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Dos Salaminas, un mismo nombre: el hermanamiento que ahora debe dar frutos

Salamina, Caldas, y Salamina, Grecia, formalizaron un hermanamiento que abre posibilidades de cooperación cultural, educativa, turística y económica, aunque su verdadero valor dependerá de los proyectos concretos que logren construirse después de la ceremonia.

Dos Salaminas, dos mundos y un nombre que las acercó

Hay nombres que son apenas una coincidencia geográfica y otros que, bien aprovechados, pueden convertirse en una oportunidad. Salamina, en las montañas del norte de Caldas, y Salamina, una isla griega situada frente al área metropolitana de Atenas y El Pireo, están separadas por miles de kilómetros, por un océano, por idiomas, historias y realidades económicas completamente diferentes; sin embargo, desde este septiembre decidieron convertir aquello que las une —el nombre— en el comienzo de una relación institucional.

El domingo 20 de septiembre, durante la celebración de los Salaminia 2026, las autoridades de ambas municipalidades formalizaron el hermanamiento, en un escenario particularmente significativo: las conmemoraciones de la histórica batalla naval que convirtió el nombre de Salamina en uno de los más conocidos de la antigüedad clásica. El propio municipio griego informó que el acuerdo abre posibilidades de cooperación en cultura, educación, economía, comercio, turismo y proyección internacional, y desde Colombia viajó una delegación encabezada por el alcalde de Salamina, Manuel Fermín Giraldo Gutiérrez, dentro de una agenda prevista entre el 17 y el 21 de septiembre, con acompañamiento de la Gobernación de Caldas, especialmente de la Secretaría de Desarrollo, Empleo e Innovación.

Conviene poner desde el comienzo cada cosa en su sitio: este acuerdo no debería presentarse como la obra exclusiva de una sola persona. La documentación pública consultada muestra que forma parte de una estrategia de internacionalización impulsada por la Gobernación de Caldas durante la administración del gobernador Henry Gutiérrez Ángel, articulada por la Secretaría de Desarrollo, Empleo e Innovación, que define precisamente el hermanamiento como parte de esa política departamental orientada a relacionar los municipios caldenses con otros territorios, buscando cooperación, conocimiento, inversión y mercados. Al alcalde Giraldo le correspondió una responsabilidad concreta y verificable —representar al municipio, encabezar la delegación y participar en la formalización de un vínculo que puede resultar útil para Salamina—, pero también debe reconocerse la dimensión departamental de una gestión que supera las fronteras administrativas del municipio.

La otra Salamina

Para entender el alcance del acuerdo hay que preguntarse primero con quién nos estamos hermanando. Salamina de Grecia no es una pequeña aldea perdida entre las islas del Mediterráneo: es la mayor isla del golfo Sarónico y se encuentra extraordinariamente cerca de la costa de Ática, apenas unos 1.200 metros la separan de Perama, en el área de El Pireo. Las estadísticas griegas contabilizaron 37.220 habitantes en 2021, y el municipio informa una superficie cercana a 93,5 kilómetros cuadrados. Pero su verdadera dimensión no está en sus cifras, está en su historia.

En los estrechos de Salamina ocurrió en el año 480 antes de Cristo una de las batallas navales determinantes de las guerras greco-persas: bajo la estrategia de Temístocles, las fuerzas griegas derrotaron allí a la flota persa de Jerjes, y aquella victoria modificó el curso de la guerra y convirtió para siempre el nombre de la isla en una referencia de la historia militar y política de la Antigüedad. Su memoria cultural es igualmente poderosa, porque la tradición vincula la isla con Áyax, héroe de la Ilíada, y con Eurípides, uno de los grandes dramaturgos de la Grecia clásica; en la isla se conserva incluso la llamada Cueva de Eurípides, objeto de investigaciones arqueológicas desde la década de 1990.

La Salamina contemporánea, sin embargo, no vive solamente de sus ruinas. Forma parte del espacio económico de Atenas y El Pireo, mantiene una profunda tradición marítima y cuenta con actividad portuaria y naval; desde finales del siglo XIX alberga instalaciones relacionadas con la Armada griega y, debido a su proximidad con Atenas, se convirtió también en lugar de residencia, veraneo y excursiones de fin de semana, además de conservar playas, bosques de pinos, senderos, sitios arqueológicos y espacios naturales que Grecia promociona como parte de su oferta de turismo histórico y de naturaleza. Es decir: Salamina de Caldas no se hermanó solamente con una población que casualmente lleva su mismo nombre, sino con un territorio conectado directamente con una de las capitales más importantes de Europa y depositario de una marca histórica conocida mundialmente. Y allí aparece una primera oportunidad.

Una puerta para mostrar la Salamina colombiana

Salamina, Caldas, tiene también qué contar. Su centro histórico es Bien de Interés Cultural del ámbito nacional, pertenece a la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia y forma parte del territorio del Paisaje Cultural Cafetero; la oferta oficial del departamento destaca sus balcones, tallas en madera, arquitectura tradicional, patrimonio religioso, paisaje rural y atractivos como el Bosque de Samaria. El hermanamiento puede servir entonces como escaparate, facilitando intercambios culturales, exposiciones, encuentros académicos, promoción conjunta, participación en celebraciones históricas, intercambio de experiencias de conservación patrimonial e incluso contactos entre operadores turísticos, universidades, empresarios y organizaciones culturales.

