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Colombia bajo la lupa sísmica: balance de las últimas 24 horas

Colombia bajo la lupa sísmica: balance de las últimas 24 horas

Septiembre 27- 2026

Chaparral y Chocó, los dos focos sísmicos que Colombia observa hoy

Hay días en que el mapa sísmico de Colombia aparece disperso, con pequeños puntos repartidos por toda la geografía, y hay otros, como este domingo, en que la tierra insiste en los mismos lugares una y otra vez, como si quisiera obligarnos a mirar allí. Hoy esos lugares son dos: Chaparral, en el sur del Tolima, y el corredor sísmico del Chocó que venimos siguiendo desde hace varias semanas.

En Chaparral la madrugada fue casi una sucesión continua de pequeños movimientos. Desde la tarde del sábado y durante buena parte de la noche los registros fueron apareciendo uno tras otro —magnitudes 2,0, 2,3, 2,7, 2,9, 3,1, 3,2 y 3,4—, algunos separados por pocos minutos y otros por apenas media hora. No se trata de un sismo aislado ni de una casualidad estadística, sino de una secuencia persistente: en el corte de 24 horas que analizamos para este informe, de los 75 sismos colombianos registrados, 61 correspondieron a este municipio del Tolima, es decir que alrededor de ocho de cada diez movimientos del periodo ocurrieron prácticamente en la misma zona.

Eso es lo que hoy merece atención, no porque exista evidencia de que se aproxime un terremoto mayor —la ciencia sísmica no permite semejante afirmación—, sino porque la frecuencia, la concentración y la permanencia de la actividad son demasiado evidentes como para tratarla como un conjunto de movimientos aislados. La tierra en Chaparral lleva días fracturándose en una zona relativamente pequeña, y esta mañana volvió a demostrarlo: nuestro corte oficial terminaba a las 7:30, hora de Colombia, y apenas unos minutos después, a las 7:54, se registró un nuevo sismo de magnitud 2,4; tres minutos más tarde, a las 7:57, ocurrió otro evento que inicialmente apareció con magnitud 3,8 y que posteriormente fue ajustado por el Servicio Geológico Colombiano a magnitud 4,2.

El dato cambia el tono del día, no porque el 4,2 sea por sí mismo un terremoto extraordinario, sino porque aparece después de una noche cargada de actividad y confirma que la secuencia no se ha detenido. La madrugada había sido larga: a las 00:19 un movimiento de magnitud 2,0, a las 00:40 otro de 2,2, seis minutos después uno de 2,4, a las 00:57 uno de 2,7 y a la 1:07 uno de 3,2. Luego vinieron más —a las 3:42, magnitud 2,9; a las 3:49, 2,7; a las 4:22, otro 2,9; a las 4:31, 2,2; a las 4:48, 2,9; a las 5:04, un movimiento de 3,4 y apenas cuatro minutos más tarde, otro de 2,6— y la cadena siguió durante toda la mañana. Es difícil mirar semejante sucesión y no entender por qué la comunidad puede sentir inquietud, pero aquí es donde la información debe servir para algo más que alimentar el miedo: la repetición de muchos sismos pequeños no significa necesariamente que uno grande esté por venir, tampoco que el proceso carezca de importancia. Lo que muestra es que existe una fuente sísmica activa, liberando energía mediante numerosos eventos.

Mientras Chaparral concentra la mayor parte de los registros, el Chocó vuelve a recordarnos que el otro proceso que venimos siguiendo tampoco se ha extinguido. Durante el sábado, Istmina registró dos movimientos particularmente importantes dentro de la secuencia: uno de magnitud 4,0, a 46 kilómetros de profundidad, y otro de magnitud 3,9, a 40 kilómetros, a los que se sumó un evento de magnitud 2,2 en El Litoral del San Juan, a 43 kilómetros de profundidad. No son datos aislados: desde mediados de septiembre esta zona del Chocó ha venido presentando una actividad que el propio Servicio Geológico Colombiano ha identificado como un enjambre sísmico, con movimientos en Istmina, Sipí, Medio San Juan, Nóvita y sectores cercanos al Litoral del San Juan, algunos de ellos con magnitudes cercanas a 5. Y lo más importante es que, aunque la frecuencia varía de un día a otro, la actividad continúa.

Eso permite marcar una diferencia clara entre los dos grandes focos del momento: Chaparral muestra una enorme cantidad de sismos superficiales, generalmente pequeños y muy repetitivos, mientras que el Chocó presenta menos eventos pero algunos de mayor magnitud, a profundidades que rondan los 40 o 50 kilómetros. Son procesos distintos, y no existe evidencia suficiente para afirmar que estén relacionados entre sí; sería irresponsable intentar conectarlos simplemente porque ocurren de manera simultánea dentro del territorio colombiano.

El resto del país también registra actividad, pero dentro de patrones mucho más conocidos. En Santander aparecen nuevamente sismos profundos en Los Santos, San Andrés y Sucre, algunos a más de 100 kilómetros y uno cercano a los 200. En Antioquia se registran movimientos en Cáceres, Murindó y Frontino; en Cesar, uno en Chimichagua; en el Valle del Cauca, otro profundo en El Dovio. Son movimientos que forman parte de la dinámica sísmica normal de un país tectónicamente activo como Colombia, pero hoy el mapa tiene dos nombres escritos con mayor intensidad: Chaparral y Chocó, y ambos nos obligan a mantener la memoria. En Chaparral, porque la continuidad de la secuencia es extraordinariamente evidente; en el Chocó, porque el enjambre que hace unas semanas generó preocupación entre las comunidades todavía sigue produciendo eventos de magnitud significativa.

La palabra clave de este domingo no es alarma, es persistencia: persistencia en Chaparral, donde la tierra lleva días produciendo decenas de pequeños sismos, y persistencia en el Chocó, donde los movimientos continúan apareciendo en el mismo corredor que venimos siguiendo desde comienzos de septiembre. La ciencia todavía no puede decir cuánto tiempo durarán estas secuencias —algunas desaparecen lentamente después de días o semanas, otras presentan periodos de calma y luego recuperan actividad—, y por eso cada jornada aporta una pieza nueva a este seguimiento diario.

