Sacudida de Majencio

La Sacudida Semanal de Majencio

Salamina sin timón mientras Manuel Fermín vive “gestionando” lejos

“¡Ajá pues mis queridos desjuiciados de Salamina, agárrense el sombrero porque ahí les va la sacudida!”

Antes de entrar en materia y empezar a repartir el garrote que bien merecido se tienen varios, quiero plantear un parón aquí mismo en la entrada. Me van a perdonar, pero como hombre de una sola pieza y de palabra firme, no me puedo quedar callado. Quiero mandarle un abrazo apretado, solidario y con la ruana bien puesta a nuestro director y editor. Resulta que a los cobardes de siempre, esos que les da rasquiña cuando se les canta la verdad en la cara, les dio por meterle la mano y sabotearle la página web. ¡Qué belleza! Como no tienen argumentos para debatir con ideas, mandan sus ataques informáticos a la sombra, intentando apagar la voz de este portal que ya se les metió a las casas a más de 200,000 internautas al mes. Sigan intentándolo, camanduleros, que entre más nos tumben, más berracos nos levantamos. ¡A este director no me lo asustan con tres bytes mal tirados!

Ahora sí, entremos en gastos con lo nuestro. Uno ya no sabe si en Salamina tenemos alcalde o agente viajero de tiempo completo. Porque vea, Manuel Fermín mantiene más por fuera que un gallo prestao o que un peso en el bolsillo de un arrancado. Que anda “gestionando”, dicen los lambones de siempre, esos que le cargan el maletín y le celebran hasta los estornudos… ¿Gestionando qué, si se puede saber? Porque a este pueblo no le llega sino el polvo de las promesas, el desorden monumental y una falta de autoridad que ya da es vergüenza ajena.

Salamina hoy parece una finca sin mayordomo, o peor, un potrero con la cerca caída. Las calles están intransitables, llenas de motos atravesadas como si los andenes fueran parqueaderos públicos; los vendedores ocupando el espacio del peatón que tiene que tirarse a la calle arriesgando la vida, carros parqueados donde les da la soberana gana y nadie, absolutamente nadie en la administración, dice ni mu. La invasión del espacio público en esta joya arquitectónica ya no es un problema: ya se volvió paisaje. Aquí cualquiera llega, pone un puesto con cuatro palos, atraviesa un carrito o se toma una esquina estratégica, y la Alcaldía bien, gracias… mirando pa’l cielo con los brazos cruzados, como vaca viendo pasar avión. ¿Para eso fue que votamos, para tener estatuas de sal en el despacho?

Y hablando de desorden con cinismo incluido, vea pues el espectáculo dantesco que tenemos al frente mismo de las narices de la Alcaldía con el famoso puesto de dulces del parque. ¡Por Dios bendito, eso ya dejó de ser un puestico de golosinas hace rato! Ahora el aparato tiene nevera industrial, música a todo taco hasta altas horas de la noche interrumpiendo la paz del centro histórico, y para rematar, venden licor como si aquello fuera la cantina oficial del municipio o una extensión del despacho de gobierno. Mejor dicho, a ese paso y con esa alcahuetería, ya solo falta que traigan unas muchachas de esas muy “cariñosas” de la vida alegre para completar el cuadro y terminar de convertir nuestro parque principal en una zona de tolerancia y rumba popular. Y lo más bravo, lo que a uno le saca la piedra como ciudadano que paga impuestos, es que todo ese libertinaje pasa frente a la ventana del gobierno municipal… y nadie dice absolutamente nada. Ahí sí no aparecen los controles, ni los inspectores, ni la policía, ni la autoridad. ¡Qué belleza de desgobierno, hombre! Para unas cosas son muy ágiles, pero para poner orden en su propia casa les quedó grande el overol.

Y mientras el rancho arde y el parque se vuelve una taberna, el señor alcalde se la pasa tomándose fotos por fuera, sonriendo para el Facebook como si fuera canciller de la ONU o un diplomático internacional en plenas vacaciones pagadas. Mucha reunión de corbata, mucho viajecito a Manizales y Bogotá, mucha «gestión» de pasillo, pero el pueblo de a pie sigue igualito. O peor. Porque uno recorre las calles de Salamina, habla con la gente en las esquinas y lo único que escucha es la misma cantaleta aburrida: “¿Vea, y este alcalde Manuel Fermín sí está gobernando o es que se le olvidó dónde queda el despacho?”

Pero es que tampoco nos digamos mentiras ni nos llamemos a engaños, mis queridos desjuiciados. Detrás de todo este teatro de marionetas todavía se siente la mano larga y la sombra del exalcalde Juan Pablo Ospina Rosas. Según murmura medio pueblo en voz baja —y el río suena porque piedras trae—, el hombre sigue moviendo las fichas de la burocracia tras bambalinas, como si la administración todavía fuera propiedad de él y el alcalde actual fuera solo un secretario con chofer. Y para colmo de males, ahora ya se escucha el descaro de que el hombre quiere volver a postularse para la Alcaldía. ¡Jesús, María y José! ¡Líbranos del mal y del agua mansa! Como si Salamina hubiera quedado muy berracamente bien administrada en su periodo como para querer repetir semejante película de terror. ¿Es que no hay más memoria en este pueblo o nos gusta el sufrimiento?

Aquí lo que verdaderamente preocupa no es solo el desorden físico de las motos y las cantinas a cielo abierto. Lo grave, lo que duele en el alma caldense, es la profunda sensación de abandono. La gente siente que el municipio no tiene rumbo, que el barco va al garete, que no hay autoridad respetable y que cada quien hace lo que le da la gana porque no hay ley para los de corbata ni para los amigos del poder. Y mientras el ciudadano de a pie madruga a las cuatro de la mañana a trabajar la tierra, a ordeñar las vacas y a rebuscársela con el sudor de la frente, los de arriba siguen metidos en oficinas con aire acondicionado, en reuniones eternas hablando bonito, tomándose tinticos de exportación y echando carreta de unos macroproyectos teóricos que nunca, pero nunca, aterrizan en las veredas de nuestra Salamina. ¡Mucho tilín tilín y nada de paletas!

