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Don Tello cuenta: El Mundial recordó a todos que aquí nadie regala nada

La primera fecha del Mundial 2026 dejó una certeza: ya no existen rivales pequeños. Potencias obligadas a sufrir, favoritos que tropezaron y selecciones debutantes que compitieron sin complejos marcaron una jornada vibrante. Mientras Alemania, Inglaterra, Argentina y Colombia arrancaron con autoridad, España, Portugal, Brasil y Bélgica quedaron en deuda. Don Tello analiza lo que dejó el estreno mundialista.
Eleuterio Gómez codirector

Un Mundial sin favoritos y una Colombia ilusiona

Si algo nos enseñó la primera fecha del Mundial 2026 fue que el fútbol sigue siendo el deporte más impredecible del planeta. Durante años escuchamos que la ampliación del campeonato a 48 selecciones iba a disminuir el nivel competitivo. Pues bien, bastaron unos pocos días para demostrar exactamente lo contrario. Los llamados equipos pequeños salieron a disputar cada balón como si fuera el último y más de una potencia descubrió que el prestigio y los pergaminos no ganan partidos.

Desde el puntapié inicial en el Estadio Azteca, cuando México derrotó a Sudáfrica, comenzó a percibirse un ambiente distinto. Las selecciones emergentes llegaron preparadas, organizadas y sin complejos. Corea del Sur superó a República Checa, Canadá empató con Bosnia, Qatar igualó con Suiza y Marruecos logró arrancarle un punto a Brasil. Nada fue sencillo para nadie.

Alemania fue quizás la única selección que impuso una superioridad aplastante. Su goleada 7-1 sobre Curazao fue la exhibición más contundente de la primera jornada y la convirtió en la primera gran candidata visible del torneo. Pero incluso en aquella derrota apareció una historia memorable: Curazao celebró el primer gol de su historia en una Copa del Mundo. Esa es la magia de estos campeonatos.

Argentina también envió un mensaje de autoridad. Lionel Messi, cuando muchos pensaban que el tiempo comenzaba a alcanzarlo, volvió a demostrar por qué es una leyenda. La albiceleste derrotó 3-0 a Argelia y el capitán apareció nuevamente como el hombre capaz de cambiar cualquier partido. Cada Mundial parece tener una fotografía emblemática y la primera jornada ya tiene una: Messi celebrando otro capítulo de su eterna historia.

Francia tampoco decepcionó. Los campeones de 2018 superaron a Senegal y dejaron ver que poseen una de las nóminas más equilibradas del campeonato. Noruega, impulsada por la potencia de Erling Haaland, goleó a Irak y se metió rápidamente en la conversación de las posibles revelaciones europeas.

En contraste, varios favoritos comenzaron con dudas. España fue incapaz de superar a Cabo Verde en un inesperado empate sin goles. Brasil tampoco logró derrotar a Marruecos y apenas rescató una igualdad. Bélgica empató con Egipto y Uruguay no pudo pasar del empate frente a Arabia Saudita. Resultados que no comprometen todavía la clasificación, pero sí obligan a corregir rápidamente.

Portugal protagonizó una de las mayores decepciones de la jornada. Con Cristiano Ronaldo como principal referencia, los lusos apenas igualaron 1-1 frente a la República Democrática del Congo. El resultado abrió completamente el Grupo K y convirtió a Colombia en el gran ganador indirecto de la fecha.

Inglaterra, por el contrario, mostró argumentos de candidato. El conjunto dirigido por Thomas Tuchel derrotó 4-2 a Croacia en uno de los mejores encuentros del campeonato. Harry Kane lideró una actuación convincente de un equipo que parece haber encontrado equilibrio entre juventud y experiencia. Ghana, con su victoria sobre Panamá, completó una jornada muy positiva para las selecciones africanas.

Al finalizar la primera fecha quedó una sensación compartida por millones de aficionados: este Mundial será mucho más difícil de pronosticar de lo que muchos imaginaban. Los favoritos siguen siendo favoritos, pero la distancia entre unos y otros parece cada vez más pequeña.

El debut de Colombia: una victoria que vale más de lo que parece

Y entonces apareció Colombia.

La selección de Néstor Lorenzo llegaba al Mundial rodeada de ilusión, pero también de responsabilidad. El rival parecía accesible sobre el papel: Uzbekistán, debutante absoluto en una Copa del Mundo. Sin embargo, quienes conocen este deporte saben que los estrenos suelen esconder trampas peligrosas.

Durante gran parte del primer tiempo, Colombia encontró resistencia. Los asiáticos defendieron con disciplina y obligaron a la Tricolor a trabajar cada jugada. La paciencia encontró recompensa al minuto 40, cuando Daniel Muñoz aprovechó una asistencia de Luis Díaz para abrir el marcador.

Parecía el inicio de una noche tranquila, pero Uzbekistán tenía otros planes. En el segundo tiempo llegó el empate por intermedio de Abbosbek Fayzullaev, autor del primer gol de la historia de su país en los mundiales. Por algunos minutos apareció la incertidumbre entre los aficionados colombianos.

Fue entonces cuando surgió la figura de Luis Díaz. Los grandes jugadores tienen la virtud de aparecer cuando más se necesitan y el guajiro respondió con un gol que devolvió la ventaja apenas cinco minutos después de la igualdad uzbeka. Colombia recuperó el control emocional del partido y comenzó a administrar mejor sus recursos.

Uzbekistán nunca renunció al ataque. Mostró personalidad, valentía y argumentos para pensar que todavía puede dar pelea en el grupo. Pero en el tiempo de reposición apareció Jáminton Campaz para sentenciar el encuentro con el definitivo 3-1.

Más allá del marcador, lo verdaderamente importante para Colombia fue la manera como resolvió la dificultad. Ganó cuando estaba obligada a ganar. Supo reaccionar después del empate. Y aprovechó el inesperado tropiezo de Portugal frente al Congo para asumir el liderato del Grupo K desde la primera jornada.

Don Tello, mientras cerraba su libreta de apuntes, pensó que las selecciones candidatas no se construyen únicamente con goleadas. También se construyen aprendiendo a sufrir. Colombia sufrió por momentos, trabajó el partido y terminó ganándolo con autoridad.

Y en los Mundiales, mis amigos, esas victorias suelen valer mucho más que los tres puntos.

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