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El celular como guía: convivencia y responsabilidad en la vida diaria

El libro Uso adecuado del celular en familia y sociedad, de Yesid López, convierte la preocupación por la tecnología en una guía práctica para la convivencia. Fernando Alonso Ramírez reseña esta obra que invita a usar el móvil con responsabilidad y equilibrio.

El celular: de preocupación a guía en la vida cotidiana

Hay un objeto pequeño, apenas del tamaño de una mano, que hoy decide buena parte de nuestros días. Lo llevamos en el bolsillo como quien carga un talismán, lo tocamos antes de abrir los ojos por completo, y lo consultamos con una fidelidad que ningún otro hábito humano había alcanzado en tan poco tiempo. El teléfono móvil, ese aparato que hace apenas dos décadas era un lujo reservado para llamadas urgentes, se ha convertido en el protagonista indiscutible de nuestra existencia diaria. Trabajamos con él, estudiamos con él, nos entretenemos y nos comunicamos a través de su pantalla luminosa. Pero, como todo protagonista, también carga con sus sombras. ¿Qué pasa con las conversaciones que se interrumpen a mitad de una frase porque vibra una notificación? ¿Qué pasa con los niños que prefieren el brillo de una pantalla al bullicio de un juego en la calle? ¿Qué pasa con esas familias que se sientan a la mesa, comparten el mismo pan, pero ya no se miran a los ojos?

Estas preguntas, que muchos formulamos con resignación o con alarma, son las que recoge el periodista Fernando Alonso Ramírez en su artículo «Una preocupación convertida en guía», donde reseña el libro Uso adecuado del celular en familia y sociedad, del autor Yesid López. Y aquí está la primera lección de esta obra: no se trata de otro texto más que despliegue el catálogo de miedos que ya todos conocemos, sino de un intento honesto por transformar esa preocupación en oportunidad, ese exceso en aprendizaje, esa dependencia en responsabilidad. Como arquero que ha pasado media vida observando el juego desde el fondo de la cancha, uno aprende que no basta con lamentar los goles que le meten; hay que estudiar de dónde vienen, entender la jugada, y sobre todo, saber pararse en el lugar correcto antes de que el balón llegue. Eso es, en esencia, lo que propone López: no quedarse parado lamentando el gol de la hiperconexión, sino anticiparse, ubicarse, jugar el partido con inteligencia.

La obra de Yesid López no se conforma con señalar los riesgos del uso indiscriminado del celular, que ya bastante se han señalado en charlas de colegio, columnas de opinión y sobremesas familiares. Va más allá: ofrece recomendaciones prácticas y accesibles para padres, docentes y líderes comunitarios, gente de carne y hueso que todos los días enfrenta la batalla silenciosa de disputarle la atención de un hijo, de un estudiante, de un vecino, a una pantalla que nunca se cansa de brillar. Entre esas recomendaciones destaca la necesidad de establecer horarios de desconexión, esos espacios sagrados donde el aparato descansa y la mirada humana vuelve a ocupar su lugar. Propone también promover el diálogo cara a cara, ese ejercicio que hoy parece casi un acto de resistencia; enseñar a diferenciar entre lo público y lo privado en las redes sociales, una lección que muchos adultos todavía no han aprendido; y, sobre todo, aprovechar el celular como herramienta de aprendizaje, porque negar sus virtudes sería tan necio como negar sus peligros.

Cada capítulo del libro combina la reflexión con ejemplos concretos, y es ahí donde reside su verdadero valor: no es un tratado abstracto para especialistas, sino una guía útil para la vida diaria, para la señora que ve a su nieto absorto en el teléfono durante el almuerzo, para el maestro que compite con TikTok por la atención de sus alumnos, para el padre que no sabe si prohibir o ceder. López insiste, con una convicción que se agradece, en que el celular no debe ser visto como enemigo, sino como aliado, siempre que se use con criterio. Y en esa frase hay una sabiduría que va más allá de la tecnología: en lugar de prohibir, propone educar; en lugar de alarmar, invita a orientar. Porque prohibir sin explicar es apenas postergar el problema, mientras que educar es sembrar una semilla que crece con la persona.

En una sociedad marcada por la inmediatez y la hiperconexión, donde todo debe suceder ya, donde la paciencia se ha vuelto una virtud casi extinta, el mensaje de López cobra una relevancia que trasciende las páginas del libro. El celular puede ser puente para fortalecer vínculos, puede acercar a un hijo migrante con su madre que quedó en el pueblo, puede llevar la voz de un abuelo hasta el otro lado del mundo, siempre que se use con respeto y equilibrio. En regiones como Caldas, donde la vida comunitaria sigue siendo vital, donde todavía se conserva la costumbre de saludar al vecino y sentarse en el andén a conversar hasta que cae la tarde, esta propuesta se convierte en un llamado urgente a recuperar valores esenciales: la escucha, la presencia, el respeto mutuo. Porque de nada sirve tener miles de contactos en una pantalla si se ha perdido la costumbre de mirar a los ojos a quien tenemos enfrente.

Y hay algo que quiero contar aquí, porque no todos los días uno reseña un libro escrito por alguien con quien comparte algo más que el oficio. Yesid López es periodista, como yo lo he sido durante tantos años recorriendo caminos y contando historias. Y es, además, hijo de San Félix, ese mismo corregimiento que me vio nacer y que llevo grabado como quien lleva un escudo bajo la camisa. López pertenece a una generación más joven que la mía, de esas que llegan con la mirada fresca y el paso firme, y sin embargo escribe con la madurez de quien ha pensado mucho antes de sentarse a redactar. Lo conozco, y puedo decir sin reparo que es una estupenda persona, de esas que honran el nombre de su tierra allá donde vayan. Que un paisano de San Félix se atreva a poner por escrito una reflexión tan necesaria sobre el uso del celular en la familia es, para mí, motivo doble de orgullo: como periodista que reconoce el oficio bien hecho, y como hijo de la misma tierra que sigue dando gente capaz de pensar en el bienestar colectivo.

El artículo de Fernando Alonso Ramírez subraya, con acierto, que la preocupación inicial se convierte en guía. Y es precisamente esa transformación la que da sentido a la obra: el celular deja de ser motivo de conflicto en el hogar y se convierte en instrumento de convivencia, en herramienta que, bien administrada, multiplica los lazos en lugar de romperlos. No es magia, es criterio; no es censura, es acompañamiento.

Uso adecuado del celular en familia y sociedad es, entonces, mucho más que un libro: es una invitación a repensar nuestra relación con la tecnología en tiempos donde ya no hay marcha atrás posible. La obra de Yesid López, reseñada con lucidez por Fernando Alonso Ramírez, nos recuerda que el celular, al final de cuentas, no es más que un espejo: refleja nuestra capacidad de convivir, de educar, de poner límites sin ahogar, de acompañar sin invadir. Publicar y difundir este mensaje en la Revista de Caldas es, para nosotros, apostar por una sociedad más consciente, donde la tecnología sea herramienta de encuentro y no de distancia, donde el pequeño aparato que llevamos en el bolsillo deje de ser motivo de alarma para convertirse, como bien lo plantea López, en guía silenciosa de una vida más plena y más humana.

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