¡Ave María pues, mi gente! Aquí volvió Timoteo, el mismo de siempre, el que camina las calles, se sienta en el parque, escucha más de lo que habla y después viene a contar lo que el pueblo comenta entre tinto y tinto.
Esta semana que pasó, la verdad sea dicha, no fue que se hablara mucho de las actuaciones de nuestro alcalde. El ambiente estuvo relativamente tranquilo, aunque hay algo que sí sigue siendo imposible ignorar: cada que uno abre Instagram o Facebook, ahí aparece. Fotos por aquí, videos por allá, sonrisas, poses, recorridos, saludos y publicaciones que parecieran sacadas de una campaña permanente. Viéndolo tan activo en las redes, más de uno en el pueblo termina diciendo, con ese humor que caracteriza al salamineño: «¡Hombre, parece todo un modelo de Instagram!».
Y no es que esté mal comunicar lo que hace una administración. Al contrario, informar es un deber. Lo preocupante es cuando la percepción de muchos ciudadanos comienza a ser que la imagen termina ocupando más espacio que las soluciones.
Porque, díganme ustedes, ¿de qué sirve un municipio lleno de publicaciones si la gente sigue esperando respuestas a los problemas que realmente le preocupan? Las redes sociales pueden mostrar una cara bonita, pero las calles, los barrios, el comercio y las familias son los que cuentan la verdadera historia.
Muchos comentan, y Timoteo simplemente recoge esas conversaciones, que si se dedicara a resolver con el mismo entusiasmo con el que publica en Instagram y Facebook, quizá Salamina estaría hablando hoy de más obras, más oportunidades y menos preocupaciones. Tal vez sería otra la conversación en las esquinas, en las tiendas y en el parque principal.
Porque gobernar no es una competencia por conseguir más «me gusta» ni por aparecer todos los días en la pantalla del celular. Gobernar es lograr que los ciudadanos sientan que su calidad de vida mejora. Y esa es una realidad que ninguna fotografía, por bien tomada que esté, puede reemplazar.
Yo sigo caminando por las calles de mi Salamina, escuchando lo que comenta la gente. Y como Timoteo no nació para guardar secretos, aquí les traigo otra perlita de esas que se oyen entre un tinto y otro.
Dicen algunos que el modelito de la esquina del parque continúa más ocupado alimentando sus redes sociales que resolviendo los problemas de la gente. En Instagram y Facebook aparece todos los días, mostrando una ciudad impecable, mientras hay barrios donde los habitantes siguen esperando que las promesas de campaña dejen de ser palabras y se conviertan en obras.
En el barrio Obrero todavía recuerdan que, durante la campaña, la entonces candidata al Concejo Rocío Marulanda recorrió el sector pidiendo el voto para Manuel Fermín y hablándoles a los vecinos de programas de mejoramiento de vivienda y de mejores condiciones para quienes viven en esa calle. Días después llegó el entonces candidato a la Alcaldía y, según recuerdan los habitantes, les prometió arreglar la vía.
Hoy la preocupación de los vecinos no es un simple hueco. Esa calle presenta un avanzado deterioro y, por la fuerte pendiente del terreno, las aguas lluvias se filtran por debajo de la vía. Los habitantes temen que, si no se interviene a tiempo, pueda presentarse un proceso de remoción en masa que termine comprometiendo la estabilidad de varias viviendas. Por eso insisten en que el alcalde cumpla la palabra que les dio cuando buscaba el respaldo de ese barrio.
Por otro lado, también se comenta que la concejal Rocío Marulanda continúa realizando pequeñas reparaciones en distintos sectores del municipio. Muchos se preguntan de dónde provienen los recursos para esas intervenciones y otros opinan que esas obras corresponden a la Administración Municipal y no a una concejal. Lo cierto es que esas acciones le han servido para cuestionar públicamente la gestión del alcalde, convirtiéndose en una de las voces más visibles del control político.
Y aquí viene la otra conversación que corre de esquina en esquina. Tras el operativo adelantado recientemente para recuperar un espacio público ocupado por una venta de plantas vinculada, según se comenta en el municipio, a familiares de la concejal, no faltan quienes aseguran que detrás de ese despliegue de funcionarios, Policía y agentes de tránsito podría haber algo más que el simple cumplimiento de la norma. En la calle hay quienes lo interpretan como una retaliación política por las constantes críticas y denuncias que la concejal viene haciendo contra la administración.
Yo no sé si será así o no… Yo simplemente les cuento lo que se oye en las calles de Salamina. Porque, al fin y al cabo, Timoteo escucha… y después les cuenta.
