La Sacudida Semanal de Majencio
Colombia lidera Artemis II con talento que llega hasta la Luna
Colombia conquista la Luna: talento criollo lidera Artemis II
En un rincón del universo donde el silencio pesa más que el plomo y cualquier error se paga con el abismo, tres mujeres colombianas tejieron una hazaña que no se mide en kilómetros, sino en coraje, precisión y talento del bueno, del que se forja con disciplina y cabeza fría. Artemis II no fue solo un viaje hacia la Luna. Fue, para decirlo sin rodeos, una cátedra magistral de ingeniería con acento colombiano 🚀🇨🇴
Mientras el mundo entero miraba al cielo como quien espera un milagro, en la Tierra había una mente afinando cada detalle con la precisión de un reloj suizo. Diana Trujillo, desde la silla caliente del control de misión, no estaba jugando a la ciencia ficción. Estaba dirigiendo una sinfonía donde cada instrumento era una maniobra orbital, cada silencio una decisión crítica. Lo suyo no era improvisar, era anticiparse. En ese tablero invisible donde se decide la vida de una misión, su liderazgo fue brújula, bisturí y ancla al mismo tiempo.
Pero si el viaje de ida exige nervios de acero, el regreso pide sangre fría. Y ahí entró en escena Liliana Villarreal, con la responsabilidad de recibir a la cápsula Orión como quien espera a un hijo que viene de cruzar el desierto del cosmos. No era cualquier rescate. Era una coreografía milimétrica en mar abierto, donde cada segundo contaba y cada error podía costar millones… o vidas. Villarreal no solo lideró, comandó con la serenidad de quien sabe que el caos se domestica con preparación. Y lo logró.
Ahora bien, detrás de esas decisiones visibles, de esos momentos que hacen titulares, hay una historia más silenciosa, casi microscópica. Porque en el espacio no fallan las cosas “por poquito”. O funcionan perfecto… o no funcionan. Y ahí aparece Sara Rengifo, la ingeniera que jugó en otra liga: la de los materiales, la resistencia, lo invisible pero determinante 🔬
Rengifo trabajó donde el ojo no llega, pero donde se decide todo. Cada componente que viajó en esa misión fue puesto a prueba contra el frío brutal, la radiación y la violencia del vacío. Nada podía ceder. Nada podía romperse. Su trabajo no salió en cámaras, pero sin él, ni Trujillo habría tenido nave que dirigir ni Villarreal cápsula que rescatar. Así de simple.
Lo que pasó con Artemis II no es solo un logro técnico. Es una declaración potente: Colombia no está mirando el futuro desde la gradería, está en la cabina de mando. Con talento, con ciencia y con mujeres que no piden permiso para hacer historia.
Y mientras algunos todavía dudan de lo que somos capaces, allá arriba, en la frontera del espacio, ya quedó claro: el ingenio colombiano no tiene techo. Solo cielo… y más allá 🌕✨
Ospina Rosas reaparece y revive dudas sobre poder y continuidad en Salamina
Majencio no se guarda nada. Parado en media calle, con esa franqueza que incomoda, suelta la frase como quien ya está cansado de ver la misma película repetida: otra vez el exalcalde Ospina Rosas en campaña, aunque todavía no lo diga abiertamente. Porque una cosa es clara: nadie sale a saludar a todo el mundo, a pasear perros, a sonreír forzado en redes y a cobrar obras como propias por puro cariño al pueblo. Eso tiene libreto, estrategia… y cálculo.
Lo que más indigna, diría Majencio, no es la intención en sí, sino la forma. Ese intento de reinventarse con sombrero ajeno, queriendo parecer cercano cuando buena parte de su gestión anterior transcurrió entre paredes de oficina, lejos del pulso real de la gente. Y ahora resulta que San Félix aparece como bandera, cuando fue la presión ciudadana, vía acciones populares, la que lo obligó a actuar. No fue iniciativa: fue obligación.
Pero el asunto va más allá de la imagen. Aquí lo que se está cocinando —y el pueblo no es ingenuo— es la sospecha de un acuerdo tácito, ese viejo “yo te elijo, tú me eliges”, que convierte la democracia en un juego de turnos entre los mismos. Y eso, como bien lo gritaría Majencio sin rodeos, no solo desgasta la confianza: la rompe.
Porque cuando los cargos se heredan como si fueran fincas, lo que se instala es el clientelismo, la rosca, la puerta cerrada para nuevos liderazgos. Y ahí pierde Salamina. Pierde la posibilidad de oxigenarse, de pensar distinto, de avanzar sin deber favores.
