¡Ave María pues, mi gente! Siéntense un momentico, sírvanse un tintico bien caliente y pónganse cómodos, porque lo que les voy a contar hoy no me lo inventé yo… eso es lo que anda rodando por las calles de Salamina, de tienda en tienda, de mesa en mesa y de conversación en conversación.
¿Cómo me les va? Antes que cualquier cosa tengo que pedirles disculpas. Ya hace dos semanitas que no me asomaba por este rinconcito y más de uno me paró en el parque, en la plaza, en la galería y hasta saliendo de misa para preguntarme si me había enfermado, si me había ido del pueblo o si, de tanto contar chismes, por fin me habían puesto a guardar silencio.
Pues no, mi gente… la verdad fue otra.
Y como entre vecinos es mejor hablar claro, hoy les voy a contar por qué desaparecí esos días y por qué, aunque todavía cargo un poquitico de susto, decidí volver a sentarme en esta esquina para seguir echando los cuentos que todo el mundo comenta, pero que muy pocos se atreven a decir en voz alta.
Les voy a hablar con el corazón en la mano.
Me dio miedo.
Sí, así como lo leen. A uno también se le arruga el alma cuando empieza a escuchar ciertas conversaciones en los cafés del parque, en las tabernas de la galería y hasta en las esquinas donde la gente se reúne a arreglar el mundo. Por ahí se comentaba que en la Alcaldía andaban muy interesados en saber quién era el tal Timoteo que escribía estos chismes.
Un amigo mío, que trabaja por allá y al que le tengo confianza desde hace muchos años, un día me dijo casi en secreto:
—»Oiga, ¿usted no ha escuchado quién será ese Timoteo? Es que por allá arriba andan preguntando por él.»
No me dijo más.
Tampoco le pregunté.
Con eso tuve suficiente para quedarme pensando varios días.
Y la verdad, por un momento pensé dejar este rinconcito quieto, guardar el cuaderno, esconder el lápiz y dedicarme solamente a escuchar lo que habla la gente.
Porque una cosa es echar chisme… y otra muy distinta terminar convertido en el chisme.
Pero vea usted cómo es la vida.
Esta semana me llamó don Tello… bueno, Eleuterio Gómez Valencia. Aunque para nosotros siempre será don Tello, como le decíamos cuando jugábamos fútbol con los muchachos de la calle San Juan de Dios. ¡Qué tiempos aquellos! Ahí estaban Coinel, Viruña, Carramplón, Hernando Valencia, Ricardo Velásquez… y más de uno que ya peina canas o que nos mira desde el cielo.
Después de recordar tantas historias me dijo:
—»¿Entonces qué? ¿Se va a dejar asustar? ¡ Se le va arrugar?. Siga escribiendo. Nadie tiene por qué saber quién es Timoteo.»
Y, la verdad, tenía razón.
Yo le respondí que el miedo no era inventado. Que uno escucha muchas cosas cuando camina el pueblo. Que hay conversaciones que no salen en las reuniones oficiales, pero sí en las mesas de café.
También le conté otra cosa que se comenta bastante: que la relación entre el alcalde, don Pichi, y algunos de sus colaboradores con Eleuterio no pasa precisamente por su mejor momento.
Eso no lo digo yo.
Eso lo comenta la gente.
Hay quienes creen que detrás de tantas molestias está el hecho de que La Revista de Caldas ha publicado investigaciones y denuncias que han incomodado a más de uno.
Será verdad.
Será exageración.
O será simplemente el comentario de pueblo que va creciendo de boca en boca.
Yo no lo sé.
Lo único que sé es que cuando un tema se conversa en tantas partes distintas… por algo será…Cuando el rio suena… viene una borrasca…
Así que aquí estoy otra vez.
Volví.
No porque haya dejado de tener miedo.
Sino porque entendí que el miedo también se vence conversando.
Este rincón seguirá siendo lo que siempre ha sido.
Un espacio donde cuento lo que la gente comenta, lo que se oye en las calles, lo que se murmura en los cafés y lo que muchos piensan, pero pocos se atreven a decir.
