Nota del editor
Lo que sigue no es una crónica y su anexo. Es una sola pieza, contada en dos tiempos porque el papel —o la pantalla— tiene un límite que la geología no respeta.
Empezamos con una pregunta que Manizales se ha hecho durante décadas sin responderla del todo: ¿de verdad la ciudad está construida sobre la Falla de Romeral? La respuesta nos obligó a desmontar seis fallas, algunas conocidas y otras casi anónimas, que rodean y atraviesan la capital caldense. Pero ese recorrido no termina en los límites municipales. La misma cordillera fracturada sigue hacia el norte, sube por el Parque de los Nevados, roza el volcán Cerro Bravo, pasa junto al volcán Romeral —el que le dio nombre a todo el sistema— y llega, con nombres locales que van cambiando de pueblo en pueblo, hasta Salamina y su corregimiento de San Félix.
Publicar esto en partes habría sido más fácil. También habría sido un error. El argumento central de esta megacrónica —que Caldas no vive sobre una falla, sino sobre un sistema entero— solo se sostiene si el lector recorre el hilo completo, sin cortes: cada estructura del norte solo se entiende porque ya conoce las del sur, y contarlas por separado habría dejado al lector con fragmentos sueltos en lugar de un mapa.
Por eso esta entrega se lee de corrido, del sur al norte, como se mueve la tierra que la originó.
Manizales, una ciudad entre fallas: Romeral pasa a solo 3 kilómetros
Durante décadas se ha repetido una frase que, aunque pretende advertir sobre la amenaza sísmica de Manizales, termina simplificando demasiado la geología: “Manizales está construida sobre la Falla de Romeral”.
No es exactamente así.
La realidad es bastante más interesante y, desde el punto de vista de la gestión del riesgo, también más importante.
La Falla de Romeral, entendida como el trazo particular que recibió ese nombre en los primeros estudios geológicos, pasa aproximadamente tres kilómetros al occidente de la ciudad de Manizales, con una orientación predominante norte-sur. Así lo registra el diagnóstico territorial utilizado por el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio, basado en estudios geológicos y morfoneotectónicos de la región.
Tres kilómetros, en términos geológicos, son prácticamente nada.
Pero esa no es toda la historia.
Porque Romeral no es solamente una falla.
Romeral es, en realidad, un sistema
Cuando hablamos del Sistema de Fallas de Romeral hablamos de una enorme zona de deformación tectónica que recorre buena parte de los Andes colombianos. Estudios geológicos describen un corredor de fallas paralelas y subparalelas que se extiende aproximadamente en dirección norte-sur a lo largo del flanco occidental de la Cordillera Central.
Esto explica una confusión frecuente.
Existe el Sistema de Fallas de Romeral, que comprende múltiples estructuras, y existe también un trazo que históricamente fue denominado Falla Romeral.
Incluso la nomenclatura geológica ha evolucionado. Documentos técnicos señalan que la falla principal originalmente denominada Romeral por Grosse en 1926 ha sido llamada posteriormente Silvia-Pijao, precisamente para evitar utilizar el mismo nombre para todo el sistema y para una de las fallas que lo componen.
Por eso imaginar Romeral como una sola grieta que cruza Colombia resulta engañoso.
Es más parecido a una enorme franja tectónica fracturada, integrada por múltiples fallas que se bifurcan, se acercan, se separan y cambian de nombre a medida que recorren el territorio.
Y Manizales está muy cerca de uno de los sectores más complejos de esa franja.
A tres kilómetros de la ciudad
El documento técnico del POT de Manizales es bastante preciso al describir la Falla Romeral.
La presenta como una estructura de orientación aproximada N 5° E y establece que su traza pasa aproximadamente tres kilómetros al occidente de Manizales. También identifica evidencias geomorfológicas asociadas a ella, entre ellas desviaciones de cauces, cambios de altura, escarpes y otras formas producidas por la deformación del terreno.
Hay incluso antecedentes históricos que permiten ubicarla físicamente.