Justicia admite tutela contra Alcaldía de Salamina por hostigamiento a prensa

Vea pues, mis queridos salamineños, que uno se descuida un ratico pa’ echarse un traguito de tapetusa y cuando vuelve ya hasta el juez está metido en la conversa. Resulta que el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Salamina le dijo “párese ahí, mi alcalde”, y le admitió una tutela que no es cualquier cosita: es por hostigamiento a la prensa, bloqueo en redes y pura oscuridad informativa.

El cuento es así: Eleuterio Gómez Valencia, el director de La Revista de Caldas, se mamó de que lo trataran como estorbo y no como periodista, y fue y puso la tutela porque, según él, en la Alcaldía se creen dueños de la información y de las redes oficiales. Que lo bloquean, que no publican la Gaceta Municipal, que la página web está más desactualizada que cantina sin radio. Y el juez, muy juicioso, dijo que esa queja sí merece estudio, porque ahí podrían estar pisoteando cositas sagradas como la libertad de expresión, el acceso a la información y el control ciudadano.

En un Auto con cara de regaño, el juez le dio 48 horitas a la Alcaldía para que explique por qué carajos tiene al periodista por fuera de los canales oficiales, que por ley deberían ser de libre acceso para todo el que quiera vigilar qué hacen con la platica pública. Porque eso de bloquear periodistas en redes y esconder la Gaceta, en estos tiempos de Ley de Transparencia y toda esa lora, huele más a censura disfrazada que a otra cosa.

Lo más sabroso del chisme es que hasta ofrecieron gratis el portal salamina.com.co para alojar la Gaceta Municipal, y la administración, dizque muy moderna, prefirió seguir pegando papelitos en carteleras internas como si estuviéramos en 1980. Eso, mis amigos, no es solo falta de tecnología: es falta de voluntad pa’ que el pueblo se entere.

Ahora todo Salamina está pendiente de lo que diga el juez. Si la tutela prospera, al señor alcalde le tocará desbloquear, publicar, modernizarse y entender, de una vez por todas, que con la libertad de prensa no se juega… y menos cuando Majencio está mirando, aunque sea con el ojo medio cerrado del guayabo.

San Félix: Un Corregimiento en la Orfandad por la falta de Voluntad Política

¡Válgame Dios, ciudadanos! Permítanme que hoy, desde esta tribuna del pensamiento, ponga los puntos sobre las íes, porque el silencio suele ser el cómplice de la desidia. Escuchen bien, señores del Palacio, que la ley colombiana —esa que invocan solo cuando les conviene, como las Leyes 136 de 1994 y 1551 de 2012— es clara, diáfana como el agua de nuestras quebradas: el Corregidor es la mano derecha del Alcalde en el territorio rural. Sus funciones, señores, no son menores, ni son un adorno de oficina: debe vigilar la prestación de servicios públicos, supervisar las obras de infraestructura, participar en la planeación del presupuesto y ser ese enlace técnico, necesario y vital, entre las Juntas de Acción Comunal y la Alcaldía.

Pero he aquí la tragedia: sin un Corregidor en propiedad, nuestros nobles sanfeleños carecen de un gestor que, con la ley en la mano, «golpee la mesa» por las vías rurales; carecen de quien vigile el puesto de salud o defienda, con ese sagrado sentido de pertenencia, los recursos que por derecho le pertenecen a esta zona. La falta de voluntad política —ese mal endémico de quienes confunden el servicio con el beneficio— ha derivado en una solución que raya en la irresponsabilidad administrativa. Desde el año 2017, este municipio mantiene a un Inspector de Policía en una eterna calidad de provisionalidad. Sin embargo, en lugar de nombrar un Corregidor para San Félix, la administración optó por el camino más cómodo y, por ende, más dañino: aumentarle las obligaciones al mismo Inspector.

Hoy, ese funcionario debe atender los conflictos de convivencia de la cabecera municipal, sus veredas y, simultáneamente, desplazarse y responder por todo el corregimiento de San Félix. ¡Qué despropósito! Esta decisión ignora una diferencia legal fundamental que hasta un estudiante de primer año de derecho comprendería: El Inspector de Policía tiene funciones policivas y sancionatorias —multas, linderos, ruidos—; su labor es reactiva, actúa cuando el problema de convivencia ya ha estallado. En cambio, el Corregidor tiene funciones administrativas y de desarrollo; su labor es proactiva: gestionar el progreso de su comunidad.

Pretender que un solo funcionario, en interinidad desde hace años, cumpla con las querellas urbanas y, al mismo tiempo, lidere la gestión administrativa de San Félix, es físicamente imposible, es un absurdo metafísico. Es una estrategia de «pañitos de agua tibia» que deja a los sanfeleños sin una autoridad que piense estratégicamente en su futuro. ¿Por qué desde 2017 se prefiere saturar a un inspector provisional antes que nombrar a un Corregidor con dedicación exclusiva para San Félix? La respuesta, me temo, parece ser una mezcla de cálculo político y falta de sentido de pertenencia. Al no haber un Corregidor, San Félix pierde su voz técnica en el presupuesto municipal, permitiendo que la administración central decida de manera unilateral y, a menudo, opaca.

El abandono, señores, se siente en la falta de transparencia, en esa web oficial desactualizada que parece un jeroglífico del siglo pasado, y en la ausencia de una Gaceta Municipal. Mientras tanto, las necesidades del campo se acumulan en el escritorio de un Inspector que, por más voluntad que tenga, no puede estar en dos lugares al mismo tiempo ni cumplir funciones de gestión para las que no fue nombrado. San Félix no es una vereda más; es el corazón productivo de Salamina. Exigir el nombramiento de un Corregidor no es un capricho periodístico, es exigir que se cumpla la ley y que se respete la dignidad de sus habitantes. Un corregimiento sin corregidor es un pueblo sin voz en el presupuesto y sin ojos en la ejecución de las obras.