Hay otra posibilidad todavía más interesante, y es que la relación no se limite a las dos municipalidades. Salamina de Caldas puede convertirse en una puerta para mostrar el norte del departamento —Aguadas, Pácora, Aranzazu, La Merced, Marulanda, San Félix— y una región que tiene naturaleza, arquitectura, café, artesanía, música y tradiciones que todavía no alcanzan la exposición internacional que podrían tener. De hecho, la Gobernación ha planteado el hermanamiento dentro de una estrategia mayor de internacionalización y promoción de la marca Caldas es Natural, en articulación con entidades como ProColombia e Invest in Manizales y Caldas. Incluso existe un contexto diplomático favorable: Colombia y Grecia celebraron en julio de 2025 su primera reunión de consultas políticas y señalaron turismo, patrimonio cultural y cooperación académica entre las áreas en las que buscaban profundizar relaciones. Por eso el hermanamiento puede ser una llave, aunque una llave solamente sirve cuando después se abre una puerta.

Tampoco conviene esperar milagros

Aquí es donde el entusiasmo necesita encontrarse con la realidad. Salamina de Grecia tiene un enorme valor histórico y una ubicación privilegiada, pero no es Santorini, Mykonos o Creta; su propia municipalidad reconoce una fuerte vocación de residencia, excursión y veraneo vinculada principalmente con Atenas, y su perfil turístico está estrechamente conectado con el mercado interno griego y con su proximidad a la capital. Por eso sería exagerado imaginar que el simple hermanamiento producirá una corriente importante de turistas griegos hacia Salamina de Caldas: una municipalidad de aproximadamente 37.000 habitantes difícilmente puede convertirse, por sí sola, en un gran mercado emisor para un destino colombiano situado al otro lado del Atlántico.

Su aporte puede estar en otra parte: contactos, visibilidad, cooperación cultural, experiencias de gestión patrimonial, relaciones institucionales y, especialmente, la posibilidad de utilizar su cercanía con Atenas y El Pireo para establecer conexiones más amplias. Es una diferencia importante, y conviene tenerla clara desde ya: no se trata de despreciar el acuerdo, se trata de no sobredimensionarlo.

Después de Grecia viene la tarea difícil

Existe, además, una discusión legítima sobre las prioridades. Salamina y Caldas atraviesan una etapa particularmente exigente después del terremoto del 10 de agosto, y la propia Gobernación ha señalado vivienda, infraestructura pública y recuperación de los municipios afectados entre las necesidades centrales de la reconstrucción. Por eso una gestión internacional adquiere verdadero sentido cuando logra conectarse con esas necesidades. ¿Cuántos proyectos surgirán del hermanamiento? ¿Habrá cooperación para patrimonio, intercambios educativos, promoción turística verificable, contactos empresariales, asistencia técnica, recursos para reconstrucción? ¿Existirá una agenda con fechas, responsables y metas? Esas preguntas no descalifican el viaje ni el acuerdo: son precisamente las que hay que hacerse para evaluar sus resultados, porque firmar un documento en Grecia produce una fotografía hermosa, pero construir cooperación duradera exige muchísimo más.

El hermanamiento de las dos Salaminas abre una oportunidad interesante para proyectar el municipio, el norte de Caldas y Colombia, y reconoce algo que durante años hemos repetido desde estas páginas: Salamina posee un patrimonio suficientemente importante para conversar con el mundo. Ahora viene la parte que no cabe en las fotografías ni en los discursos: convertir el nombre compartido en proyectos, los apretones de manos en cooperación y el viaje institucional en resultados que algún día puedan verse desde los balcones de nuestra Salamina.

Lo que sigue, y el compromiso que no puede quedar en 2027

Un hermanamiento no se firma para una administración: se firma para un pueblo, y un pueblo dura más que cuatro años de gobierno. Ahí está el verdadero riesgo de este proceso. Colombia renovará sus alcaldías en las elecciones de 2027, y quien asuma la Alcaldía de Salamina a partir del 1 de enero de 2028 recibirá, junto con el bastón de mando, un acuerdo internacional todavía en blanco, apenas esbozado, sin proyectos ejecutados ni cifras que mostrar. Esa persona —hoy todavía sin nombre ni rostro— tendrá en sus manos la decisión de convertir esta ceremonia en política de Estado municipal o dejarla archivada como una anécdota bonita de otro alcalde.

No debería ser opcional. Quien llegue en 2028 tiene la obligación de recibir este hermanamiento como se recibe un arco que otro guardó con disciplina durante su turno: cuidándolo, estudiando la jugada anterior y saliendo a jugar la propia sin desconocer lo construido. Eso implica designar un responsable claro de la relación con Salamina de Grecia, rendir cuentas periódicas sobre lo que ese vínculo produce, buscar recursos de cooperación internacional que hoy Salamina apenas roza, y entender que la reconstrucción pos-terremoto y la proyección internacional no son caminos opuestos, sino la misma tarea vista desde dos ventanas distintas.

La próxima administración tendrá, además, una ventaja que esta generación no tuvo: podrá medir si el hermanamiento sirvió o si se quedó en protocolo. Esa evaluación —incómoda, necesaria— debería hacerse pública desde el primer año de gobierno, no al final, cuando ya no haya tiempo de corregir el rumbo. Por lo pronto, y mientras llega esa hora, a Salamina le queda la tarea de sostener lo empezado: documentar cada gestión, dejar por escrito cada compromiso y exigir, desde ya, que el acuerdo firmado en Grecia no dependa del calendario electoral sino del compromiso real con un municipio que, después de este año difícil, necesita más que nunca que sus puertas internacionales se mantengan abiertas.

Solo entonces sabremos cuánto había realmente detrás de aquella extraordinaria coincidencia geográfica que puso frente a frente, después de siglos de historias completamente distintas, a dos pueblos llamados Salamina.

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