En 1993 se documentaron problemas de estabilidad en el sector de La Estampilla, a unos tres kilómetros de Manizales, donde un tramo de la antigua carretera Panamericana se encontraba precisamente sobre la zona de la falla.
Pero pensar que el problema sísmico de Manizales termina tres kilómetros al occidente sería un error.
Porque otras fallas están mucho más cerca.
Algunas atraviesan la propia ciudad.
Las seis fuentes que el POT estudió alrededor de Manizales
Los estudios utilizados para el ordenamiento territorial y la evaluación de la amenaza sísmica delimitaron seis estructuras principales o segmentos sismogénicos que merecían especial consideración para Manizales:
Romeral, Manizales-Aranzazu, El Perro, San Jerónimo, Samaná Sur y Villamaría-Termales.
Son muy distintas entre sí y tampoco debe interpretarse que todas tengan exactamente la misma actividad o capacidad sísmica.
Pero conocerlas ayuda a comprender la extraordinaria complejidad geológica de la ciudad.
La Falla Manizales-Aranzazu
Esta sí toca directamente el corazón del problema.
Los estudios locales la describen como una estructura aproximadamente norte-sur que atraviesa el área urbana de Manizales y continúa hacia Villamaría. Además controla o coincide con varios drenajes y rasgos geomorfológicos de la región.
En otras palabras:
cuando buscamos una falla que realmente atraviesa el área urbana, Manizales-Aranzazu es mucho más pertinente que afirmar simplemente que la ciudad está encima de Romeral.
Además, la relación entre Manizales-Aranzazu y San Jerónimo es compleja incluso desde el punto de vista de la nomenclatura. Trabajos del Servicio Geológico Colombiano muestran que segmentos que reciben el nombre San Jerónimo en otras zonas han sido denominados Aranzazu-Manizales en el sector caldense.
La Falla El Perro
La Falla El Perro atraviesa el extremo oriental de Manizales.
Estudios geológicos la relacionan con sectores próximos a La Sultana, Minitas y La Cumbre, siguiendo aproximadamente una dirección norte-sur. También se han identificado evidencias de deformación en depósitos relativamente recientes en el entorno de La Sultana.
Su sola existencia demuestra por qué resulta equivocado imaginar la amenaza sísmica de Manizales como una única falla situada al occidente.
Hay estructuras a ambos lados de la ciudad.
La Falla San Jerónimo
San Jerónimo es otra estructura mayor asociada al complejo tectónico regional.
Los estudios utilizados por Manizales la sitúan hacia el sector oriental/nororiental de la ciudad y describen su encuentro con la Falla El Perro en el área de La Alhambra.
El Servicio Geológico Colombiano considera a San Jerónimo uno de los rasgos estructurales de importancia nacional dentro de esta región de la Cordillera Central.
La Falla Samaná Sur
Samaná Sur aparece cartografiada hacia el oriente del municipio.
Los estudios locales indican que su traza cruza hacia el noreste por sectores relacionados con La Enea, el Parque Industrial Juanchito y Maltería.
Es especialmente interesante porque nos recuerda que buena parte del desarrollo industrial y urbano oriental de Manizales también se encuentra sobre un territorio tectónicamente complejo.
El sistema Villamaría-Termales
Hacia el sur y sureste aparece otra estructura fundamental: Villamaría-Termales.
No solamente tiene importancia para Manizales y Villamaría. El Servicio Geológico Colombiano la considera una de las estructuras más significativas del entorno del Nevado del Ruiz, junto con la Falla Palestina.
Los estudios geológicos locales señalan que Villamaría-Termales cruza al sur del área de Manizales y existen investigaciones específicas sobre su comportamiento neotectónico.
La propia Falla Romeral
Y finalmente está Romeral. La más conocida.
La que probablemente dio origen a buena parte de la percepción popular de que Manizales se encuentra “encima de una falla”.
Pero su traza específica está al occidente. Aproximadamente tres kilómetros.
No debajo de la Plaza de Bolívar. No debajo de la Catedral. No recorriendo la Avenida Santander. Al occidente de la ciudad.