Señor Alcalde Manuel Fermín Giraldo: la paciencia de un pueblo tiene límites, y la historia suele ser un juez implacable. ¿Por qué no ha convocado aún la terna ante la JAL para este nombramiento? ¿Qué intereses oscuros impiden que San Félix tenga su propia autoridad administrativa? ¿O es que acaso está esperando a que los sanfeleños, cansados del ninguneo y la desidia, se levanten y realicen un bloqueo del municipio para ser escuchados? Gobernar es dar soluciones, es un acto de nobleza administrativa, no es acumular deudas históricas con quienes sostienen la economía de esta región y tomarse fotos para redes sociales.

¡He dicho!

¡No se dejen joder! Majencio destapa el pasquín que quiere arrodillar al pueblo

Por las redes sociales está circulando un panfleto donde «el defensor del Alcalde» descalifica a dos concejales que votan negativamente algunos proyectos, y a mí esto me huele a rancio desde San Félix hasta la Plaza de Bolívar. ¡Vea pues! Ahora resulta que para ser «buen salamineño» hay que andar con el cuello torcido de tanto decirle que sí al patrón de turno. Lo que circula como esa supuesta “denuncia ciudadana” no es más que un intento burdo, chambón y malintencionado de manipular a la opinión pública para que el pueblo se trague el anzuelo con todo y plomada.

Llamar “traición” a un voto en contra no solo es falso, es intelectualmente deshonesto y digno de alguien que tiene la conciencia más empolvada que mi sombrero. Aquí hay que decirlo sin rodeos, así me tilden de malhablado: el Concejo no es un jardín infantil ni una notaría para ir a levantar la mano como autómata o como esos perritos que ponen en el tablero de los carros. Quien pretenda eso no entiende —o le conviene no entender para seguir comiendo del pesebre oficial— cómo funciona la bendita democracia. Votar en contra no es bloquear, señores, ¡es pensar! Es tener los pantalones bien puestos para no tragarse entero un proyecto solo porque viene con el sello de «gobierno».

Sobre ese cuento de la titulación de baldíos, el pasquín vende una idea romántica de película de domingo sin mostrar un solo respaldo técnico. ¿Dónde están los estudios jurídicos serios? ¿Dónde está la claridad sobre la propiedad para que después no resulten los vivos de siempre quedándose con lo ajeno?. Sin eso, lo verdaderamente irresponsable y hasta criminal sería aprobar a ciegas, como quien firma un cheque en blanco en una cantina.

Y el empréstito… ¡ay, el bendito empréstito! Ese sí es el punto donde se les sale la costura. Endeudar a nuestro municipio por 3.300 millones de pesos no es hacerle un favor a la comunidad; es ponerle una lápida de deuda que van a tener que pagar hasta los nietos de los que hoy gatean. Si no hay condiciones claras ni garantías de pago que no sean puras promesas de político en campaña, votar en contra no es un problema, es una obligación moral. Lo contrario sí sería una negligencia del tamaño de la Catedral.

Esa mención que hacen a la Ley 974 de 2005 raya en lo irresponsable y en lo ridículo. Usar una norma para amenazar con la Procuraduría o con la pérdida de investidura es un intento de intimidación política disfrazado de argumento jurídico, una jugada de gamonal de pueblo que cree que todavía estamos en el siglo diecinueve. La ley no obliga a votar como borrego ni convierte la independencia en un delito.

Lo más grave de todo este teatro es que intentan imponer una mentira peligrosa: esa de que estar con el gobierno es estar con el pueblo. ¡Mentira! El interés público no tiene dueño ni se compra con maquinaria amarilla. Cuestionar al Ejecutivo no es traicionar a Salamina; es, muchas veces, la única forma de defenderla de los que se creen dueños de la verdad y del presupuesto. Esto no es un debate serio, es propaganda de la más barata. ¡Despierten, que el silencio también gobierna!

El Empréstito de la Discordia: Wladimir Analiza los 3.300 Millones en Salamina

¡Oigan esto, mis queridos «pica-pleitos» y librepensadores de Salamina! Ustedes saben que este viejo Majencio no se calla ni debajo del agua cuando ve que nos están embolatando el futuro. Pero a veces, sentado allá en los Toriles con mi botellita de aguardiente, me sentía como un loco gritándole al viento, pensando que era el único que se atrevía a cantarle las verdades a este desgobierno que nos tiene de feria en feria.

¡Pero se les acabó la guachafita a los de la alcaldía! Porque hoy publico este editorial del compadre Wladimir, una pluma de esas que sí pesan, que critican con respeto pero con un filo que da miedo. Publicamos sus palabras como un apoyo necesario, para que sientan —y para que sepan esos del «pupitrazo»— que no somos los únicos que estamos combatiendo las patoneadas y las jugarretas del alcalde.

¡Aquí hay resistencia, mijo! Con Wladimir de vuelta, la voz del pueblo indignado suena más fuerte. ¡A leer, carajo, que con argumentos es que se tumba la desfachatez! ¡Salud por el regreso del compadre!

Por: Vladimir Ilich Ulianov
(Editorial #144)
Empréstito: operación financiera en la que un gobierno local solicita dinero prestado emitiendo títulos de deuda (como bonos, obligaciones o pagarés). Es una forma de financiación a mediano o largo plazo.

Pignorar: dejar un bien en prenda como garantía para asegurar la devolución de un préstamo o el cumplimiento de una obligación. En términos sencillos, es empeñar un activo (dinero, acciones, inmuebles) ante una entidad financiera para obtener liquidez, manteniendo la titularidad del bien, pero con restricciones sobre su uso.

Eso es lo que el Concejo Municipal le autorizó al alcalde Manuel Fermín en subterfugios debates adelantados en sesiones extraordinarias del mes de abril.
Un acuerdo (el 004 de 2026) «por el cual se autoriza al alcalde municipal para negociar y celebrar contratos de empréstito ordinario, pignorar rentas y otorgar garantías para financiar el plan de desarrollo 2024-2027» por valor de 3.300 millones de pesos, pignorando los recursos del recaudo de la sobretasa a la gasolina.

