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Salamina no puede gobernarse desde Instagram: la inseguridad no espera

Hay muertos, microtráfico en el parque principal y turistas a quienes les ofrecen drogas. La Alcaldía responde con videos y fotografías por Instagram, mientras Pácora, La Merced y Neira ya tienen cámaras. Salamina necesita liderazgo en la calle, no en las redes sociales.

Salamina no puede gobernarse desde Instagram

En Salamina está pasando algo serio con la seguridad, y ya no alcanza con decir que son hechos aislados. Hay muertos. Hay microtráfico. Hay ciudadanos que sienten que se están perdiendo determinados espacios públicos, turistas a quienes les ofrecen drogas en pleno parque principal y operativos policiales que confirman que el expendio de estupefacientes existe. Y hay una pregunta que se repite con demasiada frecuencia: ¿quién ejerce desde la Alcaldía el liderazgo que corresponde? La respuesta no puede ser otro video, otro mensaje en Instagram ni otra fotografía de una reunión.

Gobernar un municipio exige dar la cara por sus problemas, sobre todo cuando está en juego la seguridad de quienes viven en él y de quienes llegan atraídos por la imagen de Salamina como pueblo patrimonial y destino turístico. La Revista de Caldas recibió directamente el testimonio de un visitante que caminaba de noche por el parque principal y fue abordado por un joven que le ofreció distintas sustancias alucinógenas. No fue el amigo del amigo ni una cadena de WhatsApp: la queja llegó de la persona que recibió la oferta.

Tampoco depende solo de ese testimonio. El 7 de julio de 2026, la Policía Nacional informó la captura de dos hombres, conocidos con los alias de «El Rolo» y «Mateo», señalados como presuntos dinamizadores del tráfico local de estupefacientes. La investigación ubicó la comercialización y distribución de drogas en Palenque, Cristo Rey, la Calle Real, La Galería, el sector del cementerio y, atención, el parque principal. Dos años antes, en 2024, las autoridades habían desarticulado en Salamina al grupo conocido como «Los Troyanos», y en aquella ocasión volvían a aparecer Palenque, el cementerio, la Galería, el barrio Obrero y el parque principal. Los lugares se repiten, y eso ya no es un hecho ocasional.

Entonces preguntamos: ¿cuánto tiene que pasar para entender que la seguridad exige una política municipal visible, permanente y medible? Un municipio que quiere vivir en buena parte del turismo no puede permitir que un visitante salga a caminar al caer la tarde y encuentre a alguien dispuesto a venderle droga en la plaza principal. Un turista olvida el nombre de una calle y olvida dónde tomó café, pero difícilmente olvida que le ofrecieron droga en el parque del pueblo que fue a conocer.

A eso se suman los episodios de violencia que no permiten mirar hacia otro lado. En el barrio Palenque aparecieron restos humanos en un sector despoblado, y el hallazgo causó conmoción porque habitantes del lugar hablaron de un supuesto cuerpo desmembrado. Llegaron la Policía y Medicina Legal, que recogió restos óseos para establecer su identidad y las circunstancias del hecho, y el secretario de Gobierno municipal confirmó la intervención. Después vino el silencio. ¿Qué determinó Medicina Legal? ¿Quién era la persona? ¿Cómo murió? ¿Hubo delito, existe una investigación, se identificó a los responsables? Si hay respuestas, la comunidad debe conocer al menos lo que legalmente pueda hacerse público sin perjudicar el proceso. Informar que aparecen restos humanos y dejar que el asunto se apague no devuelve la tranquilidad a nadie.

Esta misma semana Salamina volvió a conocer la violencia: según la información periodística publicada, una persona fue asesinada con arma blanca frente a la Casa de la Cultura. Otro muerto y otra vez la misma pregunta. Nadie afirma que el alcalde sea responsable material de un homicidio, y decirlo sería absurdo y jurídicamente irresponsable. Pero el alcalde es la primera autoridad administrativa y de policía del municipio, y por eso tiene responsabilidades políticas y administrativas frente a la seguridad ciudadana. Le corresponde convocar, coordinar, exigir, gestionar, informar y hacer seguimiento, y eso solo se hace al frente del problema.

La propia Gobernación de Caldas reconoció preocupación por el aumento de homicidios en Pácora y Salamina y dispuso medidas especiales para el norte del departamento, entre ellas controles viales y el uso de cámaras dentro del llamado Plan Candado. El problema, entonces, no existe solo en la imaginación de quienes critican a la administración municipal. Las autoridades departamentales también lo ven.

Mientras tanto, otros municipios avanzan. Pácora puso en funcionamiento un sistema de videovigilancia de 23 cámaras, con equipos PTZ y reconocimiento automático de placas, una inversión superior a los $989 millones, conectado con el SISEC departamental. La Merced inauguró en septiembre su primer sistema integral de videovigilancia, con monitoreo permanente desde la Policía y el Sistema Integrado de Seguridad y Emergencias de Caldas. Neira había activado meses antes una red modernizada de 19 cámaras. Y Salamina figuraba desde noviembre de 2024 entre los municipios incluidos por la Gobernación en el proyecto departamental de fortalecimiento de cámaras de seguridad.

No pedimos milagros. Preguntamos algo sencillo: ¿dónde está hoy ese sistema en Salamina? ¿Cuántas cámaras funcionan y cuántas no, dónde están instaladas, quién las monitorea, operan las veinticuatro horas, están conectadas al SISEC? ¿Cubren el parque principal, la Calle Real, la Galería, Palenque y los accesos al municipio? ¿Han servido para esclarecer alguno de los hechos recientes? Eso merece una respuesta pública, y merece algo más: liderazgo.