Hoy no tenemos elementos para decir que Colombia se encuentra ante un terremoto inminente, pero sí tenemos razones suficientes para seguir observando atentamente dos zonas donde la tierra continúa moviéndose de manera insistente. Chaparral no da tregua, el Chocó todavía no guarda silencio, y entre ambos fenómenos queda una enseñanza sencilla: frente a la actividad sísmica, ni el miedo ni la indiferencia ayudan. Lo que sirve es la vigilancia, la información clara y la preparación, porque la naturaleza pone los eventos naturales y nosotros ponemos los desastres cuando permitimos que la vulnerabilidad crezca.

Septiembre 26- 2026

Chaparral marca la jornada con un M4,5 , el Chocó persiste en Istmina y Sipí

El Chocó sostiene su propia secuencia

Istmina volvió a encabezar el registro del sector con un sismo de magnitud 3,2 el 25 de septiembre a las 12:39 p. m., a 46 kilómetros de profundidad, seguido apenas cuarenta minutos después por otro de magnitud 2,6, esta vez a 41 kilómetros. Hacia el final de la tarde, a las 6:04 p. m., fue Sipí el que aportó un evento de magnitud 2,3 a 37 kilómetros, y ya entrada la madrugada del 26 de septiembre, a las 12:21 a. m., Istmina repitió con el sismo más fuerte de la jornada en la zona, de magnitud 3,4 y 43 kilómetros de profundidad. El ciclo se cerró en la mañana, a las 6:37 a. m., con un último evento de magnitud 2,4 en el mismo municipio. El fenómeno del Chocó continúa activo: su número de eventos es mucho menor que el observado en Tolima, pero mantiene la recurrencia espacial que hemos venido siguiendo alrededor de Istmina–Sipí.

Santander mantiene su sismicidad profunda

Los Santos registró cinco eventos, todos profundos, en el rango aproximado de 141 a 146 kilómetros, comportamiento consistente con la conocida sismicidad profunda de esa región. En el catálogo aparecen, entre otros, eventos a 145, 146 y 142 kilómetros de profundidad. También aparece un evento aislado en Lenguazaque, Cundinamarca, de magnitud 2,3 y 132 kilómetros de profundidad.

Conclusión

El panorama de hoy tiene un protagonista indiscutible: Chaparral y su entorno inmediato. No estamos observando simplemente algunos pequeños sismos dispersos — el catálogo muestra una secuencia extraordinariamente persistente, con decenas de eventos superficiales concentrados en una misma zona y mantenidos a lo largo de todo el período analizado. A eso se suma ahora un movimiento de magnitud 4,5, el mayor de esta fase reciente.

Sin embargo, hay que hacer una distinción fundamental: el aumento hasta magnitud 4,5 no significa, por sí mismo, que la secuencia esté evolucionando hacia un terremoto mayor. Los catálogos sísmicos no permiten hacer esa predicción, y tampoco puede afirmarse todavía que el 4,5 haya liberado la energía suficiente para dar por terminada la actividad. Lo que sí podemos afirmar a partir de los datos es que la zona permanece sísmicamente muy activa y merece un seguimiento especial.

Hay otro detalle relevante: después del 4,5 la actividad continuó, pero las magnitudes volvieron predominantemente al rango de los 2 y 3. No vemos en estas horas una escalada progresiva de magnitudes, del tipo 3,0–3,5–4,0–4,5 y creciendo sucesivamente, sino una secuencia numerosa, irregular y persistente, dentro de la cual apareció un evento considerablemente mayor. Eso cambia el nivel de atención, pero no autoriza a convertir la observación en alarma.

Mientras tanto, el Chocó sigue enviando su propia señal: menos eventos, pero nuevamente concentrados alrededor de Istmina y Sipí y con profundidades de varias decenas de kilómetros. Por eso conviene mantener separados los dos fenómenos en nuestros análisis — el comportamiento superficial y extremadamente numeroso del sur del Tolima, y la sismicidad que continúa en el sector Istmina–Sipí del Chocó.

Nuestro trabajo seguirá siendo mirar la evolución día tras día, comparar número de eventos, magnitudes, profundidades y desplazamiento de los epicentros. Será esa evolución —y no un sismo aislado— la que nos permitirá entender si la actividad empieza a disminuir, se mantiene estable o experimenta un cambio significativo. La naturaleza pone los eventos naturales; nosotros ponemos los desastres cuando permitimos que la vulnerabilidad crezca.

Septiembre 25 - 2026

Chaparral registra 191 sismos en 24 horas sin escalada a mayores magnitudes

El sur del Tolima amaneció este viernes con una realidad que ya empieza a resultar familiar para quienes viven allí: la actividad sísmica continúa. No con un gran terremoto, ni con una sucesión creciente de magnitudes, sino con algo que puede resultar igualmente inquietante para la población, decenas y decenas de pequeños movimientos, casi todos superficiales, interrumpidos ocasionalmente por sacudidas capaces de sentirse con claridad.

Nuestro nuevo corte comprende los registros posteriores al último evento usado en el informe del jueves, ocurrido a las 6:33 de la mañana, y llega hasta las 7:36 a. m. de este viernes 25 de septiembre, cuando el catálogo registra un nuevo sismo de magnitud 2,7 en Chaparral. El resultado vuelve a ser notable: en el catálogo suministrado para este seguimiento aparecen 191 sismos durante el periodo analizado, de los cuales 172 están registrados como Chaparral, Tolima, y otros 7 como San Antonio, Tolima. Eso significa que 179 de los 191 registros —casi el 94%— ocurrieron en esos dos municipios del sur del Tolima.