Esta es la hora, a 19 meses de terminar su administración, que el alcalde Manuel Fermín, luego de derrochar a manos llenas en un pingüe bicentenario, está buscando financiar su plan de desarrollo, ya con el sol a sus espaldas. Es decir, la plata alcanzó tres años para fanfarronear y hacer parranda, pero para el último año y medio de su mandato no tiene para hacer obras que redunden en bienestar y calidad de vida para los salamineños.

Dice el Acuerdo de marras que $300 millones serán para la construcción de una cubierta en el coliseo de ferias de San Félix. A eso llaman en la alcaldía -convencidos del despropósito- «componente estratégico de desarrollo económico del sector agricultura y de desarrollo rural» , según dice el papel «para desarrollar los mercados campesinos».

Dice el Acuerdo de marras que otros $300 millones serán invertidos en el «componente estratégico de innovación social, sector deporte y recreación, cuya meta es mejorar las condiciones de los escenarios deportivos del municipio».

Dice el Acuerdo de marras que $2.700 millones serán invertidos en el «componente estratégico de desarrollo económico, sector transporte (…) para adquirir maquinaria y equipos para suplir las necesidades de infraestructura y construir placas huellas en sectores críticos del municipio»

¿Qué maquinaria, cuáles son los sectores criticos de la red terciaria del municipio? El papel no lo dice. Al alcalde le aprobaron un cheque en blanco. Pregunto: si se endeudan para adquirir maquinaria ¿habrá que endeudarse para mantenerla? Hagamos memoria sobre la maquinaria que se oxidó en los talleres del municipio en la salida a La Merced hace 35 años.

Así, sin que el papel dijera detalles de las obras objetivo del empréstito, siete concejales le aprobaron al alcalde el endeudamiento. Fueron ellos: Luis Fernando Vélez (quien fue el ponente), Norbey Amaya, Guillermo Loaiza, José Fabián López, Fabián Marulanda, Marino Murillo y Andrea Zapata. ¿Será posible que unos personajes que difícilmente ubican el sujeto y el predicado en una oración puedan explicarle a la comunidad lo que supuestamente idearon, redactaron, estudiaron y aprobaron? Que la ciudadanía les exija explicaciones.

Los que sí han dado explicaciones son quienes votaron negativamente. Cada ciudadano, cada lector juzgará sus intenciones, pero sin duda hay que mencionarlos porque han hecho un ejercicio de análisis y control politico que desde esta ventana de opinión siempre les hemos demandado y que en este caso debemos reconocer. Fueron ellos: Andrés Felipe Arias, Herman Betancur, Wilson Gil, Juan José Hurtado, Rocío Marulanda y Luis Alberto Patiño.

El mensaje que se envía es deplorable: en lugar de exigir resultados, se termina premiando una administración que ha mostrado señales de derroche y falta de ejecución efectiva. El desarrollo no puede construirse sobre créditos sin rumbo ni sobre decisiones que ignoran las verdaderas prioridades de la comunidad.

Nuestro municipio necesita inversiones, sí, pero con transparencia, eficiencia y sentido de responsabilidad. La comunidad merece saber en qué se van a invertir estos recursos y cuáles serán producto de una extensa deuda. No podemos hipotecar el futuro sin garantías de progreso. Es posible que una reducción del gasto en tantos contratos de prestación de servicios que solo pagan favores politiqueros y mayor austeridad en estos tres años de parranda y jolgorio hubiera sido suficiente para hacer obras de impacto y perdurabilidad.

Además de que le aprobaran una millonaria deuda, el afán del petimetre que administra el municipio era que le permitieran también salir del país con viáticos a cargo del erario. Los mismos siete concejales que aprobaron el empréstito, aprobaron el viaje del figurín a República Dominicana. Sin preguntar por tiquetes aéreos, hotel ni alimentación, sin que lo dijera el papel, sin soporte oficial alguno, los siete concejales (¿fletados?) aprobaron la salida y los viáticos por casi 9 millones de pesos. Otro cheque en blanco.

Los tres años de alcaldía de Manuel F. se han ido en parranda y publicitadas gestiones en cuanta oficina pública existe en el país. Si a tres años de haber iniciado su mandato esta alcaldía aún esta buscando financiar las promesas plasmadas en el plan desarrollo, puede que hayan ocurrido varias cosas: que no conocía el municipio ni sus estados financieros, que no se tuvo buena planeación, que prometió lo que no se podía cumplir, que el derroche ha sido de marca mayor o que el serrucho ha sido descarado. Cualquier cosa es lamentable.

Al inicio de su mandato viajó (también con plata de los salamineños) a San Petesburgo, hoy no sabemos cuántos bultos de café ha enviado a los rusos. Ahora, también para el anecdotario, promocionó un «intercambio cultural» con la ciudad hermana de Salamina-Grecia. Solo falta que en unos meses el Concejo le apruebe viáticos para viajar por el Mediterraneo… o como me dijo un suspicaz lector: por qué no entablar lazos de hermandad con Salamina – Magdalena y le damos viáticos al petimetre para que vaya por tierra, inclusive con hotel en Santa Marta ¿no le sonará la idea?

En fin, a hoy esas innumerables gestiones que nos inundan en fotos no redundan en ningún beneficio concreto para Salamina. ¿Cuál es el capital social, cultural e infraesteuctura que nos deja Manuel F.? Hablar de «legado» de este alcalde sin duda es pretencioso. Del cacareado bicentenario no quedó nada.

La gran mayoría de municipios categoría 5 y 6 en Colombia no tienen vialidad fiscal ni administrativa, existen en déficit; si además quienes se hacen elegir solo buscan beneficiar a sus empresas políticas a través de cuotas, porcentajes y contratos, el futuro no se vislumbra nada halagueño. En Salamina tendremos que cuestionarnos qué clase de alcaldes estamos eligiendo, porque esto es ya una vergüenza. Debemos observar personas que gerencien, administren y gestionen con austeridad, honestidad y decencia.