Y hay todavía más fallas locales
Aquí la historia se vuelve todavía más compleja.
La cartografía geológica detallada identifica otras estructuras dentro o cerca del área urbana que no necesariamente aparecen en la lista simplificada de las seis fuentes principales utilizada por antiguos estudios de amenaza sísmica.
Entre ellas están Cementerio-Solferino, La Linda, San Cancio, Chipre, Morrogordo y otras estructuras y lineamientos locales.
La Falla Cementerio-Solferino, por ejemplo, merece atención especial porque investigaciones de la Universidad de Caldas señalan expresamente que cruza el centro de Manizales y se conecta hacia el sur con la estructura Manizales-Aranzazu.
La Falla La Linda se localiza al noreste y afecta materiales de la Formación Manizales en la parte baja de ese sector.
San Cancio aparece hacia el sureste.
Morrogordo está cartografiada hacia el noroccidente.
Esto no significa que cada una vaya a producir necesariamente un terremoto destructivo.
Una falla geológica no equivale automáticamente a una falla sísmicamente activa capaz de generar mañana un gran terremoto.
Determinar actividad, tasas de desplazamiento, geometría en profundidad y recurrencia sísmica requiere estudios específicos.
Esa diferencia es fundamental. Una falla no es una sentencia
Después del terremoto del 10 de agosto sería fácil convertir este mapa en un catálogo del miedo. Sería un error.
Millones de personas en el mundo viven cerca de fallas geológicas.
El problema no consiste simplemente en estar cerca de una falla.
El verdadero riesgo surge de la combinación entre amenaza sísmica, características del suelo, vulnerabilidad de las construcciones y exposición de la población. Por eso Manizales posee microzonificación sísmica.
Porque un mismo terremoto no necesariamente produce el mismo movimiento en toda la ciudad.
Los suelos pueden modificar significativamente la amplitud y el contenido de las ondas sísmicas que llegan desde la roca profunda. Los depósitos blandos, rellenos y otras condiciones geotécnicas pueden cambiar la respuesta del terreno de un sector a otro.
Así que conocer dónde están las fallas es solamente una parte del problema.
También necesitamos saber qué hay encima de ellas y qué hay encima de los suelos que esas ondas deberán atravesar.
Un dato que debe interpretarse con cuidado
El antiguo estudio territorial de Manizales realizó estimaciones para segmentos de esas seis fallas principales.
Mediante relaciones empíricas entre longitud de ruptura y magnitud, calculó escenarios máximos del orden de Mw 6,4 a 6,7 dependiendo de la estructura: alrededor de 6,7 para Romeral y El Perro; 6,6 para Manizales-Aranzazu; 6,7 para San Jerónimo; 6,4 para Samaná Sur y alrededor de 6,4-6,5 para Villamaría-Termales.
Pero hay que subrayarlo: esas cifras no son predicciones.
No significan que una falla vaya a producir un terremoto de esa magnitud ni indican cuándo podría ocurrir.
Son escenarios utilizados para evaluar amenaza y diseñar medidas de prevención.
Confundir amenaza con pronóstico sería precisamente lo contrario de lo que buscamos con una cultura del riesgo.
Entonces, ¿qué falla amenaza realmente a Manizales?
La respuesta correcta quizá sea incómoda: no hay una sola.
Manizales está construida dentro de un territorio donde convergen varias familias de estructuras tectónicas.
Al occidente tiene el gran Sistema de Fallas de Romeral.
Por sectores del propio territorio urbano pasan estructuras como Manizales-Aranzazu y Cementerio-Solferino.
Hacia el oriente aparecen El Perro, San Jerónimo y Samaná Sur.
Hacia el sur y sureste interviene Villamaría-Termales.
Y a escala regional existen además otras grandes fuentes capaces de producir movimientos sentidos fuertemente en la ciudad.
La amenaza sísmica de Manizales no puede representarse con una sola línea roja sobre un mapa. Es un sistema. Una geografía fracturada.
Una ciudad construida sobre una montaña joven que forma parte de uno de los sectores tectónicamente más dinámicos de Colombia.
