¡Buenas, buenas, mis queridos paisanos! Aquí volvió Timoteo, con las orejas paradas y el sombrero terciao, a contarles lo que se escucha por las esquinas de Salamina. Este pueblo será capaz de quedarse sin muchas cosas, pero un chisme nunca le falta: siempre hay quien lo cuenta, quien lo aumenta y quien jura que es cierto porque se lo dijo una persona de absoluta confianza.
¡Ave María! ¡Salamina tiene al mejor gerente hospitalario de Colombia!
Esta semana la noticia casi me tumba de la silla. Resulta que tenemos en Salamina al mejor gerente de hospitales públicos de todo el país. Lo han divulgado empleados del Hospital Departamental Felipe Suárez y, según nos cuentan, el propio gerente, Wilson Didier Carmona, anunció que ganó uno de los premios de una organización llamada Revista Politika. ¡Qué nombre tan elegante! Con esa Politika escrita con K y ese Investigando detrás, cualquiera se imagina expertos, computadores, estadísticas y señores de corbata examinando al milímetro la administración hospitalaria colombiana.
A Timoteo, sin embargo, le entraron las dudas. ¿Quiénes entregan esos premios y con qué autoridad dicen cuál es el mejor gerente? ¿Cuántos hospitales participaron, quién integró el jurado, qué indicadores usaron? Entregar un diploma es facilísimo; lo difícil es demostrar que quien lo recibe se lo merece. Por ahí se comenta que ciertos premios empresariales funcionan con inscripciones costosas, ceremonias de gala y aportes de los participantes. No sabemos si ese es el caso de la Revista Politika y tampoco tenemos pruebas de que cobre por sus galardones, pero preguntar no es pecado, como dicen las viejas de mi pueblo: ¿la participación es gratuita? ¿Los candidatos pagan inscripción? ¿Los ganadores tienen que poner plata para asistir a la ceremonia o recibir el reconocimiento? De paso me gustaría saber algo más de esa revista Politika, porque este servidor, que lleva sus buenos años leyendo periódicos y revistas, confiesa que jamás la había oído mentar.
Lo que más me tiene rascando la cabeza es cómo se escoge al mejor gerente del país comparando hospitales tan distintos. Una cosa es administrar el Felipe Suárez, de segundo nivel, y otra muy diferente dirigir uno de los grandes hospitales públicos de Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla, con presupuestos enormes, numerosas especialidades, unidades de alta complejidad y miles de pacientes. Aquí también hay responsabilidades serias, claro: el hospital atiende a Salamina y a otros municipios del norte de Caldas, y su labor merece respeto. Pero, hombre, las comparaciones tienen que guardar alguna proporción. ¿O será que para Politika Investigando todos los hospitales son iguales y basta tener gerente, pacientes y sala de urgencias para pelear el mismo galardón? Me encantaría conocer la fórmula de semejante campeonato.
Y ahora sí, las ambulancias, señor gerente. Mi amigo don Eleuterio, que tiene la mala costumbre de guardar grabaciones y papeles viejos, me recordó la visita del entonces ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, el 9 de abril de 2026. Vino con un costal de anuncios: ambulancias para Salamina, una ambulancia bien dotada para San Félix, el nuevo puesto de salud del corregimiento y más equipos y atención especializada para el hospital. Que nadie diga que Timoteo inventa: don Eleuterio conserva la grabación y la propia Gobernación de Caldas publicó un informe con los compromisos. Es justo reconocer que ese día se informó de la entrega de un tomógrafo y un vehículo extramural al hospital. Pero una cosa es lo que se entregó y otra lo que quedó prometido.
Por eso, señor gerente, permítame unas pregunticas. ¿Dónde están las ambulancias anunciadas para Salamina? ¿Qué pasó con la prometida para San Félix? ¿En qué va el nuevo puesto de salud del corregimiento y qué ha ocurrido con la dotación y la puesta en marcha de los servicios que se anunciaron? Hasta donde sabemos, esas promesas siguen sin materializarse como se le presentaron a la comunidad. Si hay avances que no conocemos, que nos los cuenten, pero con documentos: resoluciones, contratos, cronogramas, asignaciones presupuestales y fechas. No con otro discurso de esos que terminan entre aplausos y fotografías.
Hay un dato más. En junio de 2025, mucho antes de la visita del ministro, la Gobernación ya había informado que el proyecto del nuevo centro de salud de San Félix estaba en marcha, con entrega de terrenos al hospital y trámites y estudios técnicos por adelantar. Entonces, ¿qué se ha hecho desde esa fecha? ¿El hospital adelantó los trámites que le tocaban, presentó los documentos, gestionó los recursos, insistió ante el Ministerio cuando las promesas empezaron a quedarse en el aire? Gestionar también es hacer seguimiento, tocar puertas y exigir respuestas. Claro que un gerente no puede construir solo un centro de salud ni comprar ambulancias sin recursos, porque esas decisiones comprometen a otras entidades. Pero sí puede explicar qué ha hecho para conseguirlas.