Pero hay que hacer una precisión importante. De los siete eventos registrados como San Antonio, seis fueron superficiales, mientras uno alcanzó una profundidad de 30 kilómetros; por eso consideramos razonable seguir los seis superficiales junto con la concentración de Chaparral, aunque todavía no debamos afirmar que todos provengan exactamente de la misma estructura geológica. Uno de esos sismos en San Antonio ocurrió a las 18:43 y tuvo magnitud 2,7, mientras el evento de las 18:20, magnitud 2,4, fue localizado a 30 kilómetros de profundidad. Por esa razón, nuestra cuenta de eventos superficiales potencialmente asociados al núcleo Chaparral–San Antonio llega a 178.


Cuatro sacudidas de magnitud 4 o superior en Chaparral

La cantidad de movimientos pequeños es enorme, pero para entender el comportamiento de la secuencia también hay que mirar los eventos mayores. Durante este corte hubo cuatro sismos en Chaparral que alcanzaron magnitud 4,0 o superior: el primero ocurrió el jueves a las 11:46 a. m., con magnitud 4,1, y solo 28 minutos después, a las 12:14 p. m., ocurrió otro M4,1. En la noche, a las 7:37 p. m., volvió a registrarse un M4,1, nuevamente superficial, y ya durante la madrugada de este viernes, a las 2:19 a. m., se produjo un M4,0, también superficial. Entre ellos siguieron ocurriendo decenas de movimientos menores, hubo además un M3,8 a las 10:57 de la noche, y esta mañana, a las 7:08, otro de magnitud 3,6. Es decir, la actividad no se limita a cientos de pequeños registros instrumentales: la secuencia sigue teniendo pulsos capaces de alcanzar magnitudes cercanas o superiores a 4.

Hay una disminución, pero todavía no podemos hablar de calma

Aquí aparece uno de los datos que más interesa comparar. En nuestro informe anterior habíamos contabilizado 185 eventos registrados como Chaparral; en esta nueva ventana encontramos 172, son 13 menos. La disminución existe y vale la pena anotarla, pero sería prematuro interpretarla como señal de que el fenómeno está terminando. ¿Por qué? Porque mientras disminuye ligeramente el número total, siguen apareciendo movimientos de magnitud 4,1, 4,0, 3,8 y 3,6. Dicho de otra manera, la frecuencia podría estar comenzando a fluctuar hacia abajo, pero la secuencia todavía conserva suficiente actividad para producir sismos claramente perceptibles. Para hablar de una reducción consistente necesitaríamos observar varios cortes consecutivos con menos eventos y, además, una disminución sostenida de las magnitudes. Un solo día no permite afirmarlo.

Chaparral y San Antonio: mirar el mapa, no las fronteras

Otro detalle resulta cada vez más importante. Muchos de los eventos identificados como Chaparral realmente se localizan cerca de los límites con otros municipios. El sismo de magnitud 2,5 ocurrido esta mañana a las 7:23, por ejemplo, fue localizado en las coordenadas 3,87° N y 75,64° O; el propio catálogo sitúa ese epicentro a 17 kilómetros de Roncesvalles, 18 de San Antonio y 23 de Chaparral. Esto ayuda a entender por qué algunos movimientos empiezan a aparecer bajo el nombre de San Antonio: la tierra, obviamente, no conoce los límites administrativos dibujados en un mapa. Por eso nuestra vigilancia diaria debe hacerse sobre la distribución espacial de los epicentros y no solamente contando cuántas veces aparece la palabra Chaparral.

Hasta este momento, lo que vemos no permite afirmar que el fenómeno esté avanzando por todo el Tolima. Más bien observamos una concentración sísmica bastante definida en un sector del sur del departamento, alrededor del área Chaparral–San Antonio y próxima a Roncesvalles. Eso es diferente de hablar de una expansión generalizada.

Entonces, ¿qué está pasando?

Con los datos disponibles hasta esta mañana, nuestra lectura es la siguiente: estamos ante una secuencia sísmica superficial extraordinariamente persistente, concentrada principalmente en una zona relativamente pequeña del sur del Tolima. La mayoría de los movimientos tiene magnitudes bajas, principalmente entre 2 y 3, pero dentro de esa enorme cantidad de sismos pequeños aparecen periódicamente eventos alrededor de magnitud 4. No observamos una escalada progresiva, es decir, no existe una secuencia en la que cada terremoto sea mayor que el anterior. Tampoco tenemos, por ahora, elementos para afirmar que el fenómeno esté migrando hacia regiones cada vez más lejanas.

Lo que sí tenemos es persistencia. Y esa probablemente sea la palabra más adecuada para describir lo que está ocurriendo.
El Servicio Geológico Colombiano informó que desde el inicio de esta actividad, el 20 de septiembre, había contabilizado hasta el jueves al menos 661 sismos de magnitud 2,0 o superior en Chaparral, 19 de ellos de magnitud 4,0 o mayor. El más fuerte de la secuencia hasta ese momento fue el M4,5 del miércoles 23 de septiembre. El SGC mantiene monitoreo permanente de la actividad, y desde el comienzo del episodio había advertido que se trataba de una actividad sísmica destacada que requería seguimiento continuo.

El Chocó sigue moviéndose, pero es otra historia

Nuestro catálogo también deja otro dato que no debemos perder de vista. Mientras Chaparral concentra la enorme mayoría de los registros, Istmina, Chocó, aparece cuatro veces durante este mismo periodo. El evento más importante ocurrió a las 7:57 p. m. del jueves, magnitud 4,0 y 37 kilómetros de profundidad. Esa actividad pertenece al fenómeno que desde hace semanas seguimos en el Chocó y debe analizarse separadamente: el SGC ha señalado que continúa activo un enjambre en inmediaciones de Istmina, Medio San Juan, Sipí y Litoral del San Juan, con sismos predominantemente entre 30 y 70 kilómetros de profundidad. Que Chocó y Tolima tiemblen durante las mismas horas, entonces, no significa que ambos fenómenos estén conectados.

