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El Rincón de Timoteo: ¡Flores pa’ las madres y rejo pal’ alcalde modelito!

El Rincón de Timoteo celebra a las madres salamineñas en su día, comparando su berraquera para administrar el hogar con la "chambonada" de la alcaldía. De paso, le da su tunda al "Modelito" por negarle pasajes a los escritores mientras se va de juerga a Santo Domingo. También desenmascara al "Mutis" falso y su combo en Planeación, y se pregunta cómo les van a pagar a los contratistas sin contrato.

¡Qué hubo, pues, manga de desocupados y pecadores de este pueblo de Dios! Aquí vuelve su servidor, el que todo lo ve y de lo que no sabe se lo inventa con tal de joder, porque si uno no se queja es porque ya está debajo de la tierra. Me dicen que por allá en la alcaldía andan muy finos, muy de «espectáculo» y de «fanfarria», pero a la hora de la verdad tienen al pueblo más enredado que un bulto de anzuelos.

Yo no soy de los que andan lamiendo suela por un contrato de tres meses, no señores, yo hablo por los que no tienen voz y por los que tienen la garganta seca de tanto pedir que arreglen este moridero. Así que amárrense los calzones que aquí va lo suyo, y si les pica, es porque sarna tienen.

¡Oigan a estos! ¿Si ven lo que pasa cuando uno deja que el poder se le suba a la cabeza y se crean que el pueblo es la finca del abuelo? Pues aquí les traigo la perla de la semana porque resulta que en la «Ciudad Luz», lo único que brilla es la ausencia de vergüenza de los que mandan. Resulta que los tales gestores culturales, esos que se parten el lomo tratando de que el arte no se muera de hambre en estas laderas, llevan tres años, ¡tres benditos años!, pidiendo que les armen el dichoso Consejo Municipal de Cultura. Pero claro, como el último lo dejó instalado el tal «Emperadorcito» Juan Pablo Ospina —ese que se creía el dueño del sol y las estrellas—, pues al de ahora no le ha dado la soberana gana, o como dicen los que usan corbata por allá en la alcaldía, «no ha habido voluntad política». ¡Hágame el bendito favor!

¿Es que acaso no saben para qué sirve esa vaina o es que les da miedo que les vigilen la plata? Pa que se enteren, el Consejo de Cultura es el que tiene que velar por el Plan Decenal, el que define pa dónde va la plata de la estampilla procultura —que no es poquita, ¿o no, Manuel Fermín?— y el que tiene que decidir qué carajos se hace con el patrimonio de este pueblo que se está cayendo a pedazos mientras ellos se toman fotos en el parque. Sin ese consejo, la cultura en Salamina es un barco sin timón donde el capitán se gasta el combustible en fiestas y fanfarrias de tres pesos. Ese consejo es el que debería estar controlando que no se tiren la plata en contratos a dedo pa los amigos de la «rosca» y que de verdad se apoye al músico, al pintor y al que enseña a bailar a los pelaos pa que no se los lleve el vicio.

Pero no, aquí prefieren tener a la cultura de mendiga, pidiendo limosna en cada esquina, mientras ellos se llenan la boca diciendo que somos patrimonio de la humanidad. ¡Patrimonio del olvido es lo que somos! Si no hay consejo, no hay participación, y si no hay participación, lo que hay es una dictadura de bolsillo donde se hace lo que al mandamás le dé la gana entre tinto y tinto. ¿Qué están esperando? ¿Que los instrumentos se llenen de polilla o que los artistas se larguen pal otro lado porque aquí el arte no da ni pa un pan de a mil? ¡Dejen de ser tan descarados y suelten el mando, que la cultura no es de ustedes, es de la gente, atorrantes!

¡Vieron lo que les digo! Es que se me calienta la sangre nada más de pensar en el descaro de estos personajes que tenemos sentados allá en la loma del poder. Es que todo va amarrado, como los chorizos de la plaza: si no hay Consejo de Cultura, pues no hay quien les jale las orejas y entonces la plata de nosotros se vuelve el bolsillo personal del «Modelito» Manuel Fermín. ¡Oigan esta perla que me contaron en la esquina! Resulta que para el encuentro departamental de escritores en Filadelfia, invitaron a dos señores de las letras de aquí de Salamina, gente que sí sabe qué es un libro y no solo lo usa de adorno. Los pobres fueron a la alcaldía a pedir la bobadita de 200 mil pesos, ¡doscientos mil pesos, por Dios!, que eso no alcanza ni pa' un mercado medio decente hoy en día, y la respuesta del mandamás fue un seco: «No hay plata». ¡Háganme el bendito favor! Les tocó a los artistas meterse la mano al bolsillo y sacar de su propio pecunio para ir a representar al pueblo, mientras el alcalde se encogía de hombros como si le estuvieran pidiendo las escrituras del palacio.

