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¿Se viene una emperatriz? Suena Leidy Amaya para la Alcaldía de Salamina

La Pulga en la Oreja recoge la versión que circula en Manizales sobre una posible candidatura de Leidy Johana Amaya, esposa del exalcalde Juan Pablo Ospina, y pregunta por los acuerdos, el papel de Andrés Tamayo y qué propone ella para Salamina.
Majencio

Cuando uno va a la universidad… ¡Eh, ave María, tampoco me miren así! ¿Qué creían? ¿Que porque me ven desaliñado, medio borrachín, con la camisa por fuera y cara de haber pasado la noche conversando con una botella, nunca fui capaz de sentarme en un salón de clases? ¡Pues se equivocaron, mis queridos! Esta pulga también fue universitaria, y no de las que entraban por una puerta y salían por la otra apenas el profesor daba la espalda. Estudié Comunicación Social y Periodismo, aunque reconozco que hubo materias en las que mi presencia fue más física que intelectual.

Me tocó meterle el diente a la historia de la comunicación, a los talleres de redacción, a la filosofía, a la semiología y a una vaina llamada economía política que todavía me produce escalofríos. ¡Qué materia tan jodidamente aburridora! Por más que el profesor explicaba, yo no lograba entender por qué la plata de los ricos producía tanta plata y la de los pobres desaparecía antes de terminar la quincena. Tampoco entendía por qué había que estudiar tantos libros para descubrir lo que mi abuela sabía sin pisar una universidad: que el que parte y reparte se queda con la mejor parte. Me fue mal, muy mal. De economía apenas aprendí que cuando uno no tiene plata, hasta los amigos se le pierden. Para esos asuntos tengo a mi amigo José Luis, que sí es un maestro haciendo cuentas.

Lo mío era otra cosa. Hubo una materia que me enamoró, ¡la semiología, carajo!, porque aquello sí era descubrir qué esconde una palabra y por qué los mensajes nunca llegan desnudos, sino cargados de intenciones. Tuve además un maestro de esos que no se olvidan, Jesús Martín-Barbero, español de nacimiento y colombiano por adopción, un verdadero señor de la comunicación. ¡Qué berraco para enseñar! Nos ponía a discutir y a mirar las cosas desde el otro lado, y nos repetía que no bastaba con escuchar lo que alguien decía: había que preguntarse por qué lo decía, a quién quería convencer y qué intereses se movían detrás de sus palabras. Yo, que desde muchacho tenía la mala costumbre de preguntar lo que otros preferían callar, encontré allí la justificación académica para seguir metiendo las narices donde no me llamaban. Desde entonces le digo al pan, pan, y al vino, vino, aunque al vino, para no equivocarme, siempre he preferido probarlo primero.

Y viene todo este cuento porque me llegó a las orejas una información de esas que levantan las cejas hasta del más desprevenido.

¡Ave María, se nos viene una emperatriz!

Resulta que desde los corrillos políticos de Manizales, donde se reúnen los que manejan los hilos de la política departamental, circula una versión que tiene bastante entretenidos a quienes siguen las próximas elecciones de Salamina. En conversaciones relacionadas con el entorno del representante a la Cámara José Octavio Cardona León, presidente del liberalismo caldense, ha empezado a mencionarse un nombre que hasta ahora no figuraba entre los aspirantes más comentados: doña Leidy Johana Amaya.

¿Y quién es doña Leidy? Pues nada menos que la esposa del exalcalde Juan Pablo Ospina Rosas y sobrina de Alcides Amaya. ¡Ajá! Ahora sí comienzan a encajar los apellidos en esta historia.

La versión apunta a una eventual candidatura suya a la Alcaldía de Salamina en 2027. Hasta donde conocemos, no hay un anuncio formal que permita darla por confirmada, y tampoco hemos establecido que exista una decisión adoptada en la oficina del congresista. Pero el comentario está sobre la mesa y merece las preguntas que siguen. Una cosa es que doña Leidy quiera ser alcaldesa, derecho que tiene como cualquier ciudadana, y otra es saber quiénes estarían interesados en promover su nombre y bajo qué acuerdos políticos. Y como a mí me enseñaron a buscarle el significado a los signos, hay unas coincidencias que quiero examinar.

