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El Rincón de Timoteo: chismes, shows y silencios desde la Vitrina de ANATO

Timoteo se fue a Bogotá a la Vitrina Turística de ANATO y volvió cargado. Vio brillar a Salamina y Aguadas como Pueblos Patrimonio, pero también vio al Modelito con su equipo de propaganda armando el show. Y hay contratos, tutelas y un Teatro que nadie nombra.

Bueno, bueno, bueno… aquí está su servidor, Timoteo, el de la calle del Hipódromo, pero esta semana me encontraron en la esquina de siempre porque me fui a rumiar chisme fino a Bogotá. Sí señor, me colé en la Vitrina Turística de la ANATO en Corferias, que es donde se reúne todo el mundo del turismo colombiano y de medio planeta a hacer negocios, a darse la mano y a hablar de plata seria. Más de 56 mil personas metidas en 45 mil metros cuadrados de pura feria, con gente de más de 45 países. Y Caldas estuvo en la candela, porque el Gobernador don Henry, fiel a su costumbre, se cargó al departamento al hombro y lo metió con todo en la vitrina más grande del turismo nacional. Salamina y Aguadas, nuestras dos joyas de la Red de Pueblos Patrimonio, brillaron como se merecen ante los ojos del país.

Y adivinen quién también apareció por esos corredores… el mismísimo Modelito de la Esquina del Parque, pero no vino solo, qué va. Trajo su propio equipo de producción. Ahí estaba el parcero Pichi, cámara en mano, cazando cada movida del alcalde como si fuera estrella de Hollywood. Y detrás, los dos asesores de cabecera, incondicionales ellos, más pegados al jefe que la sombra a las tres de la tarde. Hasta se rumorea que el otro asesor de relaciones públicas — ese que tiene sus vínculos con gente cercana a esta casa editorial, y que por respeto no nombramos — también andaba por ahí completando la comitiva. Porque eso sí, nuestro alcalde no sale a ningún lado sin su delegación completa. Pa’ qué ir liviano si uno puede llevar la procesión entera.

Pero lo mejor, lo que Timoteo no se puede guardar, fue ver al Modelito en plena acción de gestor de contenidos. Dándole la mano a todo el mundo con esa sonrisa tan estudiada, tan ensayada, tan de foto de campaña, que uno podía ver el momento exacto en que los ojos se le iban a buscar a Pichi para confirmar que había quedado bien el plano. Un saludo por aquí, una palmadita por allá, una mirada al horizonte con cara de estadista… y Pichi disparando la cámara sin descanso para llenar el Instagram y el Facebook de contenido pa’ la semana. El show era tan evidente, tan poco disimulado, que a Timoteo le dio pena ajena. De esa pena que a uno le sube caliente por la nuca. Porque una cosa es comunicar la gestión y otra muy distinta es montar una telenovela de segunda en medio de un evento serio donde Caldas y sus pueblos patrimonio estaban jugándose su imagen turística ante Colombia y el mundo.

Y hablando del equipo de producción del Modelito, Timoteo se quedó pensando si habrán llevado a Bogotá el famoso drone de los veinte millones de pesos. No joda, veinte millones. Cada vez que me acuerdo de esa cifra se me revuelve el estómago, porque si hay algo que sabe hacer bien esta administración es apretarse caro los juguetes. Un drone de veinte palos pa’ filmar qué, ¿las mismas calles rotas, los mismos andenes torcidos, los mismos problemas de siempre pero con mejor resolución? Porque eso sí, las imágenes quedan bonitas, el municipio sale precioso desde el aire, todo verde y colonial, y uno desde arriba no ve los huecos ni la mugre ni los líos sin resolver. Qué maravilla la tecnología cuando se usa pa’ tapar en vez de pa’ mostrar. No sabemos con certeza si el aparatico viajó a Corferias, pero con ese equipo de propaganda que montaron, uno no descarta nada. Lo que sí es seguro es que Pichi no descansó un segundo y que el Instagram del alcalde va a quedar nutrido pa’ rato con material de la feria. Veinte millones, señores. Que no se les olvide a la hora de votar.

Pero no todo fue show y pena ajena en Corferias. Timoteo también tuvo su momento de orgullo, y hay que decirlo con todas las letras porque esta columna no es solo pa’ la crítica sino también pa’ reconocer lo que vale. Me topé con los muchachos del Valle de La Samaria, los de San Félix, y qué alegría tan macanuda me dio verlos. Esa gente sí sabe lo que es sacar el pecho con altura y con vergüenza propia. Mostraron su corregimiento con dignidad, con amor, con la convicción de quien cree en lo que tiene y lo pregona sin poses ni camarógrafos alquilados. Hablaron de su tierra, de su trabajo, de lo que han construido con esfuerzo genuino para sacar adelante a San Félix. Y uno los miraba y sentía esa diferencia tan grande entre quien trabaja de verdad y quien trabaja pa’ la foto. Porque mientras el Modelito de la Esquina del Parque andaba buscando el mejor ángulo pa’ Pichi, los chicos del Valle de La Samaria andaban buscando aliados, contactos, oportunidades reales pa’ su comunidad. Eso es gestión. Eso es amor por el territorio. Aprenda, alcalde, que estos muchachos le dan cátedra gratis.