Pero ah, no pregunten si había plata para irse a Santo Domingo al concurso de bandas, porque para eso sí aparecieron más de 9 millones de pesos de los impuestos suyos y míos. Allá se fue el «Modelito» con toda su corte a tomarse sus guaritos y, según cuentan las malas lenguas —que son las que más saben—, el show no fueron las trompetas sino las borracheras del alcalde. Dicen que dio un espectáculo tan penoso allá en Republica Dominicana como el que se mandó aquí el día que recibieron a la banda. Ese día los pobres funcionarios se mataron trabajando, organizando todo sin que la alcaldía soltara un miserable peso, porque todo lo pagó el comercio y los papás de los pelaos que sí tienen sentido de pertenencia. Pero eso sí, para salir en la foto, para sacar pecho como palomo de plaza y decir que «este es el apoyo de mi administración», ahí sí estuvo el «Modelito» muy peinado y muy orondo. ¡Qué descaro, señor alcalde! Para los que escriben y piensan no hay ni pa'l pasaje, pero para que usted se pegue sus juergas y se las de de gran mecenas con plata ajena, ahí sí la billetera está gorda. ¡Deje de ser tan pantallero y respete el esfuerzo de los que de verdad hacen cultura sin robarse el show ajeno!

¡Ay, mijo! Aquí es donde la puerca tuerce el rabo y la cosa se pone color de hormiga. Agárrense, que lo que me contaron en la fila del banco tiene a más de uno con el estómago amarrado. Resulta que los contratistas del municipio andan más «recalientes» que plancha de sastre, y no es para menos: llevan meses trabajando por amor al arte… o mejor dicho, por amor al puesto que no tienen. El chisme de pasillo, que en Salamina es más efectivo que el noticiero de las siete, dice que a esta pobre gente no les han soltado ni un peso de salario. Pero, ¡vaya sorpresa!, ¿cómo les van a pagar si los señores no tienen contrato firmado? La «Revista de Caldas» ha estado machacando con la pregunta de qué va a pasar con esa gente ahora que se atravesó la tal Ley de Garantías, y la respuesta es un silencio que mete miedo.

La jugada es maestra, pero de esas maestras del engaño y la desfachatez. Según los cálculos de este humilde servidor, a esos cristianos no les van a ver la cara a la plata hasta que pase el ventarrón de las elecciones y se acabe la prohibición de contratar. Pero aquí es donde yo me pregunto, con mi ignorancia de pueblo: si llevan trabajando como mulas sin un papel que los respalde, ¿cómo carajos les van a legalizar esos meses? La ley dice clarito que los contratos no pueden ser retroactivos, o sea, que uno no puede firmar hoy para que le paguen lo que hizo llos meses pasados. ¿Será que el «Modelito» piensa que trabajaron cinco meses gratis? ¡Jejejejeje! Ni que fueran hermanitas de la caridad.

Lo que uno sospecha es que ya deben estar cocinando alguna «trica», alguna marrulla de esas que solo saben hacer los que se creen más listos que la ley. Alguna ilegalidad se inventan, porque en este pueblo la creatividad de los mandamases solo sirve para ver cómo le hacen el quite a la norma. Tienen a un montón de gente camellando sin seguridad social, sin respaldo y con la promesa de «espérese que yo le cuadro después». ¡Qué falta de respeto con el trabajo ajeno, por Dios! Mientras el alcalde se gasta la millonada en guaritos y fotos, los que de verdad hacen que la alcaldía se mueva están viendo cómo pagan el arriendo con puras promesas de campaña. ¡Dejen de ser tan tramposos y denle la cara a la gente, que el hambre no sabe de Ley de Garantías ni de excusas chimbas!