Esta ventana de opinión se nutre también de conceptos de amigos y lectores. Recibo constantemente por el privado saludos y opiniones que en no pocas ocasiones se pueden ver reflejadas en estas editoriales. Muchos fueron los mensajes que recibí la última semana sobre el tema del empréstito y los viáticos, pero también quiero replicar original y fielmente un pertinente análisis que me envía un acucioso lector sobre la participación de la banda estudiantil en República Dominicana:

«¿Fue realmente una gran competencia internacional o una narrativa inflada para la foto?

Salamina y Caldas fueron testigos durante meses de una intensa campaña institucional alrededor del viaje de la Banda Sinfónica Estudiantil de la Institución Educativa Pío XII a República Dominicana. Se habló de prestigio, de un gran festival internacional y de una competencia de altísimo nivel.

Hoy surge una realidad que merece debate público: en la categoría juvenil solo compiten dos bandas, ambas colombianas.

Esto significa que después de meses de ensayos extenuantes, presión sobre menores de edad, actividades de recaudo, venta de boletas y solicitudes económicas a toda una comunidad, la “gran competencia internacional” termina reducida a disputar primer o segundo lugar frente a un único rival.

La discusión no es contra los niños ni contra el mérito de la banda.

La discusión es sobre la transparencia de quienes dirigieron, promovieron y capitalizaron políticamente esta participación.

Porque cuando se movilizan recursos públicos, esfuerzo comunitario y expectativas de toda una población, la ciudadanía tiene derecho a preguntar:

¿Se dijo toda la verdad sobre el evento?

¿Se exageró su nivel competitivo para justificar la inversión y alimentar protagonismos políticos?

¿Fue proporcional el sacrificio exigido a estudiantes y familias frente a la realidad del certamen?

Representar al municipio siempre será valioso.

Pero la representación con transparencia vale más que cualquier trofeo.

La comunidad merece explicaciones serias, no propaganda.»

ESQUIRLA

Mientras todo esto ocurre, las comunidades de La Unión y En Medio de los Ríos, llevan 8 años esperando una intervención sobre el puente peatonal que acusa mal estado y el derivado peligro. Un costo aproximado de $700 millones que en dos alcaldías no se ha podido concretar. ¿Hasta cuándo?

s!.

¡Qué descaro! Alcalde de Salamina se va de Alcalde de paseo y concejales arrodillados: ¡Salamina se respeta!

¡Oiga, patrón! Prepárese porque lo que le voy a soltar no es carreta, es la pura verdad que se siente en cada esquina de nuestra Ciudad Luz, y más hoy que es Día del Trabajo. Me pica la lengua y no es por el picante, sino por la roncha que da ver tanta desfachatez en esta administración.

Usted viera, mi gente, cómo es la vuelta aquí en Salamina, que la desfachatez ya no tiene ni vergüenza ni doliente. Mientras hoy celebramos al que camella de verdad, el señor Alcalde se dio el lujo de irse a asolear la barriga al Caribe, dándoselas de gran señor con la plata que nos suda a nosotros, los que sí pagamos impuestos. ¡Qué belleza de ejemplo! Se va de paseo con los milloncitos de los viáticos que deberían estar en el bolsillo del obrero, y para rematar, tiene a sus siete concejales alcahuetes ahí detrás, haciéndole el coro y tapándole las sinvergüenzadas en lugar de pararse en la raya por el pueblo. ¡Qué descaro, hombe! Se gastan lo ajeno en playas ajenas, dejando al trabajador de aquí viendo un chispero.

Pero póngale la firma, que la cosa no para ahí. Ahora resultó que apareció un mentado «influencer», un aparecido de esos que se la pasa pegado al celular, pero no para trabajar, sino para criticar, desinformar y atacar a todo el que se atreva a decir la verdad sobre el Alcalde. ¡Hágame el bendito favor! Ese muchacho huele a funcionario público pagado desde la oficina de prensa a leguas. Es el mismo «modus operandi» de los que me estuvieron saboteando el año pasado, esos mismos mercenarios del teclado que mandan a incendiar las redes para tapar el hueco que dejan en el presupuesto.

A ese influencer le digo: ¡trabaje, mijo, pero trabaje de verdad! No se gane la vida defendiendo lo indefendible por unos pesos que salen del sudor del campesino salamineño. Esos ataques huelen a bodega, a la misma calaña de los que intentaron callarnos antes. Da es lástima ver cómo usan la tecnología para lamerle las botas al poder mientras el pueblo sigue con las mismas necesidades.

Señores de la Alcaldía y señores concejales: el trabajo no es mandar a gente a insultar por Facebook. El trabajo es pagarle a tiempo al que barre la plaza, al que cuida el acueducto y al que se faja en el campo. Dejen de gastarse la plata en viáticos caribeños y en pagarle a «bodegas digitales» para que les laven la cara.

Salamina es un paraíso por su gente, no por sus gobernantes paseadores. Así que hoy, con mi Cristal en mano, brindo por el que camella de sol a sol y no por el que vive del cuento y de la lisonja pagada. ¡Salud por los trabajadores de verdad y que a los sinvergüenzas les dé siquiera un poquito de hipo! ¡Pa’ lante, que este pueblo es de nosotros!.

¡Qué descaro! Alcalde de Salamina se va de paseo y deja el pueblo quebrado

¡Oigan, señores! ¡Qué belleza de espectáculo el que nos dieron ayer en la «Ciudad Luz»! Preparen el tinto, pero sin azúcar, porque lo que les voy a contar les va a revolver la bilis.

Resulta que ayer se reunieron en sesión extraordinaria los señores del «Honorable» Concejo Municipal de Salamina. Y pongo «Honorable» entre unas comillas más grandes que el cementerio local, porque de honor solo les queda el nombre en la placa. ¡Qué falta de pantalones, por Dios! Esos concejales no parecen ediles elegidos por el pueblo, sino áulicos, palafreneros y aplaudidores de oficio del señor alcalde. Todo lo aprueban a punta de pupitrazos, sin leer, sin debatir, como si les diera miedo que el patrón se les enoje.