La repetición en el poder, bajo estas condiciones, no es estabilidad: es estancamiento disfrazado. Y en un contexto ya polarizado, insistir en esas prácticas solo profundiza la división y empuja a la gente a lo peor: la abstención, el silencio, la resignación.
Majencio lo diría más simple, pero igual de contundente: “¡No Juanpis, otra vez no!”. Y en esa frase hay más que molestia. Hay una advertencia. Porque la democracia, si no se cuida, termina convertida en costumbre… y las malas costumbres, en los pueblos, cuestan caro.
¿Desde cuándo la procesión es desfile de campaña?”
¡Vaya semana la que nos ha tocado, compadres! Se fue la Pascua, se guardaron los cirios y, como de costumbre, me quedo aquí en mi rincón de Toriles rascándome la barba mientras repaso las fotos que circularon por ahí. Y digo yo, ¿desde cuándo la Semana Santa se convirtió en el estreno anual del noticiero personal del alcalde? Porque, seamos francos, lo que vimos en Salamina no fue tanto un encuentro con lo divino, sino una maratón de selfies eclesiásticos y caminatas procesionales donde la figura central, esa que brillaba más que el cirio pascual, era nada menos que el primer mandatario de turno.
No me malentiendan, que yo respeto la fe como respeto el buen aguardiente: con devoción y sin mezclas raras. Las ceremonias en nuestros pueblos patrimoniales tienen un peso histórico, un aroma a incienso y a tierra mojada que no cabe en un celular. San Félix, con esa ternura campesina que le da alma a la montaña, y Salamina, con su arquitectura que suspira siglos de historia, merecían ser el escenario, no el telón de fondo para un montaje de vanidad política. Pero claro, cuando la llamada oficina de prensa se convierte en oficina de propaganda barata, el pueblo paga el precio de verse relegado a relleno en su propia fiesta.
Lo más triste no es la foto posada, sino la oportunidad perdida. Tienen camarógrafos y fotógrafos con oficio, gente que sabe encuadrar la luz y capturar el suspiro de una tradición. ¿Y qué hicieron? Sacar videos recortados para alimentar el ego digital del mandatario en Facebook e Instagram, mientras el resto de nosotros nos quedábamos con las ganas de sentir el acompañamiento. Una transmisión en vivo, limpia y sin filtros de campaña, habría llevado la solemnidad de nuestros templos a las pantallas de quienes no pudieron estar, habría puesto a Caldas en el mapa del turismo sostenible y cultural, y habría demostrado que se gobierna para el patrimonio y no para el algoritmo.
En vez de eso, nos dieron migajas de realidad y un banquete de autopromoción. Que conste, Majencio no está en contra de que el alcalde vaya a misa; está en contra de que convierta el altar en tarima y la procesión en desfile de campaña. La fe no necesita flash, compadre, y el pueblo tampoco necesita que le vendan devoción envasada al vacío. Que la próxima vez, si van a grabar, graben lo que late en las calles y no lo que brilla en el espejo del poder. Que Toriles observa, y no olvida.
Entre la fe y la responsabilidad: Semana Santa para reflexionar más allá del discurso
La Semana Santa llega cada año con su carga simbólica de recogimiento, silencio y reflexión. Es un tiempo que invita a hacer pausas en medio del ruido cotidiano, a mirar hacia adentro y a preguntarnos, con honestidad, en qué estamos fallando como sociedad. Pero también debería ser un momento para mirar hacia afuera: hacia la gente, hacia sus necesidades, hacia las promesas que aún no se cumplen.
En nuestros pueblos, donde la fe sigue siendo parte esencial de la vida, las procesiones recorren las calles y las iglesias se llenan. Sin embargo, más allá de los rituales, hay una realidad que no se puede ignorar. Mientras se elevan oraciones, también se acumulan inquietudes: proyectos que no avanzan, soluciones que no llegan, necesidades que siguen esperando.
Esta no es una invitación a cuestionar la fe, sino a darle sentido. Porque creer también implica actuar. Y gobernar, aún más.
Para quienes tienen responsabilidades públicas, esta Semana Santa debería ser un espacio de reflexión profunda. No basta con aparecer en redes sociales, ni con discursos que suenan bien pero no se traducen en hechos. La gente no necesita promesas bonitas: necesita respuestas, gestión, compromiso real.
Es momento de preguntarse —con la misma sinceridad con la que se ora— qué se ha hecho bien y qué no. Qué falta por cumplir. Qué decisiones se han postergado. Porque gobernar no es un ejercicio de imagen, es un ejercicio de responsabilidad.
