias, hacer diez ferias de ciencia, tecnología y patrimonio y establecer tres alianzas con instituciones educativas, dos con universidades y una con el SENA. Son compromisos interesantes, pero uno se pregunta si corresponden de verdad a las necesidades de todo el territorio. ¿Cinco zonas WiFi alcanzarán para las veredas que necesitan conectividad? ¿Cien emprendedores capacitados son una meta ambiciosa para casi una década? ¿Dónde se instalarán esas zonas, en qué veredas y con qué criterios se escogerá a los beneficiarios? Porque no vaya a ser que terminemos inaugurando internet donde ya hay buena señal, mientras las comunidades más apartadas siguen esperando, con el celular en alto y la fe en el cielo.

Y aquí les cuento una curiosidad jurídica que descubrí leyendo: esas metas aparecen en el documento técnico, pero no están desarrolladas con la misma precisión en el artículo cuarto del proyecto de acuerdo. Tampoco sería justo decir que desaparecieron jurídicamente, porque el artículo primero incorpora el documento técnico como parte integral de la política. Lo que falta es claridad sobre cómo se van a cumplir, quién responderá por ellas y con qué recursos, porque la tecnología no funciona a punta de buenos deseos.

¿De dónde sale la plata?

Esta es la pregunta que le pone nervioso a cualquiera. Busqué y busqué, revisé la financiación, y encontré que el proyecto menciona recursos del presupuesto municipal, cofinanciación departamental y nacional, cooperación internacional y aportes privados. ¡Caramba, plata puede llegar de todas partes! Pero una cosa es enumerar posibles fuentes y otra muy distinta tener un presupuesto organizado. ¿Cuánto costará ejecutar esta política pública? ¿Cuánto aportará el municipio? ¿Cuáles proyectos tienen la financiación asegurada? ¿Cuánto se necesita para conectar las veredas, capacitar docentes, apoyar emprendimientos y mantener las plataformas digitales? ¿Y quién garantiza que dentro de cinco años no estemos mirando una colección de computadores dañados y antenas sin mantenimiento? En el expediente que examiné no encontré un presupuesto detallado ni un cronograma financiero que permita responder estas preguntas.

Y aquí me van a perdonar la comparación, pero esto se parece al vecino que anuncia que va a construir una casa de tres pisos, con ascensor, piscina y terraza, y cuando la señora le pregunta cuánta plata tiene ahorrada, responde: «Mija, primero aprobemos el proyecto. Después miramos quién nos presta». ¡Ave María, bendito sea Dios!

¿Y San Félix qué? ¿Y las veredas qué?

Otra cosa que me dejó pensando fue el Consejo Municipal de Ciencia, Tecnología, Innovación, Cultura y Turismo. El artículo quinto contempla la participación de representantes de la Alcaldía, el Concejo, las instituciones educativas, las universidades, los sectores productivos y las organizaciones culturales y comunitarias. Muy bien. ¿Pero dónde queda garantizada expresamente la representación de San Félix y de las comunidades rurales? Porque una cosa es decir que participarán organizaciones comunitarias y otra asegurar que quienes viven lejos de la cabecera tengan voz propia en las decisiones. No digo que se les haya prohibido participar; digo que su representación territorial no quedó expresamente garantizada, y esa diferencia importa. No vaya a resultar que las necesidades de las veredas terminen discutiéndose entre personas que jamás han tenido que buscar señal de internet parados sobre una piedra, con el celular levantado como quien pide auxilio. Una política de tecnología que no escucha al campesino corre el riesgo de terminar hablando un idioma que el territorio no necesita.

El turismo se nos volvió una página de internet

Otra de las propuestas que aparece expresamente en el articulado es desarrollar una plataforma digital turística bilingüe para difundir la oferta cultural y de servicios del municipio. La idea puede ser útil, pero, mis queridos paisanos, el turismo no se arregla solo con montar una página web. ¿Quién actualizará la información? ¿Quién incorporará a los prestadores de servicios de San Félix y de las veredas? ¿Quién verificará los datos? ¿Quién asumirá el mantenimiento y cuánto costará sostenerla? Y, sobre todo, ¿cómo se conectará esa herramienta con una estrategia real de desarrollo turístico? Podemos tener una página preciosa, traducida a varios idiomas y llena de fotografías, pero si no hay organización entre los prestadores, formación y una gestión turística constante, seguiremos confundiendo la promoción con el desarrollo. Es como pintar la fachada y dejar la cocina sin estufa: se ve bonito desde la calle, pero nadie come. La tecnología es una herramienta, no hace milagros.

