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Aguadas se prepara para ser el corazón de la música andina colombiana

El Festival Nacional del Pasillo Colombiano en Aguadas llega a su edición 35 en medio de desafíos y el latido indomable de su gente. Más que una fiesta folclórica, este encuentro es una trinchera de resistencia cultural donde músicos campesinos y pasilleritos salvan la memoria andina del olvido estatal. Una invitación abierta a conmovernos con el sonido y la identidad de nuestra propia tierra.
Eleuterio Gómez codirector

El pasillo colombiano no es simplemente un compás musical que se ejecuta con destreza técnica en los escenarios; es, ante todo, el refugio emocional de una cordillera que aprendió a cantar sus dolores y a bailar sus timideces. Nacido en las entrañas del siglo XIX como una insurrección estética frente al vals aristocrático europeo, este ritmo mestizo supo despojarse de los lujos cortesanos para untarse de pueblo, transformándose en el cronista definitivo de la vida andina. En su fisonomía habita una dualidad desgarradora que conmueve a quien lo escucha con atención: por un lado, el pasillo fiestero estalla en las plazas con una alegría vertiginosa y puramente instrumental que invita al movimiento; por el otro, el pasillo lento se refugia en la intimidad de las voces para desgranar melodías melancólicas, serenatas de desamor y nostalgias profundas que flotan como la bruma sobre los cafetales.

En los municipios de Caldas, y de manera sutil en los rincones de Aguadas, la música se convierte en un ejercicio de memoria colectiva que resiste los embates de una modernidad acelerada y sorda. El rasgueo del tiple, el punteo nervioso de la bandola y el soporte rítmico de la guitarra no son adornos del paisaje, sino herramientas críticas que sostienen la identidad de una comunidad que se reconoce en sus notas. Cuando un pasillo suena en la plaza, el tiempo parece detenerse para abrir un diálogo necesario entre el pasado de los abuelos y la incertidumbre de las nuevas generaciones, demostrando que la cultura no es un organismo estático de museo, sino un fuego vivo que necesita ser alimentado constantemente para no extinguirse en la indiferencia.

Treinta y cinco peldaños de memoria viva

Llegar a la versión trigésima quinta de una festividad cultural en nuestro contexto territorial no es un logro menor, sino una auténtica hazaña de resistencia civil y comunitaria. El Festival Nacional del Pasillo Colombiano se prepara para abrir sus puertas una vez más, consolidando a Aguadas como el epicentro indiscutible donde confluyen los mejores intérpretes de la música andina de todo el país. Esta edición adquiere una densidad histórica particular al rendir un homenaje profundo a la memoria de los hermanos Hernández, aquellos genios visionarios que llevaron el sonido de nuestras cuerdas a los escenarios internacionales más exigentes, demostrando que la música de la patria chica poseía una universalidad estética capaz de deslumbrar al mundo entero.

Sin embargo, detrás de las luces del escenario y de los aplausos protocolares de las delegaciones invitadas, late una realidad social que exige una permanente conciencia crítica. El festival sobrevive año tras año en medio de tensiones presupuestales y de la constante escasez de recursos que suele aquejar a la gestión cultural en las provincias del país. Sostener este encuentro del 14 al 16 de agosto de 2026 representa un esfuerzo monumental de administraci´n munipal y de los gestores locales, quienes entienden que renunciar al festival significaría amordazar la voz de un pueblo que encuentra en sus tradiciones el único espacio genuino de encuentro, cohesión social y dignidad histórica frente al centralismo.

La plaza de las alpargatas y los talentos olvidados

La verdadera riqueza de la cita aguadeña no reside únicamente en la competencia de los grandes circuitos académicos, sino en la apertura de espacios democráticos donde el folclor se manifiesta en toda su diversidad humana. El concurso de coreografía de pasillo transforma las calles en un torbellino de movimiento, donde parejas y agrupaciones dancísticas de diversas regiones compiten con el vigor de sus cuerpos, haciendo que el crujir de las alpargatas sobre el suelo dialogue directamente con el vuelo de las faldas y el brillo de los tradicionales sombreros de iraca. La danza aquí no es un mero espectáculo visual; es una narración corporal que traduce el cortejo, el trabajo campesino y la rebeldía de un pueblo que se niega a olvidar cómo se camina su propia tierra.

Este tejido social se fortalece de manera conmovedora a través de la presencia de los «pasilleritos», esos niños y adolescentes que asumen la interpretación y la danza del pasillo con una madurez que asombra y garantiza el relevo generacional de la patria. Junto a ellos, las modalidades de talentos aguadeños y músicos campesinos devuelven el festival a sus legítimos dueños: los hombres y mujeres que labran la tierra, aquellos cuyos dedos encallecidos por el azadón son capaces de extraer las melodías más puras de un tiple viejo. Al visibilizar al músico rural y al artista local, el festival cumple su misión más noble, rescatando del anonimato a los verdaderos guardianes del patrimonio andino y otorgándoles el lugar de honor que la historia oficial muchas veces les ha negado.

La cita institucional y el abrebocas del alma

El camino hacia esta gran celebración colectiva inicia de manera formal en la capital del departamento, convocando a todas las fuerzas vivas de la sociedad a unirse en torno a la defensa de nuestra herencia cultural. Aguadas se prepara para volver a ser el corazón de la música andina colombiana y, con inmenso orgullo, invita a las entidades públicas y privadas, medios de comunicación, gestores culturales, artistas, aguadeños, visitantes y amantes de nuestras tradiciones a acompañarnos en el lanzamiento oficial de la 35 versión del Festival Nacional del Pasillo Colombiano. Este encuentro inicial será la oportunidad perfecta para compartir la imagen y el afiche oficial, conocer en detalle la programación artística y disfrutar de un emotivo abrebocas musical con interpretaciones vocales e instrumentales que nos conectarán de inmediato con la esencia de nuestro pasillo colombiano.

La cita para este reencuentro con nuestras raíces está programada para el jueves 11 de junio de 2026, a partir de las 9:00 a.m., en el Auditorio de la Secretaría de Cultura de Caldas, ubicado en la ciudad de Manizales. Los esperamos para comenzar juntos el viaje hacia un festival que promete conmover los corazones y recordar que, en tiempos de fragmentación social, la música sigue siendo el puente indestructible que nos une como comunidad. No asistir es ignorar el llamado de la memoria; acompañar este lanzamiento es un acto de afirmación cultural indispensable para que el grito de la cordillera siga resonando con fuerza en el porvenir de nuestra patria.

“Proyecto Apoyado por el MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y LOS SABERES, Programa Nacional de Concertación Cultural”

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