La ciudadanía, por su parte, también tiene un papel. Reflexionar no es solo un acto individual, es también colectivo. Es entender que el cambio no ocurre solo desde arriba, pero que sí exige coherencia desde quienes lideran.
Semana Santa puede ser una pausa… pero no una excusa. Puede ser un momento de introspección… pero también de compromiso. Porque al final, la verdadera fe no se demuestra en lo que se dice, sino en lo que se hace.
Y quizá esa sea la reflexión más urgente: que creer, en cualquier ámbito, implica cumplir.
Majencio lanza la idea: San Félix debe ser patrimonio mundial
Majencio lo dice sin anestesia, como quien ha visto pasar demasiadas oportunidades sin que nadie se atreva a tomarlas: San Félix debería estar en la conversación de la UNESCO. No como una ilusión lejana, sino como una apuesta concreta, posible y urgente.
“¿Qué más necesitamos?”, pregunta, casi con ironía. Y la respuesta no tarda: paisaje único, cultura viva, historia, comunidad. Pero sobre todo, un elemento que pocos territorios pueden exhibir con ese peso: el bosque de palma de cera más grande de Colombia. No un fragmento, no una postal aislada, sino un ecosistema completo, continuo, poderoso. “Eso no lo tiene cualquiera —dice—, pero aquí lo vemos todos los días y ya ni lo valoramos”.
Para Majencio, el problema no es de recursos, sino de mentalidad. San Félix, insiste, ha vivido demasiado tiempo en modo espera. Esperando inversión, esperando decisiones, esperando que otros lo reconozcan. “Y así no funciona el mundo —remata—. Los territorios que hoy son referentes no se quedaron esperando: se organizaron”.
Su propuesta no es improvisada. Habla de construir un proceso serio: inventariar el patrimonio natural y cultural, documentar las prácticas campesinas, vincular a la comunidad, articular a las instituciones. En otras palabras, hacer la tarea. “La UNESCO no llega porque sí —explica—, hay que salir a buscarla, pero con argumentos”.
Y argumentos, según él, sobran. San Félix encaja en lo que se conoce como paisaje cultural vivo: un lugar donde la naturaleza y la vida humana no están separadas, sino profundamente conectadas. Donde la palma de cera no es solo símbolo, sino parte del día a día. Donde la cultura no es espectáculo, sino práctica.
Pero también advierte: no se trata de convertir el pueblo en un producto. “Si esto se hace mal, nos lo dañamos”, dice. La apuesta, insiste, debe ser por un turismo sostenible, ordenado, que proteja lo que existe y no lo desgaste. “No queremos buses llenos y ruido —dice—, queremos respeto y futuro”.
En el fondo, su planteamiento va más allá de la declaratoria. Es una provocación. Un llamado a que San Félix deje de verse como periferia y empiece a pensarse como centro. “Aquí no falta nada —repite—, lo que falta es decisión”.
Y ahí, quizás, está la clave.
Porque la pregunta ya no es si San Félix puede ser patrimonio.
La pregunta —como diría Majencio— es si algún día se va a atrever a creérselo. 🌿🔥
Majencio mira las redes y pregunta por la gestión
Yo no digo que esté mal saludar. Dios me libre. Un apretón de mano bien dado todavía tiene más valor que cien comunicados oficiales. Pero uno se mete a las redes de la Alcaldía de Salamina y termina creyendo que aquí lo que más se produce no es gestión sino contenido. Ahí está el alcalde Manuel Fermín, sonriente, impecable, caminando por la calle Real como si estuviera en desfile de fiestas patronales permanente, repartiendo apretones de mano con entusiasmo profesional y besos de mejilla que alcanzan para cámara lenta.
Nuestro amigo Timoteo, que es malicioso pero no mentiroso, lo bautizó hace rato como “el modelito de la esquina”. Y no porque sea mala persona, sino porque aparece más en formato vertical que los influencers de moda. Microvideo por aquí, saludo por allá, sonrisa al fondo, música inspiradora y listo: historia subida.
Ahora, que el alcalde se deje ver no es pecado. Lo que pasa es que el pueblo no vive de historias destacadas. Mientras en Instagram todo se ve alegre, con artista invitado y tarima iluminada, en El Establo, en El Playón y en Palenque la gente sigue mirando las laderas con el mismo susto cada vez que el cielo se pone gris. Y eso no lo arregla ningún filtro.