Nuestra conclusión de hoy

Si tuviéramos que resumir estas 24 horas largas en una sola frase sería esta: Chaparral sigue muy activo, pero no muestra por ahora una escalada hacia magnitudes cada vez mayores. Hay una pequeña reducción en el número de eventos respecto del corte anterior, lo que merece observarse, pero todavía es demasiado pronto para hablar de una tendencia descendente. Los cuatro sismos de magnitud 4 o superior registrados en Chaparral durante el periodo muestran que el sistema continúa liberando esfuerzos mediante episodios capaces de sentirse ampliamente.

La presencia repetida de sismos superficiales registrados como San Antonio probablemente refleja que estamos observando una zona sísmica que atraviesa límites municipales, más que el nacimiento de varios fenómenos independientes. El evento de San Antonio a 30 kilómetros de profundidad merece, en cambio, mantenerse separado hasta disponer de más elementos.

Y hay algo igualmente importante: nada de estos datos permite decir que vaya a ocurrir un terremoto mayor, pero tampoco permite asegurar que no ocurrirá. La sismología no funciona de esa manera. El seguimiento sirve para comprender cómo evoluciona una secuencia, reconocer cambios y mejorar la preparación, no para anunciar el próximo terremoto. El propio SGC recuerda que con el conocimiento científico actual no es posible determinar anticipadamente el lugar, la hora y la magnitud de un futuro sismo.

Por eso seguiremos mirando los números cada día. No para sembrar miedo, sino precisamente para lo contrario: convertir información en prevención. La naturaleza pone los eventos naturales; nosotros ponemos los desastres cuando permitimos que la vulnerabilidad crezca. Los terremotos no se pueden predecir —la ciencia no puede decir con certeza qué día, a qué hora, en qué lugar exacto y con qué magnitud ocurrirá el próximo—, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad: construir mejor, conocer nuestro territorio, preparar a nuestras familias y comunidades y saber cómo actuar antes, durante y después de un sismo. No podemos impedir que la tierra tiemble; sí podemos trabajar para que sus consecuencias sean menores.

 

Septiembre 24 - 2026

Chaparral concentra el 96 % de los sismos del país en las últimas 24 horas

La actividad sísmica registrada en Colombia durante las últimas horas presenta una concentración extraordinariamente marcada en el sur del Tolima. Al contabilizar los eventos contenidos en el catálogo suministrado, aparecen 190 sismos, de los cuales 183 corresponden al departamento del Tolima: 179 tienen como referencia a Chaparral y cuatro a San Antonio.

Eso significa que más del 96 % de los eventos incluidos en este corte se localizaron en esa zona del país.

La secuencia de Chaparral no solamente continúa: mantuvo actividad prácticamente durante toda la jornada y durante la madrugada. El evento de mayor magnitud ocurrió el miércoles 23 de septiembre a las 3:09 p. m., con magnitud 4,5 y profundidad superficial.


Más tarde, a las 9:34 p. m., se produjo otro sismo superficial de magnitud 4,1, demostrando que después del evento M4,5 la actividad no desapareció.


En el conjunto analizado aparecen 45 sismos de magnitud 3,0 o superior, nueve alcanzaron o superaron M3,5 y dos estuvieron por encima de M4,0. La mayoría —145 eventos— permaneció por debajo de magnitud 3,0.

Lo particularmente llamativo es la frecuencia. Durante numerosas horas se registraron varios eventos dentro de un mismo período de sesenta minutos, y la secuencia continuó durante toda la noche. A las 4:25 de la madrugada, por ejemplo, todavía se produjo un sismo M3,5 en Chaparral y los registros continuaron posteriormente hasta las 6:33 a. m.
Chaparral merece seguimiento especial

El fenómeno no comenzó ayer. El Servicio Geológico Colombiano informó oficialmente que entre la madrugada del 20 de septiembre y las 3:30 p. m. del 21 ya había registrado más de 130 sismos en Chaparral.

El catálogo de este nuevo corte muestra que la actividad sigue siendo intensa varios días después.
Esto permite afirmar que estamos ante una secuencia sísmica sostenida y espacialmente muy concentrada, pero no permite concluir que vaya a producirse un terremoto mayor. La frecuencia elevada de pequeños sismos, por sí sola, no constituye un método de predicción.

Tampoco debemos caer en el extremo contrario y minimizar lo que sucede. El hecho de que la mayoría de los eventos sean pequeños no elimina la necesidad de vigilancia: son numerosos, superficiales y están ocurriendo en una zona relativamente limitada.

El enjambre del Chocó sigue presente

Mientras todas las miradas podrían dirigirse hacia Chaparral, el fenómeno que venimos siguiendo en Chocó no ha terminado.
Durante este corte aparecen dos eventos en Istmina: uno de magnitud 3,2, ocurrido el miércoles a las 6:28 p. m., y otro de magnitud 3,6, registrado este jueves a las 2:39 a. m. Ambos tuvieron una profundidad de 42 kilómetros.

También aparece un sismo M2,7 superficial en Bajo Baudó a las 4:31 a. m.

Los dos eventos de Istmina son especialmente interesantes para nuestro seguimiento porque coinciden, tanto geográficamente como por profundidad, con el segundo grupo identificado por el Servicio Geológico Colombiano en las inmediaciones de Istmina, Medio San Juan, Sipí y Litoral del San Juan, donde los sismos se localizan principalmente entre 30 y 60 kilómetros.

El SGC determinó que en este grupo no se observa el descenso progresivo típico de una secuencia de réplicas. Por el contrario, las magnitudes y el número de eventos fluctúan en el tiempo, comportamiento que la entidad considera compatible con un enjambre sísmico. Hasta el boletín oficial del 23 de septiembre se habían registrado más de 1.500 eventos, 28 de ellos de magnitud igual o superior a 4,0.

La entidad estudia como hipótesis preliminar que ese enjambre pueda relacionarse con migración de fluidos procedentes de procesos de deshidratación de minerales en profundidad y que los cambios de esfuerzos generados por el terremoto Mw 7,4 del 10 de agosto hayan podido favorecer su desarrollo. El propio SGC advierte que se trata todavía de una interpretación en estudio.

