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La Pulga en la Oreja de Majencio: la oficina de prensa que no existe

Fotógrafo, camarógrafo, editor de video y community manager no hacen una oficina de prensa: hacen un equipo de publicidad. Majencio le mete la pulga en la oreja a la Alcaldía de Salamina por confundir propaganda con comunicación institucional, y por un sitio web que da vergüenza.
Majencio desde San Félix

Hay una pulga que últimamente no me deja dormir tranquilo, y como buena pulga se metió por donde uno menos la espera: por la oreja, justo ahí donde uno se rasca cuando algo no le cuadra. Y lo que no me cuadra, mis queridos lectores, es que en esta Alcaldía de Salamina, tan orgullosa de sus comunicados, tan diligente para salir a explicarle al pueblo lo que un juez ya explicó mejor, resulta que a eso le llaman «oficina de prensa». Y yo, que ya peino canas de tanto ver funcionarios inventarse cargos y despachos, me pregunto con toda la mansedumbre de la que soy capaz: ¿desde cuándo un fotógrafo, un camarógrafo y un editor de video, por más aplicados y talentosos que sean —que lo son, y eso hay que reconocérselo sin roncha—, constituyen una oficina de prensa? Porque hasta donde yo entiendo, y disculpen si me equivoco, eso que tienen montado allá arriba es un equipo de publicidad con ínfulas de despacho institucional, y no es lo mismo, así lo bauticen con el nombre más elegante que encuentren en el manual de funciones.

Miren, no es que yo tenga algo en contra de los muchachos que cargan la cámara al hombro bajo el sol de las doce, ni contra el que le mete horas al computador cortando y pegando video para que el alcalde salga bien peinado en las redes. Ese trabajo es honesto, es necesario, y si lo hacen bien, pues qué bueno, ojalá les paguen puntual, que en este país hasta eso es noticia. El problema, mis queridos lectores, no está en ellos: está en llamarle «oficina de prensa» a lo que apenas es una cuarta parte de lo que una oficina de prensa debería ser. Porque una oficina de prensa no es solamente la muchachada bonita que uno ve en las fotos del Facebook institucional sonriendo al lado del mandatario mientras corta una cinta o entrega un mercado. Una oficina de prensa, para que nos entendamos todos, community manager incluido, es la que redacta comunicados con criterio jurídico y no con berrinche político, la que atiende a los medios con seriedad y no con evasivas, la que organiza ruedas de prensa donde se responden preguntas y no donde se leen discursos ya masticados, la que hace seguimiento a la agenda pública, la que archiva, la que documenta, la que sabe distinguir entre informar y hacer propaganda. Y sobre todo —aquí es donde a mí se me sube la sangre— una oficina de prensa que se respete tiene, como mínimo indispensable, un sitio web que funcione.

Y hablando de sitios web, pulga con pulga se rasca: ¿alguien de los que manejan esa «oficina de prensa» ha entrado alguna vez a la página oficial del municipio? Yo sí entré, por curioso, por mortificado, por ese vicio periodístico de meter las narices donde no me llaman, y lo que encontré fue un desastre que ni con community manager con maestría en Harvard se arregla a punta de reels. Enlaces que no llevan a ninguna parte, información desactualizada que parece sacada de un baúl, documentos que uno busca y no aparecen, una navegación que confunde más de lo que aclara. Y entonces uno se pregunta, con toda la mala leche que da la impotencia: si la Administración tiene tanto ánimo para producir comunicados extensos explicando por qué una sanción judicial no es lo que parece, ¿por qué no tiene el mismo ánimo para que un ciudadano cualquiera pueda entrar a la página del municipio y encontrar, sin sufrir, los actos administrativos, la contratación, los informes de gestión, en fin, lo mínimo que la transparencia exige? Porque transparencia no es solamente sonreír bonito frente a la cámara, transparencia es también que la información esté donde el ciudadano la pueda encontrar sin tener que rezarle a un santo.

Aquí está el fondo del asunto, mis queridos lectores, y esto sí que se los digo sin pelos en la lengua: cuando una Administración confunde comunicación institucional con propaganda visual, lo que está revelando no es un simple problema de organigrama, es una manera de entender el poder. Porque publicidad es mostrar lo bonito, lo que conviene, lo que se puede recortar y musicalizar para que quede bien en quince segundos de video. Prensa, en cambio, es rendir cuentas, es someterse al escrutinio, es aguantar la pregunta incómoda sin salir corriendo a redactar un comunicado de dos páginas explicando que uno fue mal entendido. Y esta Alcaldía, que últimamente ha demostrado ser tan hábil para producir comunicados jurídicos larguísimos cuando le toca defenderse de una sanción por desacato, no ha demostrado la misma habilidad para tener un aparato de comunicación institucional serio, permanente, técnico, que no dependa de que el alcalde esté de buen o mal genio esa semana.

Y no me vengan a decir que estoy exagerando, que para eso me pagan lo que me pagan, que es nada, y por eso hablo con la libertad de quien no le debe favores a nadie. Un municipio del tamaño de Salamina, con la historia que tiene, con la proyección turística y cultural que se le vende al visitante en cada feria y en cada foro, no puede seguir teniendo como toda su estructura de comunicación institucional a cuatro muchachos aplicados armando reels mientras la página web se cae a pedazos como casa vieja sin mantenimiento. Eso no es cuestión de plata solamente, aunque la plata ayuda; es cuestión de prioridad, de entender que gobernar bien también es comunicar bien, y comunicar bien no es lo mismo que publicitarse bien.

Así que aquí les dejo la pulga, para que se las metan donde les pique más: si van a llamarse oficina de prensa, que lo sean de verdad, con todo lo que eso implica, y no solamente el pedacito bonito y fotogénico del oficio. Porque mientras la página web siga siendo esa vitrina rota, y la comunicación oficial siga reduciéndose a lo que cabe en una historia de Instagram, lo único que van a lograr es que cuando de verdad les toque explicar algo serio —como una sanción judicial por desacato, para no ir más lejos— no tengan con qué, y terminen sacando comunicados apresurados que en vez de aclarar, enredan más. Y entonces no me vengan a pedir prudencia informativa a mí, que yo desde mi rincón con pulga y todo, sigo escribiendo lo que veo, y lo que veo, mis queridos lectores, es una oficina de prensa que no existe, disfrazada de la que sí debería.

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