Y no todo va a ser palo, porque cuando las cosas se hacen bien también hay que decirlo. Timoteo nunca ha tenido problema en reconocer lo bueno, venga de donde venga.
Desde hace mucho tiempo don Eleuterio, director de La Revista de Caldas, ha venido denunciando el grave problema de inseguridad que vive nuestro Pueblo Patrimonio. No es un secreto para nadie que el microtráfico y el consumo de sustancias alucinógenas han ido ganando terreno en distintos sectores de Salamina, hasta el punto de convertir algunos espacios públicos en sitios donde muchas familias ya no se sentían tranquilas.
Uno de esos lugares era, precisamente, el Parque Infantil. Un espacio que nació para las risas de los niños terminó siendo señalado por muchos ciudadanos como un punto de encuentro para consumidores y escenario de situaciones que poco tenían que ver con la tranquilidad que merece un lugar destinado a la recreación.
Por eso produce satisfacción ver que allí avanza la construcción de una ludoteca. Ese tipo de obras sí transforma un municipio, porque devuelve los espacios públicos a los niños, a las familias y a la comunidad. La mejor forma de combatir la delincuencia no siempre es con operativos; también lo es llenando los parques de cultura, educación, deporte y oportunidades para las nuevas generaciones.
Ahora bien, también se escucha una reflexión en las calles. Muchos salamineños consideran que ese es el tipo de proyectos que quisieran ver impulsados desde la propia Administración Municipal, liderados por el alcalde y convertidos en una prioridad de gobierno. Porque, según comentan, en este caso la iniciativa y los recursos provienen de la Gobernación de Caldas.
Ojalá esta obra sea apenas el comienzo de muchas más. Salamina necesita menos escenarios para el vicio y muchos más espacios para la infancia, la cultura y la convivencia. Esas son las obras que dejan huella y que verdaderamente cambian la vida de un pueblo.
¿Y San Félix pa’ cuándo?
Dicen que cuando uno quiere saber cómo está un pueblo no tiene que ir a la Alcaldía, sino sentarse un rato en el parque o entrar a una tienda. Pues Timoteo hizo la tarea y terminó escuchando la misma pregunta una y otra vez en San Félix: «¿Y nosotros pa’ cuándo?»
Los habitantes del corregimiento sienten que, cada vez que hay una visita oficial, abundan las promesas, las fotografías, los videos y las publicaciones en redes sociales. Pero, cuando las cámaras se apagan, la sensación de muchos es que todo vuelve a quedar igual.
Reconocen que llegan algunos apoyos para actividades tradicionales como el Festival Equino, lo cual celebran porque hace parte de la identidad del corregimiento. Sin embargo, también sostienen que los problemas de fondo siguen esperando solución.
Una de las mayores preocupaciones es la falta de una autoridad permanente. Muchos habitantes afirman que San Félix continúa sin corregidor y sin un inspector de Policía dedicado exclusivamente al corregimiento. El funcionario que atiende esos asuntos también debe responder por Salamina y sus veredas, y la gente se pregunta cómo puede atender de manera oportuna tantas responsabilidades al mismo tiempo.
Mientras tanto, son varios los líderes comunitarios quienes, con esfuerzo y sin mayores recursos, sacan adelante actividades en beneficio del corregimiento. Los vecinos reconocen ese trabajo y lo agradecen, pero también recuerdan que esa no debería ser su responsabilidad. Para eso existe una administración municipal.
Porque los impuestos de San Félix también llegan a las arcas de Salamina. Por eso muchos consideran que el corregimiento merece una mayor presencia institucional y una inversión más constante.
Al final, la pregunta sigue rondando entre los habitantes: ¿cuándo dejarán de ser las visitas oficiales un desfile de promesas para convertirse en soluciones reales?
Otra conversación que se escucha con frecuencia en San Félix tiene que ver con las promesas que han quedado flotando en el aire.
Los habitantes recuerdan que hace algunos meses visitó el municipio el entonces ministro de Salud. Durante esa visita se anunciaron varios compromisos para fortalecer la atención en el corregimiento, entre ellos la gestión de una ambulancia y otras inversiones que fueron recibidas con esperanza por la comunidad.
Hoy la pregunta vuelve a aparecer en las conversaciones del parque y de las tiendas: ¿en qué van esas gestiones?
Los vecinos consideran que no basta con hacer anuncios. Esperan que la administración municipal mantenga un seguimiento permanente ante las entidades departamentales y nacionales para lograr que esos compromisos se conviertan en realidades.
