La voz que cruza el mar para volver al nido: Jessica Jaramillo en Aguadas
Jessica Jaramillo nació en Sevilla, Valle del Cauca, pero el Quindío la adoptó hace tiempo y desde allí canta bambucos y pasillos con una afinación y una devoción poco comunes. En su voz caben las canciones que oyó de los abuelos, los versos de los compositores nuevos y buena parte de la dignidad de nuestra cordillera. Ahora vuelve a Caldas, y lo hace por la puerta grande.
Después de una gira por España y Francia, la cantante llega a Aguadas para el 35.º Festival Nacional del Pasillo Colombiano, que rinde homenaje a los hermanos Hernández y se realizará el 30 y 31 de octubre y el 1 de noviembre. Será jurado calificador de las nuevas promesas del género y el domingo 1 de noviembre ofrecerá un concierto dialogado, una de las citas más esperadas de esta edición.
Su relación con estos escenarios no es de ayer. Jessica aprendió a respirar bambuco de niña, de la mano de su padre y entre serenateros viejos, y se dio a conocer en certámenes como El Cuyabrito de Oro y en las muestras de pasilleritos, donde ya llamaba la atención por su afinación y su timbre cálido. Con los años el juego se volvió oficio. Estudió, se tomó en serio el texto poético y aprendió a moverse igual de bien en el trío típico, en el ensamble de cámara o en un montaje sinfónico.
Los premios dan fe de ese camino: el Gran Premio Mono Núñez Vocal, en Ginebra, y el Premio a la Excelencia «Marino Gómez Estrada» en el propio Festival del Pasillo de Aguadas. Por eso en esa plaza nadie la mira como a una invitada de afuera. Allí la tienen por hija de la casa, de las que entienden los dolores, las picardías y los suspiros que se guardan bajo los aleros de bahareque.
¿Qué por qué canto bambucos? De Madrid a Villeurbanne
Hasta hace pocas semanas, a Jessica se la oía lejos de los guaduales. Acaba de terminar la gira de su proyecto ¿Qué por qué canto bambucos?, una propuesta musical y discográfica que muestra que el bambuco sigue vivo y puede hablarle de tú a tú a cualquier público. En España pasó por San Sebastián de los Reyes, Madrid y Barcelona, y en Francia por Villeurbanne, donde el público se dejó llevar por canciones que, cantadas en clave andina, hablan de lo que a todos nos toca: la despedida, el arraigo, el amor sincero y la necesidad de reconciliarnos en un país golpeado.
El viaje fue posible gracias a los estímulos de la Gobernación del Quindío y su Secretaría de Cultura para la gira por España, y al apoyo del Fondo Mixto para las Artes y la Cultura del Quindío para el concierto en Francia. Lo que se vio en esos escenarios confirma algo que en Caldas sabemos de sobra: nuestra música no necesita disfrazarse para cruzar fronteras. Le basta con ser cantada con verdad y con oficio.
Pasar de los escenarios europeos al frío de Aguadas tiene algo de círculo que se cierra. Jessica no llega solo a recibir aplausos. Llega con dos tareas. La primera es sentarse en la mesa del jurado, y pocas voces tienen más autoridad para hacerlo: ella sabe lo que son las rodillas temblando antes de salir al tablado, la respiración contenida frente al micrófono y el miedo a que se quiebre la nota en una noche fría. A su rigor de formadora suma la empatía de quien recorrió el mismo camino desde muy joven.
La segunda es el concierto dialogado ¿Qué por qué canto bambucos?, el domingo 1 de noviembre. El formato es cercano y sin solemnidades: entre canción y canción, Jessica cuenta por qué, en medio de tanto estribillo comercial y tanta música desechable, decidió dedicar su vida a cantarles a las montañas, a los compositores que la formaron y a los jóvenes letristas que siguen escribiendo para tiple y bandola. En su repertorio caben el respeto por José A. Morales, Héctor Ochoa y Jorge Villamil, y la complicidad con quienes escriben hoy, como Luz Marina Posada, Fernando Salazar Wagner, Luis Enrique Aragón Farkas y María Isabel Saavedra. En su voz el pasado no es pieza de archivo, sino algo que sigue haciéndole preguntas al presente.
Para Caldas, tener a Jessica Jaramillo en el festival es mucho más que una figura en el cartel. Es una señal para las niñas de los semilleros, para los pasilleritos que apenas debutan y para los muchachos de las estudiantinas veredales: la música tradicional también puede ser un camino de vida, con proyección internacional y con orgullo.
El 1 de noviembre, cuando caiga la noche sobre las colinas de Aguadas y el viento mueva los aleros de la plaza, su voz sonará como suenan las cosas que viajan lejos y no olvidan de dónde salieron.
Para apreciar la profundidad interpretativa de su propuesta y entender de viva voz el sentido de su álbum, puedes revivir este registro en ¿Que Por Qué Canto Bambucos? – Jessica Jaramillo, una pieza que ilustra la calidez vocal y la estética sonora que la cantautora llevó a su gira internacional y que comparte ahora con el público del festival.