Y quizá esta sea la enseñanza que debemos incorporar después del 10 de agosto:
la pregunta no es solamente dónde está la falla.
La pregunta verdadera es otra:
¿qué hemos construido sobre este territorio y qué tan preparados estamos para la próxima vez que vuelva a moverse?
Porque ahora sabemos algo con precisión.
La Falla de Romeral pasa aproximadamente tres kilómetros al occidente de Manizales. Pero la geología no se queda allí. Manizales vive entre fallas. Y conocerlas no debe producir miedo.
Debe producir mejores edificios, mejores decisiones y una ciudad que aprenda a convivir inteligentemente con la tierra sobre la cual fue construida.
El extremo norte del sistema Los Nevados, Cerro Bravo, el volcán Romeral y su eco hasta Salamina y San Félix
Todo lo dicho sobre las fallas de Manizales es, en realidad, apenas el tramo sur de una historia mucho más larga. La misma cordillera fracturada que sostiene la ciudad sigue hacia el norte, atraviesa el Parque Nacional Natural Los Nevados, roza el volcán Cerro Bravo, pasa junto al volcán Romeral y llega, con ecos que todavía pueden rastrearse en la cartografía geológica, hasta el territorio de Salamina y su corregimiento de San Félix. Vale la pena recorrer ese tramo, porque ayuda a entender que la amenaza sísmica y volcánica del norte de Caldas no es un asunto exclusivo de Manizales: es la continuación natural de un mismo sistema montañoso, joven y todavía inquieto.
El Parque de los Nevados: una cordillera nacida de dos placas que chocan
El Parque Nacional Natural Los Nevados existe, en el sentido más literal, gracias a la subducción de la placa de Nazca bajo la placa suramericana, el mismo mecanismo que ha dado origen a buena parte del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Por eso el parque alberga uno de los mayores complejos volcánicos del país, con seis estratovolcanes que superan los 4.600 metros de altura y que en conjunto conforman lo que la literatura geológica llama el sistema volcánico Ruiz-Tolima.
Pero el parque no es solamente un conjunto de volcanes: también es, según su propio Plan de Manejo, un territorio cruzado por un gran número de fallas, la mayoría orientadas de sur a norte. La más citada de todas es el megafallamiento de Romeral, esa franja tectónica de la que ya hablamos y que en esta zona se caracteriza por una familia de fallas satélites entre las que se cuentan Córdoba, Navarco, Silvia-Pijao, Buenavista, El Salado, Cauca-Almaguer, Armenia, Salento y Montenegro, a las que se suman, por su magnitud regional, las fallas Palestina y Cauca-Patía. Los estudios usados para el Plan de Manejo calculan para estas estructuras magnitudes probables de entre Mw 6,1 y Mw 6,9, un rango que confirma, otra vez, que no hablamos de una amenaza menor.
El propio documento distingue, dentro de la Ecorregión, dos provincias sísmicas bien diferenciadas. La primera es la zona del viejo Caldas y el norte del Valle, situada en el flanco occidental de la cordillera Central, que tectónicamente pertenece al sistema de fallas de Romeral, es decir, la misma familia estructural que condiciona a Manizales. La segunda es la zona del occidente del Tolima, en el flanco oriental de la cordillera, que cabalga sobre el sistema de fallas del Magdalena occidental y recibe la influencia directa del sistema de fallas de Salinas. Dentro de este mismo territorio se localizan, además, cinco volcanes activos, entendidos como aquellos que han registrado al menos un evento en tiempos recientes.
Cerro Bravo: el volcán más joven y más explosivo del extremo norte
Si el Parque de los Nevados es la gran cordillera de hielo y fuego, Cerro Bravo es su centinela más septentrional. Los estudios sobre el llamado Complejo Volcánico Machín-Cerro Bravo —que agrupa a Cerro Machín, el Nevado del Tolima, el Nevado de Santa Isabel, el Nevado del Ruiz y el propio Cerro Bravo— señalan que los dos volcanes que ocupan los extremos de esa cadena, Machín al sur y Cerro Bravo al norte, son también los más jóvenes y los más explosivos de todo el conjunto, mientras que hacia el centro se ubican los volcanes actualmente más activos, el Ruiz y el Tolima.