Y es ahí donde surgen los comentarios. Algunos habitantes dicen que temen que varias de esas obras solo vuelvan a aparecer cuando se acerque nuevamente la campaña política. Otros esperan estar equivocados y que las gestiones ya se estén adelantando, aunque hasta el momento no perciben resultados concretos.
Para Timoteo hay algo claro: las necesidades de San Félix no pueden depender del calendario electoral. La salud, la infraestructura y los servicios públicos son derechos de todos los ciudadanos, no favores que aparezcan cada cuatro años.
Porque cuando una comunidad lleva mucho tiempo esperando respuestas, las promesas empiezan a desgastarse. Y una promesa que no se cumple termina convirtiéndose en desconfianza.
Los habitantes no piden milagros. Lo único que quieren es que las palabras pronunciadas en los discursos oficiales tengan continuidad y que las gestiones no se queden archivadas en una fotografía para las redes sociales.
¿Será que San Félix se cansó de esperar?
Hay una frase que Timoteo escuchó varias veces recorriendo San Félix y que vale la pena repetir: «Nos sentimos solos».
No es una afirmación menor. Es la percepción de algunos habitantes que consideran que el corregimiento no recibe la atención que merece, a pesar de su importancia para el municipio.
Entre conversación y conversación apareció incluso una idea que hace unos años habría parecido impensable. Algunos ciudadanos comentan que, si la situación continúa igual y sienten que sus necesidades siguen siendo ignoradas, no faltará quien vuelva a plantear la posibilidad de promover una iniciativa para buscar otro rumbo administrativo, incluso mirando hacia Marulanda.
Más allá de que esa posibilidad sea viable o no, el solo hecho de que exista ese comentario debería llamar la atención de quienes gobiernan. Cuando una comunidad comienza a pensar que estaría mejor atendida en otra parte, el mensaje merece ser escuchado.
A esto se suma otra inquietud que también circula entre los habitantes: la preocupación por el proyecto de alcantarillado que debe ejecutarse en cumplimiento de decisiones judiciales. Los vecinos esperan que esa obligación no termine aplazándose indefinidamente y que las soluciones lleguen por necesidad de la comunidad, no por conveniencia política.
Timoteo siempre dice que escuchar al pueblo cuesta muy poco. Lo difícil es responderle con hechos.
¿Será que ya arrancó la carrera?
¡Ave María pues! Uno escucha tantas cosas en las calles de Salamina que a veces no sabe si todavía estamos gobernando o si ya arrancó la próxima campaña para la Alcaldía.
Sin mencionar nombres, porque aquí todos saben de quién hablamos, pareciera que ya hay tres personajes calentando motores. Está el director del hospital, está el malacaroso de Planeación y está el coronel, que todavía no dice ni sí ni no, pero en cada conversación termina apareciendo su nombre.
Y como Timoteo es preguntón, aquí van unas pregunticas.
Al director del hospital, por ejemplo, ¿cómo va el tema de los equipos que en su momento se anunciaron para San Félix? La comunidad todavía espera respuestas y sería bueno conocer qué gestiones se han realizado y en qué estado se encuentran esos compromisos.
Al malacaroso de Planeación también le tienen varias preguntas. Una de ellas tiene que ver con el famoso dron que compró la administración. En las calles muchos comentan sobre ese contrato y se preguntan cuánto costó realmente, cuál ha sido su utilidad para el municipio y si toda la información sobre esa adquisición está disponible para que cualquier ciudadano la conozca. Nada mejor que la transparencia para acabar con los rumores.
Y al coronel… hombre, que deje el misterio. Medio pueblo dice que volverá a aspirar a la Alcaldía y la otra mitad asegura que no. Entonces sería bueno que, cuando llegue el momento, les hable claro a los salamineños y diga si sí o si no.
Porque una cosa sí es cierta: la próxima campaña ya empezó en las conversaciones de la calle. Y el pueblo, aunque a veces parezca que no, observa, escucha, recuerda… y al final termina pasando la cuenta de cobro en las urnas.
Porque las fotografías duran unos segundos en las redes sociales. Las obras, en cambio, permanecen durante décadas. Y eso es precisamente lo que hoy reclaman muchos habitantes de San Félix: menos anuncios y más resultados.
Ahora sí me voy antes de que alguno me reconozca por andar poniendo la oreja donde no debo. Nos encontramos dentro de ocho días, si no me descubren primero o si no me mandan a hacer fila para pedir permiso de opinar. Porque mientras haya café, parque y gente conversando, siempre habrá historias para contar. ¡Hasta la otra, mi gente!
«Se despide Timoteo… el que escucha donde otros callan y cuenta lo que muchos comentan.»