El resto del país

Fuera del Tolima y Chocó, el catálogo muestra una actividad mucho más dispersa: un evento M2,4 en Dabeiba, Antioquia; uno M2,7 a 150 kilómetros de profundidad en Los Santos, Santander; uno M2,4 en Mallama, Nariño, dentro del área de influencia del volcán Azufral; y un M2,5 a 78 kilómetros de profundidad en Riohacha, La Guajira.


Por cantidad, ninguno de estos focos se aproxima durante este corte a lo que está sucediendo en Chaparral.

Conclusión

Colombia tiene hoy dos zonas que justifican nuestra atención especial, pero por razones diferentes.
En Chaparral y el sur del Tolima tenemos una secuencia extraordinariamente numerosa, superficial y persistente: 183 de los 190 eventos contabilizados en este corte se produjeron en Tolima.

En Chocó, el número de eventos visibles en estas últimas horas es mucho menor, pero continúa activo el enjambre que el SGC ya diferencia científicamente de la secuencia de réplicas profundas asociadas al terremoto del 10 de agosto.

No existe evidencia científica que permita afirmar que cualquiera de estas secuencias anuncie un terremoto mayor. El SGC recuerda expresamente que ni un enjambre ni un aumento temporal de la actividad permiten predecir cuándo ocurrirá otro sismo o qué magnitud tendrá.

La lectura correcta no es alarmarse ni despreocuparse: es vigilar, entender y prepararse.

“La naturaleza pone los eventos naturales; nosotros ponemos los desastres cuando permitimos que la vulnerabilidad crezca.”

Septiembre 23 - 2026

Chaparral concentra el 96 % de los sismos del país en las últimas 24 horas

Colombia amaneció este miércoles con una actividad sísmica que merece atención especial, no porque pueda afirmarse que anuncie un terremoto mayor —eso científicamente no puede determinarse— sino por la extraordinaria concentración de movimientos que continúa presentándose en el sur del Tolima.

Nuestro análisis del catálogo suministrado para las últimas 24 horas contabiliza 175 eventos sísmicos de magnitud 2,0 o superior. De ellos, 168 tuvieron como referencia a Chaparral, Tolima, es decir, aproximadamente el 96 por ciento de toda la sismicidad de este corte se concentró en una sola zona del país. La cifra pesa todavía más cuando se mira la frecuencia: entre el primer evento de Chaparral de nuestro periodo, a las 7:47 de la mañana del martes, y el último, a las 7:13 de esta mañana, se catalogó en promedio un movimiento cada ocho minutos y medio, y en numerosos momentos la separación fue menor.

La actividad tampoco cesó durante la noche. Continuó casi sin interrupción en la madrugada y llegó viva hasta pocos minutos antes del cierre de este informe: un sismo de magnitud 3,2 a las 6:14 a. m., uno de 3,0 a las 6:17, otro de 3,2 a las 6:32, uno de 2,8 a las 6:35, uno de 3,0 a las 6:57, uno de 2,4 a las 7:06 y, finalmente, a las 7:13, uno de magnitud 3,4.

Cinco sismos de magnitud 4 ó superior

Dentro de los 175 eventos analizados hay 101 movimientos entre magnitud 2,0 y 2,9, otros 69 entre 3,0 y 3,9, y cinco de magnitud 4,0 o superior, todos localizados en Chaparral. El primero, de magnitud 4,0, ocurrió a las 5:12 de la tarde del martes 22. Por la noche llegó otro de 4,0 a las 11:36 p. m., seguido diez minutos después, a las 11:46, por uno de 4,1. En la madrugada de hoy se produjo un nuevo sismo de 4,0 a las 2:59 a. m., y a las 4:04 de la mañana ocurrió el mayor del periodo, de magnitud 4,2, también con referencia en Chaparral y profundidad clasificada como superficial.

Ese detalle de la profundidad importa. La secuencia se está desarrollando principalmente a menos de 30 kilómetros, dentro de la corteza terrestre, y por eso incluso sismos de magnitud moderada son claramente percibidos por las comunidades cercanas.
El Servicio Geológico Colombiano ya había informado que esta actividad comenzó a intensificarse el 20 de septiembre y que, para el corte de su informe del martes, se habían contabilizado al menos 280 sismos de magnitud 2,0 o superior, once de ellos de magnitud 4,0 o más. La entidad la considera distinta de las dos secuencias identificadas en el Chocó y estudia, como hipótesis preliminar, si los cambios en el campo de esfuerzos producidos por el terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto pudieron favorecer la reactivación de fallas en la zona de Chaparral. Aclara, eso sí, que esa relación exige análisis adicionales.

Y aquí conviene ser muy cuidadosos: hipótesis no significa conclusión. No podemos afirmar que los sismos de Chaparral sean consecuencia directa del terremoto del 10 de agosto, ni calificarlos automáticamente como réplicas de aquel evento, ni asegurar que sean el mismo fenómeno que seguimos en el Chocó. Lo que sí podemos decir es que existe una concentración extraordinariamente alta de sismicidad cortical superficial y que el propio Servicio Geológico Colombiano mantiene un seguimiento especial de la situación.

El Chocó sigue presente

Mientras la atención parece haberse desplazado hacia Chaparral, nuestro seguimiento no puede perder de vista el Chocó. En las últimas 24 horas el catálogo registra dos eventos con referencia en Istmina: uno de magnitud 3,7 y 41 kilómetros de profundidad a la 1:24 de la tarde del martes, y otro de magnitud 2,9 y 42 kilómetros a las 7:59 de la noche. Esas profundidades encajan en el rango de 30 a 60 kilómetros que el SGC ha descrito para el grupo de sismicidad ubicado en inmediaciones de Istmina, Medio San Juan, Sipí y Litoral del San Juan, el mismo que fue identificado oficialmente como un enjambre sísmico.