Porque ahí está una de las mayores preocupaciones de esta administración: parece haber confundido comunicación con gobierno. Una cuenta de Instagram puede informar lo que hace una alcaldía, pero no la reemplaza. Un video puede explicar una obra, pero no es la obra. Una fotografía puede registrar una gestión, pero no es la gestión. Aparecer continuamente en redes no es estar donde los problemas ocurren. Además, buena parte de la población no vive pendiente de Facebook ni de Instagram: los adultos mayores, los campesinos, quienes no tienen buena conectividad y quienes simplemente no usan redes también son salamineños. Un gobierno municipal no puede comunicarse como si todo el pueblo estuviera mirando una pantalla.


Lo mismo vale para la presencia del alcalde. Es normal que un mandatario viaje, que vaya a Manizales, visite ministerios, busque recursos y, cuando exista una razón pública clara, represente a Salamina en el exterior. El problema empieza cuando los viajes se acumulan y los resultados no son igual de visibles. La actual administración ha hecho varios desplazamientos internacionales, y el más reciente, a Grecia, ha generado preguntas que La Revista de Caldas ya puso formalmente sobre la mesa: ¿cuánto costó, quién pagó, quiénes viajaron, qué compromisos concretos quedaron, qué recibió Salamina, dónde está el informe de gestión? Eso no es persecución política, es control ciudadano. Cuando se usa dinero público, la explicación también debe ser pública.

Y aquí aparece el Concejo Municipal. ¿Dónde está? No fue elegido para acompañar ceremonias, aprobar proyectos y posar en fotografías, sino también para ejercer control político. Un Concejo que pregunta poco termina ayudando a que un gobierno explique poco, y un Concejo complaciente perjudica incluso al alcalde, porque le quita el contrapeso que lo obliga a corregir. ¿Se ha citado al secretario de Gobierno por los hechos recientes? ¿Se han pedido cifras de microtráfico, informes sobre los homicidios y explicaciones sobre las cámaras? ¿Se ha exigido una estrategia especial para el parque principal y los sectores señalados por la propia Policía? Eso queremos conocer.

Se acerca 2027, año electoral, y habrá que tener los ojos todavía más abiertos. Vendrán inauguraciones, obras, anuncios, ayudas, programas y fotografías, y veremos a más de un personaje descubrir de repente barrios que durante tres años parecían no existir. Todo deberá mirarse con lupa. No podemos afirmar de antemano que se usarán recursos públicos para favorecer una candidatura, porque eso tendría que demostrarse si ocurre. Pero precisamente por eso hay que vigilar desde ahora: los funcionarios administran recursos de todos, no de una corriente política, ni de un grupo, ni del candidato que pretenda suceder al alcalde. Salamina no puede convertirse en una alcaldía hereditaria donde un grupo elige al siguiente y, cuatro años después, el favorecido devuelve el turno.

Las elecciones existen para que los ciudadanos decidan, y los ciudadanos también tienen su cuota de responsabilidad. Es fácil decir después que «los políticos siempre son los mismos», pero las maquinarias funcionan mejor cuando la mayoría se queda en casa. La indiferencia también vota: vota cuando no participa, cuando deja que otros decidan, cuando recibe una dádiva y guarda silencio, cuando sabe que algo está mal y prefiere no meterse. No le corresponde a este periódico decirle a nadie por quién votar. Sí le corresponde decir que Salamina necesita ciudadanos atentos, informados y dispuestos a exigir cuentas.

Pero hoy la prioridad es otra: la seguridad. Hay que recuperar los espacios ocupados por consumidores y expendedores, proteger el parque y evitar que un turista vuelva a encontrarse con un vendedor de drogas antes que con un policía. Hay que saber qué pasó con los homicidios recientes y conocer los resultados de las investigaciones que puedan hacerse públicos. Hay que poner a funcionar las cámaras que existan, gestionar las que hagan falta y recuperar la noche. Y hay que gobernar de verdad, en la calle, con la Policía, con la Fiscalía, con los comerciantes, con los jóvenes, con las instituciones educativas, con los barrios, con San Félix y con el campo.

Instagram puede esperar. La inseguridad no.

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2 respuestas

  1. Aclarar que el acto de violencia donde una persona perdió la vida a causa de ser apuñalado no fue al frente de la casa de la Cultura fue una cuadra arriba con direccion a la gallera vieja osea cras 6 y 5 calle 6 ahora se habla de inseguridad son casos fortuitos donde nadie o las Autoridades por lo menos no tienen conocimiento de lo que pueda ocurrir en cuanto al microtráfico grave porque por parte de la Sijin los resultados no se ven son conocedores de los expendios sus lideres entonces que pasa ahora llegó el CTI esperamos resultados contundentes contra los dinamizadores del expendio de estas sustancias esto no es con Campañas de Prevención se requiere la intervención de las Autoridades y el compromiso de la Administración no más popularidad y el ejemplo empieza por casa acá no es de tolerancia en las festividades que programa el Alcalde es la puerta abierta al desorden con el consumismo de licor y drogas donde esta su compromiso y sentido de pertenencia por algo lo eligieron va ser uno mas que poco hizo por el bienestar de los Salamiñenos

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