Dicen que el alcalde pasa buena parte del tiempo “gestionando” por fuera del municipio. Ojalá que así sea y que esas gestiones estén a punto de aterrizar, porque por ahora lo que aterriza son cantantes y lo que despega son los aplausos. Gestionar no es traer espectáculo, es traer soluciones. No es solo animar la plaza, es estabilizar la montaña.
Y en San Félix siguen esperando el nombramiento del corregidor como quien espera carta certificada que nunca llega. Y los derechos de petición, esos que no caben en un reel, siguen aguardando respuesta formal. Porque responder un documento no da tantos likes, pero da tranquilidad institucional.
Yo no estoy diciendo que no haya trabajo. Lo que estoy diciendo es que el trabajo se note en el terreno, no solo en la pantalla. Que el saludo venga acompañado de maquinaria. Que la sonrisa llegue con presupuesto. Que el video tenga detrás una obra que no se borre cuando pase la moda digital.
Porque el pueblo no necesita un protagonista constante en redes. Necesita un alcalde constante en las soluciones. Y eso, hasta ahora, todavía está en veremos.
Silencio y deuda: reclamo público a Escuela Taller Caldas
Durante demasiado tiempo se ha insistido en la idea de que los compromisos pueden dilatarse sin consecuencias y que el silencio es una forma válida de respuesta. No lo es. Cuando una obligación permanece incumplida durante años y, además, se ignoran de manera reiterada los intentos de comunicación, lo que está en juego deja de ser un simple desacuerdo para convertirse en un asunto de responsabilidad.
Desde el año 2021 existe una obligación económica pendiente por parte de la Fundación Escuela Taller de Caldas. Han pasado los meses, luego los años, y lo que debía ser una gestión simple se ha transformado en una cadena de evasivas, silencios y ausencia total de respuestas formales. No se trata de una omisión menor, sino de un comportamiento que refleja una preocupante falta de compromiso institucional.
Resulta inaceptable que, ante requerimientos claros, respetuosos y reiterados, no exista ni siquiera una comunicación básica que dé cuenta del estado de la situación. El silencio prolongado no solo agrava el problema, sino que envía un mensaje equivocado sobre la seriedad con la que se asumen las obligaciones adquiridas.
En cualquier escenario, pero especialmente en el ámbito institucional, la palabra tiene valor. Los compromisos no son opcionales, y mucho menos cuando involucran recursos, trabajo realizado y acuerdos previamente establecidos. Ignorar esta realidad no elimina la obligación; por el contrario, la hace más evidente y más grave.
Por ello, y en ejercicio del derecho a informar, así como en coherencia con la necesidad de dar visibilidad a situaciones que no pueden normalizarse, hemos decidido hacer pública la comunicación enviada a la Fundación Escuela Taller de Caldas.
Este no es un señalamiento ligero ni una reacción impulsiva. Es el resultado de un proceso prolongado en el que se agotaron las vías del diálogo, la espera razonable y la buena fe. Cuando esas instancias no encuentran respuesta, la transparencia se convierte en el único camino legítimo.
No se trata únicamente de una deuda. Se trata de responder, de dar la cara y de asumir con seriedad las responsabilidades adquiridas. Porque detrás de cada compromiso incumplido hay trabajo, tiempo y confianza que no pueden ser ignorados.
A continuación, compartimos el mensaje remitido, con la expectativa de que esta situación encuentre, finalmente, una solución clara, pronta y definitiva. Y seguiremos publicando continuamente.
Señor Abogado
German Estrada
Director encargado
Fundación Escuela Taller de Caldas
Salamina
Respetado señor,
Me permito reiterar la comunicación enviada previamente respecto a la obligación económica que esa institución mantiene conmigo desde el año 2021, por valor de dos millones cien mil pesos ($2.100.000).
A la fecha, no solo no se ha recibido propuesta de pago alguna, sino que tampoco ha existido respuesta a mi requerimiento anterior, lo cual evidencia una falta de gestión y de voluntad para atender esta situación de manera responsable.
En mi comunicación anterior manifesté una disposición conciliatoria, ofreciendo recibir el sesenta por ciento (60%) del valor adeudado como pago total dentro de un plazo determinado. Sin embargo, dicho ofrecimiento no fue atendido ni siquiera con una respuesta formal.
En consideración a lo anterior, me permito informar que, de no recibir respuesta y/o pago dentro del día de mañana, procederé a trasladar el caso a mi apoderada, la abogada Claudia Elena Corrales Gómez, para que inicie el correspondiente proceso de cobro judicial.
Dicho proceso contemplará el cobro del valor total de la obligación, junto con los intereses causados desde el año 2021 hasta la fecha que determine el despacho judicial, así como las costas y demás gastos derivados del proceso.