Según la actualización del SGC del 22 de septiembre, este enjambre supera ya los 1.500 eventos, con al menos 28 sismos de magnitud igual o superior a 4,0. A diferencia de una secuencia normal de réplicas, no ha mostrado un descenso progresivo y sostenido en cantidad ni en magnitud: la actividad fluctúa y los eventos mayores pueden aparecer en cualquier momento. La hipótesis preliminar de la entidad apunta a la migración de fluidos generados por la deshidratación de minerales dentro de la placa subducida, sin descartar que el terremoto del 10 de agosto haya alterado el estado de esfuerzos y favorecido esta actividad.
En el mismo Chocó existe otra secuencia, ligada directamente al terremoto de magnitud 7,4 de San José del Palmar. Esa sí muestra el comportamiento típico de las réplicas, con una elevada actividad inicial que disminuye con el tiempo, y el SGC contabilizaba en ella más de 330 eventos. Estamos, entonces, frente a fenómenos distintos que no deben mezclarse: las réplicas profundas del terremoto del 10 de agosto, el enjambre de Istmina–Medio San Juan–Sipí–Litoral del San Juan y la intensa actividad cortical superficial que desde el 20 de septiembre se concentra en Chaparral.

Otros puntos de país

Fuera de Chaparral y del Chocó, el catálogo muestra muy poca actividad. Aparecen dos eventos en San Antonio, Tolima, uno de magnitud 2,3 durante la noche y otro de 2,6 a las 6:51 de esta mañana; uno de magnitud 2,7 en Prado, Tolima; uno de 2,8 en Aipe, Huila, a las 6:10 a. m.; y uno de magnitud 2,1 en la región fronteriza Ecuador–Colombia, dentro del área de influencia del complejo volcánico Chiles–Cerro Negro. Este último, por sí solo, no permite establecer un cambio en la actividad volcánica: cualquier lectura sobre un volcán debe apoyarse en los boletines específicos de vigilancia volcánica y no solo en el catálogo nacional de sismos.

¿Debemos preocuparnos por Chaparral?

La respuesta correcta no es alarmar, pero tampoco restarle importancia. Registrar 168 eventos de magnitud 2,0 o superior en solo 24 horas, con cinco de magnitud 4,0 o mayor y una actividad que seguía minutos antes de nuestro corte, es una señal clara de que la zona permanece sísmicamente muy activa. Pero esa concentración no permite afirmar que viene un terremoto mayor. La ciencia actual no dispone de un método capaz de predecir con precisión el lugar, la hora y la magnitud del próximo sismo, y el Servicio Geológico Colombiano lo ha reiterado de manera permanente.

Sería igualmente incorrecto afirmar lo contrario y decir que ya sabemos que la secuencia se va a apagar sola. Lo responsable es observar su evolución: si disminuye la cantidad de eventos, si cambian las magnitudes, si los epicentros migran, si varía la profundidad o si los análisis del SGC encuentran evidencia de reactivación de determinadas estructuras geológicas. Por eso, más que preguntarnos si mañana habrá un terremoto, debemos preguntarnos si estamos preparados para cuando ocurra un sismo fuerte.

Conclusión

El corte de esta mañana deja un protagonista indiscutible: Chaparral, Tolima. De los 175 eventos de nuestro registro de 24 horas, 168 se concentraron allí, cinco alcanzaron magnitud 4,0 o superior y el mayor fue de 4,2, a las 4:04 de la madrugada. La secuencia seguía activa a las 7:13, apenas diecisiete minutos antes de nuestro cierre. Al mismo tiempo, el enjambre del Chocó no ha desaparecido: los dos nuevos eventos de Istmina, a 41 y 42 kilómetros de profundidad, recuerdan que ese fenómeno continúa bajo observación.

Por ahora no tenemos elementos científicos para decir que estas secuencias anuncien un terremoto de mayor magnitud, pero tampoco razones para bajar la vigilancia. Nuestra tarea será seguir los datos, comparar cada periodo de 24 horas y observar tendencias sin alarmismo y sin minimizar lo que ocurre. Porque los sismos son naturales, y el desastre comienza cuando la vulnerabilidad nos encuentra sin preparación.

Este fue Colombia bajo la lupa sísmica, con corte a las 7:30 de la mañana del miércoles 23 de septiembre de 2026.

Septiembre 22 - 2026

209 sismos en 24 horas: Chaparral sigue temblando sin descanso en el Tolima

La tierra continúa moviéndose con una frecuencia inusual en el sur del Tolima. El seguimiento diario que realiza La Revista de Caldas al catálogo sísmico colombiano muestra que la actividad concentrada alrededor de Chaparral permaneció intensa durante las últimas horas, y que algunos movimientos comenzaron a aparecer identificados con municipios cercanos, una circunstancia que obliga a ampliar la mirada sobre el mapa.

El punto de corte utilizado para este informe corresponde al sismo de magnitud 3,2 registrado en Chaparral a las 14:42 del lunes 21 de septiembre. A partir del evento siguiente y hasta las 15:28 de este martes 22, el catálogo suministrado para nuestro seguimiento contiene 209 sismos registrados en Colombia, y la cifra más importante está, de nuevo, en Chaparral: 185 de esos 209 eventos fueron catalogados con epicentro en este municipio del Tolima. Eso significa que cerca de nueve de cada diez movimientos incluidos en nuestra ventana de observación corresponden al núcleo que venimos siguiendo desde el fin de semana.
Seis movimientos llegaron a magnitud 4 o más

No estamos observando únicamente una acumulación de microsismos. Dentro de los 185 eventos registrados como Chaparral encontramos seis movimientos de magnitud 4,0 o superior después del corte de ayer: a las 15:02 del lunes ocurrió uno de magnitud 4,0; a las 16:30, otro de 4,1; a las 17:58 se presentó un nuevo 4,0 y a las 18:15 uno de magnitud 4,2. Ya durante la madrugada de este martes, a las 02:35, se produjo otro M4,2, y a las 06:00 apareció un nuevo M4,0.