A los señores de Politika Investigando les dejo mi inquietud: ¿cuenta el cumplimiento de estas gestiones para escoger al mejor gerente de Colombia, o solo se revisan los informes bonitos, las fotos y las presentaciones institucionales? Si se va a premiar una gerencia, habría que mirar sus resultados frente a las necesidades de la gente, sobre todo en San Félix, donde llevan años esperando mejores servicios de salud. Aquí no hablamos de adornar un parque ni de cambiar los muebles de una oficina, sino de enfermos que necesitan atención y de personas que bajan por carreteras de montaña para conseguirla.
Felicitaciones, pues, al señor gerente por el premio que anunció. Pero ojalá, junto al reconocimiento, nos presente un balance de lo que ha hecho por cumplir esos compromisos. Como me dijo un viejo salamineño, «los diplomas se cuelgan en las paredes; la buena administración se reconoce cuando el enfermo encuentra atención». Y yo agrego: ¡qué bueno sería que el próximo premio que reciba San Félix llegue montado en una ambulancia y no enmarcado en un diploma!
Juanpis cambió la Alcaldía por un escritorio más alto
Si quieren saber cómo anda la política salamineña, no pierdan el tiempo leyendo comunicados: siéntense en el café La Cigarra, pidan un tinto y paren las orejas. Resulta que Juanpis, nuestro conocido Juan Pablo Ospina Rosas, ya no estaría interesado en volver a la Alcaldía de Salamina, y no es para menos: fue nombrado contralor provincial de Caldas. ¡Qué maravilla, hombre! Hay una costumbre política que Timoteo nunca ha terminado de entender: uno cree que el personaje que salió de un cargo va a descansar y resulta ocupando otro. ¡La vocación de servicio debe ser irresistible! Juanpis tiene derecho a trabajar donde sus capacidades se lo permitan, y el nombramiento es un hecho. Lo que uno quisiera saber es cómo se produjo su selección y si corresponde a un proceso abierto o a una de esas recomendaciones políticas que tanto abundan por nuestras tierras.
Pero el chisme no termina ahí. Dicen que también andan viendo bastante movido a don Octavio Cardona, en conversaciones con posibles aspirantes para decidir hacia dónde apuntará el respaldo del liberalismo caldense. ¡Ah, el viejo liberalismo, que cambia de candidato con más facilidad de la que los muchachos cambian de novia! Y hablando de política liberal, todavía está fresca la memoria del escándalo de Las Marionetas, que alcanzó a la Escuela Taller de Salamina. ¿Cómo anda esa institución? Mi amigo don Eleuterio, a quien la Escuela Taller le adeuda unos dineros por trabajos realizados, cuenta que no ha logrado cobrarlos, y esto es de público conocimiento en el pueblo. Sería bueno que el alcalde Manuel Fermín Giraldo, como presidente de la junta directiva, y el director de la Escuela Taller expliquen públicamente cuánto se debe y cuándo piensan pagar, porque una institución no puede vivir de discursos sobre la cultura mientras sus cuentas esperan.
Volvamos a los avales. Las malas lenguas aseguran que don Octavio anda disgustado con Mafe, como algunos llaman al alcalde, y que no respaldaría al aspirante que este le recomiende. ¿Será cierto? Dicen que hay viejas diferencias, promesas políticas incumplidas y amistades que ya no son tan amistosas, y cuentan que don Octavio ha conversado con mi vecino Andrés Tamayo, que también suena entre los posibles aspirantes. Andrés es buen amigo mío, pero una cosa es la amistad y otra conseguir votos, y yo no me atrevería a contar sufragios antes de abrir las urnas. ¡En política hasta los parientes dan sorpresas! Por ahora habrá que seguir escuchando lo que se comenta en La Cigarra, porque todavía no sabemos quién recibirá el aval liberal, pero algunos ya andan buscando dónde acomodar la silla.
La torta de la Alcaldía tiene más pretendientes que una viuda rica
Si la Alcaldía fuera una torta, hace rato se habría acabado; sin embargo, cada día parece más grande y con más gente haciendo fila por una tajada, y eso que faltan meses para las elecciones. En los cafés, donde los candidatos nacen por la mañana y desaparecen antes de que anochezca, el sonajero no descansa: hoy suben a uno, mañana bajan a otro y pasado resucitan al que habían enterrado la semana anterior.
Ahora cuentan que del sonajero habrían bajado al gerente del Hospital Felipe Suárez. El hombre tenía ganas de cambiar el escritorio del hospital por el despacho de la Alcaldía y hasta habría pedido licencia para participar, pero dicen que se la negaron. Timoteo no ha visto la solicitud ni la respuesta; es lo que se comenta por las esquinas. Y aquí me acordé de don Luis Eduardo, que conoce muy bien el camino que va del hospital a las campañas por la Alcaldía. Por ahí corre la voz de que se ha lanzado tres veces, aunque mi amigo don Eleuterio, que lleva bien la cuenta, asegura que fueron dos. Llegada la época electoral se separa de sus funciones, recorre calles y veredas buscando votos y, cuando las urnas no le dan el gusto, regresa al hospital, donde, según cuentan, sigue vinculado. Dos campañas, dos derrotas y dos regresos: ¡qué perseverancia, carajo! Cuentan también que en esas campañas habría recibido reposición de gastos electorales, siempre que cumpliera los requisitos de la ley. Y este año, dicen, la jugada parecida iba a ser del actual gerente, a quien se le habría cerrado la puerta antes de arrancar. ¿Habrán encontrado algún impedimento los que debían autorizarla, o será otro cuento nacido en un café que terminó recorriendo todo el pueblo?