El emperadorcito cambió de palacio

Don Juan Pablo Ospina Rosas, exalcalde de Salamina, llegó a la Contraloría General de la República como contralor provincial de Caldas. ¡Vea, pues! De la Alcaldía a un organismo de control, y con una remuneración que ronda los 25 millones de pesos mensuales, según la información salarial que conoce esta pulga. ¡Veinticinco meloncitos! Yo, que todavía recuerdo cuando un billete de mil pesos alcanzaba para varias cervezas y sobraba para los cigarrillos, confieso que esas cifras me producen cierta curiosidad económica. Lástima que nunca entendí aquella condenada materia.

Ahora bien, que un exalcalde ocupe otro cargo público no tiene nada de extraordinario: los funcionarios cambian de puesto, los políticos continúan sus carreras y cada cual responde por el trabajo que le corresponde. Lo interesante comienza cuando se habla de quién podría ocupar el despacho que él dejó años atrás, porque si la candidatura de su esposa llega a concretarse, habrá preguntas inevitables sobre la relación entre ambos proyectos políticos. ¿Sería una aspiración nacida de la voluntad de doña Leidy? ¿Tendría un programa propio? ¿O representaría la continuidad del grupo político que acompañó a su marido durante la Alcaldía? No conozco las respuestas, y precisamente por eso pregunto.

¿Y mi amigo Andrés Tamayo qué?

Aquí la historia se pone más enredada que una madeja de lana después de pasar por las patas de un gato. Hace algún tiempo empezó a sonar el nombre de mi amigo Andrés Tamayo como posible candidato a la Alcaldía, y ahora, cuando todavía tratamos de saber quiénes serán los aspirantes definitivos, aparece en los comentarios políticos el nombre de la esposa de Juan Pablo. ¿Se trata de dos proyectos independientes? ¿Son simples conversaciones sin mayores consecuencias? ¿O se está produciendo algún reacomodo dentro de los grupos que aspiran a gobernar Salamina?

Sería bueno que Andrés nos contara si mantiene su aspiración y que doña Leidy aclarara si realmente está considerando presentarse. Porque en los pueblos sucede algo muy curioso: muchas veces la gente se entera de quién quiere ser alcalde antes de que el propio interesado se decida a contarlo, y otras veces resulta que los candidatos duran más en los rumores que en las campañas. ¡Es que la política tiene unas vainas!

¿La alcaldía se entrega con inventario?

Hay una costumbre que me ha llamado la atención en muchos años de mirar la política de los municipios pequeños: cuando termina una administración, los grupos que acompañaron al alcalde buscan quién pueda seguir representando sus intereses. Eso, por sí mismo, no tiene nada de ilegal, porque los partidos existen precisamente para organizarse, presentar candidatos y competir por el poder. Pero una cosa es respaldar a alguien por sus propuestas y otra pretender que la administración municipal funcione como una propiedad que pasa de unas manos a otras.

Juan Pablo Ospina Rosas gobernó Salamina entre 2020 y 2023, y Manuel Fermín Giraldo Gutiérrez llegó después para el período 2024-2027. Ahora empieza a discutirse quién ocupará la Alcaldía a partir de 2028, y algunos salamineños se preguntan por las relaciones políticas entre esas administraciones y los aspirantes que comienzan a aparecer. ¿Hubo acuerdos de respaldo entre Juan Pablo y Manuel Fermín? ¿Existen compromisos de continuidad? ¿Participarán los mismos dirigentes en la escogencia de la próxima candidatura?

Son preguntas legítimas, pero sus respuestas necesitan información comprobable. Acusar a alguien de haber pactado una sucesión sin demostrarlo sería tan irresponsable como negarles a los ciudadanos el derecho de examinar las alianzas políticas. A mí, que soy una pulga vieja, me preocupa sobre todo cuando los electores conocen los acuerdos después de las elecciones y no antes. Los pueblos tienen derecho a saber quién respalda a quién, y por qué.

Don Octavio, ¿qué dice usted?