Adicionalmente, informo que, ante la ausencia de respuesta por parte de esa institución, a partir de este momento las comunicaciones relacionadas con este caso podrán ser publicadas en redes sociales y en la Revista de Caldas, en ejercicio del derecho a informar sobre situaciones de interés público.
Reitero que mi intención ha sido resolver esta situación de manera directa y amigable, evitando instancias judiciales; no obstante, ante la ausencia total de respuesta, me veo en la obligación de tomar las acciones legales correspondientes.
Quedo atento a su pronta respuesta.
Atentamente,
Eleuterio Gómez Valencia
C.C. 4.557.398 Salamina
Tras conocer sobre el plantón, Alcalde reacciona y activa transporte escolar
¡Ave María pues, alcalde! Vea cómo son las cosas: cuando la gente se junta, habla duro y no se deja embolatar, sí aparecen las soluciones. Ayer la comunidad estaba lista para el plantón, mamada de tanto esperar respuestas, y vea pues… amanecimos hoy con la noticia de que ahora sí hay transporte escolar para los muchachos, sobre todo en el campo y en San Félix. Hasta video sacaron anunciándolo, como pa’ que no quede duda.
Entonces uno dice: ¡sí ve, alcalde, que sí se puede! No era imposible, no era tan enredado. Era cuestión de voluntad, de escuchar a la gente, de entender que esto no es un favor sino un derecho. Porque mientras se hacían videos y recorridos, los pelaos seguían caminando horas, mojándose, llegando cansados… o peor, dejando de ir al colegio.
Por eso, desde aquí le digo: felicitaciones por haber reaccionado. Porque también hay que reconocer cuando se corrige. Escuchar a la comunidad no es debilidad, es gobernar bien. Y si este anuncio se cumple como lo dijeron, pues bienvenido sea. Que los niños lleguen seguros a estudiar debería ser lo más básico, no una pelea que toca dar.
Pero ojo, alcalde, que aquí es donde empieza lo bueno… o lo serio. Porque una cosa es anunciar y otra muy distinta es cumplir todos los días, sin fallas, sin excusas y sin intermitencias. La gente ya está cansada de promesas bonitas que se quedan en el aire. Y en San Félix, usted sabe bien, hay una herida abierta.
Allá todavía están frescas esas promesas que usted hizo y la respuesta que le dio a la comunidad, que no cayó nada bien. Eso generó molestia, controversia y desconfianza. Entonces este tema del transporte puede ser un primer paso pa’ recomponer la relación… pero toca sostenerlo. No es solo salir del paso por el plantón.
Ahora, también hay que decirlo: así como criticamos, también reconocemos. La puesta en marcha de la pavimentación de la vía Salamina – La Merced es una noticia que merece aplauso. Esa sí es una obra que impacta de verdad, que conecta, que mejora la calidad de vida y que le sirve a todo el mundo. Ahí es donde uno dice: vea, cuando hay gestión, se nota.
Entonces, alcalde, la cosa es clara: menos carreta y más hechos, pero hechos que duren. Hoy la comunidad le mostró que cuando se une, logra que la escuchen. Y usted demostró que cuando hay presión… también hay soluciones.
Aquí vamos a estar, como siempre, con el ojo puesto. Vigilantes, atentos, sin bajar la guardia. Porque esto no es de un día ni de un video: es de cumplirle a la gente en tiempo y forma, como debe ser.
Y se lo repito, pa’ que no se le olvide:
sí ve, alcalde… que sí se puede. 💬
Transporte escolar: deuda urgente en Salamina hoy
En Salamina, la educación no solo se enfrenta a los retos estructurales de la ruralidad, sino a una barrera más inmediata y dolorosa: la imposibilidad de llegar a las aulas. La falta de un sistema de transporte escolar digno y continuo está dejando por fuera a niños y niñas campesinos que, en muchos casos, deben caminar durante horas por caminos veredales, exponiéndose a riesgos innecesarios o, simplemente, desistiendo de asistir. No se trata de una incomodidad menor, sino de una vulneración directa del derecho a la educación. Cada jornada perdida no es solo una ausencia en el aula, es un paso más hacia la deserción, la desigualdad y la perpetuación de brechas históricas entre lo urbano y lo rural.