El motivo de la guachafita es que el Ejecutivo envió una solicitud de permiso para ausentarse del cargo. ¿El motivo? Irse de paseo —perdón, de «acompañamiento»— con los muchachos de la banda marcial de la Institución Educativa Pío XII, que clasificaron para un concurso en la República Dominicana. ¡Ojo! Los muchachos se ganaron su puesto con sudor y mérito, pero el alcalde se les pegó al parche como lapa en piedra.

Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo: la solicitud es un insulto a la inteligencia. No dice cuántos días se va, no dice cuándo viaja, ni mucho menos cuándo piensa dignarse a volver a pisar suelo salamineño. Pero lo más berraco, señores, es que no presentó presupuesto. ¡Ni un peso de detalle! Se fue así, a la topa tolondra, faltando a la ley y pasándose por la faja el respeto que le debe a los concejales, quienes, por cierto, ni chistaron porque no tuvieron tiempo de investigar ni el precio del pasaje.

Dicen las malas lenguas, de esas que nunca se equivocan, que le aprobaron 10 millones de pesos. ¡10 milloncitos en un municipio que está más ilíquido que un desierto! Precisamente ahora que el Concejo está tramitando un empréstito por 3.300 millones de pesos para supuestamente financiar el Plan de Desarrollo. O sea, nos endeudamos hasta la coronilla, pero para el turismo burocrático sí hay plata.

¿Y la gestión de este «Alcalde Viajero» dónde está? Todavía estamos esperando el reporte de cuando se fue para Rusia recién posesionado. Pasaron dos años y ni un bulto de abono trajo de por allá; no sabemos qué diablos fue a hacer, aparte de tomarse fotos con el frío siberiano. Se la pasa de hotel en hotel en Bogotá y Manizales, mientras Salamina naufraga en un mar de inseguridad y vicio que da miedo caminar por las esquinas.

¿Y el Teatro Municipal? ¡Esa es otra perla! El antecesor, Ospina Rosas, se gastó más de 400 millones en un plan de restauración que hoy es un nido de palomas. Pero lo que más me duele, lo que me saca la piedra de verdad, es que allá en la vereda de la región de La Unión, un puente se está cayendo a pedazos y necesita reparaciones urgentes. ¿Saben qué respondió el señor alcalde? «No hay plata».

¡Ave María! No hay plata para el campesino, no hay plata para el puente, no hay plata para el teatro, pero para irse a comer mofongo a Santo Domingo con la plata del erario, ahí sí la billetera está gorda. ¡Eso se llama irresponsabilidad y falta de sentido de pertenencia! Alcalde, usted no fue elegido para ser guía turístico, sino para mandar y cuidar el peso de los salamineños. ¡Así no es, señor, así no es! ¡Se le dijo y se le tenía que decir!

Salamina no se vende, pero la están hipotecando en silencio total

Salamina no se vende. Eso lo gritamos bonito, lo ponemos en pancartas, lo decimos con pecho inflado. Pero la verdad… la verdad es más incómoda: a Salamina no la están vendiendo de frente, la están rematando en silencio. Y lo más berraco es que muchos lo están viendo… y se hacen los de la vista gorda.

Aquí todo el mundo tiene opinión. ¡Ah, eso sí! En la tienda, en la esquina, en el cafecito: “eso está raro”, “eso no cuadra”, “eso huele feo”. Pero cuando toca decirlo donde es, cuando toca pararse firme… ahí sí se nos vuelve chiquita la voz. Nos volvimos expertos en murmurar y cobardes para hablar.

Mientras tanto, los que sí no dudan son los que están manejando el timón.

Ahí está el tema del empréstito. Tres mil trescientos millones de pesos. Así, sin anestesia. Lo meten en sesiones extraordinarias como si fuera cualquier papelito más. Pero no, hermano, eso no es cualquier cosa. Eso es hipotecar el futuro del pueblo. Eso es comprometer lo que todavía ni hemos terminado de pagar.

Y entonces uno pregunta, como debe ser: ¿por qué ahora? ¿Por qué a mitad del camino vienen con ese cuento? ¿Dónde estaba esa plata cuando aprobaron el Plan de Desarrollo? ¿O es que ese plan lo armaron a la carrera, sin saber ni de dónde iban a sacar con qué cumplirlo?

Porque eso es lo que parece. Improvisación. Y no de la buena, de la que resuelve… no. De la que tapa huecos con más huecos.
Sale el secretario de planeación a explicar… y hermano, puro carreta. Mucho discurso bonito, mucho enredo, pero respuestas claras, nada. Eso es como cuando a uno le deben y le salen con excusas: entre más hablan, menos convencen.

Y ahí es donde uno empieza a emputarse, con razón.

Porque el problema no es solo la deuda. El problema es la falta de claridad. El problema es que creen que la gente es boba, que con palabras rimbombantes nos van a dormir. Pero no. Aquí la gente entiende. Lo que pasa es que muchos prefieren no meterse.

Y el Concejo… ay, el Concejo.

Antes uno por lo menos sentía respeto. Hoy lo que da es duda. Porque, ¿van a preguntar lo que tienen que preguntar? ¿Van a exigir lo que tienen que exigir? ¿O van a levantar la mano y ya, como si nada?

Porque un concejal que no cuestiona, que no incomoda, que no jode… no sirve pa’ nada. Así de claro.
Y aquí es donde entra la parte más jodida de todas: la gente.

Sí, nosotros.

¿Dónde están los que en campaña eran unos berracos? ¿Dónde están los cívicos de foto, los del discurso bonito, los que prometían defender el pueblo? ¿Se les acabó la gasolina o se les acabó el valor?

Porque cuando el pueblo necesita voz… aparecen los mudos.

Y eso es lo que realmente da miedo. No la deuda. No el papel. No el trámite. El silencio.

Porque cuando nadie habla, los que mandan hacen lo que se les da la gana. Y después, cuando el daño está hecho, ahí sí todos salen a lamentarse. Pero ya pa’ qué.