La secuencia, por tanto, sigue mostrando capacidad para producir eventos cercanos o superiores a magnitud 4, aunque esto no significa que esté evolucionando necesariamente hacia un terremoto mayor. Tampoco observamos, hasta este corte, una progresión ordenada en la cual cada sismo sea mayor que el anterior; lo que sí existe, con claridad, es persistencia. El Servicio Geológico Colombiano ya había informado oficialmente que entre la madrugada del 20 de septiembre y las 3:30 de la tarde del lunes 21 había registrado más de 130 sismos en Chaparral, y anunció que mantendría vigilancia permanente sobre la actividad; nuestro nuevo conteo muestra que el fenómeno continuó con gran intensidad después de aquel boletín.

Hay que mirar más allá del nombre Chaparral

Este es probablemente el aspecto más interesante del informe de hoy. No podemos limitarnos a buscar la palabra «Chaparral» en el catálogo, porque la tierra no reconoce fronteras municipales y un mismo sector sísmicamente activo puede producir epicentros que, dependiendo de su localización exacta, sean reportados con el nombre de distintos municipios. Por esa razón hemos separado tres eventos que consideramos de especial interés regional, sin afirmar todavía que formen parte de la misma secuencia.
El primero ocurrió en San Antonio, Tolima, a las 00:44 de este martes, con magnitud 2,3 y profundidad superficial. Más tarde, a las 06:56, apareció un sismo M2,8 en Roncesvalles, también superficial. Y el dato que más merece nuestra atención llegó al final del periodo analizado: a las 15:28 se registró un M3,9 en Ataco, superficial. El propio catálogo ubica a Planadas a solo 11 kilómetros del epicentro, Rioblanco a 32 kilómetros y Santa María, Huila, a 35 kilómetros.

Así, además de los 185 sismos de Chaparral, tenemos tres movimientos en municipios vecinos que mantendremos bajo observación: San Antonio, Roncesvalles y Ataco. No los sumamos todavía como si fueran 188 eventos de una única fuente sísmica, porque la proximidad geográfica, por sí sola, no demuestra que todos estén siendo generados por la misma estructura tectónica; para establecer esa relación sería necesario comparar coordenadas, profundidades, distribución espacial y, cuando exista información suficiente, mecanismos focales. También aparecen en el catálogo dos eventos en Prado y uno en Rovira, que registramos como actividad ocurrida dentro del Tolima, aunque por ahora no existen elementos suficientes para incorporarlos al núcleo Chaparral–sur del Tolima que estamos siguiendo. De esta manera, de los 209 eventos de nuestra ventana de análisis, 191 ocurrieron en territorio tolimense, aunque solo 185 están catalogados directamente como Chaparral.

¿Se está extendiendo la actividad?

Todavía sería apresurado afirmarlo. Lo que tenemos es una señal que merece vigilancia: una concentración extraordinaria de sismos superficiales en Chaparral, acompañada por algunos eventos en municipios de su entorno. El M3,9 de Ataco es particularmente interesante porque aparece hacia otro sector del sur tolimense; un solo evento no permite hablar de migración o expansión de la actividad, pero si durante las próximas horas comienzan a repetirse epicentros en Ataco, Planadas, Rioblanco, San Antonio o Roncesvalles, el patrón espacial adquiriría mucha más importancia. Ese será uno de los puntos que observaremos en el próximo corte.

También continuaremos diferenciando esta actividad de otros focos sísmicos colombianos: en el mismo catálogo siguen apareciendo eventos en Santander, Chocó, Valle del Cauca, Cundinamarca y otras regiones que obedecen a contextos tectónicos diferentes y que no deben mezclarse automáticamente con lo que ocurre en Chaparral.

Por ahora, la conclusión es concreta: la actividad sísmica de Chaparral continúa muy alta y no muestra todavía señales claras de haber terminado. La ocurrencia repetida de movimientos alrededor de magnitud 4 y la aparición de eventos superficiales en municipios cercanos justifican mantener un seguimiento diario cuidadoso, sin alarmismo, pero tampoco restándole importancia a lo que muestran los registros.

La naturaleza pone los eventos naturales; nosotros ponemos los desastres cuando permitimos que la vulnerabilidad crezca. Los terremotos no se pueden predecir: la ciencia no puede decir con certeza qué día, a qué hora, en qué lugar exacto y con qué magnitud ocurrirá el próximo. Lo que sí podemos hacer es reducir nuestra vulnerabilidad: construir mejor, conocer nuestro territorio, preparar a nuestras familias y comunidades y saber cómo actuar antes, durante y después de un sismo. No podemos impedir que la tierra tiemble; sí podemos trabajar para que sus consecuencias sean menores.

Septiembre 21 - 2026

Chaparral concentra una intensa secuencia de 96 sismos en menos de 22 horas

El mapa sísmico colombiano cambió notablemente durante las últimas horas. Entre las 4:40 de la tarde del domingo 20 de septiembre y las 2:31 de la tarde de este lunes 21, el catálogo revisado registra 96 sismos localizados en Chaparral, Tolima, dentro de un total de 105 eventos examinados.

La concentración es extraordinariamente llamativa por su frecuencia. Los movimientos de Chaparral tuvieron magnitudes entre 2,0 y 4,1, y todos aparecen catalogados como superficiales. Solo durante este lunes, desde las 00:54 hasta las 14:31, contabilizamos 74 eventos en esa zona.

La secuencia tampoco estuvo formada únicamente por microsismos. Hubo tres movimientos de magnitud 4 o superior: M4,0 a las 9:48 a. m.; M4,0 a las 11:23 a. m.; y M4,1 a la 1:48 p. m. Este último estuvo precedido y seguido por numerosos eventos menores.

Hay que ser prudentes con la interpretación. Aunque la distribución temporal recuerda una secuencia tipo enjambre —muchos sismos concentrados espacialmente y sin un único evento claramente dominante— no tenemos todavía base para clasificar oficialmente lo ocurrido en Chaparral como un enjambre sísmico.

El Servicio Geológico Colombiano explicó este lunes que el sur del Tolima es una región de actividad sísmica frecuente y que, hasta el momento, no observa elementos suficientes para considerar esta secuencia una situación anómala. La entidad mostró además que alrededor de Chaparral existe una concentración histórica de sismicidad.