Mientras tanto, la administración municipal parece más enfocada en construir una narrativa visual que en resolver el problema de fondo. La imagen del alcalde recorriendo calles, saludando ciudadanos y protagonizando contenidos para redes sociales se ha vuelto recurrente, casi coreográfica. Pero la gestión pública no puede reducirse a la estética del momento ni al aplauso digital. Gobernar implica priorizar, y en esa lista, el acceso real de los niños al sistema educativo debería ocupar un lugar innegociable. Resulta inquietante que, en medio de esta crisis, la respuesta institucional sea más visible en Instagram que en las rutas escolares que hoy no existen o funcionan de manera intermitente.
El impacto de esta omisión es profundo. Un niño que no llega al colegio no solo pierde clases: pierde oportunidades, vínculos sociales, alimentación escolar y, en muchos casos, el único espacio estructurado que le permite proyectar un futuro distinto. La educación rural ya enfrenta condiciones adversas; sin transporte, se convierte en un privilegio y no en un derecho. Salamina necesita menos cámaras y más soluciones. Menos puesta en escena y más política pública efectiva. Porque cada día que pasa sin transporte escolar es un día en que el municipio le falla, de forma silenciosa pero contundente, a su infancia.
Cuando el Alcalde de Salamina se queda en anuncios
El caso del corregidor de San Félix se ha convertido en un ejemplo claro de una lógica administrativa que evita responder lo esencial. Desde la comunidad se ha señalado la ausencia de una designación formal para ese cargo, una situación que no es menor: la falta de un corregidor tiene efectos directos en la vida cotidiana del corregimiento y en la capacidad institucional de atender sus necesidades.
La discusión pública no gira alrededor de si el alcalde tiene o no la facultad de hacer el nombramiento. Esa atribución existe y nadie la ha puesto en duda. Lo que la comunidad quiere saber es algo mucho más simple y concreto: por qué, teniendo esa facultad, el cargo sigue sin ser ocupado y qué se está haciendo para resolver la situación. Esa pregunta, que es la que realmente importa, continúa abierta mientras el corregimiento permanece sin una autoridad designada formalmente.
En paralelo, la narrativa que se proyecta en redes sociales muestra un panorama muy distinto. Allí se ve una administración activa, con reuniones permanentes, anuncios constantes, fotografías de recorridos por el territorio y mensajes optimistas sobre el futuro del municipio. Es una imagen de gestión continua, cuidadosamente construida en plataformas digitales.
El problema aparece cuando esa narrativa no encuentra el mismo respaldo en resultados tangibles. Gobernar no consiste en producir publicaciones ni en sostener una percepción de actividad permanente. Gobernar implica ejecutar decisiones, materializar proyectos y resolver problemas concretos que afectan a las comunidades.
Cuando los anuncios se multiplican sin traducirse en acciones visibles, el efecto más grave no es administrativo sino democrático. La confianza ciudadana comienza a erosionarse. Las comunidades no viven de promesas ni de publicaciones en redes sociales: viven de obras terminadas, de instituciones que funcionan y de autoridades que responden con claridad cuando se les pregunta.
Porque gobernar, al final, no es prometer. Gobernar es cumplir.
Majencio mira las redes y pregunta por la gestión
Yo no digo que esté mal saludar. Dios me libre. Un apretón de mano bien dado todavía tiene más valor que cien comunicados oficiales. Pero uno se mete a las redes de la Alcaldía de Salamina y termina creyendo que aquí lo que más se produce no es gestión sino contenido. Ahí está el alcalde Manuel Fermín, sonriente, impecable, caminando por la calle Real como si estuviera en desfile de fiestas patronales permanente, repartiendo apretones de mano y besos en la mejilla con entusiasmo profesional, besos de mejilla que alcanzan para cámara lenta.
Nuestro amigo Timoteo, que es malicioso pero no mentiroso, lo bautizó hace rato como “el modelito de la esquina”. Y no porque sea mala persona, sino porque aparece más en formato vertical que los influencers de moda. Microvideo por aquí, saludo por allá, sonrisa al fondo, música inspiradora y listo: historia subida.
Ahora, que el alcalde se deje ver no es pecado. Lo que pasa es que el pueblo no vive de historias destacadas. Mientras en Instagram todo se ve alegre, con artista invitado y tarima iluminada, en El Establo, en El Playón y en Palenque la gente sigue mirando las laderas con el mismo susto cada vez que el cielo se pone gris. Y eso no lo arregla ningún filtro.
Dicen que el alcalde pasa buena parte del tiempo “gestionando” por fuera del municipio. Ojalá que así sea y que esas gestiones estén a punto de aterrizar, porque por ahora lo que aterriza son cantantes y lo que despega son los aplausos. Gestionar no es traer espectáculo, es traer soluciones. No es solo animar la plaza, es estabilizar la montaña.