Esto no es para armar chisme ni para tirar mierda sin pruebas. Esto es para que la gente despierte. Para que entienda que lo público no es un juego, que cada decisión tiene consecuencias, que la plata no es de nadie en particular… es de todos.

Y si es de todos, todos tenemos derecho a preguntar, a exigir, a no tragarnos entero lo que nos dicen.

Salamina no necesita más espectadores. No necesita más gente diciendo “eso está mal” en voz bajita.

Necesita ciudadanos con pantalones.

Porque si hoy no hablamos, mañana no va a haber ni qué defender.

Y ahí sí… ni el grito de “Salamina no se vende” nos va a servir pa’ nada.

Majencio alza la voz: Salamina no aguanta más abandono y silencio ya

Vea hermano… uno ya no sabe si hablar, gritar o quedarse callado pa’ no llenarse más de rabia. Pero es que esto ya no es un chisme de esquina ni una pelea de cantina… esto es otra cosa. Esto duele. Y duele hondo.

Porque Valeria no se murió sola. A esa pelaa la fue matando este abandono poquito a poquito, como cuando una casa se deja caer y nadie le mete una mano. Aquí todo el mundo sabía lo que estaba pasando. Todo el mundo ha visto cómo se fue dañando el pueblo… pero los que tenían que hacer algo, bien gracias.

¿O es mentira que uno pasa por los lavaderos y eso parece una fiesta sin fin? Pelaos perdidos, metidos en cosas que no deberían ni conocer, a plena luz del día, como si nada. Y la gente jarta de llamar, de pedir ayuda, de decir “oiga, pilas con esto”… y lo único que llega es el silencio.

¿Y el Palenque qué? Eso ya no es un secreto pa’ nadie. Eso es entrar, comprar y salir como si fuera tienda de barrio. ¿Dónde está la autoridad ahí? ¿Dónde está el control? Porque uno no ve ni una patrulla que diga “hasta aquí llegaron”.

Y ni hablar del Buenos Aires… ese “basurero” que ya parece otra cosa. Eso es tristeza caminando, hermano. Eso es gente consumiéndose en vida, mientras el resto del pueblo mira como si no tuviera derecho a vivir mejor. Como si ya nos hubiéramos acostumbrado a ver caer a los nuestros.

Y el parque… vea, el parque que antes era pa’ sentarse a conversar, pa’ ver jugar a los niños… ahora es otra historia. Licor, droga, problemas… y todo el mundo haciéndose el de la vista gorda. Eso sí, pa’ hablar bonito en reuniones o sacarse fotos en Instagram sí están listos, pero pa’ poner orden, ahí sí como que les queda grande.

Entonces yo me pregunto… ¿de qué seguridad están hablando? ¿Cuál control? Si no han podido ni con una esquina, hermano. Ni con una sola.

Y lo que más duele, ¿sabe qué es? Que no son solo adultos. Son pelaos. Son muchachos que uno vio crecer, que deberían estar jugando, estudiando, soñando con algo distinto… y ahí están, cayéndose a pedazos porque no hay oportunidades. Porque nadie les abre una puerta.

¿Dónde está la plata pa’ el deporte? ¿Dónde están los espacios pa’ que esos pelaos saquen la energía en algo bueno? Porque talento hay… lo que no hay es quien lo apoye.

Y entonces pasan estas cosas… y todo el mundo se rasga las vestiduras, y salen los discursos, y las promesas… pero el problema sigue ahí, intacto, creciendo.

Hoy fue una muchacha… mañana quién sabe. Y eso es lo que asusta. Que ya no sorprende, hermano. Que ya casi lo vemos venir y no hacemos nada.

Vea, con todo respeto… pero ya es hora de que las autoridades se pongan serias. Que dejen la habladera y empiecen a actuar. Porque el pueblo no necesita más excusas, necesita soluciones.

Salamina no aguanta más. La gente no aguanta más.

Y uno, desde esta acera, con este sombrero viejo y este corazón cansado… solo puede decirlo claro: o hacen algo ahora… o esto se les va a salir de las manos.

 

Predial en Salamina se dispara y deja dudas sobre su aplicación

Mire, hermano, uno ya ha visto de todo en estos pueblos de montaña, pero lo que está pasando con el impuesto predial en Salamina para 2026 tiene un tufillo raro… de esos que no se van ni con café recién colado ☕. Porque no nos digamos mentiras: aquí no es solo que el IGAC haya movido el avalúo, aquí lo que hubo fue una mano alegre aplicando la ley… o más bien, aplicándola mal.

Le hablan a uno de actualización catastral como si fuera un fenómeno natural, como la lluvia o la neblina que baja por las lomas. Pero no. Esto tiene responsables. Porque una cosa es que suba el avalúo y otra muy distinta es que desde la Secretaría de Hacienda le descarguen a la gente todo el peso de ese cambio, sin respetar los frenos que la misma ley pone. Y ahí es donde empieza el desorden.

¿Cómo le explica usted a un propietario que su predial pase de poco más de dos millones a más de seis? ¿O de cuatro millones largos a casi catorce? Eso no es un ajuste, eso es un golpe seco. Un 223% por aquí, un 208% por allá… cifras que no caben ni en la lógica ni en la Ley 1995 de 2019, que precisamente se inventaron para evitar estos brincos que dejan a la gente viendo estrellas.

Y es que la ley no es un adorno, ni un papel para archivar. Esa norma dice clarito que hay topes, que hay que aplicar gradualidad, que esto no se puede hacer a las patadas. Hasta el mismo IGAC, que no es precisamente un poeta, advierte que el crecimiento del predial hay que controlarlo. Pero parece que en Salamina alguien decidió hacerse el de la vista gorda y trasladar todo el impacto como si nada.

Aquí hay un detalle que no se puede pasar por alto, y se lo dice Majencio sin rodeos: la ley nacional está por encima de cualquier acuerdo municipal. Eso no es opinable, eso es así. Entonces cuando usted se la salta o la interpreta a su antojo, no está siendo creativo… está metiendo la pata. Y de paso, está golpeando principios tan básicos como la equidad y la capacidad de pago, que en estos pueblos no son teoría, son la diferencia entre dormir tranquilo o no.