No vengo a pelear con nadie.
No vengo a condenar a nadie.
Y mucho menos a inventar cuentos.
Si alguna vez me equivoco, también tendré la humildad para reconocerlo.
Pero mientras siga caminando por estas calles y saludando a la gente que me encuentro todos los días, seguiré escuchando esas historias que hacen parte de la vida de nuestro pueblo.
Así que, si me ven por ahí, no me pregunten quién soy.
Porque Timoteo puede ser cualquiera.
Puede ser el que vende el tinto.
El que juega dominó.
La señora que sale de misa.
El muchacho de la moto.
O ese vecino que siempre parece saber lo que está pasando.
Bueno, mi gente, ahora sí les voy a contar algunas cositas de esas que se oyen mientras uno se toma un tintico en el parque, hace mercado en la galería o se queda un ratico conversando en cualquier esquina.
La primera me gustó bastante y creo que merece un aplauso. Resulta que don Tello, sí, Eleuterio Gómez, se fajó escribiendo una canción bien bonita dedicada a nuestra tierra. Se llama «Balcón Bicentenario» y, les confieso, cuando la escuché hasta se me aguaron los ojos. Me contaron que un amigo de él, otro salamineño de corazón que vive en Bogotá —ahoritica no me acuerdo del nombre y no quiero inventar— fue el que produjo el video. La canción la interpretan unos músicos de la Patagonia argentina, donde vive don Tello, y vea, esa muchacha que pone la voz canta con una dulzura que hasta dan ganas de conocer esos paisajes del sur del continente.
La verdad sea dicha: es un homenaje muy lindo para Salamina. Lo que sí da tristeza es que, según comenta mucha gente, aquí son muy pocos los que le ponen el hombro a quienes promocionan nuestro municipio. Dicen que los que realmente ayudan a sostener La Revista de Caldas y la página de Salamina son varios empresarios de los hoteles de San Félix. Ellos, según se escucha, han entendido que promocionar el municipio también es promover el turismo y generar oportunidades para todos. Mientras tanto, otros prefieren quedarse criticando desde la barrera. Pero bueno… cada quien sabe cómo aporta al pueblo.
Y siguiendo con los cuentos que andan rodando por ahí, ¿se acuerdan cuando hace unos meses vino el Ministro de Salud? ¡Ave María!, ese día hubo discursos, fotos, apretones de mano y hasta promesas para repartir. Que ambulancias nuevas, que recursos para la salud, que equipos médicos… mejor dicho, parecía que el hospital iba a quedar como una clínica de las grandes.
Pues la pregunta que muchos se hacen hoy en las esquinas es muy sencilla: ¿y esas promesas dónde quedaron? Porque, hasta donde alcanza la vista, por aquí todavía no aparecen ni las ambulancias ni los equipos ni las inversiones anunciadas.
Y lo otro que también comenta la gente es que del «Modelito», como muchos llaman cariñosamente al alcalde cuando conversan entre amigos, tampoco se ha visto mucha gestión para recordarles a los ministros aquellas promesas. Eso sí, dicen que en Instagram sí aparece bastante. Cada rato sale una foto, un video, una historia… para eso sí parece que hay tiempo.
Pero bueno, mi gente, yo solamente les estoy contando lo que se oye en las conversaciones del pueblo. Si es verdad o no, eso ya les toca juzgarlo a ustedes.
Porque acuérdense… Timoteo oye mucho, habla poquito… y nunca deja de caminar las calles de Salamina.
Y comenzó la renuncitis política…
¡Ave María, mi gente! Si hay algo que nunca falta en este pueblo cuando empiezan a asomarse las elecciones son los rumores, las reuniones a puerta cerrada, los apretones de mano y los cambios de camiseta. Como dicen por ahí, todavía no han sonado las campanas de campaña y ya más de uno anda buscando en qué caballo montarse.