Hay, sin embargo, una particularidad que merece seguimiento: buena parte de la actividad comenzó antes del primer M4,0 de las 9:48. Por eso no sería preciso explicar toda la secuencia simplemente como réplicas posteriores a ese movimiento. Lo apropiado, por ahora, es hablar de una intensa secuencia sísmica superficial en el sur del Tolima y observar su evolución.

Mientras Chaparral acaparaba la atención, nuestro otro punto de vigilancia tampoco quedó quieto. Istmina, Chocó, registró tres eventos: M2,6 a 43 kilómetros de profundidad, M3,5 a 46 kilómetros y M3,1 a 39 kilómetros.
Esto significa que la actividad que venimos siguiendo en Chocó continúa, aunque durante estas horas haya quedado estadísticamente eclipsada por Chaparral.

El último evento del catálogo suministrado ocurrió a las 2:42 p. m. en Calima (El Darién), Valle del Cauca, con magnitud 3,4 y profundidad superficial.

Conclusión del día

Chaparral merece desde hoy vigilancia especial. La cantidad, continuidad y superficialidad de los eventos justifican seguir la secuencia hora por hora, pero no permiten afirmar que esté preparando un terremoto mayor. La ciencia no puede predecir cuándo, dónde ni con qué magnitud ocurrirá un próximo sismo.

Septiembre 20 - 2026

La tierra se mueve todos los días en Colombia. La mayoría de esos movimientos son pequeños, muchos pasan inadvertidos para la población y forman parte del comportamiento normal de un territorio atravesado por placas tectónicas, fallas geológicas y complejas estructuras bajo la Cordillera de los Andes.

Pero un catálogo sísmico no es simplemente una lista de magnitudes, horas y lugares.

Cuando los registros se observan de manera continua pueden comenzar a aparecer concentraciones, cambios de profundidad, secuencias de eventos o comportamientos que merecen ser seguidos con mayor atención.

Por esa razón, La Revista de Caldas abre desde hoy esta sección diaria: Colombia bajo la lupa sísmica, un balance de lo ocurrido durante las últimas 24 horas a partir, principalmente, de los registros publicados por el Servicio Geológico Colombiano. 

No pretendemos reemplazar el trabajo científico de las instituciones encargadas del monitoreo sísmico, ni mucho menos anunciar terremotos. La ciencia actual no permite predecir cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un gran sismo.

Nuestro propósito es diferente: observar, organizar los datos, compararlos con los días anteriores y explicar al lector, en lenguaje sencillo, qué está ocurriendo bajo nuestros pies.

Este trabajo no comienza hoy. 

Desde el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto de 2026 hemos venido realizando un seguimiento continuo de la actividad sísmica posterior. Durante ese proceso encontramos una concentración particular de eventos en sectores de Istmina, Sipí, Medio San Juan y otras zonas del Chocó que posteriormente fue identificada oficialmente como un enjambre sísmico. 

Desde entonces hemos seguido su evolución casi diariamente: sus magnitudes, sus profundidades, sus momentos de relativa calma y los nuevos pulsos de actividad. También hemos intentado diferenciar estos eventos de las réplicas asociadas directamente con el gran terremoto de agosto.

Ese seguimiento nos enseñó algo importante: mirar un solo sismo dice muy poco; observar centenares de eventos durante días y semanas permite entender mucho mejor cómo está evolucionando una zona.

Ahora aparece otra señal que merece observación. Durante este 20 de septiembre comenzó a destacarse una concentración de sismos superficiales alrededor de Chaparral, Tolima, incluyendo movimientos de magnitud 4,1 y 3,9 y numerosos eventos menores en pocas horas.

Todavía es temprano para determinar qué tipo de secuencia representa. Precisamente para eso nace esta sección.
Cada día revisaremos el catálogo de las últimas 24 horas, señalaremos las zonas más activas, las magnitudes mayores, las profundidades predominantes y, especialmente, aquello que haya cambiado respecto del día anterior.

No buscamos generar miedo.

Buscamos hacer exactamente lo contrario: convertir los datos en información comprensible y la incertidumbre en conocimiento responsable.

Chocó persiste y Chaparral abre un nuevo foco de observación

Durante las últimas 24 horas, la actividad sísmica de Colombia presenta dos concentraciones que merecen especial atención: la persistencia del enjambre de Istmina–Sipí, en el Chocó, y la aparición de una secuencia superficial en Chaparral, Tolima.

En el Chocó continúa registrándose un número importante de eventos, muchos de ellos localizados nuevamente entre aproximadamente 35 y 47 kilómetros de profundidad. Los sismos de magnitud 4,0 y 4,3 registrados durante la tarde del sábado 19 muestran que el enjambre permanece activo y continúa desarrollándose por pulsos, sin que pueda hablarse todavía de una desaparición de la actividad ni de una escalada sostenida.

La principal novedad del día aparece en Chaparral. Desde la madrugada del domingo se han registrado numerosos sismos superficiales, entre ellos eventos de magnitud 4,1 y 3,9. La concentración espacial y temporal justifica comenzar a seguir esta secuencia de manera separada. Por ahora, no existen elementos suficientes para clasificarla como un nuevo enjambre ni para relacionarla con la actividad del Chocó.

Los Santos, Santander, mantiene entretanto su conocida sismicidad profunda, con eventos alrededor de los 140 kilómetros, sin que los datos disponibles indiququen un cambio extraordinario en ese comportamiento.

La fotografía sísmica de hoy deja entonces dos focos principales de observación: Chocó, donde continúa un fenómeno que lleva varias semanas activo, y Chaparral, donde acaba de aparecer una secuencia superficial cuya evolución durante las próximas horas permitirá determinar si se trata de un episodio corto o de una actividad más persistente.

 

La actividad sísmica no permite predecir terremotos. Este seguimiento busca identificar cambios y explicar el comportamiento observado a partir de los datos oficiales disponibles.

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