¡Ave María, mijos! Es que si por la alcaldía llueve, por las redes sociales no escampa, y lo que hay es un barrial de los mil demonios. Resulta que ahora nos salió un «fantasma» digital que se hace llamar «Mutis San Félix». ¡Hágame el bendito favor! Se robaron el apellido de un señor respetable del corregimiento, un veedor de esos que sí tienen pantalones, para montar un perfil de esos que tiran la piedra y esconden la mano. Este «Mutis» de mentiras se la pasa lamiéndole las botas al «Modelito» y atacando a todo el que no le rinda pleitesía al palacio. Pero uno que ya tiene los colmillos largos de tanto ver marrullas, sabe que ese perfume a oficialismo no se quita ni con detergente. Ese perfil no huele a ciudadano preocupado, huele a oficina con aire acondicionado y a sueldo pagado con los impuestos de nosotros, los que sí sudamos la gota gorda.

Lo que se dice en los corrillos, entre tinto y tinto, es que ese «Mutis» usurpador no es más que un mandadero con teclado, un «bodeguero» de esos que contratan para que les cuide la espalda en el Facebook mientras ellos se gastan la plata en juergas. Y no es por chismosear, pero dicen que el tal perfil vive muy «acolitado» por allá en la oficina de Planeación. ¡Vaya coincidencia, mijo! Que el que tiene que ver con los planos y los proyectos sea el que, al parecer, le sopla las velitas al perfil usurpador para que salga a insultar concejales y a defender contratos que nadie ve. ¡Qué belleza de transparencia! Mientras la web oficial del municipio está más desactualizada que un almanaque de hace diez años, estos personajes sí tienen tiempo de sobra para crear perfiles falsos y perseguir a los que preguntan por la plata del Bicentenario.

¡Dejen de ser tan cobardes, hombre! Si quieren defender al alcalde, háganlo con nombre y apellido, den la cara como los varones, no se escondan tras la sombra de un señor de San Félix que sí trabaja de verdad. Es muy feo ver cómo usan el poder para montar estas «policías de la opinión» mientras el pueblo se cae a pedazos. Pero claro, como el Secretario de Planeación parece que tiene más interés en el «me gusta» del Facebook que en publicar la Gaceta Municipal, pues ahí estamos pintados. Sigan así, jugando a los espías de pueblo, que tarde o temprano a todo marrano le llega su nochebuena y a todo perfil falso se le cae la careta. ¡Atorrantes, busquen qué hacer y dejen de gastarse la plata del pueblo en estas payasadas digitales!

¡Ay, mijos! Casi que se me olvida lo más sagrado que tiene este moridero de pueblo: ¡Las madres! Hoy, 10 de mayo de 2026, estamos de fiesta porque es el día de esas santas que nos aguantaron los berrinches, nos quitaron el hambre con un caldo de nada y nos enderezaron la vida a punta de punta de chancleta y bendición. ¡Un saludo bien apretado para todas esas madrecitas hermosas de Salamina y San Félix! Desde la que se levanta a las cuatro de la mañana a moler maíz, hasta la que anda por ahí toda «pispa» celebrando, todas se merecen el cielo enterito. Y claro, no nos olvidemos de las «mamacitas», esas que le quitan el sueño a más de uno y que andan hoy estrenando trapo para que el marido o el novio les gaste siquiera un helado en el parque, porque si no, ¡mínimo que las lleven a bailar con la plata que el alcalde no se gastó en los escritores!

Pero ojo, que ser mamá en este pueblo es una labor de héroes, casi tan difícil como tratar de que el «Modelito» le firme el contrato a uno. Esas señoras sí que saben de «gestión», no como los de la alcaldía. Ellas hacen milagros con la plata del mercado, rinden la carne para que alcancen todos y todavía les queda para el remedio del abuelo. ¡Eso sí es administración, carajo! No como otros que se van de rumba con 9 millones mientras las mamás de los pelaos de la banda tienen que vender empanadas para pagar el uniforme de sus hijos. A todas esas madres luchadoras, a las que son papá y mamá al mismo tiempo, y a las que hoy nos ven desde el cielo, les mando un beso y un trago de aguardiente (pero del bueno, no del que marea al alcalde). Que hoy no les falte el cariño, que los hijos no sean tan desnaturalizados de llegar con las manos vacías y que, por una vez al año, las dejen descansar de tanta brega. ¡Feliz día, reinas de la casa, que si no fuera por ustedes, este pueblo ya se hubiera acabado de hundir hace rato!

…hasta la próxima semana o hasta que al editor le sobre la gana de publicarme.

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