El primer campanazo lo dio San Félix. Por allá cuentan que uno de los concejales decidió dejar la curul que obtuvo con un partido político para terminar acercándose a otra orilla. En las tiendas, como era de esperarse, no faltó quien dijera que les había dado la espalda a quienes caminaron con él durante la campaña y que el cambio obedecía más a conveniencias políticas que a diferencias ideológicas. Yo no sé si eso sea así, pero sí leí una columna de don Mercurio donde hablaba de ese tema y, como siempre ocurre en los pueblos, desde ahí comenzaron las especulaciones. Algunos dicen que esa decisión podría costarle muy caro en el futuro, porque el partido que le dio el aval difícilmente volvería a abrirle la puerta y el movimiento al que ahora se acerca ni siquiera tiene personería jurídica. Otros recuerdan, además, que buena parte de los votos que lo llevaron al Concejo fueron fruto del trabajo de una apreciada dirigente que hoy ya descansa en la paz del Señor y que creyó en ese proyecto político, no en los cambios de última hora. Pero bueno… en política cada quien hace sus cuentas y el tiempo será el que diga si fueron buenas o malas.
Y como una noticia nunca viene sola, también empezó a sonar otro comentario que cada día toma más fuerza. Se dice en las esquinas, en los cafés y hasta en la fila del banco que el gerente del hospital estaría preparando su renuncia para entrar de lleno a la carrera por la Alcaldía. Nadie lo ha confirmado oficialmente, pero cuando un rumor se repite tanto, por algo será. Entonces comienzan las preguntas de siempre: ¿será que la tradicional Casa Lizcano volverá al ruedo con un nuevo proyecto político?, ¿lo hará con partido propio o buscará nuevas alianzas? Por ahora son apenas comentarios, pero ya se sienten movimientos que hace unos meses no se veían.
Y hablando de movimientos, hay otro personaje que, según dicen los más observadores, cambió hasta el gesto. El secretario de Planeación, al que por aquí Timoteo bautizó hace rato como «el malacaroso», ahora saluda, sonríe, aparece en cuanto evento público encuentra y hasta parece disfrutar las fotografías. Hay quienes aseguran que muy pronto dejaría la Secretaría porque, después de tanto tiempo obedeciendo, ahora tendría ganas de ser quien dé las órdenes. De inmediato aparecieron las preguntas maliciosas de siempre: ¿será el candidato del «Modelito de la esquina del parque»? ¿Tendrá también el respaldo de don Octavio? Y mientras unos hacen cuentas, otros recuerdan su paso por la Escuela Taller y aquella recordada intervención en el techo del teatro, una obra que todavía muchos mencionan cuando hablan de inversiones públicas. Así es este pueblo: la memoria aquí suele ser más larga que los discursos.
Pero el abanico de aspirantes no termina ahí. También se escucha el nombre de doña Rocío, aunque más de un parroquiano dice entre risas que pareciera tener más críticos que promotores. Vuelve a sonar el candidato de siempre de los maestros, de esos que nunca faltan en época electoral, y tampoco deja de mencionarse al coronel, quien, según comentan, bajó un poco el ritmo en las redes sociales para concentrarse en organizar su campaña de la mano de la Asociación de Militares Retirados y en su nuevo papel dentro del Nuevo Liberalismo. Mejor dicho, todavía falta bastante para las elecciones y ya el tablero político empezó a moverse como si estuviéramos en plena recta final.
Y mientras todos ellos hacen cuentas, buscan apoyos, cambian de camiseta o empiezan a sonreír más de la cuenta, el pueblo hace lo que mejor sabe hacer: observar, comentar y esperar. Porque aquí las campañas no comienzan cuando las autoriza la Registraduría; comienzan cuando en las cafeterías alguien dice bajito: «vea pues… ese ya anda en campaña.»
Bueno, mi gente, yo me voy antes de que digan que fui yo el que contó el chisme. Nos encontramos por ahí… porque Timoteo siempre escucha más de lo que habla. Por hoy los dejo. Porque por ahí dicen que cuando el río suena… no siempre trae piedras; a veces trae verdades que todavía no se han querido escuchar. Nos leemos en el próximo Rincón de Timoteo.