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La Pulga en la Oreja: la Gaceta Municipal que Salamina no tiene

Majencio destapa con su acidez de siempre un asunto que incomoda: en Salamina no existe una verdadera Gaceta Municipal, los actos administrativos no se publican en la página web oficial y la única cartelera disponible está encerrada dentro de la Alcaldía, inaccesible para la comunidad. Con la ley en la mano, el viejo regañón cuestiona al Alcalde por asegurar que todo está en orden cuando la transparencia, en la práctica, sigue bajo llave.
Majencio desde San Félix

Con un pucherito de aguardiente todavía calentándome la garganta, y la pulga —esa condenada pulga que nunca me deja dormir tranquilo— zumbándome en la oreja desde hace ya varios días, me senté hoy a escribirles porque no aguanto más callado. Y no es la pulga la que habla, que quede claro: es este viejo Majencio, que ya lleva bastante camino recorrido en esta vida como para tragarse cuentos de camino.

Resulta, mis paisanos, que me dio por preguntar dónde diablos está la Gaceta Municipal de Salamina. Así, sencillo, como quien pregunta dónde queda la droguería. Y créanme que la respuesta me dejó más frío que un aguardiente sin acompañante: no existe. No hay tal cosa. Lo que hay, mis queridos coterráneos, es una cartelera. Sí, una cartelera, como las que uno ve en la escuela pa’ anunciar el día de la madre, pegada allá adentro del edificio de la Alcaldía, donde el ciudadano de a pie —ese que paga sus impuestos, ese que madruga a trabajar, ese que sostiene este pueblo con el sudor de su frente— no puede ni siquiera meter las narices porque ahí no entra cualquiera.

¡Y eso que dicen que es transparencia, mis amigos! Transparencia de vidrio esmerilado, donde uno ve la sombra pero no ve nada claro.

Yo, que ya estoy curtido de ver administraciones pasar como aguaceros de mayo —fuertes al principio, pero que después no dejan ni charco—, me puse a averiguar qué dice la ley sobre esto, porque a Majencio no le gusta criticar sin sustento, que pa’ eso hay otros que hablan por hablar y yo no soy de esos. Y resulta, mis queridos, que la ley es clarita como agua de páramo.

La Constitución Política, nada menos que en su artículo 209, dice que la función administrativa debe cumplirse con base en varios principios, y ahí, sin esconderse, aparece la palabra publicidad. Eso quiere decir, para que me entienda hasta el que anda con la cabeza en las nubes, que las autoridades no pueden gobernar de espaldas a la gente, escondiendo lo que hacen como quien esconde la botella cuando llega la suegra.

Y no se queda ahí la cosa. La Ley 57 de 1985 —vieja ya, con más años que este servidor pero todavía vigente— ordena que los municipios incluyan en sus diarios, gacetas o boletines oficiales los actos que la comunidad debe conocer. El Decreto Ley 1333 de 1986, en su artículo 379, repite la misma cantaleta: que hay que publicar pa’ que la gente pueda ejercer control sobre sus gobernantes. La Ley 136 de 1994, en su artículo 81, agrega que todo acuerdo del Concejo debe publicarse dentro de los diez días siguientes a su sanción. Y la Ley 1437 de 2011, en su artículo 65, remata diciendo que ningún acto administrativo de carácter general es obligatorio si no ha sido publicado debidamente.

¿Me están oyendo, mis paisanos? ¡Diez días! ¡Publicación obligatoria! ¡Sin eso, la norma ni siquiera puede exigírsele a nadie!

Y aquí es donde a este viejo se le sube la sangre a la cabeza, más que con tres aguardientes seguidos. Porque el señor Alcalde, con esa cara de yo no fui que se le pone cuando lo aprietan, sale a decir que todo está en orden, que la Gaceta funciona muy bien y que además está junto con la página web. ¡Ave María pues, mi gente! ¿Cuál Gaceta, si no existe? ¿Cuál orden, si lo único que hay es una cartelera guardada bajo llave como si fuera el tesoro de Yuldama?

Porque vean, yo entré a la página web oficial del municipio —y no me digan que Majencio no sabe manejar un computador, que este viejo también se adapta a los tiempos— y lo que encontré fue una tristeza. Decretos que no aparecen, acuerdos del Concejo que uno no sabe ni que existieron, resoluciones que se quedaron perdidas en algún cajón. Y mientras tanto, la cartelera esa, la famosa cartelera, sigue allá adentro, en un pasillo donde solamente entra el que tiene cita, el que conoce al celador, o el que ya viene con palanca desde antes.

¿Y entonces qué hace el ciudadano de a pie, mis queridos? ¿Qué hace doña Rosaura, que vive allá arriba en la vereda y baja una vez al mes? ¿Qué hace el campesino que quiere saber si le subieron el impuesto predial? ¿Qué hace el comerciante que necesita conocer una norma nueva antes de que le caiga una multa por sorpresa?

Pues nada, mis amigos. Se queda a ciegas. Se queda como yo cuando se me acaba la vela y todavía no llega la luz.

Y no me vengan con el cuento de que «es que no hay plata pa’ una gaceta». ¡No, señor! La ley es clarísima: no es obligatorio tener una gaceta impresa con nombre propio, faltaba más, entiendo que no todos los municipios tienen los recursos pa’ eso. Pero sí es obligatorio —óiganme bien, obligatorio— tener un medio eficaz, público y verificable donde la gente pueda consultar lo que se decide. Puede ser la página web, puede ser un boletín digital, puede ser la emisora local, puede ser lo que sea. ¡Pero que sea de verdad, no una promesa de papel!

Porque miren la trampa tan elegante que se han inventado: dicen que «la Gaceta está en orden junto con la página web», pero cuando uno va a buscar, no encuentra ni la Gaceta ni el orden ni nada que se le parezca. Es como cuando el compadre le dice a uno «ya te pago», y uno se queda esperando toda la vida ese pago que nunca llega.

Y aquí no se trata de política, ni de si el Alcalde es de tal o cual color. Se trata de un derecho, mis paisanos, un derecho que le pertenece a todo salamineño: el derecho a saber qué hacen con la plata de todos, qué normas nos rigen, qué decisiones se toman en nuestro nombre sin que nadie nos consulte ni nos avise.

Porque una cosa sí les digo, y esta la digo con la pulga bien clavada en la oreja: cuando un pueblo no puede ver lo que hace su gobierno, ese pueblo está gobernado a ciegas. Y un pueblo ciego es un pueblo fácil de engañar.

Así que, señor Alcalde, con todo respeto pero sin quitarle el filo a la crítica: abra esa cartelera pa’ que la vea todo el mundo, o mejor todavía, ponga la Gaceta como Dios manda, completa, organizada y accesible en la página web, que pa’ eso están las leyes que ya le mencioné, y que pa’ eso paga la comunidad sus impuestos.

Mientras tanto, este viejo Majencio seguirá con la pulga bien viva en la oreja, porque hay pulgas que no se rascan con la mano: se rascan con la verdad.

Hasta la próxima, mis queridos coterráneos, que la Pulga no se cansa ni se calla.

Noticiero Metropolitano

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