Y en San Félix siguen esperando el nombramiento del corregidor como quien espera carta certificada que nunca llega. Y los derechos de petición, esos que no caben en un reel, siguen aguardando respuesta formal. Porque responder un documento no da tantos likes, pero da tranquilidad institucional.
Yo no estoy diciendo que no haya trabajo. Lo que estoy diciendo es que el trabajo se note en el terreno, no solo en la pantalla. Que el saludo venga acompañado de maquinaria. Que la sonrisa llegue con presupuesto. Que el video tenga detrás una obra que no se borre cuando pase la moda digital.
Porque el pueblo no necesita un protagonista constante en redes. Necesita un alcalde constante en las soluciones. Y eso, hasta ahora, todavía está en veremos.
Ayudas públicas convertidas en moneda electoral
En cada temporada electoral reaparece una vieja práctica que pareciera negarse a desaparecer del paisaje político colombiano: el uso de ayudas públicas como herramienta para presionar o influir en el voto ciudadano. Lo que debería ser una política social destinada a aliviar necesidades urgentes termina convertido, en algunos municipios, en un mecanismo de control político disfrazado de generosidad institucional.
En vísperas de elecciones parlamentarias, las denuncias suelen repetirse. Funcionarios locales, contratistas y líderes cercanos a las administraciones municipales recorren barrios y veredas entregando mercados, subsidios o promesas de programas sociales. Nada de esto sería cuestionable si respondiera exclusivamente a criterios técnicos o sociales. El problema surge cuando esas entregas vienen acompañadas de mensajes implícitos —o explícitos— sobre por quién “conviene” votar.
La línea entre la asistencia social legítima y el clientelismo electoral es, en estos casos, peligrosamente delgada. Cuando los recursos provienen del erario público, no pertenecen al alcalde, ni al concejal, ni a ningún movimiento político. Son recursos de todos los ciudadanos. Utilizarlos para inducir una preferencia electoral no solo distorsiona la competencia democrática, sino que además convierte la pobreza en instrumento político.
Las comunidades más vulnerables suelen ser las principales víctimas de estas prácticas. Personas que enfrentan necesidades reales terminan atrapadas en una lógica perversa: aceptar la ayuda puede implicar una presión moral o social para corresponder en las urnas. Así, el voto deja de ser un acto libre para convertirse en una transacción silenciosa.
Esta dinámica erosiona la confianza en las instituciones y debilita la legitimidad del sistema democrático. Cuando la política se reduce a la entrega de favores financiados con dinero público, el debate sobre ideas, programas y proyectos de país queda relegado a un segundo plano.
La democracia exige algo más que urnas abiertas y ciudadanos convocados a votar. Requiere condiciones de equidad, transparencia y libertad real para elegir. Mientras las ayudas públicas sigan siendo utilizadas como fichas en el tablero electoral, esa libertad continuará bajo sospecha. Combatir estas prácticas no es solo una tarea de los organismos de control; es también una responsabilidad colectiva para proteger la dignidad del voto y la integridad de lo público.
Ayudas públicas convertidas en moneda electoral
Yo no digo que esté mal saludar. Dios me libre. Un apretón de mano bien dado todavía tiene más valor que cien comunicados oficiales. Pero uno se mete a las redes de la Alcaldía de Salamina y termina creyendo que aquí lo que más se produce no es gestión sino contenido. Ahí está el alcalde Manuel Fermín, sonriente, impecable, caminando por la calle Real como si estuviera en desfile de fiestas patronales permanente, repartiendo apretones de mano y besos en la mejilla con entusiasmo profesional, besos de mejilla que alcanzan para cámara lenta.
Nuestro amigo Timoteo, que es malicioso pero no mentiroso, lo bautizó hace rato como “el modelito de la esquina”. Y no porque sea mala persona, sino porque aparece más en formato vertical que los influencers de moda. Microvideo por aquí, saludo por allá, sonrisa al fondo, música inspiradora y listo: historia subida.
Ahora, que el alcalde se deje ver no es pecado. Lo que pasa es que el pueblo no vive de historias destacadas. Mientras en Instagram todo se ve alegre, con artista invitado y tarima iluminada, en El Establo, en El Playón y en Palenque la gente sigue mirando las laderas con el mismo susto cada vez que el cielo se pone gris. Y eso no lo arregla ningún filtro.