En esta historia aparece también el representante a la Cámara José Octavio Cardona León, dirigente liberal de Caldas. Como los comentarios sobre doña Leidy se atribuyen a conversaciones de su entorno político en Manizales, quiero hacerle unas preguntas con todo respeto. Don Octavio, ¿ha considerado el liberalismo departamental respaldar una eventual candidatura de Leidy Johana Amaya a la Alcaldía de Salamina? ¿Ha participado usted en conversaciones sobre esa posibilidad? ¿Existe algún acuerdo político relacionado con la selección del candidato liberal para 2027? ¿O estamos frente a uno de tantos rumores que aparecen cuando se acercan las elecciones?

No pretendo poner palabras en boca del representante ni atribuirle decisiones que no ha anunciado. Pero si su nombre aparece asociado a estas conversaciones, conviene conocer directamente su posición. Los acuerdos partidistas pueden ser perfectamente legítimos, pero los ciudadanos también tienen derecho a conocerlos, y preguntarles a quienes intervienen en las decisiones públicas es tarea elemental del periodismo.

Que hable doña Leidy

También quiero dirigirme a doña Leidy. Señora, si usted está pensando en ser alcaldesa, no tiene por qué esconderlo, ni necesita justificar su derecho a participar en política. Ser esposa de un exalcalde no la inhabilita para tener aspiraciones propias, y ser sobrina de Alcides Amaya tampoco demuestra que alguien esté tratando de imponerla. Los parentescos existen. Lo que debe examinarse es cómo se construye y se financia una candidatura, qué alianzas la respaldan y qué propuestas presenta.

Si decide participar, sería interesante saber qué piensa de los problemas de Salamina, porque allá hay asuntos que no se solucionan en una reunión política de Manizales. Está la atención hospitalaria, que sigue generando quejas de los usuarios. Está la situación de San Félix, con sus necesidades de infraestructura y servicios. Están las dificultades del sector rural, la seguridad y las oportunidades de trabajo. Y está la obligación de explicar cómo se administrarían los recursos municipales. Eso es lo que termina importándole a la gente: la señora que madruga a trabajar, el campesino que necesita sacar sus productos y el paciente que espera atención en urgencias no viven pendientes de quién se reunió con quién para repartir avales. Quieren saber qué se va a hacer y con qué plata.

Los signos del poder

Vuelvo a mi universidad y a las enseñanzas de Martín-Barbero, porque detrás de cada anuncio político hay mensajes que necesitan interpretarse. Un nombre que empieza a circular puede ser una aspiración auténtica, la propuesta de algún dirigente, una manera de tantear la opinión pública o simplemente un rumor, y el periodista tiene que distinguir una cosa de la otra.

Lo mismo pasa con las palabras que tanto les gustan a los políticos: continuidad, renovación, unidad, independencia. Todas suenan muy bonitas, pero conviene preguntar qué significan cuando alguien las pronuncia. ¿Continuidad de qué? ¿Renovación con quiénes? ¿Unidad alrededor de cuáles propuestas? ¿Independencia frente a qué intereses? Eso fue lo que aprendí entre las clases, los libros y los regaños de aquellos profesores, y no pienso olvidarlo ahora que tengo más años, menos pelo y bastante menos paciencia.

La pulga se queda escuchando

Por ahora, la eventual candidatura de Leidy Johana Amaya sigue siendo una versión que circula en ambientes políticos y que necesita confirmación de sus protagonistas. Si se confirma, habrá oportunidad de conocer sus propuestas y sus respaldos; si no, también será importante aclararlo; y si aparecen nuevos aspirantes, aquí estaremos escuchándolos. Los salamineños tienen por delante una elección municipal y merecen conocer las candidaturas con tiempo, sin depender de los chismes de esquina ni de las conversaciones reservadas entre dirigentes. Yo seguiré haciendo lo que he hecho desde mis tiempos de estudiante: escuchar, observar, preguntar y, cuando haya pruebas, contar las cosas como son.

¡Ah, y una última cosita! Si alguno de los personajes mencionados se siente incómodo con estas preguntas, que recuerde que la política es una actividad pública y que quienes participan en ella deben acostumbrarse al escrutinio. A fin de cuentas, preguntar no es condenar, y una pulga que deja de preguntar termina convertida en adorno de solapa. Eso sí que no, mis queridos. Que para adorno ya están las corbatas.

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