La historia geológica de Cerro Bravo probablemente comenzó hace unos 50.000 años, con la construcción de un edificio antiguo sobre el cual, en los últimos 14.000 años, se ha venido levantando el edificio moderno que hoy se observa. En los últimos 6.250 años, aproximadamente, el volcán ha registrado ocho episodios eruptivos, y sus productos —lavas que alcanzaron distancias de hasta 5 kilómetros, domos, flujos piroclásticos, oleadas y caídas de ceniza— han llegado repetidamente hasta Manizales, ubicada a unos 20 kilómetros al occidente del volcán, donde se han acumulado más de tres metros de tefra a lo largo de su historia eruptiva.
Geológicamente, Cerro Bravo está construido sobre rocas intrusivas terciarias de composición granodiorítica pertenecientes al Stock de Manizales y sobre rocas metamórficas paleozoicas del Grupo Cajamarca, justo en la intersección de fallas del Sistema Palestina con otras estructuras de dirección transversal. Y es precisamente el Sistema de Fallas de Palestina el que, según los estudios petrológicos más recientes sobre el domo del cráter, ejerce el mayor control estructural en toda la zona, dentro de una región de alta deformación tectónica enmarcada por tres grandes sistemas: el propio sistema Palestina, el sistema de fallas Villamaría-Termales y la falla Santa Rosa. Este triángulo estructural es, en buena medida, el que explica por qué Cerro Bravo se formó exactamente donde está, y no en otro punto de la cordillera.
El volcán Romeral: el pariente silencioso que le dio nombre al sistema
Al noroccidente de Cerro Bravo, en cercanías de los municipios de Neira y Aranzazu, se levanta el volcán Romeral, un estratovolcán de 3.858 metros de altura situado en el extremo norte de la cadena Ruiz-Tolima. Está construido sobre rocas del basamento neoproterozoico-paleozoico, de metamorfismo regional de grado medio, pertenecientes al Complejo Cajamarca, y de sus laderas nacen cuatro cuencas hidrográficas: los ríos Chamberí, Tapias y Guacaica, que drenan hacia el departamento de Caldas, y el río Guarinó, que drena hacia el Tolima.
A diferencia de Cerro Bravo, el volcán Romeral es considerado un edificio inactivo reciente, con una edad estimada de aproximadamente tres millones de años según los estudios geomorfológicos de la región. No hace parte, por tanto, del vulcanismo activo actual, que se concentra en el complejo Machín-Cerro Bravo, sino de una generación anterior de edificios volcánicos que hoy funcionan más como testigos del pasado tectónico de la cordillera que como amenaza eruptiva inmediata.
Y sin embargo, su nombre pesa mucho más que su actividad reciente. Algunas referencias señalan que el propio Sistema de Fallas de Romeral —esa enorme franja tectónica que recorre buena parte de los Andes colombianos y de la que ya hablamos al referirnos a Manizales— tomó su nombre precisamente de este volcán, situado cerca del centro histórico de la zona de falla. Sea cual sea el detalle exacto de esa filiación, el hecho mismo resulta significativo: el nombre que hoy asociamos casi automáticamente con la amenaza sísmica de toda la región cafetera nació, en el fondo, de una montaña relativamente discreta del norte de Caldas.
Hacia Salamina y San Félix: el mismo corredor, otro nombre
Aquí es donde el hilo geológico empieza a acercarse al territorio salamineño. Salamina se encuentra a unos 75 kilómetros de Manizales, en el centro de la subregión Norte de Caldas, limitando por el sur precisamente con Aranzazu y Neira, los mismos municipios en cuyas cercanías se levanta el volcán Romeral, y por el occidente con La Merced. Su territorio está surcado por los ríos Arma, San Félix, San Lorenzo, Chamberí, Pozo y Pocito, además de numerosas quebradas menores. No es casualidad que uno de esos ríos, el Chamberí, sea el mismo que nace en las laderas del volcán Romeral: la hidrografía, antes que cualquier otra cosa, ya delata la continuidad física entre uno y otro territorio. El corregimiento de San Félix, por su parte, toma su nombre del río San Félix, que atraviesa ese sector del municipio.