Dicen que el alcalde pasa buena parte del tiempo “gestionando” por fuera del municipio. Ojalá que así sea y que esas gestiones estén a punto de aterrizar, porque por ahora lo que aterriza son cantantes y lo que despega son los aplausos. Gestionar no es traer espectáculo, es traer soluciones. No es solo animar la plaza, es estabilizar la montaña.
Y en San Félix siguen esperando el nombramiento del corregidor como quien espera carta certificada que nunca llega. Y los derechos de petición, esos que no caben en un reel, siguen aguardando respuesta formal. Porque responder un documento no da tantos likes, pero da tranquilidad institucional.
Yo no estoy diciendo que no haya trabajo. Lo que estoy diciendo es que el trabajo se note en el terreno, no solo en la pantalla. Que el saludo venga acompañado de maquinaria. Que la sonrisa llegue con presupuesto. Que el video tenga detrás una obra que no se borre cuando pase la moda digital.
Porque el pueblo no necesita un protagonista constante en redes. Necesita un alcalde constante en las soluciones. Y eso, hasta ahora, todavía está en veremos.
Catastro actualizado, advertencias que nunca llegaron
Durante el periodo 2020–2023, la Alcaldía de Salamina estuvo liderada por Juan Pablo Ospina Rosas, con la misma Secretaria de Hacienda que hoy continúa en el cargo. En ese contexto administrativo, el 28 de julio de 2023 entró en vigencia la Ley 2294, mediante la cual el Gobierno Nacional ordenó la actualización de los catastros rezagados en todo el país, proceso asignado al Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC).
La disposición no era sorpresiva ni improvisada. Implicaba tareas claras para la administración municipal: hacer seguimiento técnico al proceso, informar oportunamente al Concejo y a la comunidad, preparar posibles alivios tributarios y diseñar estrategias para proteger a los propietarios ante el impacto fiscal que podría derivarse de los nuevos avalúos.
Sin embargo, no se conocieron campañas pedagógicas amplias, ni anuncios preventivos, ni propuestas de alivio fiscal anticipado. Hoy, numerosos propietarios enfrentan incrementos abruptos en sus obligaciones tributarias, situación que pudo ser gestionada con mayor previsión institucional.
La gestión pública exige anticipación y planificación. Cuando la ley advierte cambios estructurales, la responsabilidad local no es esperar la reacción ciudadana, sino actuar con información, medidas preventivas y claridad administrativa.
Alcalde en campaña permanente digital
Majencio, desde San Félix, lo dice sin rodeos: mientras Salamina espera soluciones concretas, el alcalde parece más concentrado en su ángulo que en su agenda. Rodeado de asesores de imagen y cámaras siempre listas, posa como influencer en campaña eterna, sonríe para la selfie y administra pensando en métricas. Cada publicación suma reacciones, pero resta tiempo para enfrentar los problemas que siguen creciendo en los barrios y en el campo. La política convertida en espectáculo puede entretener, pero no reemplaza la gestión seria ni la presencia institucional donde más se necesita.
Las redes sociales no pavimentan calles, no mejoran el hospital, no garantizan agua constante ni generan empleo. Gobernar no es actuar frente a un lente ni medir popularidad en comentarios. La administración municipal no puede transformarse en estudio de grabación mientras la comunidad exige respuestas urgentes y decisiones firmes. Salamina no necesita más transmisiones en vivo ni discursos editados con filtros; necesita planificación, ejecución y resultados verificables. La ciudadanía votó por un gerente público, no por un creador de contenido.
Majencio, voz incómoda del pueblo
Dicen que se le ve por el Alto, donde alguna vez estuvo Toriles, con un morral viejo lleno de libros y una botella de aguardiente que no se sabe si es compañía o símbolo. Barba desordenada, sombrero gastado y mirada profunda. Pero Majencio no es solo un hombre: es una necesidad. Cuando los pueblos callan demasiado, inventan voces. Salamina, con su mezcla de tradición, orgullo y resignación, encontró en él una figura que no pide permiso ni busca aplausos. Su tono es directo, a veces brusco, malhablado con intención. No insulta por deporte: sacude. Y en cada sacudida deja flotando una pregunta incómoda: ¿en qué momento nos acostumbramos a todo?
Majencio nace cuando el silencio se vuelve rutina y la política espectáculo. Cuando la indignación dura lo que una historia de Instagram y el ciudadano prefiere murmurar antes que exigir. No es líder ni candidato; su terreno es la conciencia pública. Figura satírica y espejo social, recuerda que el poder necesita vigilancia ciudadana. En su exageración hay verdad. Incomoda porque cuestiona. Y en pueblos pequeños, cuestionar duele. Pero callar, muchas veces, resulta más peligroso.