El artículo séptimo establece que la Secretaría de Planeación deberá presentar cada año al Concejo un informe sobre los avances de la política. Eso está bien, pero informar no es lo mismo que demostrar resultados. ¿Quién verificará que las cifras sean ciertas? ¿Quién evaluará si las inversiones realmente mejoraron las condiciones de vida de las comunidades? ¿Dónde están los mecanismos para corregir lo que no funcione? Y hay otro detalle: el expediente afirma que la política se construyó de manera participativa, pero no encontramos allí los soportes suficientes para saber quiénes participaron, qué propuestas presentaron y cuáles quedaron incorporadas. Eso no prueba que no se hayan hecho reuniones; significa que, con los documentos revisados, no es posible comprobar bien ese proceso. Y tratándose de una política pública que pretende orientar el desarrollo municipal hasta 2035, esas evidencias deberían estar a la vista de cualquiera.

Después de tanto leer, este viejo Timoteo llegó a una conclusión bien sencilla: Salamina necesita ciencia, tecnología e innovación, ¡claro que las necesita!, pero también necesita proyectos bien preparados, con recursos identificados, responsabilidades claras, participación de todo el territorio y mecanismos para comprobar los resultados. Eso es lo que los concejales deberían exigir antes de dar su voto, porque para levantar la mano no hace falta saber de tecnología; basta con que el presidente del Concejo pregunte quiénes están de acuerdo. Lo difícil viene después, cuando las comunidades empiecen a preguntar qué pasó con las promesas.

Por eso, señores concejales, revisen el documento técnico, revisen el articulado, pidan los estudios y exijan las explicaciones que hagan falta. No se trata de atravesársele al progreso, sino de evitar que el progreso termine convertido en otro acuerdo municipal muy bonito, guardado en un archivador.

Y a don Manuel Fermín, nuestro señor alcalde, le dejo una inquietud: si queremos que Salamina sea un municipio moderno, conectado y tecnológicamente avanzado en 2035, ¿qué tal si empezamos en 2026 por algo bastante elemental? Que la administración municipal responda a tiempo los derechos de petición. ¡Eso sí sería una innovación digna de aplauso!

Porque en Salamina los proyectos viajan hacia el futuro, los alcaldes viajan a Grecia y los ciudadanos seguimos esperando que alguna respuesta llegue, aunque sea por correo electrónico. ¡Ave María, qué pueblo tan adelantado!

¡Nos vemos en Halloween, que hay brujas, escobas y hasta titiriteros!

Bueno, mis queridos paisanos, por hoy voy a cerrar este ventorrillo de chismes, porque todavía tengo varios guardados y algunos están tan carnuditos que necesitan una semana más de maduración. ¡No vaya a ser que por servirlos antes de tiempo nos produzcan una indigestión!

Y como la próxima semana celebramos el Día de las Brujas, o Halloween, como dicen ahora los muchachos, vamos a aprovechar para hablar de ciertas apariciones que empiezan a verse por los caminos de la política salamineña. Porque, ¡ave María!, parece que ya están saliendo aspirantes a la Alcaldía hasta debajo de las piedras. Y entre los cuentos que andan circulando hay uno bastante curioso: el de algunas señoras que, según las malas lenguas, quieren sentarse en el despacho municipal. ¡Y que me perdonen las señoras, por supuesto! Las mujeres tienen todo el derecho de gobernar y muchas razones para aspirar, eso ni se discute.

Lo que vamos a averiguar es si detrás de alguna candidatura habrá un marido con ínfulas de titiritero, de esos que quisieran poner a la esposa en el escenario mientras ellos manejan los hilos detrás del telón. ¡Juepucha, qué espectáculo sería ese! Pero no se me alboroten todavía, que una cosa son los rumores de parque y otra las verdades comprobadas, y este viejo Timoteo, aunque tiene la lengua larga, no piensa ponerle nombre a ningún espanto sin haberlo visto primero.

Así que preparen las escobas, desempolven los disfraces y tengan a mano una buena aguapanela, porque la próxima semana puede haber brujas, fantasmas, aparecidos y hasta algún muñeco político que necesite que le corten los hilos. ¡Eso sí, cuidadito con confundir las brujas de Halloween con las candidatas, que después me ponen a dormir en el corredor!

Les mando un abrazo, mis queridos paisanos. Cuídense mucho, no traguen entero y, cuando les prometan maravillas, pregunten quién las paga. Y mucho ojo, que en política a veces asusta más el que mueve la escoba que el fantasma que aparece encima de ella.

¡Ave María, pues! ¡Que Dios los acompañe y que los espantos no les pidan el voto!

 

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