Desde el punto de vista estrictamente estructural, la conexión es todavía más directa, aunque menos conocida por el público general. Un estudio publicado en 2005 en el Boletín de Geología, dedicado precisamente al marco tectónico de la cadena volcánica más septentrional de la Cordillera Central, documenta que la falla San Jerónimo —esa misma estructura que, según vimos, se cruza con la Falla El Perro en cercanías de Manizales— cambia de nombre varias veces a medida que avanza de sur a norte. En distintos sectores y según distintos autores ha sido llamada Navarco, Aranzazu-Manizales, El Perro y, más al norte todavía, Salamina. Es decir: la misma gran estructura que toca el oriente de Manizales continúa, bajo nomenclatura local, hasta el territorio salamineño, del mismo modo en que la Falla Silvia-Pijao, más al occidente, ha sido identificada en otros tramos como Falla Neira o Falla La Merced, este último precisamente el municipio vecino de Salamina por el occidente.
Ese mismo trabajo registra, además, un antecedente sísmico concreto: en el año 2001 se presentó un enjambre de sismos en cercanías de la población de Salamina, dentro de lo que los autores denominaron la fuente sismogénica Silvia-Pijao Norte, una zona de concentración de sismicidad ubicada entre el eje de la Cordillera Central y el trazo principal del sistema de fallas Silvia-Pijao. No se trató de un evento catastrófico, pero sí de una manifestación concreta de que la actividad tectónica de la región no se detiene en los límites municipales de Manizales.
La propia cartografía geológica institucional respalda esta continuidad. Desde 1980, el Servicio Geológico Colombiano —entonces Ingeominas— cuenta con una plancha geológica propia para la zona, identificada con el número 187 y dedicada específicamente a Salamina, lo que confirma que el municipio ha sido objeto de levantamientos geológicos formales desde hace más de cuatro décadas. Y estudios posteriores, como el modelo de evolución morfotectónica del sistema de fallas de Romeral propuesto en 2001, extienden explícitamente el análisis de esa gran familia de fallas entre Pereira, en Risaralda, y Filadelfia, en Caldas, un municipio que comparte subregión y vecindad estructural con Salamina.
Una cordillera, no una amenaza aislada
El mensaje de fondo, entonces, se repite y se confirma: ni Manizales ni Salamina están sobre una sola falla puntual que pueda señalarse con el dedo en un mapa. Ambas hacen parte de un mismo corredor tectónico que nace en la subducción de la placa de Nazca, sostiene los glaciares y volcanes del Parque de los Nevados, alimenta la actividad explosiva de Cerro Bravo, guarda la memoria apagada del volcán Romeral y se prolonga, bajo nombres locales que cambian de municipio en municipio, hasta las montañas donde nacen los ríos Chamberí y San Félix. Conocer ese hilo no debería sembrar alarma sino, como ya se dijo sobre Manizales, orientar mejores decisiones: entender que el norte de Caldas entero —desde los páramos helados hasta los pueblos cafeteros— respira al ritmo de la misma cordillera joven, viva y todavía en movimiento.
————————————————————————————————-
Fuentes – Bibliografía
Crónica principal — «Manizales no está sobre la Falla de Romeral»
1. Plan de Ordenamiento Territorial de Manizales — diagnóstico territorial basado en estudios geológicos y morfoneotectónicos (orientación N5°E de la Falla Romeral, distancia de 3 km, evidencias geomorfológicas, antecedente de 1993 en La Estampilla).
2. Servicio Geológico Colombiano (SGC) — información sobre la nomenclatura de fallas (Grosse, 1926; renombramiento a Silvia-Pijao), San Jerónimo, y la importancia estructural de Villamaría-Termales junto a la Falla Palestina en el entorno del Nevado del Ruiz.