Lo cierto es que, mientras el gerente se esfuma del sonajero, empieza a sonar el nombre de don Germán Murillo. ¡Otro para la colección! ¿Aceptará? ¿Quién lo impulsa y con qué partido buscaría el aval? En Salamina primero aparecen los nombres y, cuando queda tiempo, se pregunta qué piensan hacer por el municipio. Y va otra inquietud de café: ojalá al coronel Néstor Naranjo no se le ocurra entrar en una coalición con ese grupo político sin explicar antes los compromisos de semejante alianza. Una cosa es buscar acuerdos y otra terminar compartiendo mesa con sectores a los que antes se les hacía oposición. ¿Estarían de acuerdo sus seguidores? ¿Qué proyecto de municipio compartirían, o se juntarían apenas para repartirse los puestos?
Dejemos que siga sonando el sonajero: todavía falta para las elecciones y seguramente nos cambiarán los candidatos unas veinte veces. Lo único quietecito es el sillón de la Alcaldía, esperando a ver quién se sienta.
Mafe, la poesía también necesita unos pesitos
Por los cafés anda rodando un chismecito que, de ser cierto, tiene más de tristeza que de gracia. Dicen que el Festival Poético «Entre la Luna», ese encuentro de escritores y poetas que con tanto empeño impulsa Carlos Arturo Gómez Naranjo, no recibió ni un peso de la administración municipal para su realización. ¡Ni para un tinto a los poetas! ¿Cómo quiere Mafe que se haga cultura en Salamina, a punta de versos, buenas intenciones y pasando el sombrero? Cuando se habla de patrimonio cultural aparecen los discursos, las fotos y las felicitaciones, pero cuando los gestores necesitan recursos parece que la inspiración debe alcanzar también para pagar las cuentas. Como esto llegó por los caminos del chisme, convendría que la Alcaldía aclarara si aportó dinero, apoyo logístico o alguna otra ayuda, porque una cosa es posar para la cultura y otra ayudar a sostenerla. Ahí le queda, Mafe: los poetas viven de las palabras, pero los festivales no se pagan con sonetos.
Mafe y la foto con el senador
Estuvo de visita en Salamina un senador del Centro Democrático y, según cuentan los chismosos, nuestro alcalde le preparó un recibimiento digno de jefe de Estado; solo faltaron la alfombra roja y la banda de música. Que conste que Timoteo no tiene nada contra el senador: bienvenido sea, que los congresistas deben visitar los municipios y escuchar a la gente. Lo que da qué decir en los cafés es la afición del alcalde por las fotos con personajes de la política nacional. ¡Hombre, Mafe, que Instagram no es el Plan de Desarrollo Municipal! Una cosa es recibir dignamente a un senador y otra aprovechar cada visita para engordar el álbum de relaciones públicas. Me gustaría saber de qué hablaron: ¿de las carreteras, de las necesidades de San Félix, de los proyectos pendientes? ¿Quedó algún compromiso concreto? Las fotos quedan muy bonitas en las redes, pero valdría más conocer los resultados. Y una preguntica final, alcalde: ¿el recibimiento fue cortesía institucional o entusiasmo político? No se me enoje, que preguntar todavía no cuesta nada. Recuerde que una foto con un senador consigue muchos «me gusta», pero no tapa un hueco en la carretera.
Doña Rocío y la cámara en reposo
Por los lados del parque comentan que la concejal Rocío Marulanda anda más discreta con sus videos y publicaciones en las redes. ¿Será que le sirvió la crónica de La Revista de Caldas donde se hablaba del clientelismo y de esa costumbre de convertir las necesidades de los pobres en fotos y propaganda personal? Acuérdense de que doña Rocío publicó un video respondiendo a unas críticas en las que nadie la había mencionado por su nombre. ¿Y entonces por qué se dio por aludida? Algunos observadores dicen que ha bajado la frecuencia de esas publicaciones donde aparecía ayudando a familias necesitadas. Timoteo no sabe si es casualidad, cambio de estrategia o simple descanso de la cámara. Que conste: nadie cuestiona que se ayude a los necesitados, faltaba más; lo que incomoda es cuando la pobreza se vuelve escenario de promoción política. Ojalá doña Rocío siga ayudando a quien lo necesite, con cámara o sin ella, porque como decía mi abuela, la caridad no necesita fotógrafo para llegar al cielo. ¡Y mucho menos para conseguir votos!
Bueno, mis queridos paisanos, los dejo porque ya se me enfrió el tinto.