Ahora, tampoco es que esto haya salido de la nada. Aquí hay una continuidad que pesa. Ocho años con la misma funcionaria en la Secretaría de Hacienda, pasando de la administración de Juan Pablo Ospina Rosas a la de Manuel Fermín, como si todo estuviera funcionando a la perfección. Pues no. Hoy las cuentas no cuadran, y lo que se ve son fallas técnicas serias en cómo se está aplicando la ley.

Y mientras tanto, la gente haciendo cuentas, apretando el bolsillo y preguntándose si esto es justo. Porque una cosa es pagar impuestos, que toca, y otra es que le cobren a uno como si el pueblo se hubiera vuelto París de la noche a la mañana.

Así que aquí queda la inquietud, servida como tinto fuerte: ¿van a revisar esto como corresponde o van a seguir haciendo como si nada pasara? Porque en estos temas, el silencio también cobra… y a veces sale más caro que el mismo predial.

Colombia lidera Artemis II con talento que llega hasta la Luna

Colombia conquista la Luna: talento criollo lidera Artemis II

En un rincón del universo donde el silencio pesa más que el plomo y cualquier error se paga con el abismo, tres mujeres colombianas tejieron una hazaña que no se mide en kilómetros, sino en coraje, precisión y talento del bueno, del que se forja con disciplina y cabeza fría. Artemis II no fue solo un viaje hacia la Luna. Fue, para decirlo sin rodeos, una cátedra magistral de ingeniería con acento colombiano 🚀🇨🇴

Mientras el mundo entero miraba al cielo como quien espera un milagro, en la Tierra había una mente afinando cada detalle con la precisión de un reloj suizo. Diana Trujillo, desde la silla caliente del control de misión, no estaba jugando a la ciencia ficción. Estaba dirigiendo una sinfonía donde cada instrumento era una maniobra orbital, cada silencio una decisión crítica. Lo suyo no era improvisar, era anticiparse. En ese tablero invisible donde se decide la vida de una misión, su liderazgo fue brújula, bisturí y ancla al mismo tiempo.

Pero si el viaje de ida exige nervios de acero, el regreso pide sangre fría. Y ahí entró en escena Liliana Villarreal, con la responsabilidad de recibir a la cápsula Orión como quien espera a un hijo que viene de cruzar el desierto del cosmos. No era cualquier rescate. Era una coreografía milimétrica en mar abierto, donde cada segundo contaba y cada error podía costar millones… o vidas. Villarreal no solo lideró, comandó con la serenidad de quien sabe que el caos se domestica con preparación. Y lo logró.

Ahora bien, detrás de esas decisiones visibles, de esos momentos que hacen titulares, hay una historia más silenciosa, casi microscópica. Porque en el espacio no fallan las cosas “por poquito”. O funcionan perfecto… o no funcionan. Y ahí aparece Sara Rengifo, la ingeniera que jugó en otra liga: la de los materiales, la resistencia, lo invisible pero determinante 🔬

Rengifo trabajó donde el ojo no llega, pero donde se decide todo. Cada componente que viajó en esa misión fue puesto a prueba contra el frío brutal, la radiación y la violencia del vacío. Nada podía ceder. Nada podía romperse. Su trabajo no salió en cámaras, pero sin él, ni Trujillo habría tenido nave que dirigir ni Villarreal cápsula que rescatar. Así de simple.

Lo que pasó con Artemis II no es solo un logro técnico. Es una declaración potente: Colombia no está mirando el futuro desde la gradería, está en la cabina de mando. Con talento, con ciencia y con mujeres que no piden permiso para hacer historia.

Y mientras algunos todavía dudan de lo que somos capaces, allá arriba, en la frontera del espacio, ya quedó claro: el ingenio colombiano no tiene techo. Solo cielo… y más allá 🌕✨

Ospina Rosas reaparece y revive dudas sobre poder y continuidad en Salamina

Majencio no se guarda nada. Parado en media calle, con esa franqueza que incomoda, suelta la frase como quien ya está cansado de ver la misma película repetida: otra vez el exalcalde Ospina Rosas en campaña, aunque todavía no lo diga abiertamente. Porque una cosa es clara: nadie sale a saludar a todo el mundo, a pasear perros, a sonreír forzado en redes y a cobrar obras como propias por puro cariño al pueblo. Eso tiene libreto, estrategia… y cálculo.

Lo que más indigna, diría Majencio, no es la intención en sí, sino la forma. Ese intento de reinventarse con sombrero ajeno, queriendo parecer cercano cuando buena parte de su gestión anterior transcurrió entre paredes de oficina, lejos del pulso real de la gente. Y ahora resulta que San Félix aparece como bandera, cuando fue la presión ciudadana, vía acciones populares, la que lo obligó a actuar. No fue iniciativa: fue obligación.

Pero el asunto va más allá de la imagen. Aquí lo que se está cocinando —y el pueblo no es ingenuo— es la sospecha de un acuerdo tácito, ese viejo “yo te elijo, tú me eliges”, que convierte la democracia en un juego de turnos entre los mismos. Y eso, como bien lo gritaría Majencio sin rodeos, no solo desgasta la confianza: la rompe.

Porque cuando los cargos se heredan como si fueran fincas, lo que se instala es el clientelismo, la rosca, la puerta cerrada para nuevos liderazgos. Y ahí pierde Salamina. Pierde la posibilidad de oxigenarse, de pensar distinto, de avanzar sin deber favores.
La repetición en el poder, bajo estas condiciones, no es estabilidad: es estancamiento disfrazado. Y en un contexto ya polarizado, insistir en esas prácticas solo profundiza la división y empuja a la gente a lo peor: la abstención, el silencio, la resignación.

Majencio lo diría más simple, pero igual de contundente: “¡No Juanpis, otra vez no!”. Y en esa frase hay más que molestia. Hay una advertencia. Porque la democracia, si no se cuida, termina convertida en costumbre… y las malas costumbres, en los pueblos, cuestan caro.

Majencio, voz incómoda del pueblo