El viento, las grúas y una ciudad que no pidió permiso
Uno que nació entre las montañas de Caldas y terminó viviendo en la Patagonia aprende pronto que el viento de aquí no pide permiso. Baja de la cordillera, barre la meseta y entra por las avenidas de Neuquén con tranquilidad de dueño. Pero lo que más sorprende al que llega es otra cosa: a las seis de la tarde, con el cielo color cobre, las camionetas blancas siguen saliendo en caravana hacia la barda, las grúas se recortan contra el crepúsculo y las torres de vidrio brillan donde hace veinte años había chacras de peras y manzanas.
Esto no se parece a ninguna capital de provincia que yo conozca. Se parece, y perdónenme la audacia, a Dubai.
La comparación no es mía. Hace una década un diario de la región ya llamaba a Neuquén “pequeña Dubai” por sus torres, y entonces era una exageración simpática. Hoy es una descripción. Dubai fue un caserío de pescadores en medio del desierto que decidió que su destino no lo iba a dictar la geografía: abrió las puertas al que quisiera invertir, dio reglas claras y dejó trabajar. Neuquén recorre el mismo camino con una ventaja que a Dubai le tocó en menor medida, porque bajo esta estepa duerme una de las mayores formaciones de hidrocarburos no convencionales del planeta.
La roca estuvo siempre; lo que faltaba era permiso
Vaca Muerta lleva millones de años ahí. Durante décadas la Argentina tuvo el tesoro bajo los pies y las manos atadas, entre controles, impuestos y desconfianza. Cuando el gobierno de Javier Milei decidió que su trabajo era dejar de estorbar al que produce, la roca empezó a hablar con otra voz. Reconozco que el yacimiento viene de antes y que muchos pusieron su parte, pero también digo que un tesoro sin reglas que lo protejan es solo un hueco en la tierra, y que el cambio de estos años fue permitir que se trabajara sin pedir disculpas.
Los números ya no caben en la modestia. En agosto, Neuquén produjo 685.316 barriles de petróleo por día, un 25,1 % más que un año antes. El país entero llegó a 929.335 barriles diarios, la cifra más alta de su historia, por encima del viejo récord de 1998 que parecía inalcanzable. Esta sola provincia aporta casi tres de cada cuatro barriles de crudo y tres de cada cuatro metros cúbicos de gas que produce la Argentina. En el primer semestre, la balanza comercial de energía dejó un superávit de casi 7.000 millones de dólares, el más alto para una primera mitad de año, y el país suma más de treinta meses seguidos con saldo comercial positivo. YPF proyecta tocar por primera vez el millón de barriles diarios.
Reglas claras y dólares que llegan
Detrás de esas cifras hay una herramienta con nombre de sigla: el RIGI, el régimen que ofrece a las grandes inversiones treinta años de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios, y arbitraje internacional para resolver conflictos. Quien invierte miles de millones necesita saber qué va a pasar dentro de tres décadas, y eso fue lo que se le ofreció. Hoy hay veintitrés proyectos aprobados por casi 50.000 millones de dólares y otros veinticuatro en evaluación por 159.000 millones, entre ellos el gran proyecto de gas natural licuado de YPF. El 2 de octubre se anunció desde París uno más para Vaca Muerta, por más de 12.000 millones.
Y están los fierros. El oleoducto Vaca Muerta Sur, 437 kilómetros desde la cuenca hasta Punta Colorada, en el Atlántico, con una inversión de 3.000 millones, superó el 70 % de avance y cargará su primer buque entre fines de este año y comienzos de 2027. Cuando eso ocurra, el petróleo de esta estepa saldrá hacia el mundo por una puerta propia y no por el pasillo estrecho que lo limitaba.
La gente que llegó
Una ciudad no se mide por sus torres sino por la gente que decide quedarse. Más de 43.000 personas cambiaron su domicilio a la provincia en apenas dos años. Añelo, el pueblo en el corazón del yacimiento, creció 142 % entre 2010 y 2022, y su alcalde calcula que pasará de 12.000 a 50.000 habitantes hacia 2031. En el primer trimestre de este año, la ciudad de Neuquén sumó más de 60.000 metros cuadrados de nueva construcción, un 20,3 % más que el año anterior. Según un despacho de Reuters, el sueldo promedio del sector petrolero y gasífero en la provincia ronda los 5.600 dólares, casi el triple del promedio del sector privado en Buenos Aires. Son familias que vinieron de todo el país, y de otros países, a trabajar con las manos y con la cabeza, y que están levantando barrios enteros sobre la meseta.
Lo que falta, y lo que viene
No todo brilla igual, y Don Tello cuenta lo que ve. Neuquén es hoy una de las ciudades más caras para alquilar, la infraestructura corre detrás del crecimiento, y el precio del crudo, como se vio en enero, puede morder cuando se le antoja. La riqueza tiene que llegar a la mesa de todos, y de eso depende que esta historia sea completa. Pero entiendo que la respuesta a esos problemas es más producción, más empleo y más reglas estables, no menos. La lección de Dubai nunca fue que el desierto se llena de torres. Fue que alguien decidió cuidar al que construye.
Por eso me atrevo a apostar, con la convicción de quien vive en esta Patagonia y ve el movimiento todos los días, a que en pocos años la Argentina volverá a ocupar el lugar que nunca debió abandonar. Con el petróleo y el gas de Neuquén saliendo por Punta Colorada, con el litio de la Puna y el cobre de San Juan, con un campo capaz de alimentar a cientos de millones, el país tiene lo que el mundo necesita y empieza a tener las reglas para ofrecerlo. De arquero aprendí que el partido no se gana esperando bajo los tres palos, sino saliendo a buscar el balón en el momento justo. La Argentina esperó demasiado. Ahora sale.
Y mientras el viento sigue bajando de la cordillera sin pedir permiso, las luces de Neuquén se encienden una a una sobre la meseta, como si la estepa hubiera aprendido, por fin, a brillar.