3. Universidad de Caldas — investigaciones sobre la Falla Cementerio-Solferino y su cruce por el centro de Manizales.
4. Estudio territorial de amenaza sísmica de Manizales (antiguo estudio usado por el POT) — estimaciones de magnitud Mw 6,4–6,7 mediante relaciones empíricas longitud-magnitud para las seis fuentes sismogénicas.
Anexo — Los Nevados, Cerro Bravo, Romeral, Salamina y San Félix
5. Parques Nacionales Naturales de Colombia. Plan de Manejo 2017–2022, Parque Nacional Natural Los Nevados. parquesnacionales.gov.co
6. Wikipedia. «Parque Nacional Natural Los Nevados.» es.wikipedia.org.
7. Servicio Geológico Colombiano (SGC). «Volcán Cerro Bravo — Generalidades.» www2.sgc.gov.co
8. Servicio Geológico Colombiano (SGC). «Volcán Romeral — Generalidades.» www2.sgc.gov.co
9. Bohórquez, O. P.; Monsalve, M. L.; Velandia, F.; Gil, F.; Mora, H. (2005). «Marco tectónico de la cadena volcánica más septentrional de la Cordillera Central de Colombia.» Boletín de Geología, Vol. 27, No. 1, Universidad Industrial de Santander. (Fuente central del anexo: nomenclatura San Jerónimo/Navarco/Aranzazu-Manizales/El Perro/Salamina; Silvia-Pijao/Neira/La Merced; enjambre sísmico de 2001 en Salamina; microbloque volcánico).
10. Facio Lince Téllez, I. (2012). Tefraestratigrafía y petrografía de los depósitos de los volcanes Romeral y Cerro Bravo, en la vereda San Pablo y sector Las Nieves, municipio de Neira, Caldas. Trabajo de grado, Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Geociencias.
11. Petrogénesis y condiciones de cristalización del domo intracratérico del volcán Cerro Bravo, Colombia. Boletín de Geología (Redalyc), con referencia a Cárdenas (2004), «Modelo y cartografía estructural del sistema de fallas de Palestina en sector del Parque Natural de los Nevados.»
12. Geology, Volcanology, and Petrology of Cerro Bravo, a Young, Dacitic Stratovolcano in West-Central Colombia. LSU repository (repository.lsu.edu) — historia eruptiva, episodios y depósitos de tefra sobre Manizales.
13. VolcanoDiscovery. «Cerro Bravo Volcano, Colombia.» — fechas de erupciones datadas por radiocarbono.
14. Wikipedia. «Volcán Romeral» (es.wikipedia.org) y «Romeral (volcano)» / «Romeral fault system» (en.wikipedia.org) — ubicación, altitud, edad, y la referencia etimológica del sistema de fallas.
15. Wikipedia. «Salamina, Caldas» (es y en) — límites municipales, distancia a Manizales, hidrografía, corregimiento de San Félix.
16. Naranjo, J. L. (2001). «Modelo de evolución morfotectónica del sistema de fallas de Romeral entre Pereira (Risaralda) y Filadelfia (Caldas).» VIII Congreso Colombiano de Geología.
17. González, H. (1980). «Geología de las planchas 167 (Sonsón) y 187 (Salamina).» Boletín Geológico, Ingeominas, Vol. 23, N° 1.
18. Duque-Escobar, G. «La amenaza volcánica de Cerro Bravo» y «Sistema de Fallas Romeral y Riesgo Sísmico» — blog godues.wordpress.com / repositorio Universidad Nacional de Colombia.
19. Vargas, C. A.; Mann, P. — investigación sobre «Caldas Tear» (falla litosférica profunda), citada en Agencia de Noticias UNAL y La Patria (2011, 2013) — mencionada como contexto adicional, no incorporada como dato duro en el texto final.
2 respuestas
Excelente ilustración de Eleuterio Gómez sobre la realidad sísmica del territorio de Manizales. Un abrazo agradecido por compartirlo.
Gracias maestro, si alguien responsable de esta publicación es su idea. Gracias por su aporte.