Y ya que estamos en el tema de quién hace qué y quién se lleva el crédito de qué, Timoteo tiene que hablar de algo que le hierve la sangre. Esta semana el Modelito salió muy orondo a mostrar como su gestión la entrega de equipos de última generación en tecnología de salud en el Hospital de San Félix y en el Hospital Felipe Suárez de Salamina. Qué bonitas las fotos, qué bien quedó en el video, qué buena cara puso pa’ la cámara de Pichi. Pero alcalde, con todo el respeto que se merece, que no es mucho: eso no fue obra suya. Esos equipos llegaron gracias a la Gobernación de Caldas y a la Secretaría Seccional de Salud. Don Henry y su equipo gestionaron esos recursos, no usted. Y uno entiende que la política tiene sus mañas, pero hay un límite entre capitalizar y robar aplausos ajenos. Cuéntele a la gente la verdad. Dígales quién puso la plata, quién gestionó, quién trabajó. O mejor aún, en vez de andar sacando el pecho con lo que hicieron otros, cuéntenos cómo va la reconstrucción del Teatro, que de eso no hemos visto ni un comunicado, ni un video, ni una foto, ni nada. Silencio de tumba.

Hay algo que Timoteo no entiende, y mire que uno en la calle del Hipódromo ha visto y oído de todo. ¿Cómo es posible que un alcalde le saque el cuerpo semana tras semana a las preguntas de un medio de comunicación serio? Mercurio lleva varias semanas preguntándole al Modelito por unos contratos que deberían aparecer registrados en el SECOP, que pa’ los que no saben es el sistema donde por ley deben publicarse todos los contratos del Estado, todos, sin excepción, sin esconder nada. Y los contratos no aparecen. Mercurio pregunta y el alcalde calla. Mercurio insiste y el alcalde… a filmar videos pa’ Instagram. Eso no es transparencia, eso no es buen gobierno, eso es exactamente lo contrario. Porque una cosa es no saber y otra muy distinta es saber y esconder. Y cuando un funcionario público evade las preguntas de la prensa sobre contratos que deben ser públicos, uno no puede sino preguntarse qué hay detrás de ese silencio tan elocuente. Alcalde, los contratos del Estado son de todos los salamineños, no son suyos. Publíquelos, respóndale a Mercurio, demuestre que no tiene nada que ocultar. O será que sí tiene?

Y si lo de Mercurio ya es grave, esto que les voy a contar es más grave todavía. Al Modelito de la Esquina del Parque le han radicado derechos de petición, que son documentos formales donde los ciudadanos le piden cuentas a sus gobernantes, algo completamente legal, completamente legítimo, completamente obligatorio de responder. Y el alcalde no ha respondido. No uno, varios. Y como consecuencia de ese silencio arrogante e ilegal, ya van dos acciones de tutela interpuestas contra él por no contestar. Dos tutelas, señores. Eso no es un descuido administrativo, eso es un patrón. Eso es un alcalde que cree que gobernar es salir en fotos y que rendir cuentas es opcional. Pues no, mi querido Modelito, los derechos de petición tienen respuesta obligatoria por mandato constitucional, y cuando usted no responde un juez lo obliga. Y esas tutelas quedan en la hoja de vida institucional del municipio, manchando la imagen de Salamina, que es la imagen de todos nosotros. Mientras usted estaba en Bogotá buscando el mejor ángulo pa’ la foto, acá había ciudadanos esperando respuestas que por ley les corresponden. Atiéndalos, alcalde. Es su obligación, no un favor.

Y pa’ cerrar esta semana, Timoteo quiere hablar del gran ausente, de ese tema que el Modelito esquiva con una habilidad que da envidia. El Teatro de Salamina. Esa joya patrimonial que lleva esperando su reconstrucción mientras las administraciones van y vienen y los discursos se repiten. Uno busca en el Instagram del alcalde y encuentra fotos con turistas, videos en ferias, saludos de mano estudiados para la cámara de Pichi, equipos médicos que no gestionó, paisajes grabados con drone de veinte millones. Pero del Teatro, nada. Ni un comunicado, ni un cronograma, ni una reunión con la comunidad, ni una sola foto frente a ese edificio que clama por atención. Y es que el Teatro no da buena foto todavía, ¿verdad alcalde? No tiene cinta pa’ cortar ni placa pa’ inaugurar ni pantalla donde verse bien. Solo tiene historia, cultura, identidad y una comunidad que lleva años esperando que alguien le cumpla de verdad. Salamina merece un Teatro vivo, no promesas muertas. Y usted, Modelito, merece menos Instagram y más escritorio. Con esto Timoteo se despide hasta el próximo domingo, o hasta que le dé la gana de volver y el editor lo deje salir. Cuídese el lomo que por acá seguimos con los ojos abiertos.

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